thumb|Reconstrucción de una estatua de Júpiter datada en el . El dios Júpiter era la deidad principal del culto público romano. En el monte Capitolino se erigía el Templo de Júpiter Óptimo Máximo, el más importante de Roma. La religión en la antigua Roma consistía en diversas prácticas religiosas imperiales y provinciales, que eran seguidas tanto por la gente de Roma como por aquellos pueblos que estaban bajo su dominio.

Los romanos se consideraban a sí mismos muy religiosos y atribuían su éxito como potencia mundial a su piedad colectiva (pietas) a la hora de mantener buenas relaciones con los dioses. Su religión politeísta es conocida por haber venerado a muchas deidades.

La religión romana consistía, igual que entre los griegos, más en un conjunto de cultos que en un cuerpo de doctrinas. Había dos clases de cultos: los del hogar, que unían estrechamente a la familia, y los públicos, que estimulaban el patriotismo y el respeto al Estado. En la época imperial se añadiría el culto al emperador. En términos generales, se trataba de una religión tolerante con todas las religiones extranjeras, pues los romanos acogieron a dioses griegos, egipcios, frigios, etc. También era una religión contractual, pues las plegarias y ofrendas se hacían a manera de pacto con los dioses, es decir, para recibir favores, y si el creyente entendía que la divinidad no cumplía, dejaba de rendirle culto.Historia del Antiguo Continente (Carvajal S. A., Editorial Norma: 1977) p. 56

La presencia de los griegos en la península itálica desde el principio del periodo histórico influyó en la cultura romana, introduciendo algunas prácticas religiosas que se convirtieron en fundamentales, como el culto a Apolo. Los romanos buscaron puntos en común entre sus dioses principales y los de los griegos (interpretatio graeca), adaptando los mitos y la iconografía griegos a la literatura latina y al arte romano, como habían hecho los etruscos. La religión etrusca también tuvo una gran influencia, sobre todo en la práctica del auspicio, utilizado por el Estado para buscar la voluntad de los dioses. Según las leyendas, la mayoría de las instituciones religiosas de Roma se remontan a sus fundadores, en particular Numa Pompilio, el segundo rey sabino de Roma, que negociaba directamente con los dioses. Esta religión arcaica fue la base del mos maiorum, «el camino de los antepasados» o simplemente «la tradición», considerada como algo fundamental para la identidad romana.

La religión romana era práctica y contractual, basada en el principio de do ut des, «yo doy para que tú des». La religión dependía del conocimiento y de la práctica correcta de la oración, el ritual y el sacrificio, no de la fe o el dogma, aunque la literatura latina conserva especulaciones académicas sobre la naturaleza de lo divino y su relación con los asuntos humanos. Incluso los más escépticos de la élite intelectual romana, como Cicerón, que era augur, veían la religión como una fuente de orden social. A medida que el Imperio Romano se expandía, los emigrantes a la capital traían sus cultos locales, muchos de los cuales se hicieron populares entre los italianos. El cristianismo fue en algún momento el más exitoso de estos cultos, y en el año 380 se convirtió en la religión oficial del Estado.

Para los romanos de a pie, la religión formaba parte de la vida cotidiana. Cada hogar tenía un santuario doméstico en el que se ofrecían oraciones y libaciones a las deidades domésticas de la familia. Santuarios de barrio y lugares sagrados, como manantiales y arboledas, se encontraban por doquier en la ciudad.Apuleius, Florides 1.1; John Scheid, "Sacrifices for Gods and Ancestors" in A Companion to Roman Religion (Blackwell, 2007), p. 279. El calendario romano estaba estructurado en torno a las celebraciones religiosas. Las mujeres, los esclavos y los niños participaban en una serie de actividades religiosas. Algunos rituales públicos sólo podían ser llevados a cabo por mujeres, y éstas formaban el que quizá sea el sacerdocio más famoso de Roma, las Vestales, apoyadas por el Estado, que atendieron el Fuego sagrado de Vesta, en Roma durante siglos, hasta que fueron disueltas bajo la dominación cristiana.

Orígenes thumb|left|La Lupa Capitolina amamantando a los gemelos Rómulo y Remo, fundadores míticos de la ciudad de Roma. No es posible rastrear los orígenes exactos de la religión romana, puesto que no existen datos arqueológicos y documentos lo suficientemente confiables. Sin embargo, los orígenes míticos de la ciudad en 753 a. C., según Varrón, tienen algunas confirmaciones aproximadas de la arqueología. De acuerdo a las versiones legendarias, no se puede decir que la religión romana sea «primitiva», en tanto que los fundadores, venidos de Alba Longa, reivindicaron con el tiempo su origen ilustre (como descendientes de Eneas y pertenecientes, por tanto, a la tradición de los poemas homéricos), y se declararon colonos a las orillas del Tíber. No se puede decir tampoco que fuera una religión «inicial», puesto que el lugar de la fundación ya había sido frecuentado, antes de la llegada de los fundadores, y de acuerdo con el mito, por los dioses latinos Marte y Juno, y en las orillas del Tíber se levantaba un altar al héroe griego Heracles (que para los romanos pasaría a ser Hércules). Finalmente, tampoco se puede decir que fuera una religión «compacta», puesto que, si bien es cierto que a Rómulo se le atribuyó la consagración de los lugares sagrados de Júpiter, será solo Numa Pompilio, su sucesor, quien, según la leyenda, establezca una religión coherente. En síntesis, esta religión aceptaba lo procedente de tradiciones anteriores, se formaba como una construcción voluntaria, y por tanto, estable en sus esquemas, pero a la vez progresiva en lo teológico y capaz de acoger fuerzas divinas externas.

La mayor parte de las tradiciones religiosas de la península itálica, sobre todo las de Etruria, se remontaban bien a las de Tracia y la isla de Samotracia, bien a las de Tesalia y Dodona. En dichas tradiciones dominaba una especie de fetichismo religioso, o atribución de cualidades sobrenaturales a objetos inanimados, y en algunos casos, también animados. Por ejemplo, para los sabinos, una lanza (quir) clavada en tierra, era el dios Mamers, Mavors o Marte, el fuego era Vulcano, etc. En la confederación de los etruscos, las divinidades eran de dos tipos: generales (adoradas por toda la comunidad), o particulares (patronos o númenes específicos de cada poblado).Juan Bautista Carrasco, Gaspar y Roig. Mitología universal (Imp. y Libr. de Gaspar y Roig, Madrid, 1864), p. 234

Los especializados ritos religiosos etruscos estaban codificados en varias colecciones de libros escritos bajo el título latino genérico de Etrusca Disciplina. Los Libri Haruspicini trataban de la adivinación por medio de las entrañas de animales sacrificados; los Libri Fulgurales exponían el arte de la adivinación mediante la observación de los rayos; una tercera colección, los Libri Rituales, abarcaban la codificación de la vida política y social así como las prácticas rituales. Según el escritor latino del Mario Servio Honorato, existía una cuarta colección de libros etruscos, que trataba de los dioses animales. Durante el las autoridades cristianas consideraron a las obras de religión romana como paganas y por lo tanto las quemaron; el único libro superviviente, el Liber Linteus Zagrabiensis, fue escrito sobre lino, y sobrevivió únicamente al ser utilizado para envoltura de momias.

Los primeros romanos rendían culto a fuerzas y seres sobrenaturales de carácter indefinido llamados numina («presencia»; singular: numen) como Flora, Fauno, etc. Los de la vivienda familiar eran los Forculus (que guardaban las puertas), los Limentinus (que guardaban los umbrales), Cardea (de los goznes), etc. Roma en un principio tuvo dos divinidades principales: Vesta y Palas troyana, a las que pronto se sumaron Júpiter, cuyo culto se estableció en el Monte Capitolino; Jano, el de los comienzos y los finales; Marte, gran inaugurador del tiempo y del antiguo año calendárico, y finalmente, Rómulo, hijo de Marte, identificado con Quirino, como fundador de la Urbe y del Estado.Juan Bautista Carrasco, Gaspar y Roig. Mitología universal (Imp. y Libr. de Gaspar y Roig, Madrid, 1864), p. 235 Se cree que los romanos no construyeron templos ni estatuas sino hasta pasados unos doscientos años después de Numa Pompilio, por influencia, principalmente, de etruscos y griegos.Urcullu, José. Catecismo de mitología (R. Ackermann. Londres, 1826), p. 169

Los bosques sagrados Es probable que los bosques sagrados (Luci), fueran los primeros lugares destinados al culto de los dioses hasta que se erigieron altares, pequeñas capillas y, por último, templos a cuyo alrededor se plantaban bosques, los cuales eran tan sagrados como los mismos templos. Los romanos solían ir en los días festivos a los bosques sagrados, donde podían bailar y tomar meriendas, siempre y cuando hubieran colgado ofrendas en las ramas de los árboles, que así dispuestos se llamaban coronatos ramos, porque los adornaban con las teniae (vendas de lana, lino o seda), cuyas cintas podían luego adornar las estatuas de los dioses dentro de los templos. El respeto que se guardaba a los bosques sagrados fue tal, que se consideraba sacrílega a la persona que cortara uno de sus árboles, si bien se podía rozar la hierba y podar las ramas de los arbustos. Asimismo, los bosques sagrados fueron considerados asilos, al igual que los templos, donde las personas perseguidas por cualquier motivo podían refugiarse.Juan Bautista Carrasco, Gaspar y Roig. Mitología universal (Imp. y Libr. de Gaspar y Roig, Madrid, 1864), p. 237

Los bosques sagrados más importantes en Roma fueron:

El Bosque de Diana, en el camino de Aricia. El Bosque de Egeria, en la Vía Appia. El Bosque de Juno Lucina, al pie de las Esquilias. El Bosque de Laverna, próximo a la Vía Salaria. El Bosque de las Musas, en la Vía Appia. El Bosque de Vesta, al pie del monte Palatino.

El culto doméstico thumb|Reconstrucción de un lararium, pequeño santuario doméstico que existía en las casas romanas para honrar a los lares, manes y penates familiares. En cada familia se rendía culto a los numina al igual que a los antepasados: el genio familiar, los lares, protectores de los campos, los manes, protectores de la casa, y los penates, protectores de la despensa y los alimentos. El pater familias oficiaba como sacerdote, especialmente durante la cena, en donde se hacían libaciones, es decir, derramamiento de vino, leche o miel sobre el lararium, o santuario familiar, en el cual ardía siempre una llama, a la que llamaban hogar. Entre los romanos no había culto a los muertos. Los cadáveres eran incinerados, mientras se pronunciaban discursos de alabanzas al fallecido, y las cenizas eran guardadas en urnas funerarias.

Había dioses específicos para la vida cotidiana: Nundina, dios o genio protector del nacimiento y desarrollo del hombre. Educa y Pontina, dioses del comer. Cunina o Cunaria, diosa que guardaba los niños en la cuna y a la cual ofrecían libaciones de leche las matronas romanas. Ossipago, dios que robustece los huesos. Abeona, diosa que enseñaba a andar. Fabulinus, Farinus y Locutius, dioses que enseñaban a hablar. Iterduca, Aug. Civ. Dei, 7, 3; Mart. Cap. 2, § 149. diosa que llevaba al niño a la escuela y lo protegía en el camino. Domiduca, diosa que lo devolvía al hogar desde la escuela y lo protegía en el camino.

El campesino invocaba al dios del barbecho, de la labor, de los surcos, sementeras, al de segar, trillar. Entre los dioses agrícolas están Rucina, Messia, Tutulina, Terensis, Apulino, Tellumo vervactor, Tellumo occator, Tellumo Messor, etc.

Los ganaderos tenían sus divinidades propias: Bubona, que velaba por los rebaños de bueyes. Epona, que velaba por las yeguadas. Pales, que velaba por los rebaños de carneros. Flora y Silvano, dioses tutelares pastores.