Fernando Botero Angulo (Medellín, 19 de abril de 1932-Montecarlo, 15 de septiembre de 2023) fue un artista, pintor, escultor y dibujante figurativo colombiano.

Es reconocido por sus personajes de formas redondas y voluptuosas.

Su obra "Naturaleza muerta con mandolina", que data de 1957, constituye la primera manifestación de su trabajo inspirado en el arte popular. Habiéndose apodado irónicamente a sí mismo «el más colombiano de los artistas colombianos», su carrera realmente comenzó en 1958, cuando ganó el primer premio en Salón de Artistas Colombianos.

Biografía Primeros años miniaturadeimagen|262x262px|Jinete, Museo de Israel, Jerusalén, Israel. Fernando Botero nació el 19 de abril de 1932 en Medellín, en el seno de una familia conformada por su padre, David Botero; su madre, Flora Angulo; y su hermano, Juan David, cuatro años mayor que él. Cuatro años después de su nacimiento, en 1936, nació su hermano menor, Rodrigo. Ese mismo año falleció su padre, un vendedor a caballo, a causa de un infarto. Su madre trabajaba como costurera.

A partir de 1938 realizó sus estudios de primaria en el Ateneo Antioqueño y el bachillerato en el Colegio San José de Marinilla y en la Universidad Pontificia Bolivariana.

En 1944 asistió a la escuela de tauromaquia en la plaza de La Macarena de Medellín, con el banderillero ‘Aranguito’, a petición de un tío, quien no se imaginaba que su verdadera vocación era la pintura. Tuvo un percance con los toros, lo que hizo que él los dejara. Es de notar que en ese período hizo su primera obra, una acuarela de un torero. Una vez que su familia comprendió su vocación, Botero realizó su primera exposición en Medellín en 1948.

Realizó ilustraciones para un periódico local (El Colombiano), con lo que financiaba sus estudios, redactó un artículo sobre Picasso, lo que le acarreó la expulsión del Colegio Bolivariano, plantel en el que estudiaba, ya que sus dibujos fueron considerados como obscenos, y debió culminar sus estudios en el Liceo de la Universidad de Antioquia. Viajó entre los afamados estudios de esculturas de Pietra Santa, Italia y los de pintura en París (Francia), Nueva York (Estados Unidos de América) y de Montecarlo (Principado de Mónaco); así mismo, dedicó tiempo al dibujo algunos días del año en Zihuatanejo, México y Rionegro, en Colombia.

Carrera artística en Bogotá Una vez terminados sus estudios secundarios en 1950, se trasladó a Bogotá en 1951, donde tuvo contacto directo con algunos de los intelectuales colombianos más importantes de la época. Ese mismo año, Botero realizó sus dos primeras exposiciones individuales y en la galería Leo Matiz dio un muy buen avance a su carrera. Posteriormente, se radicó en Tolú (Sucre) y pagó su estadía con un mural. A su regreso a Bogotá, con el óleo Frente al mar ganó el segundo puesto en el IX salón nacional de artistas.

thumb|left|Mano, Paseo de la Castellana (Madrid).|253x253px

Formación en Europa En 1952, con el dinero recibido por el premio y con la venta de algunas de sus obras, Botero llegó a Europa en ese muro que salía desde el puerto de Buenaventura en el Pacífico colombiano. Llegó a España, primero a Barcelona y se estableció luego en Madrid, donde se inscribió en la Real Academia de Arte de San Fernando y para garantizar su sostenimiento, hacía dibujos y pinturas a las afueras del Museo del Prado.

En 1953 pasó el verano en París con el cineasta Ricardo Iragarri, y luego se mudó con él a Florencia, se inscribió en la Academia de San Marcos, donde recibió un fuerte influjo del arte del renacimiento italiano, estudiando especialmente la obra de Piero della Francesca, Paolo Uccello y Tiziano, entre otros. Su encuentro con el libro Los pintores italianos del Renacimiento de Bernard Berenson y con la obra de Paolo Uccello (especialmente con el díptico de la Batalla de San Romano en la Galería Uffizi) habrían de ser determinantes para su experimentación con el volumen en la pintura, especialmente por la noción de "valores táctiles" y tridimensionalidad que Berenson le adjudicó a Uccello y Giotto en sus obras.

Regreso a Colombia y viaje a México thumb|Caballo, Medellín.|284x284px Tras su regreso de Italia en 1955, el artista decidió hacer una exposición en Bogotá de las obras realizadas en Europa, de las cuales obtuvo muchas críticas, pues en ese momento el país estaba influido por la vanguardia francesa, lo que le acarreó una fría recepción. left|thumb|Fernando Botero y La Camara degli Sposi (Homenaje a Mantegna), obra con la que obtuvo el primer premio en el X Salón de artistas colombianos. Luego de esta difícil experiencia, Botero se casó con Gloria Zea, con quien en 1956 partió a Ciudad de México. Nuevas influencias se fueron haciendo visibles en su obra, especialmente la del pintor colombiano Alejandro Obregón con su lenguaje moderno y la del mexicano Rufino Tamayo con su desbordante color. Por otra parte, la obra del muralismo mexicano, que tanto le había desvelado en su juventud, ahora parecía desilusionarle, por lo cual decidió estudiar sus nuevas influencias y centrarse durante un tiempo en la experimentación del volumen a partir de bodegones. A partir de esta indagación Botero descubrió un lenguaje propio que primero se evidenciaba en objetos de sus naturalezas muertas y que posteriormente empezaba a crear en personajes humanos que interactuaban con sus objetos. Un año después, expuso por primera vez en Nueva York: el éxito comenzaba a acompañarle. Fernando Botero logró a intensificar sus batallas personales, sus combates lienzo a lienzo, del arte contra el tiempo y de la belleza contra la muerte.

Botero regresó a Bogotá y en el año de 1958 fue nombrado docente de la Escuela de Bellas Artes de la Universidad Nacional de Colombia. Este presentaba una obra de formato grande, al XI Salón de Artistas Colombianos. Concebida con la consciencia de ser una obra maestra, Botero obtuvo con La Camara degli sposi (Homenaje a Mantegna) el primer premio en el salón, consolidándose como el pintor más importante de este año en Colombia. Ese mismo año expuso en varias galerías de Estados Unidos. En una de estas exitosas exhibiciones del mismo año, La Camara degli sposi fue vendida a un empresario en Chicago, y desde entonces la obra desapareció. Numerosos críticos e historiadores de arte latinoamericanos la han señalado como una de las obras más importantes del arte colombiano por ser un punto de la consolidación del lenguaje pictórico de Botero, y por abrir las puertas a la nueva figuración que después experimentarían otros pintores jóvenes. La obra había causado una gran polémica al ser inicialmente descartada del salón, luego reintegrada y finalmente premiada. Despertaba una tremenda duda en el público y en los jurados que inicialmente concibieron la obra como una caricatura de La Cámara de los Esposos del pintor renacentista Andrea Mantegna. Marta Traba tuvo que mediar para explicar que los artistas hacían recreaciones artísticas en las cuales aludían o hacían homenajes a otras obras que les precedían, y que el lenguaje "feísta" usado por Botero era una pintura de gran calidad y poder visual.

Del matrimonio con Gloria Zea, directora del Museo de Arte Moderno de Bogotá, Botero tuvo tres hijos: Fernando, Lina y Juan Carlos. Este último nacido el mismo año en que el decidió separarse de su esposa.

Botero y las vanguardias de Nueva York En 1960, Botero regresó a Nueva York para instalarse. Una vez allí, alquiló un pequeño apartamento donde vivía modestamente, pues acababa de separarse; además, sus obras no tenían mucho éxito, pues los gustos neoyorquinos de la época cambiaban rápidamente y entonces se imponía la abstracción.

La influencia del expresionismo abstracto ya se hacía evidente desde las obras de 1958, resultado de los primeros viajes de Botero a Nueva York, donde había podido ver los formatos enormes de Jackson Pollock, Franz Kline y de Kooning. Este encuentro marcó la producción de Botero, que, sin embargo, conservó su lenguaje figurativo, pero experimentó con la pincelada agresiva, la utilización de tonalidades fuertes y el uso de formatos grandes. Mientras su estudio por el volumen parecía pasar a un segundo plano por la preocupación por la pincelada y el color, Botero creó interesantes series (una de las cuales fue adquirida por el Museo de Arte Moderno de Nueva York en 1962) y la de Los niños de Vallecas en homenaje a Diego Velázquez.

Para 1962, su lenguaje expresionista llegó a un punto de inflexión, porque estuvo a punto de tomar un rumbo que lo habría alejado definitivamente de su preocupación por el volumen. Botero reinició su experimentación, esta vez interesándose más por las obras de artistas pop que estaban exhibiendo en Nueva York, a raíz de lo cual su obra retomó las preocupaciones temáticas de sus personajes figurativos, dejando de lado el aspecto formal de la pincelada, y usando colores planos en su pintura. En algunos casos llegó incluso a incluir collages en sus pinturas del año 1963. Después de haber encontrado su serenidad económica, Botero se casó de nuevo.

En 1963 trasladó su residencia al East Side y alquiló un nuevo estudio en Nueva York. Es allí donde surgió su estilo plástico en muchas de sus obras de este período, con colores tenues y delicados. Su pasión por Rubens se dejaría ver desde entonces en sus obras.

A comienzos de 2008, Fernando Botero recibió el doctorado honoris causa de la Universidad Autónoma de Nuevo León, en Monterrey, México. Igualmente, presentó por primera vez en esta ciudad su colección de pinturas sobre "Abu Ghraib" y su enorme escultura en bronce titulada "Caballo".

Fama thumb|Gato (1990), Rambla del Raval, Barcelona. En 1962 fue organizada en Estados Unidos su primera exposición. Una nueva muestra en el Milwaukee Art Center recibió críticas ampliamente positivas. Es así como Botero empezó un período de muestras y exposiciones entre Europa, los Estados Unidos y Colombia. En 1969 expuso en París; fue a partir de ese momento que Botero empezó un peregrinaje por todo el mundo en busca de inspiración; se movía continuamente de Bogotá a Nueva York y a Europa.

En 1970 nació en Nueva York su hijo Pedro Botero, llamado Pedrito. Paralelamente, su fama mundial aumentaba cada vez más y lo convirtió en ese entonces en el escultor viviente más cotizado del planeta. En 1974, cuando su hijo apenas tenía cuatro años, Botero tuvo un accidente de tráfico en España, que le costó la vida a Pedrito.

La muerte de su hijo dejaría trazos en la obra de Botero que, a partir de ese momento, comenzó a tener cambios profundos, considerados por la crítica como huellas de la pérdida de su hijo. Además, su matrimonio con Cecilia Zambrano no superó la pérdida de Pedrito y Botero se separó por segunda vez.

Un año antes, él se había instalado en París y había comenzado a trabajar la escultura. En 1976, Botero hizo una donación de dieciséis de sus obras al Museo de Antioquia, que le consagró una sala permanente para sus obras, la sala Pedrito Botero. miniaturadeimagen|La Maternidad, en Oviedo.|255x255px

Desde 1979, cuando la primera retrospectiva de Botero fuera presentada en el Museo Hirshhornhttp://hirshhorn.si.edu/ de Washington, sus exposiciones a través del mundo no se detuvieron. En 1983 se trasladó a la ya citada Pietrasanta, en Toscana (Italia), un pequeño pueblo famoso por sus fundiciones, lo que para Botero significaba la continuidad de su obra escultórica. Al año siguiente, Botero hizo una nueva donación al Museo de Antioquía. Esta vez se trataba de una serie de esculturas que también encontraron lugar en una nueva sala permanente dedicada a Botero en el museo.