Pachacámac es un sitio arqueológico ubicado en el distrito de Lurín, en la ciudad de Lima, capital del Perú. Se encuentra a la margen derecha del río Lurín, muy cerca del océano Pacífico y frente a un grupo de islas homónimas. Abarca unas 500 hectáreas; presenta cuatro templos, catorce edificios de plataformas con rampa, veintiún edificaciones y varias plazas, además, contiene los restos de diversos edificios que datan del Intermedio Temprano () hasta el Horizonte Tardío (), siendo los edificios del periodo Inca (1450-1532) los mejor conservados.
Allí se hallaba un antiguo oráculo prehispánico construido básicamente con ladrillos de adobe. Este sitio era el principal lugar del culto al dios Pachacámac, a quien se le atribuía la creación del universo y de todo lo que este contiene. Y que tiene debajo un túnel de agua que por ahí llega a todo el lugar pero ahora ya no está en uso.
En 2014, el yacimiento fue inscrito Patrimonio Mundial de la Unesco, con el código 1459-117, como parte del sitio "Qhapaq Ñan - Sistema vial andino".
Estructuras Sus mayores estructuras arquitectónicas son las siguientes: Templo del Sol, la construcción más imponente erigida por los incas. Templo de la Luna o Acllahuasi, también de la época inca. Fue restaurado por J. C. Tello, quien lo llamó Mamaconas. Templo Viejo, el más antiguo de la cultura Lima, se halla actualmente en ruinas. Templo Pintado, de la época Huari. Edificio de Tauri Chumpi, donde presumiblemente se alojó el último gobernador local de la época inca. Nunciaturas regionales o conjunto de pirámides con rampa, de la cultura Ichma. Plaza de los peregrinos, de la época inca.
Se pueden visitar los edificios, los templos, las plazas y el Museo de sitio, el cual conserva piezas de valor encontradas en este lugar.
Historia del santuario izquierda|miniaturadeimagen|Maqueta que representa la reconstrucción y extensión del complejo arqueológico de Pachacámac. El santuario arqueológico de Pachacámac es considerado como el más importante centro ceremonial prehispánico de la costa y un testimonio excepcional de una tradición prehispánica siendo esta de carácter religioso, foco de mestizaje y fusión cultural. Durante el uso de este santuario, sus templos eran visitados por multitudes de peregrinos en ocasión de los grandes rituales andinos; puesto que, Pachacámac era un acertado oráculo capaz de predecir el futuro y controlar los movimientos de la tierra. Al santuario de Pachacámac acudían también habitantes de todos los Andes en busca de soluciones a sus problemas o respuestas a sus dudas.
La palabra Pachacámac significa “alma de la tierra, el que anima el mundo”. Los antiguos peruanos creían que un solo movimiento de su cabeza ocasionaría terremotos. No se le podía mirar directamente a los ojos, e incluso sus sacerdotes ingresaban al recinto de espaldas. El culto a Pachacámac era el centro de toda religión costeña. Asimismo, según los datos arqueológicos, Pachacámac se inició en el formativo tardío ya que en las pampas ubicadas frente a la zona monumental se encuentra un cementerio correspondiente a pobladores que probablemente vivían dedicados a la pesca, la agricultura y a la explotación de las lomas.
El santuario está ubicado en el valle de Lurín, el cual constituye el marco territorial de su emplazamiento, y en cuyas márgenes, se asentaron desde hace tres mil años una serie de pueblos aprovechando sus aguas. Las primeras ocupaciones datan del periodo Arcaico (5000 a. C.); luego, en el periodo Formativo (1800 a. C.– 200 a. C.) destacan Mina Perdida, Cardal y Manchay; en el Formativo Tardío (200 a. C.– 200 d. C.) se distinguen diversos estilos locales tales como Tablada de Lurín y Villa El Salvador.
En el periodo de los Desarrollos Regionales (200-600 d. C.) se desarrolló la cultura Lima que se distribuye en la costa central en los valles contiguos de Chancay, Chillón, Rímac y Lurín. La construcción del santuario se inició en este periodo, siendo Pachacámac el centro más importante del valle de Lurín. En ese entonces se construyeron tanto el Templo Viejo, una imponente mole hecha con adobitos formando paneles con técnica de “librero”, como el Conjunto de Adobes Lima “Adobitos”.
Desde el 600 al 1100 d. C., se concentran evidencias del imperio Wari en Pachacámac. El apogeo del oráculo de Pachacámac ocurrió precisamente durante el periodo Horizonte Medio - Wari, al transformarse en un centro religioso que atraía gran cantidad de peregrinos alcanzando un primer esplendor panandino. De esta época data un extenso cementerio, excavado por Max Uhle en 1896, que se encuentra al pie y por debajo del Templo de Pachacámac, así como una serie de ofrendas de cerámica halladas en la zona.
thumb|Otra maqueta del complejo arqueológico. Hacia 1100d.C., los Ychma establecieron su centro de poder en Pachacámac, con una serie de asentamientos habitacionales y administrativos que incluyen pirámides con rampa, entre otros, sobresaliendo Tijerales, Quebrada Golondrina, Pacae Redondo y Panquilma, en el valle de Lurín. En 1470´, los Incas habían establecido en Pachacámac una importante capital provincial donde destacaban edificaciones como el Templo del Sol y el Acllawasi, entre otros. A la importancia religiosa de Pachacámac se sumó su funcionamiento como uno de los principales centros administrativos de la costa durante este periodo.
A la llegada de los conquistadores españoles, en 1533, Pachacámac era el santuario más importante de la costa, tal como aseguran los relatos de los cronistas. Miguel de Estete (1533) dejó constancia del testimonio ocular más valioso del sitio en pleno funcionamiento, ya que Estete acompañó a Hernando Pizarro desde Cajamarca y describió a Pachacamac como una suerte de «banco» central donde los pueblos de los llanos entregaban riquezas y tributos. Relató minuciosamente la arquitectura, los patios y la gran expectación de los peregrinos. El mismo Hernando Pizarro, en sus cartas e informes oficiales a la Corona de 1533, relató cómo forzó la entrada al Templo Pintado para destruir el ídolo principal y colocar una cruz cristiana. Describió el templo como una fortificación oscura y venerada por nativos que viajaban desde cientos de kilómetros solo para consultar al oráculo. También Pedro Cieza de León, en su célebre Crónica del Perú (1533), aportó datos fundamentales sobre la majestuosidad de los templos, la jerarquía de los sacerdotes y la transición del culto local hacia el dominio de los Incas.
El abandono del santuario de Pachacámac data de la época de la Colonia. Las primeras excavaciones científicas del sitio fueron realizadas en 1896-1897 por el arqueólogo alemán Max Uhle, aunque en las décadas de 1870 y 1880, Adolph Bandelier y Ernst Middendorf visitaron el sitio y realizaron los primeros bocetos de superficie y publicaron descripciones sobre el abandono y la colosal riqueza histórica de las ruinas precolombinas de la costa.
Con el paso del tiempo, destacados investigadores como Julio C. Tello, Arturo Jiménez Borja, Izumi Shimada y Denise Pozzi-Escot (directora del Museo del Sitio de Pachacámac, (MSPAC), entre otros, han aportado importantes investigaciones para entender el santuario. Actualmente, el Ministerio de Cultura, continúa desarrollando una serie de trabajos de investigación y conservación, para contribuir al conocimiento y difusión de tan importante patrimonio arqueológico.
Cronología thumb| Restos de pintura roja y amarilla en los muros de Pachacámac. Intermedio Temprano (100-650 d. C.). Es la época más antigua que corresponde a la cultura Lima. De esta época son el Templo Viejo (o Templo de Pachacámac), el Templo de Urpi Huachac (la esposa mitológica del dios Pachacámac) y el Conjunto Adobitos, construidos a base de pequeños adobes o “adobitos”. Es posible también que edificios posteriores cubran otras construcciones de esta época. Horizonte Medio (650-900 d. C.). Es la época de la dominación de la cultura Huari. Pertenece a ella el Templo Pintado y el Cementerio Uhle. Intermedio Tardío (900-1450 d. C.). Pachacámac se convierte en el principal centro del Señorío Ichma. De esta época son unos 16 edificios con rampas de acceso, que los arqueólogos han denominado Templos con Rampa o las Nunciaturas. De ellos han sido estudiados tres, denominados como I (o edificio JB [Jiménez Borja]), II y III. Horizonte Tardío (1450-1532 d. C.). Es la época de la dominación de los incas, quienes remodelan Pachacámac, adaptándola a sus fines políticos y religiosos. De esta época son el Templo del Sol (la edificación más imponente), el Templo de la Luna o Acllahuasi, el Edificio de Tauri Chumpi (o del gobernador incaico) y la Plaza de los Peregrinos.
Estudios e investigaciones thumb|left|Vista fotográfica de Pachacámac, hacia el año 1900.
Las primeras excavaciones arqueológicas de carácter científico en Pachacámac fueron llevadas a cabo por el arqueólogo alemán Max Uhle en 1897, y se concentraron en dos edificios a los que se denominó Templo del Sol y Templo de la Luna (Acllahuasi). Sobre estos estudios, el sabio alemán publicó en 1903, la magnífica obra titulada Pachacámac, que fue muy elogiado y todavía se utiliza como texto básico para el estudio de la arqueología sudamericana. Uhle fue el primero en notar en las cerámicas, textiles y otros artefactos desenterrados, iconografías propias de Tiahuanaco (cultura del altiplano), que hoy sabemos que en realidad se trata del estilo de la cultura huari, pero que en su momento llevó a teorizar sobre la existencia de un imperio tiahuanacota en la región andina. Asimismo, fue el primero en América en usar en sus excavaciones el método estratigráfico, lo que le permitió evaluar la antigüedad de unos restos con relación a otros sobre la base de su posición en los estratos analizados. miniaturadeimagen|Vista aérea de las ruinas en 1926. Años después, en 1938, el estadounidense Albert Giesecke dirigió un proyecto de la reconstrucción del sitio con el patrocinio del Museo Nacional, el mismo que puso al descubierto importantes vestigios en el área del Templo del Sol, como fibras de tejido y utensilios bien conservados. También inició la reconstrucción del Acllahuasi. La labor de Giesecke, que no era arqueólogo de profesión (era en realidad economista y maestro), fue enérgicamente criticada por Julio C. Tello, entonces director de Museo Antropológico del Magdalena de Lima, quien asumió dicha labor en 1939. Tello reveló los detalles arquitectónicos del Templo del sol que había sido cubierto por depósitos de arena y descubrió una plaza rectangular al este del templo, probablemente usada para acoger a la gente que iba de romería al santuario, por lo que fue denominado Plaza de los Peregrinos. Tello también descubrió un sistema de cisternas y acueductos que recogía el agua de los estratos acuíferos del subsuelo, uno de los cuales era aún visible al sur del Acllahuasi, edificio que Tello denominó Mamaconas. Este último, fue completamente restaurado, pero se cuenta que cuando Max Uhle, después de largos años de ausencia, estuvo nuevamente en el Perú en 1941, fue a ver Pachacámac y se irritó al ver las restauraciones que había hecho Tello. Moviendo la cabeza dijo: “¡Esto no es el Pachacámac que conocí!”.
En 1941, el Institute of Andean Research inició excavaciones estratigráficas en la zona, bajo la supervisión de William Duncan Storng y Gordon Willey.
En 1962, Arturo Jiménez Borja, director del museo del sitio de Pachacámac, dirigió excavaciones que pusieron al descubierto numerosos artefactos. Ese mismo año, descubrió un camino en zigzag que se dirigía al Templo del Sol. En los años siguientes, dirigió las excavaciones complementarias en el lado norte de dicho templo y puso a la luz lo que denominó el Palacio de Tauri Chumpi (nombre del gobernador inca de Pachacámac durante la época de la conquista española) y otras estructuras residenciales del período Inca.