Manuel del Socorro Rodríguez de la Victoria (Bayamo, 3 de abril de 1758-Bogotá, 2 de junio de 1819) fue un bibliotecario, periodista, ensayista y poeta cubano radicado en la Nueva Granada.
Fue uno de los más influyentes actores del movimiento ilustrado en la Nueva Granada, actual Colombia, y uno de los más destacados bibliotecarios del período colonial en América ya que es un punto de referencia obligado de la historia sobre el periodismo y la literatura neogranadina y su nombre está ligado al proceso de formación de la Real Biblioteca Pública.
Ahora bien es esencial señalar una biblioteca y un bibliotecario como elementos articuladores del flujo de creación y circulación discursiva en la sociedad neogranadina.
El perfil del bibliotecario Manuel del Socorro Rodríguez de la Victoria fue una pieza esencial en la formación del pensamiento ilustrado de la Nueva Granada, por el papel que él mismo y la Real Biblioteca Pública de Santa Fe, jugaron en la construcción de una conciencia sobre un pensamiento propio en el virreinato de Nueva Granada. Tras su arribo a finales del a la Nueva Granada bajo el mandato del virrey José Manuel de Ezpeleta, se encargó de la dirección de la Biblioteca Real de Santafé de Bogotá, así como de la fundación de diversos periódicos, es por ello que se le considera el “el prócer del periodismo en Colombia” su imagen como fundador del periodismo en la capital del Virreinato de la Nueva Granada, se debe a la publicación de las primeras hojas periodísticas y a su amor por las letras. Más allá de sus fronteras, una identidad como nación, un rol como ciudadano y una respuesta a las voces que veían con desdén la consolidación de una lectura del mundo en clave americana.
No obstante, su obra permitió inscribirlo dentro del proyecto ilustrado revolucionario de la Nueva Granada, y a su vez se convirtió en una fuente de información para entender la reforma educativa emprendida por el entonces fiscal Francisco Antonio Moreno y Escandón, el problema urbano y el de la salud entre otros. Aparte de la poesía epigramática (compilada en diversos tomos que comprenden la obra Antología o Colección de Epigramas de la cual se conservan manuscritos inéditos en la Biblioteca Nacional de Colombia). Los demás textos de Manuel del Socorro Rodríguez resultan abiertamente documentales sobre elementos y formas de la vida cotidiana neogranadina y a la par presentan una crítica a las ideas políticas promovidas por La Revolución Francesa; así en su producción literaria se refleja “la crisis del pensamiento colonial español y la apertura a otras formas de pensamiento” Es necesario resaltar que su obra es uno de los principales hitos ilustrados en la construcción de la identidad republicana de Colombia, en la consolidación de un pensamiento propio a partir del cual fue posible inaugurar esa tradición jurídico-política republicana en Colombia.
La biografía de Manuel del Socorro es la síntesis de un hombre de su tiempo que tuvo necesidad de plegarse obedientemente a las reglas del sistema de gobierno monárquico y expresar el respeto por las figuras centrales de la Corona española, y luego del proceso de independencia su fervor republicano, reconfigurando dos posturas que se enfrentaban en la época: los valores del regalismo que predican la adhesión y obediencia por la Corona y el pensamiento americanista que propugnaba por la independencia de las colonias desde la consolidación de un pensamiento propio. Biografía
Etapa en Cuba
Infancia y juventud Hijo de don Manuel Baltasar Rodríguez y doña María Antonia de la Victoria, sus biógrafos Torre Revello, Otero Muñoz y Cacua Prada, quienes ubican su nacimiento hacia el lunes tres de abril de 1758 en Bayamo, Cuba fue el último de tres hijos, de las cuales las anteriores eran mujeres como el único varón del matrimonio Rodríguez de la Victoria. Su padre era maestro de primeras letras y ejercía también el arte de la escultura supliendo los gastos que se generaban en la familia; mientras que su esposa María Antonia de la Victoria era una modesta pero virtuosa ama de casa.Dada la condición de su familia, que no gozaba de abundantes bienes pero si de una gran estima entre los habitantes, el padre de la parroquia del Santísimo Salvador de Bayamo nombró a Manuel del Socorro cuando era pequeño como acólito de la iglesia de San Juan de Evangelista, permaneciendo en este cargo por seis años.Según lo refiere un relato biográfico de la época, Manuel del Socorro era un profundo cristiano, no solo en su rol de monaguillo sino en el de maestro que expresó siempre su piedad como buen católico. Igualmente, cultivó las artes plásticas sin tutores ni maestros, a tiempo que daba muestra de su amor por la lectura y su pasión por los libros, rasgos que estaban acompañados por un carácter de pedagogo y auto-didáctica El vicario Fontaine afirma su principal afición eran los libros, a cuya lectura y estudio dedicaba de noche, por cuanto las horas del día las consagraba a trabajar para el sustento de los suyos”. En ese mismo sentido el vicario Fontaine, citado por José Torre Revello advierte no tener un conocimiento y control sobre los libros y las lecturas de joven maestro, en una conducta que es perfectamente comprensible frente al control de creación y circulación de libros que ejercía el clero sobre los fieles: “sus estudios exponía a continuación como que han sido nocturnos y privados nadie puede dar razón individual de ellos; empero las obras que he visto, y que ha dado al público en esta Villa manifiestan que no son bulgares".
Su origen humilde y la muerte de su padre a los ocho años de edad marcaron el comienzo de una vida de sacrificios y vejaciones y el compromiso de velar por su madre y sus dos hermanas huérfanas. A raíz de esto asumió la labor de formación de los menesterosos que acudían a la escuela de la iglesia de Bayamo. Durante cuatro años “se puso al frente de la escuela que dirigió su papá y en su propia vivienda habilitó unas piezas para aulas y allí enseñaba en forma gratuita a quienes no tenían recursos para ingresar a los planteles oficiales”. Sin embargo, la actividad no resultaba muy rentable y además tenía que responder con las cargas económicas de su hogar, por lo cual se vio obligado a abandonar la enseñanza. Posteriormente se dedicó al dibujo, la pintura, la talla y la escultura en madera de lo cual aún se conserva el altar barroco de la iglesia de Bayamo en 1771; como señala Antonio Cacua Prada, “Años después estos conocimientos pictóricos le suministraron los únicos denarios para su mísera subsistencia” En 1774 el Marqués de Guisa aseguró que el joven del Socorro contaba con una excelente reputación y le sugirió llevarlo a España pero éste se negó porque “según su conciencia no podía separarse de sus hermanas jóvenes”.
Traslado a Santiago de Cuba Para 1780 decidió trasladarse junto con su familia a la ciudad de Santiago de Cuba en donde durante 1784 escribió para el rey un memorial de su vida en la que describía la preparación que tenía de “ciento setenta obras, breves discursos en prosa o en verso, y que por haber leído tan poco le hacían creer que eran ideas originales”; Igualmente aprovechó la comunicación para solicitar una pensión para él y su familia que además le permitiera concluir las obras. Se trasladó a La Habana donde fue examinado por personas de literatura quienes finalmente autorizaron una pensión de 600 pesos para él, su madre, sus hermanas y para completar su producción literaria.
Nuevamente en 1789 escribió un memorial esta vez dirigido a Carlos III solicitándole un empleo literario, disponiéndose a presentar previamente un examen de bellas artes, literatura y ciencias; se le entregó el temario que debía responder en público en el Colegio del Real Seminario de San Carlos de la Habana, para así demostrar su “idoneidad literaria” autorizado por el capital general de la isla, Don José Manuel de Ezpeleta, con quien a partir de ese día se consolidó una generosa amistad. Durante ese mismo año el gobernador Ezpeleta recibió noticia de su nombramiento como virrey de la Nueva Granada, por lo cual aprovechó para enviar a la Corona una extensa documentación sobre el resultado de las pruebas realizadas a Manuel del Socorro Rodríguez y “pidió licencia para traerlo a Bogotá cuando se trasladara a tomar posesión de su nuevo cargo”
Etapa en el virreinato de la Nueva Granada
Cambio de destino a Santafé de Bogotá
El 11 de agosto de 1789 le fue autorizado el viaje a la Nueva Granada, a la ciudad de Santa Fe, sin embargo como lo manifestó en una carta del 12 de diciembre del mismo año su anhelo era trasladarse a Europa, pues según palabras del autor “únicamente [allí] se le podían facilitar los medios oportunos para instruirme bajo el método y formalidades que exigen el buen gusto literario poco conocido en las Américas, a causa de la inopia de libros, principalmente en aquella región de mi destino, y la imposibilidad de comprar, aún los pocos que vengan de Europa”. Aproximadamente en junio de 1790 se embarcó hacia Cartagena, siguiendo el recorrido por el río Magdalena hasta Honda; finalmente arribó a la ciudad el 18 de octubre y al día siguiente se reunió con Ezpeleta quien le ofreció diversos cargos, pero el autodidacta cubano optó por el de director de la Biblioteca Real. Rodríguez se dedicó la vida a la biblioteca; no solo vivía allá, sino además pasaba todo el día leyendo y trabajando organizar la colección literaria de la biblioteca. Así Rodríguez fue muy intelectual y familiar con la literatura mundial; él tenía acceso a la literatura europea y a los otros textos periódicos del Nuevo Mundo.
Real Biblioteca Pública de Santafé de Bogotá
Tras la expulsión de la Compañía de Jesús de la Nueva Granada, quedaron 4182 libros con los cuales pretendía organizarse una biblioteca pública, así el 9 de enero de 1777 se abrió al público esta biblioteca ubicada en uno de los edificios donde funcionaba el Colegio de San Bartolomé; el 20 de octubre del mismo año Ezpeleta decretó a Manuel del Socorro Rodríguez como director de la biblioteca, tras la muerte de Joaquín Esguerra. Respecto al sueldo le correspondían $224.00 anuales según afirmación de José María Vergara y Vergara, quien anotó: “Este dato lo he sacado de un antiguo expediente sobre la fundación de la Biblioteca, y se confirma con lo que dice a guía de forastero de Santafé, correspondiente al año de 1794, folio 81”
miniatura|Portada del índice que realizó Manuel del Socorro Rodríguez sobre los libros de la Real Biblioteca Pública de Santafé.
Uno de los proyectos más destacados llevados a cabo por el bibliotecario fue la Tertulia Eutropélica definida por el mismo Rodríguez de la Victoria como “una junta de varios sujetos instruidos, de ambos sexos bajo el amistoso pacto de concurrir todas las noches a pasar tres horas de honesto entretenimiento, discurriendo sobre todo tipo de materias útiles y agradables”. Dentro de los asistentes a la tertulia se encontraban entre otros don José María Gruesso, don Francisco Antonio Rodríguez y fray José María Valdés, los tres oriundos del Cauca. No obstante, en su misión formadora la fundación de periódicos y la actividad de la tertulia, serían piezas claves. Para reafirmar su imagen como fundador del periodismo en la capital del Virreinato de la Nueva Granada, se le debe la publicación de las primeras hojas periodísticas y a su amor por las letras, aunque ello no hubiera sido posible sin el apoyo decidido de su amigo el virrey Ezpeleta, un ilustrado que siempre favorecía la cultura y las artes en general. Gracias a sus buenos oficios y a los constantes informes del virrey, Manuel del Socorro obtuvo algunas partidas, aumentos de sueldo, dinero, para seguir su labor y para la compra de algunos libros con destino a la Real Biblioteca.