Teresa de Cartagena fue una monja y escritora castellana, nacida entre 1420 y 1435 en Burgos. Su popularidad, así como excepcionalidad, reside en ser considerada una de las primeras escritoras en lengua castellana del , destacando la calidad de las obras que se conservan de ella. Se la ha llegado a definir como “la prosista preeminente en las letras castellanas” de la Edad Media y también se la considera como la primera escritora mística de España. Formaba parte del seno de una familia de clase alta con diversos miembros relacionados con el mano
Los prejuicios sobre su escritura, que le llevaron a escribir la Admiracion operum Dei, la han perseguido hasta el , como muestra el juicio gratuito de Juan Marichal, que afirma que “no puede mantenerse que Teresa de Cartagena sea una escritora auténtica […] por simple carencia de un instrumento verbal cohesivo, por falta de retórica”. Hoy en día se considera su obra como contribución hecha bajo un sentido autorial pleno, desde el conocimiento de fuentes que exigía la época a la par que con la creatividad de cualquier autor del período. Sus textos dan voz a una conciencia femenina del mundo, por lo que puede ser considerada una predecesora de santa Teresa de Ávila.
De Teresa de Cartagena se conservan dos tratados de reflexión religiosa escritos en la segunda mitad del . El primero, Arboleda de los enfermos, y el segundo, Admiración de las obras de Dios, ambos copiados por Pedro Lópes de Trigo en el año 1481. Actualmente, los dos textos se encuentran dentro de un códice, junto a dos obras más de diferente autor, conservado en la Biblioteca del Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial.
Biografía
Familia Teresa de Cartagena perteneció a la influyente familia judeo-conversa de los García de Santa María, también conocidos con el antropónimo "de Cartagena". Su abuelo, Selomo-Ha-Leví, fue el fundador de este ilustre linaje de conversos cuando el 21 de julio de 1390 adoptó, en homenaje a San Pablo, el nombre de Pablo de Santa María. Se dedicó a la carrera eclesiástica y -en 1402- fue nombrado obispo de Cartagena; a partir de entonces la familia fue conocida por este apellido. Se ha encontrado un documento, datado del año 1604, que otorga el beneficio de limpieza de sangre a Pablo García de Santa María y a sus descendientes, tras una milagrosa conversión al habérsele aparecido la Virgen. Pablo de Santa María estudió en la Universidad de París para doctorarse en Teología. En 1412 se convirtió en el obispo de Burgos y destacó, al mismo tiempo, por su papel en las cortes del rey Enrique III y Juan II. Parece ser que Pablo convenció a su hermano para que se convirtiera también al cristianismo y, éste adoptó el nombre de Alvar García de Santa María. Alvar es sobre todo conocido por la crónica que empezó a escribir, Crónica de Juan II. De su primer matrimonio, Pablo tuvo una hija y cuatro hijos. De ellos, el más destacado es el reconocido humanista Alonso de Cartagena que, igual que su padre, fue una figura política, religiosa y cultural importante. Su hermano, Pedro de Cartagena, sobresalió sobre todo en el campo militar. Gracias al testamento encontrado de Alonso, datado del 6 de julio de 1453, podemos ver que le dejaba una cantidad de dinero a la hija de su hermano, Teresa.
El escudo de armas de la familia está compuesto por una flor de lis de color plateada sobre fondo verde. La imagen alude, indiscutiblemente, a la virginidad de María.
Vida De este ambiente familiar se podría deducir que Teresa tuvo acceso a la educación. Aunque no se ha encontrado ningún documento, es muy probable que Teresa -tal y como ella afirma en el prólogo de su primera obra- estudiase en la Universidad de Salamanca, como el resto de la familia. Se desconoce el año exacto de su nacimiento pero se data entre 1420-1435 o 1420-1425 y, el de su muerte, se desconoce por completo. Ni ella ni ninguna de las otras mujeres de la familia apenas recibieron atención alguna ya que, tanto por su sexo como por su conversión, quedaron en un segundo plano.
No se tienen datos de casamiento ni de hijos. Hasta fecha reciente se había creído que Teresa de Cartagena había ingresado en un convento como consecuencia de la enfermedad que le llevó a la sordera. La escritora nos deja ver en sus textos que padecía sordera y que esta era la causa de la sensación de soledad tanto física como mental. Por tanto, la vocación religiosa habría aparecido después, quizás como causa de una revelación o crisis espiritual, como puede interpretarse por sus textos. Sin embargo, otros estudiosos defienden la idea de que la vocación religiosa ya le venía dada al estar rodeada de un ambiente adecuado. De todas formas la enfermedad seguramente le animó a un ahondamiento de su fe. En todo caso, todo esto son hipótesis ya que no se tiene ningún documento que demuestre ingreso alguno en ningún convento.
Tuvo relación con los franciscanos, por ejemplo, hay una referencia a San Francisco de Asís en el primer tratado: “Del muy glorioso padre nuestro Sant françisco que como duputados a negoçiaçiones mundanas […] (f.32v, p.81). Además, la autora cita a San Bernardo, San Gregorio, San Jerónimo y San Agustín, autoridades que destacaron mucho en el pensamiento y la espiritualidad franciscana. Por otro lado, hay que tener en cuenta que la Orden franciscana fue refugio para judíos conversos y, por esta razón, Teresa se hubiese sentido cómoda en ella.
Sin embargo, estudiosos como Quispe-Agnoli han percibido que en el segundo tratado de Teresa “la predominante presencia del pensamiento agustiniano con tendencias platónicas” llama la atención ya que se ha relacionando con los ideales de la Orden seráfica. Por su parte, P. Sálinz Rodríguez duda entre la espiritualidad agustina o la franciscana, mientras que María Milagros Rivera cree que Teresa hubiese ingresado en un convento de la Orden de San Agustín o bien de San Jerónimo.
Hace ya años se ha encontrado, entre la documentación relacionada con la autora, una petición de su tío don Alfonso de Cartagena dirigida al papa Nicolás V, el 3 de abril de 1449, para que ella pudiera pasar del monasterio de Santa Clara de Burgos a un centro cisterciense. Puede que acabara por ingresar en el monasterio de Santa María la Real de las Huelgas o en el convento burgalés de Santa Dorotea por tratarse, en los dos casos, de comunidades relacionadas con la familia Cartagena. Para María Milagros Rivera fue, quizá, canonesa agustina en el monasterio de San Ildefonso de la ciudad de Burgos, fundado por su tío Alonso de Cartagena en 1456 con religiosas procedentes del convento de la calle de Santa Dorotea en la parroquia de Santa María la Blanca. En la iglesia de dicho monasterio vería a la reina Isabel I cuando el 23 de enero de 1476 juró que conservaría el castillo de la ciudad entre los territorios propios de la Corona.
Las hipótesis de su cambio giran en torno a la idea de la intolerancia que los franciscanos estaban mostrando, en esa época, hacia el problema político-social de los conversos. De 1449 también se conserva otra petición del obispo de Burgos solicitando, en este caso, que una vez su sobrina hubiera cumplido los veinticinco años, pudiera ser elegida como priora o abadesa. En Burgos, Teresa de Cartagena conocería y trataría a la mujer, de la que era pariente, que confió en su talento de escritora y a la que dedicó sus obras, Juana de Mendoza, esposa del poeta Gómez Manrique, corregidor de Burgos en 1464-1465.
Teresa de Cartagena vivía todavía en 1478, pues consta entre los herederos de su padre en la sentencia que repartía los bienes familiares que dictó su sobrino fray Iñigo de Mendoza.
Contexto histórico
Condición conversa Los años en los que vivió marcan el comienzo de la persecución de los conversos, posible razón por la que su familia la trasladó del convento franciscano al de la orden del Císter, siendo pioneros en la persecución de los denominados falsos conversos. La posición de los conversos en la península ibérica llegado el fue complicada y llena de controversias. Se trata de judíos que se convierten al cristianismo, pero que, en algunos casos, pese al bautizo, mantienen algunas prácticas. No obstante, gracias a su nueva condición de cristianos pueden ocupar cargos en la sociedad, por lo que generalmente proceden de las élites sociales de entonces.
Como norma general se trata de un colectivo educado e instruido, por lo que es muy común encontrar conversos en el clero. Debido al nuevo estatus dentro de las élites cristianas, el éxito social tiene como consecuencia la ira, el rencor y el odio del vulgo hacia estos nuevos colectivos incorporados en la sociedad cristiana. Consideran que no han sido conversiones sinceras y que mantienen su antigua creencia en secreto. Se rompe, entonces, la convivencia de las tres religiones predominantes en España, desatando persecuciones de conversos ante la sospecha de que mantienen el judaísmo en secreto, lo que lleva a su expulsión definitiva en 1492 con los Reyes Católicos.
Una mujer letrada En la Edad Media, la educación estaba al alcance de pocos y solo varones. Por ello, el hombre educado en la corte o en el monasterio sabía leer latín, lo que le permitía leer obras vernáculas y sagradas. Por esto se afirma que la mujer medieval escribe con un estilo diferente al hombre.
Las mujeres medievales tienden a producir textos de lírica cortesana, obras epistolares y obras visionadas de experiencia personal. En muchas ocasiones saben leer vernáculo, que en este caso sería el castellano, sin embargo, se cree que Teresa de Cartagena podría haber estudiado latín por su condición de monja. En consecuencia, es totalmente falso que la mujer en la Edad Media no tuviera en absoluto acceso a la cultura escrita y que no supiera escribir.
Teresa de Cartagena escribe en un momento en que florece la escritura femenina, ya sea en forma de cartas, sermones, hagiografías y autobiografías espirituales entre muchos otros géneros. El entorno en el que vive, el monasterio, ofrece una convivencia con otras monjas letradas, siendo la vida conventual la que ofrece más acceso a la obra escrita que cualquier otro lugar para la mujer.
A pesar de que se la considera la primera escritora en prosa castellana, es muy probable que no haya sido la única; no obstante, solamente se ha conservado su obra. Sus tratados no tienen ninguna novedad de contenido sino de autoría, ya que se trata de uno de los primeros textos existentes donde consta la firma de una mujer. Por ello, se hace uso de la captatio benevolentiae, donde enfatiza que su escrito es obra de una mujer, ser inferior al hombre. Sin embargo, el uso del tópico de la humildad en este contexto es utilizado a su vez para conferirse autoridad a sí misma.
Las influencias que rodean a Teresa de Cartagena, así como a su obra se encuentran principalmente en Europa, debido a la popularidad del libro de consolaciones en ese momento. Además, también aparecen muchos textos autobiográficos escritos por mujeres. Asimismo, también hay autores en la península cuyos escritos inspiran del mismo modo a la escritora. Un ejemplo sería Enrique de Villena, autor del Tratado de consolación que aparece en 1430. La estructura de éste se ve plasmada en la Arboleda así como su contenido.