Organización Nacional es el nombre que recibe en la historia de la Argentina el período comprendido entre la derrota del régimen rosista en la batalla de Caseros, ocurrida en 1852, y el acceso al poder de la llamada Generación del 80, alrededor del año 1880.Uno de los primeros autores en utilizar ese nombre en una obra histórica, y quien generalizó su uso en el sentido actual, fue Mariano Pelliza. Véase Otras fuentes llaman Organización Nacional únicamente al período comprendido entre 1852 y 1861, generalmente tomando partido abiertamente a favor de la actuación de Urquiza y sus aliados. Véase, por ejemplo Finalmente, hay también autores que llaman Organización Nacional únicamente al período siguiente, es decir a los años 1862-1880. Véase

En este período se definió el enfrentamiento histórico entre el Partido Federal y el Partido Unitario, enfrentados en las guerras civiles argentinas, organizándose definitivamente el país como una federación de provincias. Se produjeron cambios profundos en la configuración del Estado argentino: se sancionó la Constitución Nacional de 1853, que permitió constituir una república federal con autoridades nacionales; tuvo lugar la Guerra contra el Paraguay que modificó los equilibrios regionales; se produjeron las últimas guerras civiles argentinas que derrotaron definitivamente a los caudillos y los gauchos; se realizó la llamada Conquista del Desierto contra los pueblos indígenas, triplicando el territorio nacional; se resolvió la "cuestión capital" con la federalización de Buenos Aires; se inició el movimiento de inmigración ultramarina que modificaría radicalmente la población del país; se modernizaron las comunicaciones internas –iniciándose el tendido de la red ferroviaria argentina– y las externas, con la construcción de nuevas instalaciones portuarias; se extendió la educación primaria gratuita, se crearon gran cantidad de escuelas primarias y secundarias y se sancionaron las leyes de tierras que promovieron el latifundio y limitaron el acceso a la propiedad rural de los inmigrantes y la población nativa.

El período se divide claramente en dos subperíodos muy diferentes entre sí: durante los diez primeros años, la Argentina estuvo de hecho dividida en dos estados, la Confederación Argentina y el Estado de Buenos Aires, cada uno con sus autoridades y legislación propias. Luego de dos guerras entre ambos estados, que finalizaron respectivamente con las derrotas de Buenos Aires en la Batalla de Cepeda de 1859 y de la Confederación en la Batalla de Pavón de 1861, el país se unificó definitivamente. Sobre el final del período se constituyó el Partido Autonomista Nacional, estableciendo una nueva hegemonía nacional que lo mantendría en el poder sin alternancias durante cuarenta y dos años.

Antecedentes

El Río de la Plata obtuvo su independencia del Imperio Español a través de la Revolución de Mayo de 1810, aunque no todo el territorio se incorporó a las llamadas Provincias Unidas del Río de la Plata. Una prolongada guerra contra la antigua metrópoli le permitió sostener esa independencia, que fue formalmente declarada en el año 1816.

Desde el año 1814 se produjeron enfrentamientos entre las tendencias centralistas de la capital, Buenos Aires, y las tendencias centrífugas de varias provincias. El Partido Federal sostuvo una larga guerra civil, al término de la cual logró evitar el sojuzgamiento por parte del gobierno central, al precio de destruir toda forma de organización nacional. A partir de 1820, cada provincia se administró por sí misma.

Durante ese período se produjo una transformación profunda de la estructura económica del país: las regiones otrora más prósperas, tales como el noroeste, Cuyo y el noreste –cuyas economías eran motorizadas por el intercambio comercial con el Alto Perú, Chile y Paraguay respectivamente– sufrieron una marcada declinación debido al proceso independentista y a la competencia de los productos industriales –de origen mayoritariamente británico– con sus producciones artesanales e industriales. Paralelamente, el Litoral argentino –cuya importancia económica durante el Virreinato del Río de la Plata había estado muy limitada– experimentó los efectos de una rápida valorización de los productos ganaderos, especialmente carne en forma de tasajo y cueros, que le permitieron ponerse al frente de la economía del país. Por otro lado, la Provincia de Buenos Aires se adueñó de los ingresos de la Aduana que servía a todo el país, la principal fuente de ingresos públicos. El comercio exterior fue monopolizado por los comerciantes extranjeros, especialmente británicos.

Enfrentados a los federales, los unitarios intentaron repetidamente recuperar el control de las provincias y centralizar el gobierno. Sucesivas guerras civiles azotaron las provincias durante casi todo el período en que el estado nacional dejó de existir. Dos constituciones de cuño unitario, sancionadas en los años 1819 y 1826, fueron desconocidas por la mayor parte de las provincias.

La Confederación y el gobernador Rosas

Las provincias gobernadas por los federales firmaron en 1831 el Pacto Federal, que desde el año siguiente reguló las relaciones entre todas ellas.Lorenzo (1994): 128. Por el mismo se delegaban las relaciones exteriores y de guerra internacional en el gobernador de Buenos Aires, y se establecía que, en caso de conflicto armado, el mando militar recaería en el gobernador de la provincia en que se combatiera. Fuera de esas dos instituciones –por otro lado muy relativas– no se establecía autoridad nacional alguna.Lorenzo (1994): 129.

A partir de ese momento se generalizó el uso del término Confederación Argentina para nombrar al país. Desde 1835 en adelante, el estanciero Juan Manuel de Rosas gobernó ininterrumpidamente la provincia de Buenos Aires, oponiéndose enérgicamente a la organización constitucional del país. En parte para evitar nuevos enfrentamientos por esa causa y porque no creía que las leyes por sí mismas cambiaran las estructuras políticas de un país; pero también para conservar el monopolio de la Aduana, el control de los ríos Paraná y Uruguay, y el de la política interna de las provincias por medios militares y económicos.

Rosas mantuvo su poder por medio de la persecución de sus enemigos políticos y las alianzas militares con los gobiernos provinciales, logrando vencer numerosas revueltas en su contra y conservando el gobierno durante dieciséis años. Incluso derrotó a dos ataques de potencias europeas.

La estabilidad del sistema político implementado por Rosas evitó la posible disgregación del país en numerosos estados independientes al precio de suprimir las libertades individuales; las provincias mantuvieron su autonomía política, pero en la práctica terminaron subordinadas a los deseos de Rosas.

Además de los unitarios, durante el gobierno de Rosas surgieron al menos dos grupos opositores más: los "lomos negros", federales descontentos con el control político de Rosas, y los jóvenes intelectuales románticos, que consideraban que –bajo el poder de Rosas– el país estaba perdiendo la oportunidad de gozar de todos los beneficios de la "civilización". Rosas los llamó a todos, indistintamente, "unitarios", y a todos ellos logró derrotarlos.

Rosas y sus aliados enfrentaron también una larga guerra civil en el vecino Uruguay, donde gran parte de sus enemigos políticos se habían refugiado.

Caseros

thumb|right|300 px|Batalla de Caseros. El 1 de mayo de 1851, Justo José de Urquiza, gobernador de Entre Ríos adicto hasta entonces a Rosas, decidió romper públicamente con este y forzar la sanción de una constitución nacional. Aliado al Imperio del Brasil, invadió primeramente el Uruguay, donde saldó la victoria a favor de los enemigos de Rosas e incorporó a su ejército las tropas de ambos bandos. Luego firmó una alianza con el nuevo gobierno uruguayo, con el Brasil –que aportó una gran cantidad de dinero– y con la provincia de Corrientes.Rube (1978): 89-112.

Al frente de su ejército invadió primeramente la provincia de Santa Fe y luego la de Buenos Aires. Rosas contaba con el respaldo de los gobernadores de las demás provincias, pero ninguna de ellas movilizó fuerzas en su apoyo. El 3 de febrero de 1852, en la Batalla de Caseros, el ejército al mando de Urquiza derrotó al ejército mandado por Juan Manuel de Rosas. Este abandonó el país.

Después de Caseros (1852-1854)

En Buenos Aires

En los días que siguieron a la derrota de Rosas, en Buenos Aires se produjo un vacío absoluto de poder; cundió el desorden, y la ciudad fue saqueada por los dispersos de Caseros. Urquiza nombró gobernador provisional a Vicente López y Planes,Sáenz Quesada (1979): 20. y el Ejército Grande –encabezado por el entrerriano– entró en Buenos Aires.

Apenas llegada a Montevideo y a los demás países vecinos la noticia de Caseros, los emigrados emprendieron el regreso a Buenos Aires. Los rosistas, por su parte, no se resignaban a perder su lugar destacado en la sociedad.Sáenz Quesada (1979): 15.

Tras algunas semanas de reacomodamiento, se formaron dos grupos políticos netamente diferenciados: por un lado, los federales o urquicistas, que defendían el proceso de organización nacional bajo un poder federal. Entre sus integrantes estaban Vicente López y Planes, su hijo Vicente Fidel López, Francisco Pico y Juan María Gutiérrez.Sáenz Quesada (1979): 21.

Por su parte, el Partido Liberal –muy heterogéneo– estaba formado por los partidarios de la ruptura con la Confederación. En un primer momento fue dirigido por Valentín Alsina, que defendía los privilegios que siempre había tenido Buenos Aires sobre el resto de las provincias. Al poco tiempo surgieron nuevos líderes, como Bartolomé Mitre, Dalmacio Vélez Sársfield y Domingo Faustino Sarmiento. Todos ellos se oponían a la política de Urquiza, a quien consideraban un caudillo provinciano que aspiraba a dominar a la provincia, a la capitalización de Buenos Aires, y a la nacionalización de los derechos de la aduana. Proponían el aislacionismo de la provincia y aún la secesión de la misma del Estado nacional.

Ambos grupos tuvieron sus periódicos, que se dedicaban a publicar las ideas de los dirigentes y defender sus posturas políticas.

Los liberales triunfaron en las elecciones de abril para renovar la Sala de Representantes, la cual fue establecida el 1 de mayo; por presión de Urquiza, la misma confirmó a Vicente López como gobernador titular, pero este carecía del apoyo de la Legislatura.Sáenz Quesada (1979): 24.

En las provincias

Apenas entrado en Buenos Aires, Urquiza envió una misión a las provincias, para explicar sus intenciones de restablecer la vigencia del Pacto Federal y emprender la organización constitucional. Bernardo de Irigoyen cumplió eficazmente su cometido: las provincias delegaron en Urquiza el manejo de las relaciones exteriores y aceptaron el proyecto de organización nacional.

En la provincia de Santa Fe, la invasión urquicista había reemplazado al gobernador Pascual Echagüe por un grupo de dirigentes partidarios de Urquiza, que por un tiempo se alternarían con dirigentes más claramente unitarios. En Corrientes, el gobernador que se había aliado con Urquiza se tomó demasiado tiempo para regresar de la campaña a Buenos Aires, por lo que los dirigentes unitarios lo derrocaron en ausencia, nombrando en su lugar a un colaborador cercano de Urquiza –aunque de simpatías liberales– Juan Gregorio Pujol. Urquiza, en cambio, fue reelegido gobernador de Entre Ríos por unanimidad.

El resultado de la Batalla de Caseros tuvo efectos muy distintos en las provincias del interior. En algunos casos, como en Córdoba, Salta, JujuyEl del gobernador jujeño fue un caso extremo, ya que fue fusilado. y Mendoza,Zinny (1987) tomo III: 306-315. sendas revoluciones derrocaron a sus gobernadores.