El vestido «el huevo y yo» (en inglés: «The Egg and I» dress) es un traje diseñado por Gilbert Adrian en 1947.
Historia Contexto Adrian, famoso diseñador que desarrolló una lucrativa carrera en la Metro-Goldwyn-Mayer (MGM) en la década de 1930, abandonó los estudios en 1941 ante los problemas surgidos con el guardarropa de Two-Faced Woman (1941), pues el director del filme, George Cukor, rechazó los veintiocho atuendos propuestos por Adrian alegando que los trajes debían simplificarse para traducirse en prendas comunes, lo que supondría su práctica salida de la industria cinematográfica ya que el diseñador, famoso por la originalidad y suntuosidad de sus creaciones, se sintió defraudado con la decisión de Cukor además de negarse firmemente a aceptar los cambios que la MGM estaba empezando a adoptar fruto de su interés por el Technicolor, tecnología que no era del agrado de Adrian.Tras su marcha de la MGM, Adrian, quien había diseñado el vestuario de casi 260 filmes, solo trabajaría en once películas más: La mujer del año (1942), We Were Dancing (1942), La sombra de una duda (1943), The Powers Girl (1943), The Crystal Ball (1943), Flight for Freedom (1943), La señora Parkington (1944), Crepe Is the Star (1946), The Bishop's Wife (1947), Smart Woman (1947) y Lovely to Look At (1952). A esto se sumaba el duro golpe que recibió al descubrir que muchas de sus creaciones habían sido deliberadamente quemadas en una hoguera encendida una noche por el propio estudio en el verano de 1939 debido a la necesidad de liberar espacio en el departamento de vestuario, entonces repleto de miles de prendas, algunas deterioradas por haber sido colgadas en perchas de alambre, si bien solo se quemaron aquellas que debido a su estado ya no podían ser recicladas ni revendidas (a finales de la década de 1930, el edificio principal del departamento de vestuario estaba completamente lleno, almacenándose el exceso en barracas Quonset construidas apresuradamente en varios lugares alrededor de las instalaciones). Profundamente decepcionado por este acontecimiento y también por los recortes presupuestarios a los que Hollywood tuvo que hacer frente con motivo de la Segunda Guerra Mundial pese a que Estados Unidos aún no había entrado en el conflicto, recortes que, entre otros, afectaron seriamente al vestuario, Adrian, quien ya llevaba alrededor de dos años considerando dejar la MGM a causa de las restricciones derivadas de la Gran Depresión, abandonó los estudios definitivamente el 5 de septiembre de 1941 para concentrar sus esfuerzos en el comercio minorista, inaugurando en 1942 la boutique Adrian, Ltd. en Beverly Hills, concretamente en 233 North Beverly Drive, sede con anterioridad del Victor Hugo Cafe. Aunque la partida de Adrian se produjo en septiembre, el contrato del diseñador ya había expirado el 16 de julio (la última renovación fue por el periodo 1938-1941); el 15 de agosto, Adrian informó al personal a su servicio que ya había comunicado a Louis B. Mayer su firme intención de abrir una boutique, si bien permaneció tres semanas más para asegurarse de que el departamento de vestuario quedaba en orden, siendo su nombre retirado de la plantilla de nóminas del estudio el 5 de septiembre, tras lo cual Robert Kalloch, jefe de vestuario de Columbia Pictures, pasaría a ocupar su puesto por un breve periodo de tiempo, erigiéndose Irene Lentz como la auténtica sucesora de Adrian al frente del departamento de vestuario de la MGM.
Creación thumb|Adrian, Ltd. en la década de 1940. El vestido «el huevo y yo», así bautizado por el propio Adrian, fue una de las numerosas creaciones que el diseñador llevó a cabo como modisto fuera de la industria cinematográfica; pese a haber sido diseñado para la colección primavera/verano de 1947, dos años después del fin de la guerra, el conflicto bélico influyó en el diseño; las restricciones impuestas por la contienda tuvieron efectos prolongados que afectaron a la cantidad de tela empleada y a la ornamentación de la ropa ya que en abril de 1942 entró en vigor la Orden General de Limitación L-85, en virtud de la cual se establecía un riguroso control de la cantidad de material utilizado en la manufactura de prendas de vestir con el fin de reducir el uso de tela en un 15%; tal y como explican Daniel James Cole y Nancy Deihl: «A partir del 8 de abril de 1942, la moda estadounidense se vio influenciada por la Orden General de Limitación L-85, que regulaba la cantidad de materiales utilizados por los fabricantes de ropa. Casi inmediatamente después de la entrada de Estados Unidos en la guerra, la Junta de Producción de Guerra encargó a Stanley Marcus (de Neiman Marcus) que diseñara un programa que conservara telas sin introducir grandes cambios estilísticos, para no incitar a los consumidores a desechar lo que ya tenían». Pese a que esta medida gubernamental fue derogada el 8 de mayo de 1945, Día de la Victoria en Europa, Adrian optó por continuar con el estilo que había adoptado durante el conflicto dado su éxito entre el público, además de emplearlo como una respuesta al profundo rechazo que causó en él la irrupción del New Look de Christian Dior. Adrian, contrario a los sostenes y caderas acolchados así como al empleo de enaguas y ballenas para lograr un efecto «cintura de avispa», optó por relegar este tipo de elementos a los trajes de noche, prefiriendo líneas más sencillas para el día; las críticas del diseñador llegaron a tal punto que las mismas se convirtieron en ataques directos: «Nunca he visto nada tan ridículo como lo que ciertos poderes de la moda están tratando de imponer a la mujer estadounidense en este momento. ¿Qué clase de mentes tenemos que pueden hacernos desviar de cada avance que hemos logrado en la moda para regresar al período más anticuado de la historia?». En cuanto a los efectos de la guerra, estos no solo influyeron en la cantidad de tela sino también en los cánones entonces vigentes, según los cuales el largo aceptable de un traje de noche era de 115 cm, mientras que la circunferencia de la falda debía situarse en torno a los 365 cm; a este respecto el diseñador declaró lo siguiente el 28 de abril de 1942 al Women's Wear Daily, en un artículo titulado «Es vital que la moda encaje en la agenda actual»:
thumb|Joan Crawford en Letty Lynton (1932). Las condiciones de trabajo derivadas de la guerra llevaron a Adrian a tener que innovar contando con muchos menos recursos de los que había tenido a su disposición en la primera mitad de la década de 1930 bajo el gran poder económico de la MGM; con el fin de seguir ofreciendo prendas glamurosas sin quebrantar la normativa gubernamental, el diseñador optó por prescindir no solo de la cantidad de tela empleada en sus creaciones sino también de los ostentosos puños y grandes solapas que hasta entonces habían caracterizado sus más importantes diseños para centrarse en lo más esencial de los vestidos: la silueta. Gracias a esta solución, Adrian logró crear durante la contienda trajes que oscilaban de manera equilibrada entre sobriedad y teatralidad, ofreciendo al público modelos que hacían gala de una gran elegancia en respuesta a la austeridad de la guerra. El guardarropa del diseñador pasó a caracterizarse en la primera mitad de los años 1940 por ropa compuesta de patrones sencillos y telas claras dotadas de refinamiento, logrando de esta forma una suerte de resiliencia en tiempos difíciles mediante la moda, con prendas imbuidas en su mayoría por el arte y la naturaleza plasmados en tonos vibrantes en donde la nota predominante eran los motivos de tipo campestre y patriótico con el fin de transmitir a sus clientas el optimismo necesario para hacer frente al hecho de que sus padres, esposos e hijos estuviesen luchando a miles de kilómetros de distancia. Uno de los elementos a los que Adrian no quiso renunciar pese a las limitaciones impuestas por el Gobierno fueron las mangas abullonadas, popularizadas por el propio diseñador una década antes con el icónico vestido Letty Lynton, lucido por Joan Crawford en la película homónima de 1932, si bien decidió reconfigurar este tipo de mangas, inspiradas en las mangas «pierna de cordero» de la primera mitad del siglo , transformándolas en las hoy conocidas hombreras, característica que se acabaría convirtiendo en la seña personal de la actriz y que Adrian incorporó al vestido «el huevo y yo», si bien ya había incluido este elemento en diseños previos, como el vestido de corderos retozando, comercializado en 1942, y un atuendo lucido por Suzanne Kaaren en Mujeres (1939).
El vestido «el huevo y yo», perteneciente a su popular catálogo de «vestidos de patio» debido a que el mismo era ideal para comidas y pícnics en los jardines y patios privados de las típicas casas americanas, reflejaba un sentimiento deseado por la sociedad de entonces ya que su diseño transmitía alegría y esperanza a través del encanto campestre.Adrian ya tenía experiencia en la elaboración de ropa de campo, pues casi una década antes había creado el vestido de Dorothy, lucido por Judy Garland en El mago de Oz (1939), así como varios atuendos campestres para Mujeres. Muchas de las prendas de Adrian en esa época hacían gala de motivos ornamentales rústicos mezclados con estampas patrióticas, como por ejemplo un traje conservado en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York cuyo corpiño exhibe una idílica campiña plagada de soldados comandados por George Washington en el contexto de la guerra de Independencia, así como el vestido de corderos retozando, el cual muestra una pradera repleta de corderos y bañada por un cielo azul. Estos diseños, impresos mediante acetato serigrafiado, no solo se erigieron como una novedad a comienzos de los años 1940 sino que fueron ampliamente difundidos a lo largo de la década en revistas de moda dado su alto grado de aceptación, destacando particularmente Women's Wear Daily, medio que, en un anuncio titulado «Los puños rotos de Adrian, estampados de gallo para la primavera», describió el traje «el huevo y yo» como un vestido de noche pese a ser un atuendo de día: «”El huevo y yo” es el nombre que Adrian le da a este vestido de noche, confeccionado con su propio estampado de alegres diseños de gallinas y gallos de corral en gris, rojo y negro sobre blanco. El sencillo corpiño se equilibra con la falda, muy amplia y de caída suave. Observe las dos profundas aberturas en la falda». Los diseños de corte campestre no solo transmitían una imagen de paz y tranquilidad sino que reflejaban la vida de muchos miembros de la élite cinematográfica, quienes residían en lujosas mansiones emplazadas en el valle de San Fernando, entonces un floreciente suburbio de Los Ángeles el cual se alzaba como un lugar idílico que permitía desconectarse por un momento del estrés que suponía trabajar al agobiante ritmo de los estudios, además de ilustrar las estampas de estos trajes la afición de Adrian por el mundo animal al tiempo que constituyen un recordatorio de las horas que pasaba dibujando en el zoo durante su infancia, hallándose el origen del gran interés del diseñador por la fauna, y en especial por África, en el filme Paul J. Rainey's African Hunt (1912). thumb|Un traje azul marino y el vestido «el huevo y yo» en un anuncio de Women's Wear Daily en 1947.