El reloj astronómico de Gdansk es una obra realizada por Hans Doring vel Düringer entre 1464 y 1470. Está ubicado en la Basílica de Santa María de Gdansk (Polonia).
Historia Contexto Entre los siglos y hubo un total de 84 relojeros activos en Gdansk, lo que convirtió a esta ciudad en la más importante de Polonia en cuanto a la fabricación de relojes y en una de las más destacadas a nivel mundial, solo por detrás de Londres, París, Ginebra y Augsburgo, y al mismo nivel que Núremberg, Lübeck y Estocolmo. Durante este periodo Leópolis, en aquel entonces perteneciente a Polonia, ocupaba el segundo lugar a nivel nacional con 52 relojeros, contando Varsovia con 41 y Cracovia con 38. En el siglo Varsovia pasó a ostentar el primer puesto, si bien los relojeros de Gdansk, integrados en un gremio independiente desde 1849, seguían manteniendo un elevado nivel de profesionalismo pese al decaimiento en el número de artesanos: en 1807 solo quedaban siete, aumentando esta cifra a diez en 1854, a 27 en 1861 y a 37 en 1927, mientras que para 1942 había registrados apenas 25 relojeros.
Elaboración El reloj astronómico de Gdansk tuvo un predecesor fechado en 1455. En 1462 un cerrajero local de nombre Krumdick empezó a construir un reloj conocido como «el pequeño», el cual sería instalado en el habitáculo donde se encontraba el órgano de la basílica, directamente encima de la sacristía; se considera que esta pieza nunca llegó a terminarse debido a que el 30 de abril de 1464 los rectores del templo encargaron a Hans Doring vel Düringer, establecido en ese entonces en Toruń, la fabricación de un reloj astronómico. De acuerdo con el contrato, firmado la tarde del 1 de mayo, Düringer debía realizar «toda la labor de herrería, y todo lo que pertenece al registro del reloj; también tiene que tener hechos ambos diales de madera, uno con el Sol, la Luna, y los doce signos, y el otro con el calendario; la escena de la Anunciación, y la Adoración de los tres magos». El ayuntamiento, el cual costeó la policromía, ordenó a su vez que el reloj se decorase con ricos motivos ornamentales, entre ellos «flores, hojas, y esculturas tan bellas como solo ellos desean tener», percibiendo Düringer un pago de 300 marcos junto con el mecanismo fabricado por Krumdick más un extra de 6 eslotis húngaros (54 marcos) por trasladarse a Gdansk. Inicialmente Düringer viajaba desde Toruń con su hijo para trabajar ambos en el reloj, si bien la incomodidad de los traslados y el peligro que suponía la inseguridad derivada de la Guerra de los Trece Años hicieron que Düringer se mudase a Gdansk; a modo de compensación recibió 93 marcos y una casa en la calle Świętego, a lo que se sumaban 24 marcos anuales por «terminar el reloj, y si hubiese partes para ser esculpidas o pintadas que costasen más, esto sería pagado por el ayuntamiento. Sin embargo debía cuidar mucho del reloj» (Düringer se había quejado además de que el pago inicial de 300 marcos no era suficiente). En 1470 la obra estaba terminada, dato corroborado por el hecho de que Düringer recibió el encargo de construir por 1600 marcos otro «gran reloj en la iglesia, marcando las horas y los cuartos»; es posible que el reloj astronómico tuviera que hacer funcionar el nuevo reloj, lo que a su vez explicaría su elevado coste, siendo probable que ya en aquel entonces se fabricase un cuadrante para el exterior del templo, pieza que pudo estar ubicada donde se encuentra el actual reloj de la fachada, el cual se halla sobre la puerta Groblową, una de las siete puertas de la basílica.
Leyendas y decadencia thumb|El reloj astronómico en 1905. Durante los más de cuatro siglos en los que el reloj estuvo sin funcionar surgieron varias leyendas las cuales trataron de dar una explicación a este hecho. Según un antiguo relato del que hay constancia por escrito desde al menos 1676 gracias a Kazimierz Haur: «En Gdansk, en la iglesia parroquial de Santa María, hay un enorme y antiguo reloj dentro del templo. Iba a superar todo el arte de la fabricación de otros relojes, y había algunas personas que caminaban a su alrededor cuando el reloj daba las horas. Los habitantes de la ciudad contaban la historia de que un inventor o Kuntsmagister del Reloj sufrió muy mala suerte por parte del ayuntamiento como agradecimiento por su trabajo. Algunos dicen que para impedir que crease otra obra maestra similar fue privado de sus ojos. Así que para vengarse el maestro retiró uno de los resortes del mecanismo del reloj, y lo dañó tan seriamente que ningún otro especialista fue capaz de repararlo y llevarlo a su perfección». Una segunda leyenda, muy similar a la primera, sostiene lo siguiente: «Los habitantes de Gdansk decidieron encargar un reloj astronómico tan hermoso y perfecto como no lo había tenido ninguna otra ciudad. Encargaron este trabajo a un conocido maestro de Toruń, Hans Düringer, que vino a la ciudad con su hijo. El reloj debía enmarcarse con numerosas figuras móviles y adornos. Uno de ellos, la imagen de la serpiente tentadora, fue tallada por el hijo del maestro. Para su sorpresa, la serpiente le habló, prohibiendo que su imagen fuera presentada a los fieles como advertencia para que fueran mejores. Amenazó con destruir el reloj y cegar a su padre. Sin embargo, el joven artista no hizo caso a la advertencia. Cuando el reloj se puso en funcionamiento, despertó admiración en toda Europa. Muchas ciudades querían invitar al capataz para que les hiciera uno similar. Ciudadanos envidiosos de Gdansk capturaron y cegaron al maestro para que nunca pudiera construir un reloj parecido. Por la noche, el maestro cegado rompió el mecanismo del reloj en represalia y murió. Y así se cumplieron las advertencias del espíritu maligno».
Otra leyenda afirma que durante la construcción del reloj la hija del alcalde solía pasar mucho tiempo fuera de casa y este, preocupado, descubrió tras interrogarla que acudía con frecuencia a la Basílica de Santa María (en el periodo en que se creó la obra había tres alcaldes: Johann von Scheren, Johann von Walde y Johann Veere). Enseguida empezaron a circular rumores de que la joven iba al templo no a rezar sino a ver a Düringer, de quien estaba perdidamente enamorada, lo que socialmente resultaba inaceptable en aquel entonces debido a que este era mucho mayor que ella y de bajo estrato social. Pese a que ambos intentaron llevar a cabo sus encuentros en secreto, varias personas terminaron por conocer su aventura, informando de ello al alcalde, quien se vio en la difícil situación de tener que acabar con dicha relación sin que Düringer se desanimase al punto de no concluir su obra o llegase al extremo de huir con la joven, en cuyo caso la ciudad se quedaría sin reloj y el alcalde sin su hija. El hombre acudió a la iglesia para hablar seriamente con el relojero, al que encontró subido a una escalera (para entonces, de acuerdo con el relato, las cuatro figuras de las esquinas del calendario ya estaban instaladas y los obreros acababan de colocar las imágenes de Adán y Eva en la cúspide junto al árbol del conocimiento y las campanas). Molesto por el hecho de que Düringer murmurase algo a modo de respuesta a sus quejas y se dedicase de manera impasible a apretar un tornillo del reloj, el alcalde agarró la escalera y lo acusó en voz alta de tener intenciones deshonestas para con su hija; la tensión se fue incrementando hasta el punto de que el padre, enfurecido por la insolencia de Düringer, sacó una daga y apuñaló mortalmente en la espalda al relojero, quien perdió el equilibrio y trató de aferrarse a varias partes de la maquinaria mientras caía al vacío, lo que provocó la rotura de varios cojinetes. El asesino, enloquecido, trató de huir, aunque terminaría por recobrar la cordura y someterse a la justicia, siendo condenado a muerte y quedando el reloj sin terminar ante el fracaso de los sucesores del alcalde en encontrar a alguien capaz de concluir la labor de Düringer.
Por su parte, una cuarta leyenda, de corte fantástico al igual que la segunda, afirma que el reloj tenía la facultad mágica de poder reflejar la fecha y hora exactas de la muerte de todo aquel que preguntase al respecto. En principio este hecho solo era conocido por el clero, comenzando la gente a reunirse a lo largo del día en la iglesia cuando el fenómeno dejó de ser un secreto. Según el relato bastaba con introducir la fecha y hora del nacimiento de la persona y la fase de la luna, dando el reloj la fecha de la muerte; tras conocer la profecía algunos se marchaban angustiados y otros contentos, causando estas predicciones una terrible conmoción en la ciudad y la llegada de curiosos en masa a contemplar el reloj. Con el fin de controlar la situación, las autoridades decidieron romper deliberadamente el mecanismo, cayendo a lo largo del tiempo una serie de desgracias sobre todos aquellos que trataron de volver a ponerlo en marcha. Teniendo en cuenta la absoluta imposibilidad del segundo y el cuarto relato, mismo caso que el de otro menos conocido según el cual el 29 de febrero se cumplen los deseos de todo aquel que toque el reloj, en lo que respecta a los dos restantes (el primero muy similar a la leyenda asociada al reloj astronómico de Praga), estos resultan ser también falsos debido a que hay constancia en los archivos de Gdansk de que desde la creación del reloj y hasta 1553 un funcionario designado se encargó de operarlo y verificar cada trimestre si funcionaba correctamente. El largo periodo de decadencia de la obra de Düringer se debe a que las autoridades tomaron la decisión de dejar de aportar dinero para su mantenimiento, motivo por el que los gastos destinados a la conservación del reloj desaparecen de los archivos de la ciudad a partir de 1553. Inoperativo desde entonces y olvidado tras la Contrarreforma por ser considerado un objeto católico y papal, todas las propuestas de reparación efectuadas entre 1595 y 1866 fueron rechazadas debido a su elevado coste: en 1631 se solicitó una intervención alegando que la maquinaria se hallaba en estado ruinoso y que el reloj estaba «completamente fuera de servicio y estropeado», mientras que en 1722 el herrero de Oliwa Daniel Helfter se ofreció a reparar el reloj a cambio de 3000 florines neerlandeses, solicitando el relojero de Gdansk Johann Adam Lamprecht en 1817 arreglar la obra por un precio estimado de 9000 florines, para lo cual se ofreció a cobrar solo tras el fin del trabajo e incluso llegó a recoger y publicar folletos para recaudar el dinero.
Reconstrucción