Víctor Manuel III de Italia (; Nápoles, 11 de noviembre de 1869-Alejandría, 28 de diciembre de 1947) fue rey de Italia entre 1900 y 1946. Tras la invasión italiana de Abisinia fue proclamado emperador de Etiopía, título que ostentó desde 1936 hasta 1941 y, del mismo modo, después de la conquista de Albania, se lo declaró rey de los albaneses, manteniendo el título, no reconocido, entre 1939 y 1943.
Su reinado en Italia, de más de 45 años, fue el más prolongado en toda la historia del país. Durante su mandato se produjo el nacimiento y caída del fascismo en Italia, así como la Primera y Segunda Guerra Mundial.
Biografía
Infancia y juventud miniatura|miniatura|izquierda|Víctor Manuel al cumplir su primer año. Víctor Manuel nació en Nápoles el 11 de noviembre de 1869, ciudad en la que sus padres residían por aquella época. Además de los nombres de Víctor Manuel Fernando, en honor a sus abuelos, su madre, Margarita, quiso que se le bautizara también con los nombres de María y Jenaro (San Jenaro era el patrón de la ciudad de Nápoles) con el fin de suavizar las relaciones con la Iglesia, que en ese momento eran muy malas y ganarse el afecto de sus súbditos napolitanos.
El joven príncipe no tuvo una infancia feliz: la educación tradicional de la casa de Saboya, de carácter severo y militar, no favorecía los arrebatos afectuosos y sus padres (a los que solo se le permitía ver dos veces a la semana) nunca se ocuparon de él. Después de que naciera fue confiado a una niñera local, mientras que para su primera educación, Margarita eligió a una enfermera irlandesa llamada Elizabeth Lee, llamada familiarmente «Bessie», viuda de un oficial británico y una católica devota.
miniatura|miniatura|izquierda|Víctor Manuel con su madre en 1871 Bessie permaneció con el joven príncipe durante catorce años y probablemente fue la única persona por la que desarrolló un afecto filial. Además, Víctor Manuel padeció tremendamente por sus deficiencias físicas y esto lo llevó a desarrollar un carácter tímido y reflexivo hasta el límite del cinismo: en una ocasión en la que Margarita le propuso pasear juntos por Roma, respondió a su madre: «¿Y dónde quieres ir a mostrarte con un enano?».Storia d'Italia, volume XI, Fabbri Editori, 1965.
Para compensar sus deficiencias físicas, el joven Víctor Manuel desarrolló un amor casi morboso por el estudio y el trabajo: parece que a la edad de diez años fue capaz de recordar de memoria todo el árbol genealógico de la casa de Saboya, de Humberto Mano Blanca en adelante.
A la edad de nueve años visitó Nápoles con sus padres, quienes acababan de ascender al trono. Al ascender al carruaje, el primer ministro, Benedetto Cairoli, se colocó por error a la izquierda del príncipe; cuando se disponía a cambiar de lugar, el rey Humberto lo retuvo. Este descuido del ceremonial salvó al monarca del atentado del anarquista Giovanni Passannante, pues Cairoli se interpuso entre la daga y el rey. Durante el suceso, el uniforme del príncipe Víctor Manuel quedó manchado con la sangre de Cairoli, pero el heredero permaneció impasible. Se comentó, luego, que por la noche lloró en los brazos de su niñera Bessie.
Hijo único de primos hermanos, creció en el típico entorno de la casa de Saboya: rígido y militar. A sugerencia del príncipe Federico de Prusia, se eligió como su tutor al coronel del Estado Mayor, Egidio Osio, que había sido agregado militar en la embajada de Italia en Berlín. Se trataba de un hombre muy duro, imperioso y acostumbrado al mando que le dio al príncipe una formación basada en el modelo prusiano. Parece que tan pronto como asumió el cargo le dijo a su alumno: «Recuerda que el hijo de un rey, al igual que el hijo de un zapatero, si es un burro es un burro». Algunos dicen que la dureza de Osio tuvo efectos nocivos en el carácter del futuro gobernante, haciéndolo aún más inseguro e introvertido, aunque esto podría ser desmentido por la amistad que el futuro soberano continuó manteniendo con su tutor, manteniendo una correspondencia casi diaria y defendiéndolo de las acusaciones hechas en su contra.
Tuvo una educación cuidadosa, incluyendo la asistencia a la prestigiosa Escuela Militar Nunziatella de Nápoles. Pero debido a su baja estatura (1,53 m), hubo que cambiar la legislación castrense a este respecto, disminuyendo la media de altura para unirse al ejército. Por lo general asistía a las sesiones de apertura de la Academia Nacional de los Linces, así como a otras asociaciones científicas, a las que acudía por interés. Entre sus intereses culturales estaban la numismática, la historia y la geografía: su conocimiento en estas áreas fue reconocida en los más altos niveles, incluso fuera de Italia (escribió un tratado sobre la acuñación italiana, el Corpus Nummorum Italicorum). En varias ocasiones se recurrió a Víctor Manuel como mediador en los tratados de paz, en virtud de sus profundos conocimientos geográficos. Fue reconocido como árbitro en la disputa territorial en la isla Clipperton entre Francia y México y por la cuestión de Pirara.
Cuando no se debía a compromisos institucionales, residía en las estancias piamontesas en los castillos de Racconigi y Pollenzo. En ellos, según los registros oficiales de la corte, se dedicaba a la lectura y la agricultura, estudiando las técnicas que lo llevarían a fundar en Roma el Instituto Internacional de Agricultura.
Admirador de William Shakespeare, hablaba cuatro idiomas, y el piamontés y el napolitano, pero no le gustaba ni el teatro ni la música.
Despedida de Osio y el período napolitano miniatura|izquierda|Víctor Manuel III en 1890-1893 como príncipe heredero. A la edad de veinte años, Víctor Manuel alcanzó la mayoría de edad y el mismo rango de su tutor, el coronel Osio, que fue despedido de sus funciones. Para hacerlo practicar el mando, fue asignado a un regimiento de Infantería en Nápoles, donde permaneció durante cinco años. En Nápoles se hizo amigo del príncipe Nicola Brancaccio, quien logró superar la reticencia y la timidez del joven Víctor Manuel, dirigiéndolo en la vida nocturna napolitana en la que abundaban los teatros no apropiadamente "respetables" y las actrices.
Para el joven príncipe, el período napolitano fue quizás el más feliz de su vida: aprendió a hablar napolitano con fluidez y también tuvo varias amantes, principalmente actrices y bailarinas, y también la baronesa Maria Barracco (con la que se dice tuvo una hija). En su papel como comandante, mostró una gran rigidez, tanto que, según sus cartas a Osio, resultó ser una verdadera bestia negra para sus subordinados; en una carta escribió: «Mi pelotón de oficiales es de 104 estudiantes; pero pronto serán 103 porque saqué uno por robarle a un compañero. Estoy convencido de la necesidad de asustarlos desde el principio".
miniatura|Víctor Manuel con su padre Humberto I en 1893 Un hecho poco conocido por la mayoría es que durante su tiempo en Nápoles entró en conflicto con el coronel Luigi Cadorna y entre los dos nació una gran antipatía que duró toda la vida y que tuvo consecuencias evidentes veinte años después, durante la Gran Guerra.
Matrimonio La cuestión del matrimonio del joven príncipe se convirtió en un tema de extrema preocupación para los reyes Humberto y Margarita: ningún Saboya había alcanzado el umbral de los veinticinco años estando soltero y el propio Víctor Manuel no mostraba intención de casarse. Esto se convirtió en un caso de importancia internacional para la Triple Alianza de la que Italia formaba parte: el propio káiser Guillermo II se interesó por el caso y, aprovechando una visita de Víctor Manuel a Berlín, se atrevió a decir al príncipe: "¿Por qué no te decides a casarte?", a lo que el joven mostró toda su terquedad al decirle que no se involucrara en sus asuntos. miniatura|izquierda|Elena de Montenegro en 1897
La corte de Roma intentó llegar a un compromiso con la princesa Maud de Gales, la tercera hija de Eduardo VII del Reino Unido, pero las negociaciones fracasaron debido a la oposición de la reina Margarita que, demostrando ser aún más intransigente que el Papa, impuso que la princesa renunciara a su fe anglicana antes de la boda con su hijo. Algunos rumores decían que había ministros, entre ellos Benedetto Brin, que sospechaban que la cuestión religiosa era una excusa, y que la reina no quería que su futura nuera eclipsara su célebre belleza.Antonio Spinosa, Vittorio Emanuele III, l'astuzia di un Re, Mondadori, 1990. Más tarde, el intento de comprometerse con la princesa Luisa de Schleswig-Holstein-Sonderburg-Glücksburg también fracasó, esta vez debido a la oposición del propio príncipe heredero: no quería saber sobre matrimonios arreglados, seguramente porque el resultado de estos (a menudo entre familiares cercanos) los veía todas las mañanas frente al espejo, y era tan consciente de ello que no tuvo problemas en decir francamente al general Carlo Porro, su jefe de gabinete: «Mírame. ¡Sabes bien que estoy jodido con estas piernas!"«Non mi stia a guardare. Sa bene ch'io sono fottuto nelle gambe!»
Para evitar tal riesgo, se planeó el matrimonio entre el príncipe de Nápoles, de veintisiete años, y una princesa montenegrina, Elena, cuya familia estaba muy unida, por lazos políticos y familiares, a la corte de San Petersburgo. Al mismo tiempo, el enlace con un miembro de la familia más antigua de los príncipes de los Balcanes fortalecía la política italiana más allá del Adriático. Sin embargo, no pocos en la corte y los círculos políticos se burlaron de esta unión dada la relativa pobreza e inferioridad del linaje de la casa de Petrović-Njegoš, en comparación con la de los Saboya, que además era la dinastía europea más antigua después de los Hohenzollern, mientras que se consideraba a Nicolás I de Montenegro poco más que un príncipe pastor. miniatura|Víctor Manuel y Elena
miniatura|izquierda|El matrimonio de Víctor Manuel y Elena de Montenegro en una ilustración del periódico «La Mujer» El compromiso entre Víctor Manuel y Elena fue una auténtica "conspiración", en la que prácticamente participaron todas las casas gobernantes europeas y el único que lo ignoraba era el propio joven príncipe. El primer encuentro entre los dos tuvo lugar en Venecia en 1895, durante la inauguración de la Exposición Internacional de Arte: Elena había sido acompañada por su hermana Ana, para que Víctor Manuel pudiera mostrar preferencia sobre una u otra. Sin embargo, el príncipe mostró interés por Elena, que llamó su atención con su belleza eslava y sus ojos de "cierva herida". El segundo encuentro entre los dos tuvo lugar trece meses después en Moscú, durante las celebraciones por la coronación del zar Nicolás II, y finalmente el joven Víctor Manuel decidió hablar con sus padres de su interés por la princesa Elena. Naturalmente, el príncipe no sabía nada de la conspiración labrada contra él y temía que los reyes se mostraran contrarios por la elección de la hija de un "rey pastor"; en cambio, para gran sorpresa de Víctor Manuel, sus padres se mostraron tan felices que incluso se lanzaron a sus brazos en un raro momento de ternura.
El matrimonio, nada lujoso, se celebró en el palacio del Quirinal con una ceremonia civil, seguida por la religiosa católica en la basílica de Santa María de los Ángeles y los Mártires el 24 de octubre de 1896.Sito della Basilica: il matrimonio del Principe di Napoli. Para conmemorar el evento, se proporcionó un sello conocido como la boda de Víctor Manuel III, que sin embargo nunca se llegó a distribuir y de los que existen solo 100 ejemplares en la actualidad. A su llegada a Italia el 19 de octubre de 1896, Elena de Montenegro había abjurado del credo ortodoxo, su fe original, y profesó el credo católico en la basílica de San Nicolás, en Bari.
miniatura|Víctor Manuel retratado con su esposa Elena y sus hijos Yolanda, Mafalda, Humberto y Juana en 1908 La pareja tuvo cinco hijos: Yolanda de Saboya (1901-1986), casada con Giorgio Carlo Calvi, conde de Bergolo (1887-1977).