Sancta Romana atque universalis Ecclesia (o simplemente Santa Romana) es una bula pontificia promulgada por el papa Juan XXII el 30 de diciembre de 1317, durante el segundo año de su pontificado. El documento se inscribe en el contexto del conflicto entre la Sede Apostólica y diversos movimientos religiosos disidentes surgidos en el seno o en los márgenes de la Orden de los Frailes Menores, en particular los llamados espirituales. La bula constituye uno de los principales instrumentos normativos mediante los cuales Juan XXII reforzó la autoridad pontificia y la disciplina eclesiástica frente a corrientes consideradas desobedientes y potencialmente heréticas.

La bula rapresenta un momento clave en la política eclesiástica de Juan XXII, orientada a reforzar la centralziación del poder pontificio y a salvaguardar la unidad doctrinal y disciplinaria de la Iglesia. La bula contribuyó a legitimar la acción de la Inquisición contra los movimientos disidentes y a debilitar la base ideológica de los Espirituales, que veían en el papa la figura del Anticristo y en la Iglesia insittucional una realidad decadente. En conjunto, el documento forma parte de la más amplia controversia sobre la pobreza evangélica que marcó profundamente el pontificado de Juan XXII.

Contexto A comienzos del pontificado de Juan XXII, la Iglesia se enfrentaba a profundas tensiones internas relacionadas con la interpretación de la pobreza evangélica y con la autoridad jerárquica. Dentro de la Orden franciscana coexistían dos corrientes principales: la llamada «Comunidad», favorable a una pobreza regulada y obediente, y los Espirituales, partidarios de una interpretación radical de la pobreza de Cristo y de san Francisco. Estos últimos, en algunos casos, se habían separado de la obediencia a sus superiores y se habían vinculado a grupos como fraticelos, beguinos y bizzochos, caracterizados por estructuras no reconocidas por la Sede Apostólica y por una actitud crítica hacia la Iglesia institucional. Tras una serie de medidas disciplinarias adoptadas en 1317, entre ellas la bula Quorundam exigit, Juan XXII decidió intensificar su ofensiva contra estas corrientes mediante la promulgación de Sancta Romana atque universalis Ecclesia, seguida poco después por la bula Gloriosa Ecclesia (23 de enero de 1318).

Contenido La bula dirige su atención a una amplia gama de grupos considerados insubordinados, entre ellos fraticelos, beguinos y otras asociaciones religiosas no reconocidas oficialmente. Juan XXII denuncia su falta de obediencia a los superiores legítimos y su tendencia a constituirse al margen de la estructura jerárquica de la Iglesia. El documento subraya que la auténtica Iglesia espiritual es aquella que depende del sucesor de San Pedro, y no puede existir una comunidad cristiana legítima separada de la obediencia al papa. Un aspecto central del texto es la reafirmación de la validez de los sacramentos administrados por prelados que permanecen en comunión con la Iglesia romana, independientemente de las acusaciones morales o doctrinales que pudieran formularse contra ellos. De este modo, la bula rechaza implícitamente las posturas de los disidentes que ponían en duda la eficacia sacramental de una Iglesia considerada, por ellos, corrupta o demasiado opulenta.

Referencias

Categoría:Bulas del siglo XIV Categoría:Orden Franciscana