Dardo Enrique Cúneo (Buenos Aires, 14 de febrero de 1914–14 de abril de 2011) fue un escritor, ensayista y poeta, historiador, político y diplomático argentino. Su trayectoria cruza la historia argentina y latinoamericana del .
Inició su carrera como periodista en los años 30, profesión que compatibilizó con la militancia política en el Partido Socialista.
En los primeros años de la década de los '40 colaboró con la revista Unidad por la Defensa de la Cultura, órgano de la Agrupación de Intelectuales Artistas Periodistas y Escritores.
Desde su posición crítica con las posturas de la dirección del partido fue uno de los líderes de una corriente renovadora del socialismo argentino. Proscrito y encarcelado durante el Gobierno de Juan Domingo Perón, su búsqueda de una oposición al peronismo con argumentos distintos a los de los partidos de la derecha le valieron la expulsión del Partido Socialista.
En 1952 fundó la corriente Acción Socialista, que articuló a relevantes miembros de las juventudes socialistas y del movimiento estudiantil universitario. Sin perder su identificación con el socialismo, Cúneo se integró en un movimiento extrapartidario creado para impulsar la candidatura de Arturo Frondizi a la presidencia de la República.
Durante los primeros años del Gobierno de Frondizi (1958-1962), como parte del grupo más cercano al presidente, Cúneo ejerció como Secretario de Prensa – portavoz de la Presidencia y como representante argentino en la Organización de Estados Americanos (OEA), en Washington.
Su labor como escritor y ensayista, con una larga lista de títulos –entre los que destacan Sarmiento y Unamuno, Juan B. Justo y las luchas sociales en la Argentina, El desencuentro argentino o Comportamiento y crisis de la clase empresaria–, fue reconocida con tres períodos como presidente de la Sociedad Argentina de Escritores (1971-73, 1980-82 y 1982-84).
Durante la presidencia de Raúl Alfonsín, Dardo Cúneo fue nombrado director de la Biblioteca Nacional.
En 1985 recibió el Premio de Honor de la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) y en 1999 fue galardonado con el Premio a la Trayectoria del Fondo Nacional de las Artes. En 2009, la Biblioteca Nacional creó el Fondo Dardo Cúneo.
Dardo Cúneo falleció en Buenos Aires el 14 de abril de 2011.
Reseña biográfica
Orígenes, juventud, ideas Enrique Dardo Cúneo nació el 14 de febrero de 1914 en la ciudad de Buenos Aires. Su madre, Josefa Penela, era descendiente de inmigrantes gallegos, mientras que su padre, Enrique Francisco Cúneo, de italianos. Su abuelo paterno había llegado de Génova con 14 años y se había convertido en herrero.
De su padre, obrero gráfico que llegó a ser jefe de imprenta del diario La Prensa y encargado de instalar algunas de las primeras máquinas rotativas del país, heredó la vocación periodística.
En la sala de máquinas del diario, donde pasó largas horas de su infancia y adolescencia, Dardo Cúneo se familiarizó con las bobinas de papel, la tinta y las linotipias. También con el ideario socialista que, al igual que en Europa, era moneda corriente entre impresores y tipógrafos.
En la Escuela Superior de Comercio Carlos Pellegrini colaboró en los periódicos El martillo y Mercurio, y en 1932 inició su militancia en el ala izquierda del Partido Socialista, a la vez que trabajaba como periodista en Última hora, precursora de Crítica.
En la Guerra Civil Española Los acontecimientos desencadenados tras la victoria del Frente Popular en España en febrero de 1936, llevaron a Dardo Cúneo –que contaba entonces con 22 años– a embarcarse hacia la España republicana. El golpe militar del 18 de julio lo sorprendió en alta mar. Su primera crónica para el diario Crítica, enviada desde Dakar, narraba el motín de los tripulantes del buque Santo Tomé, rebelados contra las intenciones de los oficiales franquistas de desembarcar en aguas canarias, en manos de los nacionales. El título del artículo era “Un camarero republicano tomó el mando del barco español Santo Tomé”.“El capitán estaba interesado en llegar a Las Palmas. Los tripulantes se reunieron y consideraron desfavorable para sus propias vidas el propósito de aquel. Pensaban que en Las Palmas, dominada por la insurrección, serían posiblemente detenidos por su condición de obreros que acababan de telegrafiar al presidente del Consejo de Gobierno de Madrid, poniéndose incondicionalmente a sus órdenes. Fue entonces cuando resolvieron sublevarse. (...) Los delegados subieron al puente de comando forzando al capitán a variar el rumbo (...) Desde ese momento, se comenzó a ejercer el poder obrero. El verdadero capitán resultaba ser Gustavo Noriega, que seguía desempeñándose en su puesto de mozo de comedor, pero, a cada momento, debía abandonarlo para subir al puente de comando, donde estaba, en realidad, su puesto”.Los tripulantes, en pleno ejercicio del “poder obrero”, llevaron el Santo Tomé a Valencia, en manos republicanas. Desde allí, Cúneo viajó en tren hasta Madrid. Años después, en su ensayo La inocencia de España recreó sus primeras impresiones de la capital española a las pocas semanas del golpe:“Madrid era –sí que lo era– toda una fiesta. Su primer heroísmo tenía cara despreocupadamente alegre, tenía voz festiva, tenía paso desinhibido y arrogante. Toda la ciudad era un único barrio que estallaba en liberadas soberbias populares. Los ciegos recitaban tantas veces o más El testamento de mi suegra, un recientísimo himno proletario. Lo escucho en una esquina de Cuatro Caminos, mientras el mono bailarín es el único sobreviviente de los viejos estilos y el lazarillo reparte, con la variante de estar impreso en rojo: ‘Surge al viento / surge al viento / la victoria del pueblo español. / Ya está muerto / ya está muerto / fascio, clero y religión / y religión’. Un aire, si no viento, triunfal alentaba como un gran acto de inocencia. Parte de ese acto es el sacrilegio: una mañana, aparece el Niño Jesús de la Iglesia de San José expuesto en el atrio, sobre Alcalá, con esta leyenda: ‘Traicioné a los fascistas’”.En Madrid, una carta de recomendación del histórico líder socialista argentino Mario Bravo le permitió conocer de primera mano a destacados miembros del socialismo español, como Julio Álvarez de Bayo, Francisco Largo Caballero, Indalecio Prieto, Luis Araquistáin, Julián Besteiro o Santiago Carrillo, que en ese momento era secretario general de las Juventudes Socialistas Unificadas. Su ofrecimiento para alistarse fue rechazado. Sus crónicas resultaban más útiles, fue lo que le dijeron.
Desde Madrid escribió artículos y crónicas para el diario Crítica de Buenos Aires y Claridad de Madrid. En su estadía en la capital conoció al poeta chileno Pablo Neruda y al escritor francés André Malraux, que lideraba una misión aérea enviada por el gobierno francés –la Escuadrilla España– en apoyo de la República.
Cuando viajó a Portugal en 1937 para enviar sus crónicas a Argentina fue capturado por las fuerzas del dictador António de Oliveira Salazar y condenado al paredón de fusilamiento. Gracias a la intervención en el último momento de la Embajada Argentina fue perdonado y enviado como prisionero a Argentina en un buque de bandera alemana.
“El caso Cúneo” A vuelta de España, Cúneo continuó con su militancia en el Partido Socialista y en 1938 se convirtió en secretario general de las Juventudes, cargo que conservó hasta 1941. El joven periodista se integró en una corriente que pretendía orientar al socialismo argentino –marcado por su origen europeo– hacia una visión acorde con la realidad argentina y americana. En su carrera ascendente en el partido, ejerció distintos cargos: secretario de la Comisión Nacional de Prensa, secretario de la Comisión Nacional Electoral y miembro del Comité Ejecutivo Nacional del Partido Socialista.
Su figura de intelectual socialista quedó definitivamente consolidada con la publicación en 1943 de la biografía del fundador del Partido Socialista, Juan B. Justo, en cuyo prólogo el entonces principal dirigente del partido, Nicolás Repetto, definía el trabajo de Cúneo como el “más completo y más serio de cuantos se han publicado hasta la fecha”. Un párrafo, aparecido en un folleto publicado en 1947 sobre el pensamiento de Justo, condensa la visión de Cúneo sobre la integración latinoamericana a través del socialismo:La nacionalidad en esta América de raíz indígena y expresión hispana será realidad cuando las clases trabajadoras hayan ascendido, a través del socialismo, acompañando al socialismo y acompañándose de él, a la consciencia y ejercicio de sus intereses e ideales. La causa nacional, en nuestra América, es, fundamentalmente, causa del socialismo. (1947a: 33) En 1948 publicó otro de sus títulos fundamentales, Sarmiento y Unamuno, donde contrasta el pensamiento de estas dos figuras, en un trabajo, considerado tanto en Argentina como en España,Sarmiento y Unamuno fue editado en 1997 por la Universidad de Salamanca, España. fundamental para entender a estos dos personajes. Mientras tanto, fue candidato en dos ocasiones a diputado por la Capital Federal. No por nada es designado, por el voto de los afiliados, candidato a diputado por la Capital Federal en las elecciones de febrero de 1946, una candidatura que se renueva en las elecciones de abril de 1948. Su foto, con su mechón y los inevitables anteojos de carey, se había hecho familiar en la prensa partidaria. Cuando en 1949, con 35 años, pasa a integrar el Comité Ejecutivo Nacional (CEN), todos los observadores están de acuerdo en ver en él uno de los dirigentes con mayor futuro dentro del Partido Socialista.Sin embargo, esa carrera dentro del partido no tardaría en torcerse. En los primeros años de la década de los 50, la brecha con la conducción del partido se hizo cada vez más grande. Cúneo consideraba que la dirigencia no había sabido leer los cambios sociológicos de las últimas décadas y se oponía especialmente a las tesis de Américo Ghioldi, que apostaba por enfrentarse al peronismo en alianza con las fuerzas políticas representativas de las clases oligárquicas y no hacerlo en función de un pensamiento socialista. Una posición que llevó a Ghioldi y a un amplio sector del socialismo a apoyar el bombardeo de la Plaza de Mayo en 1955, donde fueron masacrados 308 civiles, y la Revolución Libertadora, que acabó con el Gobierno de Perón. Este distanciamiento con el partido es reflejado por el historiador Felix Luna en el segundo tomo de Perón y su tiempo:(…) Dardo Cúneo, que en general acompañaba las posiciones de [Julio V.] González, también recogería algo de sus preocupaciones dos años más tarde, al clamar que se distinguiera la oposición de los socialistas de “las señoras que se quejan porque no tienen servicio doméstico”, la actitud de los contras que odiaban a Perón por causas muy diferentes a las que debían a mover a un partido obrero como se consideraba el de la Casa del Pueblo. (…) .La ruptura definitiva se produjo después de pasar varios meses preso, incomunicado en la Penitenciaría Nacional, en la actual Plaza de las Heras, sin defensa por parte de la conducción del partido.(…) No fue ésta la única penuria que vivieron los socialistas en los meses que decimos: el “caso Cúneo” también aparejó fricciones y reproches en los ámbitos de la Casa del Pueblo. Era Dardo Cúneo uno de los dirigentes juveniles más activos, militante desde su adolescencia, con una relevante obra intelectual en su haber. Fue detenido después del golpe de Menéndez, como tantos de su partido y de otras fuerzas, permaneciendo desde entonces en la Penitenciaría Nacional. izquierda|miniaturadeimagen|El político y escritor volvió poco después de la caída del Gobierno de Perón a la que fue su celda en la Penitenciaría Nacional, en la actual Plaza Las Heras de Buenos Aires.