Leviatán, o La materia, forma y poder de un estado eclesiástico y civil (en el original en inglés: Leviathan, or The Matter, Forme and Power of a Common-Wealth Ecclesiasticall and Civil), comúnmente llamado Leviatán, es el libro más conocido del filósofo político inglés Thomas Hobbes. Publicado en 1651, su título hace referencia al monstruo bíblico Leviatán, de poder descomunal ("Nadie hay tan osado que lo despierte... De su grandeza tienen temor los fuertes... No hay sobre la Tierra quien se le parezca, animal hecho exento de temor. Menosprecia toda cosa alta; es rey sobre todos los soberbios"). La obra de Hobbes, marcadamente materialista,Federico Engels, citada en la introducción de la edición de Cruz O. puede entenderse como una justificación del Estado absoluto, a la vez que como la proposición teórica del contrato social, y establece una doctrina de derecho moderno como base de las sociedades y de los gobiernos legítimos.
Contenido Título El título del tratado de Hobbes hace referencia al Leviatán mencionado en el Libro de Job. En contraste con los títulos simplemente informativos que usualmente se daban a las obras de filosofía política de la época moderna temprana, como Dos tratados sobre el gobierno civil de John Locke o la obra anterior de Hobbes, The Elements of Law, Hobbes eligió un nombre poético para este tratado más provocador. Los lexicógrafos de la época supusieron que el término «leviatán» estaba asociado con las palabras hebreas lavah, que significa «acoplar, conectar o unir», y thannin, que se creía que significaba «serpiente o dragón». En las anotaciones de la Asamblea de Westminster sobre la Biblia, los intérpretes pensaban que la criatura había sido nombrada usando estas raíces «porque, debido a su tamaño, no parece una sola criatura, sino un acoplamiento de varias juntas; o porque sus escamas están cerradas o estrechamente compactadas». Samuel Mintz considera que estas connotaciones se alinean con la comprensión de Hobbes sobre la fuerza política, ya que tanto «el Leviatán como el soberano de Hobbes son unidades compactadas a partir de individuos separados; son omnipotentes; no pueden ser destruidos ni divididos; inspiran temor en los hombres; no hacen pactos con ellos; y su dominio es el poder bajo pena de muerte».
Frontispicio Después de una extensa discusión con Thomas Hobbes, el parisino Abraham Bosse creó el grabado para el frontispicio del libro en el «estilo geométrico», que Bosse había perfeccionado. Este diseño es similar al frontispicio de De Cive (1642) de Hobbes, realizado por Jean Matheus. El frontispicio consta de dos elementos principales. En él, una figura gigante coronada emerge del paisaje, sosteniendo una espada y un báculo, bajo una cita del Libro de Job: Non est potestas Super Terram quae Comparetur ei. Iob. 41 . 24 («No hay poder en la tierra que pueda compararse con él. Job 41:24»). Esto vincula aún más a la figura con el monstruo descrito en el libro. (Debido a desacuerdos sobre la ubicación exacta de los capítulos y versículos, que fueron divididos en la Alta Edad Media, el versículo citado por Hobbes generalmente se identifica como Job 41:33 en las traducciones modernas cristianas al inglés, Job 41:25 en el texto masorético, la Septuaginta y la Biblia de Lutero; y Job 41:24 en la Vulgata). El torso y los brazos de la figura están compuestos por más de trescientas personas, al estilo de Giuseppe Arcimboldo; todas están de espaldas al espectador, con solo el rostro del gigante mostrando rasgos faciales. (Un manuscrito de Leviatán creado para Carlos II de Inglaterra en 1651 tiene diferencias notables: una cabeza principal diferente y un torso compuesto por muchos rostros, todos mirando hacia afuera con una variedad de expresiones). La parte inferior del frontispicio es un tríptico enmarcado en madera. La sección central contiene el título en una cortina ornamentada. Los dos lados reflejan la espada y el báculo del gigante principal: el poder terrenal a la izquierda y los poderes de la iglesia a la derecha. Cada elemento lateral representa poderes equivalentes: castillo frente a iglesia, corona frente a mitra, cañón frente a excomunión, armas frente a lógica, y el campo de batalla frente a los tribunales religiosos. El gigante sostiene los símbolos de ambos lados, reflejando la unión del poder secular y espiritual en el soberano, pero la construcción del torso también convierte a la figura en una representación del Estado.
Parte I: Del hombre Hobbes comienza su tratado sobre política con una descripción de la naturaleza humana. Presenta una imagen del hombre como materia en movimiento, intentando demostrar, mediante ejemplos, que todo lo relacionado con la humanidad puede explicarse materialistamente; es decir, sin recurrir a un alma incorpórea e inmaterial o a una facultad para comprender ideas externas a la mente humana.
thumb|El prefacio del Leviathan de Thomas Hobbes, leído desde la versión en latín de Hobbes, con subtítulos en inglés.
Hobbes procede definiendo los términos de manera clara y desapasionada. El bien y el mal no son más que términos utilizados para denotar los apetitos y deseos de un individuo, mientras que estos apetitos y deseos no son más que la tendencia a moverse hacia o lejos de un objeto. La esperanza no es más que un apetito por algo combinado con la opinión de que puede conseguirse. Hobbes sugiere que la teología política dominante de la época, el escolasticismo, prospera en definiciones confusas de palabras cotidianas, como «sustancia incorpórea», que para él es una contradicción en los términos.
Hobbes describe la psicología humana sin hacer referencia al summum bonum o el bien supremo, como lo había hecho el pensamiento previo. Según Hobbes, no solo es superfluo el concepto de summum bonum, sino que, dada la variabilidad de los deseos humanos, no podría existir tal cosa. En consecuencia, cualquier comunidad política que busque proporcionar el bien supremo a sus miembros se enfrentaría a concepciones competidoras de ese bien, sin forma de decidir entre ellas. El resultado sería la guerra civil. Sin embargo, Hobbes afirma que sí existe un summum malum o mal supremo: el miedo a una muerte violenta. Una comunidad política puede orientarse en torno a este miedo. Dado que no hay un summum bonum, el estado natural del hombre no se encuentra en una comunidad política que persiga el bien supremo. Estar fuera de una comunidad política es encontrarse en una condición anárquica. Según la naturaleza humana, la variabilidad de los deseos humanos y la necesidad de recursos escasos para satisfacerlos, el estado de naturaleza —como Hobbes llama a esta condición anárquica— debe ser una guerra de todos contra todos. Incluso cuando dos hombres no están peleando, no hay garantía de que uno no intente matar al otro por su propiedad o simplemente por un sentido agraviado de honor, por lo que deben estar constantemente en guardia el uno contra el otro. Incluso puede ser razonable atacar preventivamente a un vecino.
Parte II: Del Estado
Hobbes desarrolla su idea del contrato o pacto social, desarrollado por los hombres como garantía de la seguridad individual y como forma de poner fin a los conflictos que, por naturaleza, generan estos intereses individuales. Así, a las pasiones naturales del hombre se oponen las leyes morales, siendo a su vez leyes naturales. Las leyes naturales son concebidas tanto como teoremas de la razón y como mandamientos de Dios, con lo cual es constante la interpretación de que con ello Hobbes intenta tanto persuadir a quienes son creyentes como a los que desconocen la idea de una autoridad divina, siendo que los teoremas son axiomas que ayudan con la finalidad de la auto conservación.
El Estado (o República) que Hobbes proyecta en Leviatán no es el concepto moderno de república (ausencia de monarquías) sino que es concebido como una res publica, es decir, un poder organizado de forma común cuya función es “regentar” las cosas públicas y que se funda a partir de la suma de voluntades individuales libres que deciden actuar para adquirir ventajas comunes. La libertad del individuo se verá reducida a los espacios donde la ley no se pronuncia. Sin embargo, al existir una cesión voluntaria de poder, se contemplaba un caso en el que los individuos podrían rebelarse contra el soberano: cuando este causara perjuicios a su integridad corporal o a su libertad física, o sea, si el soberano no cumplía su parte del contrato social (defender la libertad de los individuos asegurando la paz) el pacto quedaba roto inmediatamente. El pensamiento de Hobbes deja un margen muy estrecho al libre albedrío y a la libertad individual.
El propósito que Hobbes da al principio del segundo libro es describir la causa final, el fin o el deseo de los hombres (que aman la libertad y el dominio sobre otros) en la auto imposición de los límites en los que viven en sociedad que es un instrumento para su propia preservación y, consecuentemente, para obtener una vida más tranquila; es decir, para librarse de la terrible condición de constante guerra, que como fue demostrada en la primera parte, es natural a las pasiones del hombre cuando no hay poder visible que las limite y controle por el miedo al castigo a aquellos que las lleven a cabo.
Hobbes renuncia explícitamente a la separación de poderes, en particular a la que posteriormente se convertirá en la separación de poderes establecida en la Constitución de los Estados Unidos. Cabe destacar que en el sexto derecho del soberano, Hobbes especifica que está a favor de la censura de los medios de comunicación y de las restricciones a la libertad de expresión, si el soberano considera que son negativas para la preservación del orden público.
Hobbes admite tres tipos de Estado: la monarquía, la aristocracia y la democracia. No puede haber más formas de gobierno que esas tres, pues ninguna, o todas, pueden tener todo el poder soberano (que se ha demostrado anteriormente que es indivisible).
Aunque haya habido otras formas de gobierno en el pasado, como fueron la tiranía y la oligarquía, Hobbes no las consideraba nombres de otras formas de gobierno sino las mismas con otro nombre. Pues aquellos que están descontentos con la monarquía la llaman tiranía y aquellos que están descontentos con la aristocracia la llaman oligarquía, al igual que aquellos que no les gusta la democracia la llaman anarquía (que significa falta o ausencia de gobierno).
Para Hobbes, el más práctico es la monarquía; ya que la diferencia entre estos tipos de gobierno no consiste en la diferencia del poder, sino en la conveniencia o aptitud de asegurar la paz y la seguridad del pueblo; al fin y al cabo, es el motivo por el cual se instituyen.
Al comparar la monarquía con las otras dos, de esto deduce que donde los intereses públicos y lo privados están muy unidos, los públicos se ven más favorecidos. En la monarquía el interés público y el privado son el mismo. Las riquezas, el poder, y el honor del monarca surgen de las riquezas, fuerza y reputación de sus súbditos. Es imposible que el rey sea rico, glorioso o poderoso si su pueblo es pobre, sin aspiraciones, o débil debido a la pobreza o la ignorancia, como para mantener una guerra contra sus enemigos. Mientras que en la democracia o la aristocracia, la propiedad pública no da tanta fortuna individual, dando lugar a la corrupción, el mal uso de la ambición, a la traición o a la guerra civil.
Hobbes considera la realidad política en la que vive y desarrolla una serie de explicaciones para la sucesión paterno filial; si falta la denotación expresa de un heredero por parte del monarca, se seguirá la tradición. Esta establece que el varón primogénito será el heredero de su padre, teniendo inmediato derecho de sucesión por costumbre; se supone que el monarca lo habría declarado así en vida, al ser tradición de generaciones. Por tanto, en la práctica, se vuelve al varón primogénito como heredero.
Parte III: Del Estado cristiano