La Feria y Fiestas de la Magdalena (en valenciano: Fira i festes de la Magdalena) son las fiestas mayores de la ciudad española de Castellón de la Plana. Se trata de unas fiestas de carácter fundacional que conmemoran el traslado de la población de la montaña al llano que, según la leyenda, tuvo lugar el tercer fin de semana de Cuaresma de 1252 después de que el 8 de septiembre de 1251 el rey Jaime I de Aragón concediera el Privilegio del Traslado para hacerlo.
La primera edición de las fiestas en su formato actual de 9 días de duración, del tercer sábado al cuarto domingo de Cuaresma, se celebró en 1945, pero sus orígenes documentados se remontan a 1375. Durante la semana de fiestas la ciudad se transforma con la celebración de numerosos actos culturales y folclóricos acompañados de pirotecnia, música y gastronomía que muestran las tradiciones castelloneras más importantes.
En el año 2010 fueron declaradas por el Ministerio de Industria, Turismo y Comercio fiesta de Interés Turístico Internacional. Más tarde, en 2017, el acto principal y que fue origen de las fiestas, la Romería de las Cañas, al ermitorio de Santa María Magdalena ubicado en el emplazamiento del viejo Castellón fue declarada Bien de interés cultural, que posteriormente en 2024 fue ampliado para reconocer al principal elemento festivo, la gaiata.
Fundamentos históricos
miniatura|izquierda|Ermita de Santa María Magdalena, y detrás las ruinas del Castell Vell
Durante la época de dominación musulmana de la península ibérica la zona de la comarca natural de la Plana al norte del río Mijares presentaba un carácter rural y poco desarrollado, dominado por un castillo que contaba con un arrabal en las estribaciones del Desierto de las Palmas a una altitud de , y una serie de alquerías diseminadas por la llanura que se extendía a sus pies en la que destacaba la alquería de Fadrell que daba nombre a este distrito castral.
En julio de 1233, en una de las campañas destinadas a la conquista de Valencia, Jaime I logró la rendición de Burriana, que entonces era la población más importante de la zona, tras un largo asedio, poco después, entre agosto y noviembre de ese año, los diferentes castillos de la zona se rindieron a las huestes aragonesas, incluido el de Castellón que al parecer capitularía sin derramamiento de sangre.
En 1234 el rey nombra señor de Castellón a su tío Nuño Sánchez quien pone su empeño en repoblar la llanura para lo que concede una Carta puebla el 8 de marzo de 1239 en Tarragona otorgando a 54 de sus vasallos del condado de Cerdaña tierras en la alquería de Benimahomet con el objetivo de que fundaran allí una nueva población, un hecho que probablemente nunca se produjo. Unos años más tarde, en 1247 se produciría la revuelta mudéjar de Al-Azraq que acabaría provocando la expulsión de la población musulmana de la Plana. Este hecho fue aprovechado por el rey para donar tierras y casas en la llanura a nuevos pobladores, destacando las 30 que otorgó en la alquería de Benirabe, provocando el repoblamiento de la zona fértil del término y el posible despoblamiento del Castell Vell. Estas donaciones molestaron al entonces señor de Castellón Pedro de Portugal que las vio como una intromisión de su sobrino protestando con un pleito que fue resuelto por la reina Violante de Hungría en 1249, pero que se mantuvo vivo en otras de sus ramificaciones hasta 1251. En ese momento, ya con el castillo bajo su dominio, el rey concedió a su lugarteniente General del Reino de Valencia Ximén Pérez de Arenós el documento del Privilegio del Traslado fechado en Lérida, el 8 de septiembre de 1251, autorizándole para proceder a la mutatio villae, es decir al traslado de las administraciones de la villa de su antiguo aposento en el Castell Vell a su nueva localización en la Plana, con toda probabilidad al lugar donde ya residía prácticamente toda la población que de ellas dependía.
A partir de aquí la historia se mezcla con la leyenda. La costumbre sitúa el traslado de Castellón en la noche del tercer fin de semana de Cuaresma de 1252, cuando se organizó una procesión encabezada por las autoridades eclesiásticas y civiles a las que acompañó toda la población. Previendo un largo camino, los castellonenses se pertrecharon de gaiatos de los que colgaron un farol, una pieza de pan de forma circular con un agujero en el centro llamado rollo y ataron a los niños con cuerdas al gaiato para prevenir que se perdieran por el trayecto. Durante la travesía comenzó a llover, teniendo que recolectar cañas de los campos para ayudarse a superar los charcos y al hacerse de noche pernoctaron en la zona donde actualmente se encuentra el ermitorio de Sant Roc de Canet. Al día siguiente cruzaron el río Seco que venía crecido por las intensas lluvias y llegaron a la nueva villa en la que celebraron una ceremonia religiosa. Algunos expertos no descartan la posibilidad de una ceremonia de traslado solemne aunque no tan arriesgada en sus condiciones como la narrada por la leyenda popular, que hoy en día se conoce que es obra del notario del José Llorens Clavell, y del Padre Vela, y que posteriormente durante el romanticismo sería perfeccionada por Arcadio Llistar Escrig.
El origen de las fiestas de la Magdalena no está en este traslado de la población, si no que estaría en una procesión penitencial en tiempos de Cuaresma con motivo de la peste, concediéndole este significado histórico a mitad del .
Símbolos
miniatura|Las reinas de las fiestas de 2023 iniciando la romería ataviadas junto a todos los asistentes con las típicas cañas La costumbre dicta que los principales y más antiguos símbolos de la fiesta vienen dados por la leyenda del traslado dado que son los elementos que usaron los moradores del Castell Vell durante la noche de su travesía hacia su nuevo hogar. Lo más seguro es que esta leyenda surgiese para dar cohesión y sentido histórico a todos los elementos que con el paso del tiempo los castellonenses encontraron necesarios para poder realizar la romería anual.
Rollo
El rollo, en valenciano rotllo, es una pieza de pan en forma de rosca, es decir de toroide. Probablemente sea el símbolo más antiguo de las fiestas de la Magdalena y deba su origen al reparto de alimentos a los pobres de la villa al finalizar la romería en la ermita. Su presencia podría atestiguarse desde la primera rogativa de 1375. En la actualidad el ayuntamiento entrega un rollo gratuito a todos los romeros que se acerquen, con uno de los vales previamente repartidos, al punto de reparto en la explanada de la Magdalena el día grande de las fiestas, o también se pueden comprar versiones más pequeñas y dulces, al estar recubiertos de virutas de colores, para colgar en la ropa de los asistentes.
Caña
La caña, en valenciano canya, es el símbolo de la Romería de las Cañas a la que dan nombre. Su origen, o quizás su popularización, se encuentra en el año 1852 cuando se celebra el VI centenario del traslado de la ciudad al que el ayuntamiento de la época quiso dar mayor solemnidad, aunque su uso está documentado desde el . Se trata de ejemplares de Arundo donax, de los que se recogen unas 25 000 piezas cada año en cañaverales situados dentro del término municipal de Castellón, que luego son preparadas y clasificadas manualmente, para ser repartidas en el Mercado Central y la Tenencia de Alcaldía del Grao la mañana de la romería de forma gratuita.
Gaiata
miniatura|Monumentos de la Gaiata 7 de 2024, ganadoras ambas del Concurso de gaiatas y por lo tanto «Gaiatas de la ciudad» para el año 2025 La gaiata es el principal símbolo de las fiestas de la Magdalena y también de la ciudad. Su origen podría deberse a la simple acumulación de los faroles utilizados para iluminar el camino de regreso de la romería, colgados de una caña de forma creativa a la que se le acabó dando forma de báculo pastoral para recordar a un bordón de peregrino o llevados sobre una peana. A finales del la gaiata evoluciona conforme al gusto barroco, crece en tamaño y por necesidad se monta en carros, convirtiéndose así en el monumento festivo más antiguo de la Comunidad Valenciana. En el Juan Antonio Balbás las describe como «hermosas pirámides con gran número de luces». En este siglo la gaiata sufre una rápida evolución que se extiende hasta el primer tercio del , se utilizan nuevos materiales como el vidrio, las antorchas y velas dan paso a las lámparas de aceite, se crean unos monumentos aún más grandes que situados en un punto iluminaban el camino de la procesión, y finalmente desaparecen los motivos religiosos por otros más profanos y artísticos o simples juegos de colores.
Con la refundación de las fiestas en 1945 la gaiata obtiene todo el protagonismo de las fiestas, convirtiéndose no solo en un monumento festero si no también en el colectivo vecinal encargado de construirlas, organizar la fiesta en el barrio y representarlo en los actos oficiales. Para esta primera edición las instrucciones oficiales para su construcción fueron muy sencillas: tenía que estar compuesta por una carcasa de líneas de luces evitando partes macizas y opacas, de forma libre, móviles o desmontables con una parte móvil. Con estas indicaciones los primeros monumentos gaiateros fueron muy dispares entre sí y muy alejados del concepto imaginado para ellas por las autoridades, siendo objeto de numerosa crítica que las comparaba con las fallas valencianas, un tipo de monumento festero que se pretendía evitar imitar. De aquí surge la definición más conocida del concepto de gaiata que fue dada por Antonio Pascual Felip: «la gaiata és un esclat de llum sense foc ni fum», «‘la gaiata es un estallido de luz sin fuego ni humo’». En 1947 el escultor Tomás Colón creó la primera Gaiata de la Ciudad imponiendo un modelo que se ha mantenido hasta la actualidad con pocos cambios. En los más de 75 años de fiestas oficiales la gaiata ha ido evolucionando con la técnica y la experiencia de sus artistas. Inicialmente se confiaba a una batería de automóvil el suministro eléctrico pero esta limitaba el papel protagonista de la luz. En 1949 se ideó el sistema de suministro «por palos» que funcionó por más de 40 años, así cada monumento disponía de dos conexiones eléctricas que se iban relevando de palo en palo para no dejar sin energía a la gaiata y que con su mejora gradual pasando de los 125 v a los 230 v de sus últimos años permitió que, con ingenio y pericia en la electrónica, se lograsen los primeros juegos de luces que las caracterizan, así como el uso de nuevos materiales plásticos y cerámicos. En 1992 se empezaron a utilizar grupos electrógenos enganchados durante el desfile a cada monumento o par de monumentos, permitiendo que algunas gaiatas alcanzasen los 80 000 vatios sin cortes de suministro pero con gran incomodidad para los espectadores. Finalmente en 2011 se implantó la tecnología Led, que en sus modelos RGB y mediante aplicaciones informáticas permiten controlar 5000 puntos de luz de forma individual consumiendo 7000 W.
En 2017 se definió la gaiata de la siguiente manera:
Además, las condiciones que deben cumplir para poder participar en el concurso anual de gaiatas, la altura de las gaiatas monumentales está limitada a entre 5 y 6 metros y su anchura a 3 m, mientras que solo se puede aprovechar menos de un 20 % de los elementos que componían el monumento el año anterior.