250px|miniatura|Gustav Mahler, alrededor de 1885. Das Lied von der Erde (en alemán, La Canción de la Tierra) es un ciclo de canciones (lied) en forma de sinfonía, un trabajo en gran escala para dos solistas vocales y orquesta escrito por el compositor austríaco Gustav Mahler.
La obra Distribuida en seis movimientos separados, cada uno es una canción independiente, aunque también cumple la función de los distintos movimientos dentro de una estructura sinfónica. La obra se titula Eine Symphonie für eine Tenor- und eine Alt- (oder Bariton-) Stimme und Orchester (nach Hans Bethges "Die chinesische Flöte") ('Una sinfonía para voz tenor y alto (o un barítono) y orquesta (basado en 'La Flauta China' de Hans Bethge').
El uso por parte de Mahler de ciertos rasgos "chinos" (escala pentatónica, escala de tonos enteros, uso de determinados instrumentos) hace que este trabajo sea el primero de estas características en su obra, si bien algunos de estos elementos tienen su continuación en la Novena Sinfonía. Compuesta entre los años 1907-1909, siguió a la Octava Sinfonía o Sinfonía De los Mil pero no recibió número, supuestamente debido al temor supersticioso del compositor respecto a la «maldición de la novena sinfonía». La última fase creativa de Gustav Mahler comienza con La canción de la tierra, que finalmente conduce al abandono de la tonalidad en la novena sinfonía final. Al igual que en la 9ª sinfonía, el tema de la despedida que predomina en el último movimiento ha dado lugar a diversas mistificaciones. Arnold Schönberg volvió a poner de relieve el hecho de que la mayoría de los grandes sinfonistas no habían pasado de una novena sinfonía. Por ejemplo, Ludwig van Beethoven, Antonín Dvořák y Anton Bruckner escribieron exactamente nueve sinfonías numeradas y murieron antes de completar una décima o no escribieron más. Schönberg escribió: “Aquellos que escribieron una novena estaban demasiado cerca del más allá. Quizás los misterios de este mundo se resolverían si uno de los que los conocen escribiera la décima. Y probablemente no se suponga que ese sea el caso.” El mismo Mahler mostró cierta superstición con respecto a esta pregunta. Así que extraoficialmente llamó a La canción de la Tierra su novena sinfonía, para sortear la frontera que le parecía mágica. En última instancia, sin embargo, él también moriría antes de completar su auténtica Décima sinfonía.
Su duración es de aproximadamente 65 minutos. Sus movimientos llevan las siguientes indicaciones de tempo del compositor: Allegro Pesante. Ganze Takte nicht Schnell. "Das Trinklied vom Jammer der Erde" Etwas Schleichend. Ermudet. "Der Einsame im Herbst" Behaglich heiter. "Von der Jugend" Comodo. Dolcissimo. "Von der Schönheit" Allegro. Keck, aber nicht zu Schnell. "Der Trunkene im Frühling" Schwer. "Der Abschied"
Instrumentación
Maderas 1 Flautín 3 Flautas (la 3ª doblando al 2º Flautín) 3 Oboes (3º doblando a Corno inglés) 3 Clarinetes in Si bemol, Clarinete bajo en Si bemol y La y Clarinete en Mi bemol 3 Fagotes (el 3º doblando a Contrafagot)
Metales 4 Trompas en Fa 3 Trompetas en Fa y Si bemol 3 Trombones Tuba
Percusión Timbales Bombo Caja Platillos Pandereta Tam-tam Triángulo Glockenspiel
Teclados Celesta
Cuerdas 2 Arpas Mandolina Violines I, II Violas Violonchelos Contrabajos
Mahler administra los recursos de esta gran orquesta con moderación: solo en determinados pasajes de las canciones primera, cuarta y sexta toca la orquesta completa, y en muchos fragmentos las texturas son casi camerísticas, con muy pocos instrumentos tocando a la vez. En la partitura se requiere una contralto y un tenor solistas, pero Mahler incluye, como anotación que, "si es necesario", la parte de contralto puede ser asumida por un barítono. En los primeros años de la historia interpretativa de la pieza, esta opción casi no se tuvo en cuenta, pero desde los años 60, tras las grabaciones pioneras de Dietrich Fischer-Dieskau dirigidas por Leonard Bernstein y Paul Kletzki, ha sido cada vez más interpretada por barítonos.
Arnold Schoenberg comenzó a trabajar en un arreglo de la obra para conjunto de cámara, compuesto por un quinteto de cuerda y otro de viento, tres percusionists, piano, celesta y armonio. Schoenberg nunca terminó el trabajo, que sería completado en 1980 por el compositor Rainer Riehn.
Libreto
Cuatro de los poemas chinos usados por Mahler (Das Trinklied vom Jammer der Erde, Von der Jugend, Von der Schönheit y Der Trunkene im Frühling) son de Li Bai (Li Tai-Po), el famoso poeta errante de la Dinastía Tang. Der Einsame im Herbst es de Chang Tsi y Der Abschied combina poemas de Mong Kao-Yen y Wang Wei con varias líneas agregadas por el propio Mahler.
Traducción miniatura|250px miniatura|250px miniatura|250px miniatura|250px| Li Bai. Primer Movimiento: Das Trinklied vom Jammer der Erde
(La canción báquica de la miseria terrenal)
El vino ya brilla en la dorada copa, ¡pero no bebáis todavía, antes os cantaré una canción! El canto de la aflicción os ha de sonar con risas en el alma. Cuando se acerca la pena, yacen desiertos los jardines del espíritu, se marchita y muere la alegría, el canto. Sombría es la vida, oscura es la muerte.
¡Señor de esta casa! ¡Tu bodega atesora la abundancia de vino dorado! ¡Aquí, declaro mío este laúd! Tocar el laúd y vaciar los vasos, he aquí las cosas que realmente hacen juego. ¡Una buena copa de vino en el momento justo vale más que todos los reinos de esta tierra! Sombría es la vida, oscura es la muerte.
El firmamento es eternamente azul, y la tierra permanecerá inmutable largo tiempo, se llenará de flores en primavera. Pero tú, hombre, ¿cuánto tiempo vives tú? ¡Ni siquiera cien años se te permite divertirte con las frágiles futilidades de este mundo! ¡Mirad allá abajo! A la luz de la luna, sobre las tumbas se agacha una imagen salvaje y fantasmal...
¡Es un mono! ¡Escuchad cómo su lamento resuena por todas partes, en el suave perfume de la vida! ¡Tomad ahora el vino! ¡Ahora es la hora de disfrutarlo! ¡Vaciad vuestros dorados vasos hasta el final! Sombría es la vida, oscura es la muerte.
Segundo Movimiento: Der Einsame im Herbst
(El solitario en otoño)
Las nieblas otoñales ondean, azules, sobre el mar; toda la hierba se cubre de escarcha; se diría que un artista ha extendido polvo de jade sobre las delicadas flores.
El dulce perfume de las flores se ha evaporado; un viento frío dobla los tallos. Pronto flotarán las mustias y doradas hojas de las flores de loto sobre el agua.
Mi corazón está cansado. Mi pequeña linterna se apaga crepitando, y me hace pensar en el descanso. ¡Voy hacia ti, querido último lugar de reposo! ¡Sí, dame tranquilidad, necesito tanto alivio!
Lloro muchísimo en mi solitud. El otoño perdura demasiado en mi corazón. Sol del amor, ¿ya no quieres brillar más para secar tiernamente mis amargas lágrimas?
Tercer Movimiento: Von der Jugend
(De la juventud)
En el centro del estanque hay un pabellón hecho de porcelana verde y blanca.
Como el lomo de un tigre se encorva el puente de jade hasta el pabellón.
Dentro de la casita se sientan amigos, bellamente vestidos, beben, conversan; algunos apuntan versos.
Sus mangas de seda resbalan hacia atrás, sus sombreros de seda caen alegremente hasta el cuello.
Sobre la tranquila superficie del agua del estanque se muestra todo maravillosamente como una imagen de espejo.
Todo se ve al revés en el pabellón de porcelana verde y blanca.
El puente parece una media luna, con su arco invertido. Los amigos, bellamente vestidos, beben, conversan.
Cuarto Movimiento: Von der Schönheit
(De la belleza)
Chicas jóvenes cogen flores, cogen flores de loto cerca de la orilla. Se sientan entre arbustos y hojas, acumulan flores en su regazo y se hacen burla entre ellas.
El sol dorado se mueve en torno a las imágenes, las refleja sobre el agua resplandeciente. El sol refleja sus miembros esbeltos, sus dulces ojos. Y el céfiro levanta con caricias aduladoras la tela de sus mangas, se lleva la magia de sus agradables perfumes a través del aire.
Oh, mira, ¿qué chicos son estos que se apresuran allá, en la orilla, con valerosos caballos? Brillan en la lejanía como los rayos del sol; ¡ya entre las ramas de los verdes álamos trota el joven gallardo! El caballo de uno de ellos relincha contento y duda y cae. Sobre las flores y la hierba vacilan las pezuñas, pisan precipitadamente como una tormenta las desmayadas flores. ¡Ay! ¡Cómo aletean en el éxtasis sus crines, y humea calurosamente el hocico!
El sol dorado se mueve en torno a las imágenes, las refleja sobre el agua resplandeciente. Y la más bella de las jovencitas le dirige largas miradas de anhelo ardiente.
Su actitud orgullosa es solo disimulo: en lo achispado de sus grandes ojos, en la oscuridad de su mirada se remueve todavía la excitación compadeciente de su corazón.
Quinto Movimiento: Der Trunkene im Frühling
(El borracho en primavera)
Si la vida es solo un sueño, ¿para qué, entonces, el esfuerzo y la pena? Yo bebo hasta que ya no puedo más, ¡todo el querido día!
Y cuando ya no puedo beber más porque el gaznate y el alma están llenos, entonces camino vacilante hasta mi puerta y duermo maravillosamente. ¿Qué oigo al despertarme? ¡Escucha!
Un pájaro canta en el árbol. Le pregunto si ya es primavera... Para mí, es como un sueño. El pájaro responde, parloteando: ¡Sí! ¡La primavera ya ha llegado, ha venido por la noche! Con el asombro más profundo, escuché atentamente, ¡el pájaro canta y ríe!
¡Me lleno nuevamente la copa y la vacío hasta el final, y canto, hasta que la luna brilla en el oscuro firmamento!
Y cuando ya no puedo cantar más, me duermo otra vez. ¡Qué me importa la primavera! ¡Dejadme estar borracho!
Sexto Movimiento: Der Abschied
(La despedida)
El sol se despide detrás de las montañas. En todos los valles baja el atardecer con sus sombras, llenas de frío. ¡Oh, mira! Como una barca argéntea, cuelga la luna alta en el mar del cielo.
¡Noto cómo sopla un frágil viento tras los oscuros abetos! El riachuelo canta lleno de armonía a través de la oscuridad. Las flores palidecen a la luz del crepúsculo. La tierra respira llena de tranquilidad y de reposo.
¡Todo anhelo quiere ahora soñar, los hombres cansados vuelven al hogar para aprender nuevamente, en el descanso, la felicidad y la juventud olvidadas! Los pájaros se encogen tranquilos en sus ramas.
El mundo descansa... El viento sopla frío por las sombras de mis abetos. Yo estoy aquí, y espero a mi amigo, espero su último adiós. Oh, amigo, deseo fervientemente gozar contigo de la belleza de este atardecer.
¿Dónde estás? ¡Me dejas demasiado tiempo solo! Camino de un lado para otro con mi laúd por campos cubiertos de hierba tierna. ¡Oh, belleza! ¡Oh, mundo ebrio de amor y de vida eternos!
Bajó del caballo, y le ofreció el brebaje de la despedida. Le preguntó hacia dónde se dirigía, y también por qué tenía que ser así. Habló, y su voz estaba anegada en lágrimas:
¡Oh, amigo mío, la fortuna no fue benevolente conmigo en este mundo! ¿A dónde voy? Voy a errar por las montañas. Busco la tranquilidad para mi corazón solitario. Hago camino hacia la patria, hacia mi hogar. Ya nunca más vagaré en la lejanía. Mi corazón está tranquilo y espera su hora. ¡La querida tierra florece por todas partes en primavera y se llena de verdor nuevamente! ¡Por todas partes y eternamente resplandece de azul la lejanía! Eternamente... eternamente...
Composición El año 1907 fue trágico en la vida de Gustav Mahler. Murió su hija mayor, perdió su posición como director de la Ópera de Viena y se le diagnosticó una afección cardíaca que lo llevaría pocos años después a la tumba.
Mahler esboza “La Canción de la Tierra” durante una estancia en el Tirol, poco después de la muerte de su hija Maria y compone la mayor parte de la obra al año siguiente cuando se encuentra de vacaciones de verano de las dolomitas.