Valdetorres de Jarama es un municipio y localidad de España, perteneciente a la Comunidad de Madrid. El término municipal tiene una población de .
Toponimia Tradicionalmente el origen del topónimo Valdetorres se atribuye a su situación en un valle que estaría dominado por las atalayas construidas entre los siglos - por los musulmanes para vigilar el avance de los reinos cristianos en una zona estratégica que protegía de incursiones a la ciudad de Toledo. La atalaya de El Vellón se divisa claramente desde la localidad.
Otras teorías sostienen que el origen del nombre de la localidad estaría en las turres, pequeñas torres de vigilancia, con las que es posible que contaran las explotaciones agrícolas que existirían en las zonas aledañas al río Jarama a partir del Bajo Imperio romano.
Geografía La extensión del municipio es de 33,5 km² y posee una densidad de población de 119 hab./km². Se encuentra a 32 km de Alcalá y a 39 km de Madrid. El tipo de hábitats de este espacio natural protegido por la Unión Europea es en mosaico, lo que favorece a las especies de aves como la avutarda común, el cernícalo, sisón, aguilucho pálido y aguilucho cenizo, y al pastoreo, por la calidad y cantidad de pasto que produce propio de los cultivos de secano. Esta zona de interés comunitario se denomina de estepas cerealistas del río Jarama.
Historia Primeros asentamientos
La ocupación humana en la localidad se remonta a la Primera Edad del Hierro observándose cierta continuidad en el poblamiento durante la Segunda Edad del Hierro, con asentamientos carpetanos y hasta la ocupación romana.
El surgimiento de estos núcleos de población se vio favorecido por la configuración del río Jarama a su paso por la localidad, ya que cuenta con amplias zonas de vega próximas al curso fluvial, así como numerosos arroyos.
Época romana
La conocida como villa romana de Valdetorres de Jarama es el principal vestigio de esta época en la localidad. A pesar de esta denominación, los últimos estudios coinciden en identificar el edificio con una “mansio” o albergue donde los viajeros que recorrían las calzadas romanas encontraban alojamiento.
La situación del edificio corrobora esta versión ya que algunos autores sostienen la existencia de una vía secundaria que desde Complutum (Alcalá de Henares) y pasando por Daganzo y Valdetorres se dirigiría a Somosierra. En la localidad existe un camino que hoy en día se sigue denominando camino de Alcalá. Por otro lado, también hay autores que sostienen la existencia de una vía que transcurría paralela al río Jarama y que podría confluir con la que llegaba de Complutum, en un lugar próximo al que se encontraba la villa romana de Valdetorres de Jarama. Junto a esta vía existían diversas villas que en algunos casos tuvieron cierta continuidad durante el periodo visigodo y medieval.
El descubrimiento del edificio tuvo lugar en el año 1977 durante la realización de unas obras en el Camino de Madrid que dejaron al descubierto una escultura representando un tritón. La campaña de excavación que se llevó a cabo de 1978 a 1982 dejó al descubierto la estructura del edificio que presenta una característica planta octogonal. Distribuidos en distintas estancias se encontraron unos 125 fragmentos de diversas esculturas de las que han podido identificarse iconográficamente aquellas de más tamaño y mejor conservadas, entre las que se encuentra el citado tritón, un grifo y un sátiro. Junto a las piezas escultóricas aparecieron también fragmentos de marfiles tallados, que tras su estudio pusieron de manifiesto su origen en Egipto pudiendo ser fechados en torno a finales del o primera mitad del . Estos elementos, junto con los distintos fragmentos de cerámica presentes en el edificio, fijan la cronología del mismo aproximadamente en la época del emperador Constancio (337-361 d. C.), estando en uso al parecer durante un siglo, aunque existen evidencias de su reutilización con otras funciones en época visigoda y posterior.
Alta Edad Media
Los distintos registros arqueológicos estudiados hasta el momento muestran que las villas romanas que se situaban en la primera terraza del río Jarama, y que se encontrarían unidas por el denominado Camino de Madrid, experimentaron cierta continuidad de ocupación durante el periodo visigodo y alto medieval.
En la denominada villa romana existen indicios que permiten establecer un cambio de su primigenia función de hospedaje ya que aparecieron restos de un horno junto con numerosos fragmentos de vidrio lo que hace pensar en un uso industrial a pequeña escala. Es posible que en esta época las diversas esculturas que existían en el edificio se trasladaran y acumularan en las estancias donde se produjo su hallazgo. Este cambio en la utilización del edificio coincide también con el expolio de materiales de los muros, reutilizados en construcciones cercanas y en los enterramientos de una mujer y un niño.
Si bien existen diversos materiales en la zona pertenecientes a época medieval, dada la inestabilidad del periodo tras la ocupación musulmana de la península, es complicado aventurarse a asegurar la existencia de un poblamiento permanente.
Las vías de comunicación de época romana continuaron utilizándose en muchos casos en época árabe y concretamente existen testimonios de que el camino que unía Talamanca con Alcalá de Henares (el actual camino de Alcalá) continuó utilizándose en esa época ya que ambos núcleos de población continuaron siendo centros de referencia durante la ocupación musulmana. Es posible que el uso de este camino permitiera la permanencia de algunos asentamientos en el término de Valdetorres, dada su cercanía a Talamanca. En todo caso sufrirían la destrucción que provocaban las diversas incursiones de los cristianos registradas hasta el momento de la consolidación de la línea de la frontera en Toledo.
Durante este periodo la única población de importancia de la zona sería Talamanca que se constituye ya en cabecera del resto de núcleos de población de la zona.
Baja Edad Media thumb|Iglesia parroquial de la Natividad de Nuestra Señora|240px Probablemente en un momento indeterminado tras la conquista de la ciudad de Toledo en 1085 y la posterior consolidación de la frontera, se produciría la fundación de la localidad de Valdetorres de Jarama en su emplazamiento actual. En las relaciones de Felipe II se dice que “el pueblo ha ido en crecimiento por ser de los más nuevos de esta tierra porque así lo oyeron decir a sus antepasados”.
Si en las anteriores épocas históricas los asentamientos se establecían en las cercanías del río Jarama, en su primera terraza, la ubicación actual se traslada a una zona más elevada en la segunda terraza formada por el dicho curso fluvial. La zona en la que actualmente se encuentra el campo de fútbol constituye un buen emplazamiento ya que se halla en un cerro natural bordeado por el arroyo Valtorón y por tanto, con suministro de agua.
En estos momentos se configuraría la comunidad de villa y tierra de Talamanca, de la que forma parte Valdetorres de Jarama, manteniendo la anterior organización territorial musulmana.
El 21 de julio de 1214 Alfonso VIII restituye al Arzobispado de Toledo, del que era cabeza en esta época Rodrigo Jiménez de Rada, la jurisdicción de algunas aldeas alcalaínas que veinticuatro años antes había cedido a su vez al Concejo de Segovia. A cambio de esa cesión recupera Talamanca y su alfoz para el poder real. Su sucesor Enrique I, el 5 de noviembre de 1214 vuelve a conceder Talamanca al arzobispo toledano Rodrigo Jiménez de Rada, confirmado por Fernando III el 4 de julio de 1218. En este documento aparece citado Valdetorres como Valdeturres junto con localidades como Loeches, Tielmes, Olmeda o Valdilecha por lo que no es seguro, debido a la distinta situación geográfica, que se trate de la misma localidad.
En 1223 el arzobispo Jiménez de Rada otorga dos Cartas Puebla, una de las cuales se dirige a la villa y aldeas del alfoz de Talamanca, favoreciendo de esta manera el desarrollo de la zona y la continuidad de la repoblación. Talamanca quedaría establecida como cabeza del común de villa y tierra constituyéndose en residencia de miembros de familias como los Mendoza, Acuña o Avendaño, dirigiendo desde la población el alfoz y las aldeas que lo componían, en un modelo característico en varias localidades castellanas.
Las noticias directas sobre Valdetorres en esta época son escasas pero por lo registrado en documentos posteriores es posible que a finales de la Baja Edad Media se produjera la adquisición de la heredad de Silillos por parte de la familia Mendoza. Esta próspera propiedad había pertenecido anteriormente al Arzobispado de Toledo.
En paralelo a la constitución de la comunidad de villa y tierra de Talamanca, se organiza también una primitiva mesta que se dota de unas ordenanzas para el manejo de los ganados en una fecha tan temprana como 1262. Las reuniones periódicas de los procuradores nombrados por cada cuarto en los que se dividían las once poblaciones del común, se celebraban en la ermita de Nuestra Señora del Retamar o de la Virgen del Campo, situada en una zona muy próxima al emplazamiento de la villa romana.
Siglo XVI Los datos recogidos en el censo de pecheros mandado elaborar por Carlos V presentan los pueblos de la tierra de Talamanca, entre ellos Valdetorres de Jarama, como una zona próspera, diciendo de ellos:
Dada la fertilidad de la tierra, por la que no pagan renta alguna pues es propiedad del que la cultiva o está tomada gratuitamente de los propios municipales de cuyos fondos muchos pueblos pagan los pechos. Tienen buenos pastizales en los que no se paga herbaje. Puede decirse que la población en su conjunto es rica dentro de la clase campesina.
Otros documentos de la época corroboran esta situación, sobre todo en la parte de la economía que giraba alrededor del río Jarama puesto que en su ribera existían tres molinos y un batán, huertas propias de los vecinos de la localidad, cañamares y plantaciones de frutales propiedad del concejo de la villa.
Esta situación de prosperidad, que permite la mejora de las condiciones de vida ocasiona que los vecinos más acomodados ocupen los distintos cargos del concejo de la villa, existe también una necesidad de una mayor autonomía para gestionar las tierras del municipio sin dependencia de Talamanca; que se pone de manifiesto en distintas compras de tierras en el paraje de Marjomar. Estos factores unidos a la política financiera de los Austrias constituyen el inicio del proceso por el que Valdetorres accederá a la condición de villa, concedida por Felipe II, al igual que hicieron en esta misma época el resto de localidades que formaban parte del común de villa y tierra de Talamanca.
El 11 de agosto de 1563 el lugar de Valdetorres dirige un memorial a Gómez Tello Girón, gobernador eclesiástico, exponiendo los agravios que les infligía la justicia de Talamanca y solicitando eximirse de la misma para pasar a jurisdicción real. La petición es concedida. Entre el 2 de septiembre y el 21 de noviembre se fija en 7.000 maravedíes lo que habría que pagar cada vecino al rey para constituirse en villa; siendo la población de doscientos tres vecinos la cantidad total que tiene que asumir la localidad es de 1 421 000 maravedíes.
En el año 1579 la villa es vendida por Felipe II a su contador mayor, Francisco de Garnica. Unos años antes, en 1573, había adquirido el heredamiento de Silillos a Luisa de Luzón, viuda de Juan de Hurtado de Mendoza, por 24 000 ducados. En Valdetorres, la familia Garnica ostentará un dominio jurisdiccional que se pone de manifiesto sobre todo en la potestad de proponer candidatos por los cargos municipales y en ejercer la primera instancia de apelación judicial.