La violencia doméstica, violencia familiar o violencia intrafamiliar es un concepto utilizado para referirse a «la violencia ejercida en el terreno de la convivencia asimilada, por parte de uno de los miembros contra otro, contra algunos de los demás o contra todos ellos». Comprende todos aquellos actos violentos, desde el empleo de la fuerza física, hasta el hostigamiento, el acoso, o la intimidación, que se producen en el hogar, y que perpetra al menos un miembro de la familia contra algún otro familiar.Nota: Sin embargo, domus tenía un sentido amplio, no solo comprendía la casa, sino también la patria y la familia.
El término incluye una amplia variedad de fenómenos, entre los que se encuentran algunos componentes de la violencia de mujer a hombre, violencia contra las mujeres, violencia intragénero, maltrato infantil, violencia filio-parental y abuso de ancianos. La falta de recursos económicos en las familias así como las condiciones adversas para el cuidado de sus integrantes, son detonantes de la violencia doméstica, tanto para las mujeres como para los menores y personas mayores. Así, la actual coyuntura económica se presenta como un factor generador de violencia doméstica en aquellos domicilios en los que la falta de recursos es patente, según el doctor José Romero-Urcelay, director Clínico del Departamento de Trastornos de la Personalidad en el Hospital Broadmoor (Inglaterra), durante su intervención en el XX Curso de Actualización en Psiquiatría, en Vitoria.
Un tema muy importante a abordar acerca de la violencia doméstica en contextos de pareja es el poder evaluar el riesgo que hay de sufrirla. Para ello se puede contar con: El Spousal Assault Risk Assessment (SARA). Esta es una herramienta desarrollada por Kropp y Hart en 1995, se basa en la evaluación de 20 factores de riesgo agrupados en 4 categorías (historia delictiva, ajuste psicosocial, historia de violencia de pareja y delito actual). La presencia de los factores de riesgo se codifica en una escala de tres puntos (0=ausencia, 2=presencia)
Según estudios realizados por Kropp y Hart (2004), el SARA ha demostrado ser una herramienta confiable y válida para evaluar el riesgo en casos de hombres adultos. Aunque por otro lado también presenta limitaciones como son: su dependencia del juicio subjetivo del evaluador y su falta de aplicabilidad en ciertos contextos, por ejemplo en relaciones del mismo sexo o casos en los que la mujer es la agresora. A pesar de estas limitaciones, el SARA ha tenido un impacto significativo en la protección de las víctimas y en la planificación de estrategias de intervención en violencia doméstica.
Terminología de la violencia doméstica o intrafamiliar
La violencia familiar incluye toda violencia ejercida por uno o varios miembros de la familia contra otro u otros miembros de la familia. La violencia contra la infancia, la violencia contra la mujer y la violencia contra las personas dependientes y los ancianos son las violencias más frecuentes en el ámbito de la familia. No siempre viene ejercida por el más fuerte física o económicamente dentro de la familia, siendo en ocasiones razones psicológicas (véase síndrome de Estocolmo) las que impiden a la víctima defenderse.
Algunos estudios concluyen que las personas provenientes de hogares donde existe maltrato o violencia psicológica o cualquier otro tipo de violencia, son 15 veces más propensas a manifestar algún tipo de maltrato en su etapa adulta.
La violencia psicológica es la forma de agresión en la que la mayoría de los países las personas afectadas casi nunca tienen posibilidad de actuación, ya que en este caso se unen la falta de opciones legales de denuncia y protección frente a esta forma de violencia.
Las señales de violencia son más fáciles de ocultar si son de carácter emocional, pues las mujeres no aceptan el maltrato de forma “pasiva”. Según estudios realizados, la mayoría de las mujeres maltratadas no la aceptaban y trataban de oponerse a dicho maltrato. Estas acciones de defensa hicieron que la violencia psicológica se viera como una agresión mutua y que algunas instituciones la catalogaran como un conflicto de pareja. Sin embargo, de un estudio sobre la violencia doméstica se desprende que solo dos de las mujeres entrevistadas aceptaron que eran agredidas emocionalmente, antes de ser maltratadas físicamente. En determinados países de Sudamérica y, gracias a diferentes campañas publicitarias, se ha intentado promover un mayor nivel de conciencia acerca del maltrato psicológico.
Se podría definir la violencia familiar como toda acción u omisión cometida en el seno de la familia por uno de sus miembros, que menoscaba la vida o la integridad física, o psicológica, o incluso la libertad de otro de sus miembros, y que causa un serio daño al desarrollo de su personalidad.
Relación entre género y violencia
No existe consenso entre investigadores respecto a la relación entre el género y este tipo de violencia, por lo que es un tema controvertido donde persiste cierta confusión a la hora de definir sus respectivas tipologías —violencia de género contra violencia doméstica—; actualmente se observa un debate acerca de las tasas de víctimas para cada género y si los hombres maltratados deben contar con los mismos recursos y refugios que están disponibles para las mujeres víctimas. En particular, algunos estudios sugieren que los hombres son menos propensos a ser víctimas de la violencia doméstica debido a los estigmas sociales.Dutton, D. G.; Nicholls, T. L. (2005). The gender paradigm in domestic violence research and theory: Part 1—The conflict of theory and data. Aggression and Violent Behavior 10 (6): 680. doi:10.1016/j.avb.2005.02.001Carney, M.; Buttell, F.; Dutton, D. (2007). "Women who perpetrate intimate partner violence: A review of the literature with recommendations for treatment". Aggression and Violent Behavior 12: 108. doi:10.1016/j.avb.2006.05.002 Otras fuentes, sin embargo, sostienen que la tasa de violencia doméstica contra los hombres se inflan debido a la práctica de la inclusión de la legítima defensa como una forma de violencia doméstica.Johnson, M. P.; Ferraro, K. J. (2000). «Research on Domestic Violence in the 1990s: Making Distinctions.» Journal of Marriage and Family 62 (4): 948. doi:10.1111/j.1741-3737.2000.00948.xDobash, R. P.; Dobash, R. E.; Wilson, M.; Daly, M. (1992). «The Myth of Sexual Symmetry in Marital Violence.» Social Problems 39: 71. doi:10.1525/sp.1992.39.1.03x0064l}}
Tipos de violencia doméstica
Habitualmente este tipo de violencia no se produce de forma aislada, sino que sigue un patrón constante en el tiempo. Los principales sujetos pasivos son las mujeres, niños y personas dependientes. Lo que todas las formas de violencia familiar tienen en común es que constituyen un abuso de poder y de confianza. Dada la complejidad y variedad del fenómeno, es muy difícil conocer sus dimensiones globales.
Violencia psicológica
La violencia psicológica, también conocida como violencia emocional, es una forma de maltrato, por lo que se encuentra en una de las categorías dentro de la violencia doméstica. La intención que trae consigo la violencia psicológica es humillar, hacer sentir mal e inseguro a un individuo, deteriorando su propio valor. Difiere del maltrato físico ya que este es sutil y es mucho más difícil de percibirlo o detectarlo. Se manifiesta a través de palabras hirientes, humillaciones, gritos e insultos. Este trastorno puede tener bases en la infancia de las personas cuando hay falta de atención por parte de los padres o familiares y violencia intrafamiliar. Las personas que tienden a vivir violencia dentro del hogar suelen afrontar relaciones abusivas psicológicamente cuando crecen, ya que las vivencias violentas a las que estuvieron expuestos les abre una brecha para ser la persona que ejerza la violencia o sean abusadas nuevamente.
Violencia contra los adultos mayores
El síndrome de la abuela esclava es otra forma de maltrato frecuente en el , descrito sobre todo en países hispanoamericanos, que afecta a mujeres adultas con gran carga familiar, voluntariamente aceptada durante muchos años, pero que al avanzar la edad se torna excesiva. Si la mujer no expresa claramente su agotamiento (o lo oculta), y sus hijos no lo aprecian y le ponen remedio, la sobrecarga inadecuada provoca o agrava diversas enfermedades comunes: hipertensión arterial, diabetes, cefaleas, depresión, ansiedad y artritis. Estas manifestaciones no curan adecuadamente si no se reduce apropiadamente la sobrecarga excesiva. Ocasionalmente puede provocar suicidios, activos o pasivosAntonio Guijarro Morales: El síndrome de la abuela esclava, pandemia del siglo XXI. Granada: Grupo Editorial Universitario, 2001. ISBN 978-84-8491-124-1.
El Síndrome de los Abuelos Fantasmas: En este tipo de violencia los abuelos son tan ignorados que nadie los ve ni los escucha, simplemente llegan a ser un mueble más de la casa. Los hijos creen que darles de comer y darles un espacio para vivir, es suficiente para satisfacer sus necesidades y no se dan cuenta de que eso, es lo de menos. Ya que lo que desean estos abuelos es ser queridos, tomados en cuenta, sentirse útiles y amados. Esta violencia contra las personas de la tercera edad trae como consecuencia la depresión que puede llegar al suicidio y acarrear múltiples enfermedades, ya que las personas en su afán de querer morir no se atienden de sus padecimientos y como en un círculo vicioso genera más trastornos todavía.
Los niños que suelen estar presentes durante la violencia y los que presencian pueden sufrir problemas emocionales y de comportamiento. Los investigadores indican que la violencia en la familia a los niños los afecta en tres maneras: en la salud, educación y el uso de violencia en su propia vida. Se ha comprobado que los niños que presencia la violencia manifiestan un grado mayor de depresión, ansiedad, síntomas de trauma y problema de temperamentos.Poner fin a la violencia contra la mujer: de las palabras [a] los hechos. (20072006). Nueva York: Naciones Unidas.
Violencia contra la mujer en la pareja
300px|thumb|Gráfico de la prevalencia (por millón) de la violencia contra mujeres en las relaciones de pareja por país.
La violencia contra la mujer por parte de su pareja o expareja está generalizada en el mundo, dándose en todos los grupos sociales independientemente de su nivel económico, cultural o cualquier otra consideración. Aun siendo de difícil cuantificación, dado que no todos los casos trascienden más allá del ámbito de la pareja, se supone que un elevado número de mujeres sufren o han sufrido este tipo de violencia. Estudios realizados en países por desarrollar arrojan una cifra de maltrato en torno al 20%, encontrándose los índices más bajos en países de Europa, en Estados Unidos, Canadá, Australia y Japón con cifras en torno al 3%.Maryse Jaspard, 2006, p. 283.
La mayoría de las víctimas oculta que existan esos problemas por temor a ser juzgadas en la sociedad. La indecisión es una de las causas para no admitir la situación así como el estereotipo dominante de la feminidad en Occidente, donde no se considera como atributo de las mujeres el ejercicio de la violencia activa.
También entra el aspecto de la educación y del entorno social que se vive desde niños, a un hombre que es maltratado psíquica o físicamente por su pareja, se le atribuye que es un hombre "débil", o es agredido por sus amigos o compañeros de trabajo y es precisamente por esto que no está dispuesto a denunciar y mucho menos a buscar ayuda. Esto es una consecuencia directa del machismo, ya que socialmente se considera débiles a las mujeres y por lo tanto incapaces de maltratar a los hombres.