ʿAbd al-Málik ibn Muḥámmad ibn Abi ʿÁmir al-Muẓáffar (975-) (árabe: أبو مروان المظفر عبد الملك بن أبي عامر) fue hijo predilecto y sucesor de Almanzor como chambelán del califa omeya Hisham II. Su madre era una de las múltiples esposas de su padre, la influyente Al-Dalfāʾ, «la Chata».Arjona Castro, Antonio (2013). "Pervivencias de Qurtuba en la Córdoba contemporánea". Awraq. Estudios sobre el mundo árabe e islámico contemporáneo. Nº 7, semestre, pp. 209. Madrid: Nueva Época. ISSN 0214-834X. En 1002, al morir su padre, le sucedió como nuevo chambelán, jefe del Ejército y valido del Califato de Córdoba. Gobernante de facto del Estado, mantuvo al califa Hisham II como un mero títere.Brun, 1998: 246
Su periodo al frente de la política cordobesa se caracterizó por la continuidad de los métodos iniciados por su padre: atenciones con el califa, buenas relaciones con los jurisconsultos, mantenimiento de los clientes y de una corte literaria y continuas campañas de yihad para justificar su dominio de la política estatal. Careció, sin embargo, de la brillantez intelectual de Almanzor. Valeroso en el combate y piadoso, fue popular y el Estado gozó de estabilidad durante sus siete años de gobierno, truncados por su muerte prematura, aunque no faltaron signos de la futura crisis.
Durante sus últimos años sufrió diversos atentados y conjuras. Fue conocido con el nombre españolizado de Abdelmélic el Muzáffar,Almagro Basch, Martín & Jacinto Bosch Vilá (1959). Historia de Albarracín y su sierra. Tomo II. Albarracín: Instituto de Estudios Turolenses, pp. 118. o simplemente, por su título de Al-Muzáffar.
Comienzos y sucesión Seis años menor que el hijo mayor de Almanzor, ʿAbd Allāh, nació en el 975 de Al-Dalfāʾ, que habría de sobrevivirle. Era favorecido por su padre, entre otras razones, por demostrar tempranamente una gran habilidad militar (al igual que su medio hermano ibn Sanchul).
El favoritismo mostrado por Almanzor hacia él había llevado a ʿAbd Allāh a conspirar en contra de su padre junto al cadí zaragozano, su pariente tuyibí ʿAbd al-Raḥmān ibn Al-Muṭarrif, y el cadí toledano, el visir ʿAbd Allāh ibn ʿAbd al-ʿAzīz al-Marwānī. Apoyados por numerosos notables cordobeses, militares contrarios a las reformas del dictador, funcionarios del gobierno y las tropas de Zaragoza, los conjurados pensaban asesinar a Almanzor y sus más cercanos colaboradores y hacerse con el poder, que se repartirían entre Al-Muṭarrif, quien quedaría a cargo de los ejércitos en las fronteras septentrionales, y ʿAbd Allāh, que tomaría el control de la capital. El dictador amirí inicialmente no pudo creer los rumores sobre la conspiración de su propio hijo, pero, una vez confirmados, destituyó y encarceló a Al-Marwānī y Al-Muṭarrif, evitando enemistarse con los tuyibíes nombrando a otro, ʿAbd al-Raḥmān ibn Yaḥyà, como nuevo cadí de Zaragoza a mediados de 989.
ʿAbd Allāh se refugió con el conde castellano García Fernández, pero tras una feroz campaña de castigo, el noble cristiano se vio obligado a entregar al joven amirí so promesa que se le respetaría la vida. Almanzor envió una pequeña escolta a recoger a su hijo; de regreso, en cuanto el grupo cruzó el Duero, ʿAbd Allāh fue decapitado. Era el 8 de septiembre de 990, ʿAbd Allāh tenía apenas 23 años. Su cabeza fue enviada a su padre. El dictador aumentó la vigilancia de la guardia palaciega sobre su propia familia y el favoritismo de que gozaba Abd al-Málik a los ojos de su padre creció.Scales, Peter C. (1993). The Fall of the Caliphate of Córdoba: Berbers and Andalusis in Conflict. Leiden: E.J. BRILL, pp. 40. .
Hacia el 991, Abd al-Málik recibió el título de ḥāŷib o chambelán, alcaide supremo de los ejércitos y otros honoríficos; su padre empezaba a preparar su sucesión. Por ese entonces, su padre se hacía llamar al-sayyīd y al-mālik al-karīm, «señor» y «noble rey», llegando incluso a considerar proclamarse califa, pero sus jurisconsultos le obligaron a desistir.Bariani, 2002: 338 Era mejor que el trono siguiera en manos de un omeya, la dinastía legítima a los ojos del pueblo, aunque el poder de facto fuera de los amiríes.
Dos años más tarde, comenzó a desempeñar cargos de notable influencia en la corta cordobesa. En la crisis de poder entre su padre y Subh de la primavera del 996, se encargó del traslado del tesoro califal a Medina Alzahira al encontrarse enfermo Almanzor para dirigir la operación, que debía privar de fondos a la madre del califa con la que oponerse al chambelán. La wahša o «ruptura» entre Almanzor y Subh se debió al miedo de esta última a que su hijo Hisham II perdiera el trono.
En el 997, aún sumido el califato en la crisis por el enfrentamiento entre Almanzor y Subh y sublevado el Magreb contra el chambelán. Poco después, entre 997 y 998, participó en un gran desfile en el que precedió a su padre y al califa, que cabalgaban juntos en el centro del cortejo, la vencida Subh también estuvo presente en la marcha triunfal.Bariani, 2002: 339 Ese mismo año participó junto a su padre y a su hermanastro en la gran campaña contra Santiago de Compostela.
En agosto del 998, partió junto con tropas de refuerzo para dirigir las operaciones militares contra Ziri ibn Atiyya junto con el gobernador de la Marca Media, Wadih, que ya había infligido una dura derrota a Ibn Atiyya en julio. Vencido Ibn Attiya a mediados de octubre, Abd al-Málik entró triunfalmente en Fez y su padre le otorgó temporalmente el gobierno del Magreb bajo soberanía cordobesa. En la primavera del 999, sin embargo, Almanzor volvió a llamarlo a la península y el dominio del territorio pasó a Wadih, venido de nuevo para sustituir a Abd al-Málik.
Poco después su padre lo premió con el título de Sayf al-Dawla o «Espada de la Dinastía» (a su hermanastro Ibn Sanchul se le nombró Nāṣir al-Dawla o «Defensor de la Dinastía»). También destacó en la difícil victoria de su padre en Peña Cervera, en el año 1000.Martínez, 2005: 566
Se apresuró a regresar a Córdoba por orden de su padre, moribundo en Medinaceli, para asegurar su sucesión a los cargos de este. Alcanzó la capital a finales de julio del 1002 y logró que el califa Hisham le otorgase el cargo de chambelán que había desempeñado su padre, para entonces ya fallecido. Se exilió a los opositores, que habían demostrado ser incapaces de oponerse a su ascenso al poder, en Ceuta.
Chambelán
Continuador de la obra paterna Seguidor fiel de la política paterna, contaba con la experiencia adquirida al lado de Almanzor durante los años anteriores a su ascenso a chambelán.
Intensificó las aceifas —ocho en total— contra los cristianos y las acompañó de gran ostentación. Supo mantener, empero, la superioridad militar frente a los Estados cristianos del norte, debilitados por luchas intestinas. Más pretencioso que su padre, fue peor estratega. Fue, no obstante, principalmente un soldado, tanto por formación como por inclinación personal, siempre más feliz entre sus oficiales —principalmente cristianos o bereberes— que en compañía de la corte.
Problemas internos Inclinado a la vida regalada, dejó el poder en manos de favoritos —criaturas de su padre—, que en dos ocasiones pusieron en peligro su poder. Los secretarios adquirieron gran poder y pusieron en peligro el del chambelán. El 1004, sufrió una conjura fallida que incluía su asesinato y sustitución por su joven hijo Muhámmad. Sus cabecillas, el fatà mayor Ṭarafa y el poeta ʿAbd al-Mālik al-Ŷazīrī fueron ejecutados. En diciembre del 1006, el más poderoso visir, ʿIsà b. Sald al-Yahsubi (también llamado Ibn al-Qaṭṭā') trató de eliminarlo —con apoyo de importantes familias árabes de la capital— mediante el ascenso al trono de otro omeya, Hišām b. ʿAbd al-Ŷabbār, nieto de Abderramán III, que le hubiese nombrado chambelán, pero la conspiración se frustró. El visir fue asesinado por esbirros de Abd al-Málik en su presencia el 4 de diciembre; tres días más tarde, se encerró al pretendiente, que murió en prisión. Tras desbaratar la confabulación del 1006, volvió a tomar por sí mismo las riendas del gobierno, a imitación de su padre.
Actuación en el Magreb En el Magreb, nombró gentes de la región para los puestos más destacados, que hasta entonces habían desempeñado andalusíes. Mantuvo buenas relaciones con los cenetes Magrawa y debió de aumentar los contingentes de estos y de los cenhegíes que pasaron a la península ibérica. A uno de ellos, al-Muizz, hijo de Ziri ibn Atiyya, antiguo gobernador del Magreb omeya y luego adversario de su padre, al-Muzáffar le otorgó el gobierno de las plazas magrebíes fieles a los omeyas, salvo de la de Siyilmasa, entregada a otros clientes de la dinastía.
Algaras contra los Estados cristianos Al fallecer Almanzor, los Estados cristianos del norte peninsular trataron de deshacerse de los compromisos suscritos con aquel; Al-Muzáffar hubo de actuar rápidamente para restablecer la supremacía cordobesa. Inmediatamente después de morir su padre Abd al-Málik, deseoso de poder atacar León antes de la primavera de 1003 para acabar con las esperanzas cristianas de sacudirse el yugo cordobés,Pérez de Urbel, Justo (1970). El Condado de Castilla: los 300 años en que se hizo Castilla. Tomo III. Madrid: Editorial Siglo Ilustrado, pp. 37. procedió a ganar el favor de sus tropas repartiendo «5000 adargas, 5000 yelmos y 5000 almófares a las tropas acorazadas» fabricados por los juzzān al-asliḥa o «armeros del Estado» y 15 000 dinares de oro entre los mercenarios africanos, repartiéndolos según su categoría.
Para demostrar su fuerza a las pocas semanas de morir Almanzor, en el invierno del 1002 al 1003 organizó una aceifa con dos líneas de penetración en el reino leonés: una columna avanzó contra León y otra contra Coímbra. Para amenazar Galicia y acabar con las veleidades del tutor de Alfonso V, el conde Menendo González —a quien había elegido el cordobés—, envió el ejército a Coímbra. Esto llevó a los cristianos del Reino de León a entablar negociaciones que llevaron a pactar una tregua para el año siguiente. La dureza del invierno había impuesto el fin de los combates y el acuerdo entre los enemigos. El acuerdo entre las dos partes debió incluir el regreso de la princesa leonesa Teresa, viuda de Almanzor, a su reino de origen, donde falleció en el convento de San Pelayo en Oviedo en el 1039.