miniatura|El sistema de la administración estatal de la economía del imperio incaico (reconstrucción de S. Kupriienko).* miniatura|Expansión del imperio incaico.
El Imperio incaico, Imperio inca,Terence D'Altroy, The Incas, pp. 2–3. Tahuantinsuyo (, de tawa 'cuatro', -ntin (sufijo inclusivo) y suyu 'región', es decir, 'región de las cuatro [partes]'), también llamado Imperio quechua o quichua, fue el imperio más extenso de América precolombina. Surgió en los Andes peruanos entre los siglos y , a partir de la expansión del curacazgo del Cuzco, y constituyó el período de mayor apogeo de la civilización incaica. En su máxima extensión abarcó aproximadamente , desde el río Ancasmayo, en la actual Colombia, hasta el río Maule, en Chile, limitando al oeste con el océano Pacífico y al este con la selva amazónica y el Gran Chaco.
Su origen se remonta a la victoria del gobernador Pachacútec sobre la confederación chanca en la batalla de Yahuarpampa, hacia 1438. Tras su victoria, reorganizó el curacazgo incaico y emprendió un proceso de continua expansión que prosiguieron su hijo —el décimo inca, Amaru Inca Yupanqui—, su sucesor —el undécimo inca, Túpac Yupanqui— y, finalmente, el duodécimo inca, Huayna Cápac, quien consolidó los territorios conquistados. Durante este período, el imperio alcanzó su mayor desarrollo político, cultural y científico, e integró y asimiló los conocimientos de los pueblos andinos sometidos. Pero tras la muerte de Huayna Cápac se desató una guerra civil entre Huáscar, proclamado soberano en Cusco, y Atahualpa, comandante del ejército del norte, un conflicto que marcó el comienzo de su declive. Simultáneamente, la llegada de enfermedades, como la viruela, traída por los europeos, diezmó seriamente a la población y desencadenó crisis de producción agrícola. En 1532, Atahualpa logró capturar a Huáscar tras imponerse en la contienda, pero poco después los conquistadores españoles liderados por Francisco Pizarro lo apresaron y ejecutaron; después, coronaron a Túpac Hualpa como inca bajo su tutela, lo que marcó el fin del Tahuantinsuyo como Estado soberano.
Tras la ejecución de Atahualpa, se exacerbó la resistencia indígena. Los generales atahualpistas Rumiñahui y Quizquiz sostuvieron la lucha hasta 1534. En 1536, Manco Inca, sucesor de Túpac Hualpa, encabezó una rebelión que se extendió a la región de Vilcabamba al fundar un Estado neoincaico. Este perduró hasta 1572, cuando fue capturado y decapitado Túpac Amaru I, el último inca rebelde. Por el lado del Cusco, el último noble nativo en llevar oficialmente el título de Inca fue Paullu Inca hasta su fallecimiento en 1549.
El sapa inca, considerado el «hijo del Sol» (Intip churin), era la máxima autoridad del imperio. Aunque este pueblo rendía culto al Sol o Inti, muchas formas locales de adoración, como la tributada a la Pachamama, persistieron en el Tahuantinsuyo, especialmente a través de la veneración de las huacas (wakʼa) locales.
Sistema económico La economía inca es un tema de debate académico. Darrell E. La Lone, en su obra The Inca as a nonmarket economy, señaló que los estudiosos lo han descrito como «feudal, esclavista, socialista» así como "un sistema basado en la reciprocidad y la redistribución; un sistema con mercados" y comercio; o un modo de producción asiático".
Para el etnohistoriador y antropólogo John Murra, el sistema económico incaico se basaba en una red de "complementariedades ecológicas", a través de las cuales una misma comunidad controla varios pisos ecológicos para el intercambio de productos. Este modo de producción denominado "control vertical de un máximo de pisos ecológicos", es explicado en su libro "Formaciones económicas y políticas del mundo andino", publicado en 1975.
Historia miniatura|La primera imagen del inca en Europa, que se encuentra enCrónica del Perú (1553), por Pedro Cieza de León. miniatura|Sapa inkakuna, cuadro cuzqueño del con los linajes incas mentados por las crónicas coloniales y su relación con las reinas reales del Cuzco, que esconden tras de sí una compleja representación de la organización social incaica.
Fuentes históricas
Las crónicas europeas sobre el imperio incaico Los primeros vestigios escritos sobre el imperio incaico lo constituyen las crónicas registradas por varios autores europeos (posteriormente existieron cronistas mestizos e indígenas que también recopilaron la historia de los incas); estos autores recopilaron la «historia incaica» basándose en relatos recogidos por todo el imperio. Los primeros cronistas se enfrentaron a diversas dificultades para poder traducir la historia incaica ya que, además de la barrera idiomática, se encontraron con una manera de ver el mundo totalmente distinta de aquella a la que estaban acostumbrados. Esto generó contradicciones entre los textos coloniales, y un ejemplo de ello lo representan las cronologías sobre los gobernantes incas; así, en muchas crónicas se atribuyen las mismas hazañas, hechos y episodios a distintos gobernantes.
A la hora de evaluar las crónicas del Imperio incaico, es importante tener en cuenta el interés que guiaba a sus diversos autores. En el caso de los cronistas españoles, su interés era «legitimar la conquista a través de la historia». Para lograr dicho objetivo, en muchas crónicas se señala que las conquistas de los incas se habían fundado enteramente en la violencia, por lo cual no tenían derechos sobre los territorios conquistados. En otro caso los cronistas ligados a la Iglesia católica buscaron legitimar la evangelización describiendo la religión incaica como obra del demonio y a los incas como hijos de Noé, y tratando de identificar a las deidades incaicas con las creencias bíblicas o el folklore europeo. Igualmente hubo cronistas mestizos e indígenas que tuvieron interés en ensalzar el imperio o alguno de los linajes (o panacas) con los que estaban emparentados, como el caso del Inca Garcilaso de la Vega, que en su obra Comentarios reales de los incas describe un imperio incaico idealizado donde no existía la pobreza, se repartía la riqueza y los recursos se explotaban racionalmente.
Las fuentes históricas incaicas Los aillus y panacas tenían cantares especiales mediante los cuales narraban su historia. Estos cantares se ejecutaban en determinadas ceremonias frente al Inca. Estos relatos, a manera de memoria colectiva, constituyen los primeros registros históricos recogidos en las crónicas.
Otro recurso utilizado para registrar la historia fueron unos mantos y tablas que contenían pinturas que representaban pasajes heroicos. Estos documentos fueron guardados en un lugar denominado Poquen Cancha. Se sabe que el virrey Francisco de Toledo envió al rey Felipe II cuatro paños que ilustraban la vida de los incas, respecto a los cuales comentó que «los yndios pintores no tenían la curiosidad de los de allá».
Además, algunos hechos pasados se almacenaron en los quipus. Aunque no se sabe cómo pudieron utilizar estos sistemas de cordeles y nudos para almacenar hechos históricos, existen varias crónicas que describen que los quipus servían para evocar las hazañas de los gobernantes.
En general, en el imperio incaico se recordaban los hechos que les parecían importantes de recordar y no era necesaria la precisión. Además, los gobernantes podían ordenar excluir intencionalmente de los registros históricos algunos hechos que pudiesen molestarles. María Rostworowski denomina a esta cualidad de la historia incaica una «amnesia política» que era asumida por todo el vulgo pero que era recordada por las panacas o ayllus afectados, un factor que contribuyó a las futuras contradicciones en las crónicas europeas sobre los incas.
La reinvención de tradiciones Luego del encuentro de la cultura hispana y la andina, se estableció la escritura como medio de transmisión y registro de información; además se inició un proceso de mestizaje y sincretismo que dieron lugar a la recreación de tradiciones y la invención de otras.
El aporte para esta recreación e invención de tradiciones fue tanto hispano como andino; esto se evidencia en las crónicas del en donde se describen personajes como el caso de Tunupa y Huiracocha con los apóstoles Tomás y Bartolomé, describiéndolos como hombres blancos y barbados que impartieron enseñanzas. Igualmente el imaginario europeo buscó «el dorado» y el «país de las amazonas» en el nuevo mundo, e incluso creyó encontrarlos. En otros casos, afirmaban que el Cuzco tenía el perfil de un león americano (puma), poniendo similitudes con algunas ciudades del renacimiento europeo que tenían perfil aleonado. Más recientemente, en el , aparecen otros elementos de esta reinvención de tradiciones, como son los casos de la bandera del imperio incaico y la ceremonia cuzqueña del Inti Raymi. Cabe indicar que todas estas reinvenciones, son parte de un proceso natural en todas las culturas, pero para entender la historia incaica es necesario diferenciar cuáles son los aspectos sincréticos o inventados y cuáles no lo son.
Antecedentes de la fundación del Imperio incaico
miniatura|Durante el Horizonte Medio los huaris y tiahuanacotas predominaron la región, tras el declive de éstos, dio origen a varias sociedades centralistas, incluida la inca. Hacia el año se inicia la decadencia de los estados Huari y Tiahuanaco en el área central andina. En el caso de Huari, la ciudad de Wari empieza a perder poder político en contraposición a alguna de sus ciudades periféricas, como lo demuestra el caso de Pachacámac situado frente al mar. En tanto en el caso de Tiahuanaco, el proceso de decadencia se inicia en sus colonias de la costa de manera sangrienta, como lo evidencia el caso de Azapa; en el Collao, en cambio, Tiahuanaco fue perdiendo su poder gradualmente y mientras perdía hegemonía su población fue emigrando y fundando poblaciones nuevas.
Como una hipótesis sobre la decadencia de Huari y Tiahuanaco, existen evidencias de un prolongado periodo de sequía que duró desde el año 900 hasta el 1200 en los Andes centrales. Arqueológicamente, existen evidencias de largos procesos migratorios de población a lo largo en los Andes durante los periodos post-huari y post-tiahuanaco. La arqueología revela que en los valles interandinos, la población construyó sus asentamientos en lo alto de cerros procurando la seguridad, lo que nos habla de un prolongado periodo de enfrentamientos étnicos. En la costa, en tanto, varios grupos alcanzaban estabilidad política, como lo demuestran los casos de los chinchas, chimúes y los ichmas.
Este periodo histórico fue plasmado en leyendas y mitos andinos de diferentes maneras. En las tradiciones orales de los Andes se hace referencia a que en el principio los pueblos realizaron largas caminatas buscando tierras fértiles. Surgen así héroes míticos que eran, por lo general, semidivinos y que iban siendo guiados por seres sobrenaturales (el sol, la luna, etc.). Estos héroes míticos generalmente tenían algún poder. De esa manera aparecen las figuras de Manco Cápac, en el caso fundacional del Cuzco, o Pariacaca, en el caso de Huarochirí.
Los orígenes míticos miniatura|Manco Cápac y Mama Ocllo. Dibujo de Felipe Guamán Poma de Ayala en su Nueva crónica y buen gobierno (1615).Existen dos mitos difundidos sobre el origen de la etnia cuzqueña. El más difundido es la versión garcilasiana de la pareja Manco Cápac y Mama Ocllo; el otro es el mito de los cuatro hermanos Ayar y sus cuatro hermanas, este último mito es recogido por Betanzos, Waldemar Espinoza, Cieza de León, Guamán Poma de Ayala, Santa Cruz Pachacuti y Sarmiento de Gamboa.
La leyenda de Manco Cápac y Mama Ocllo