El mortero es un arma que dispara generalmente proyectiles explosivos o incendiarios con gran poder destructivo—más grandes que las granadas—en un ángulo superior a los 45° y a velocidades relativamente bajas. Estas cualidades son opuestas a las de las piezas de artillería, que disparan a gran velocidad y generalmente con ángulos de tiro pequeño.
Historia
Orígenes
Los morteros se han utilizado durante cientos de años. Los primeros morteros se utilizaron en Corea en una batalla naval de 1413, cuando los armeros coreanos desarrollaron el wan'gu (mortero en forma de calabaza) (완구, 碗口). La versión más antigua del wan'gu se remonta a 1407. A Choi Hae-san (최해산, 崔海山) (1380-1443), hijo de Choe Mu-seon (최무선, 崔茂宣) (1325-1395), generalmente se le atribuye la invención del wan'gu. En la dinastía Ming, el general Qi Jiguang registró el uso de un mini cañón llamado Hu dun pao que era similar al mortero.
Uno de los primeros en utilizar el mortero fue Mehmed II, durante el Gran Sitio de Constantinopla de 1453. Manuscritos griegos de 1551 refieren que Mehmed, asediado por una flotilla enemiga en el Cuerno de Oro, propuso crear un arma de estas características, teniendo éxito en su empleo contra uno de los buques tras algunos disparos. Para el el mortero se había constituido en un arma bastante común, recibiendo su nombre por la forma rechoncha y parecida a una olla de los primeros modelos. Los tubos eran bastante cortos —no más de dos o tres veces el calibre y este por lo general superior a los 150mm—. Se trataba de armas para la defensa de la plaza o como piezas de sitio a fortalezas. A mediados del se intentó utilizarlas como armas de defensa costera, pero casi entró en desuso como pieza de artillería para la infantería.
El primer mortero transportable fue inventado por el barón Menno van Coehoorn en 1701. El mortero Coehorn ganó popularidad rápidamente, creando un nuevo tipo de barco, el buque bomba. Los morteros jugaron un papel importante en la conquista veneciana de Morea, y en el transcurso de esta campaña se hizo estallar un depósito de municiones situado en el Partenón. El primer uso de estos morteros más móviles como artillería de campo en lugar de artillería de asedio fue por las fuerzas británicas en la represión del levantamiento jacobita de 1719 en la Batalla de Glen Shiel. Los morteros de trayectoria de alto ángulo tenían una gran ventaja sobre los cañones de campaña estándar en el terreno accidentado de las Tierras Altas Occidentales de Escocia.
El mortero ya había dejado de ser de uso general en Europa durante la era napoleónica, aunque los morteros Manby se utilizaron en la costa para lanzar cuerdas a los barcos en peligro. El interés en su uso como arma no revivió hasta que ambos bandos utilizaron mucho los morteros durante la guerra civil estadounidense.
En el asedio de Vicksburg el general Ulysses S. Grant informó que fabricaba morteros en el terreno para atacar a las trincheras del enemigo. Se utilizaron tres tipos principales de morteros durante la guerra: asedio y guarnición (ligero), litoral (pesado) y Coehorn. Los morteros eran útiles como artillería de asedio ya que podían disparar proyectiles explosivos sobre los muros de las fortificaciones, matando a los defensores y obligando a otros a quedarse en refugios o impidiendo que los artilleros trabajaran. Los morteros también podrían destruir las estructuras dentro de la fortificación y los proyectiles de mortero más pesados podrían penetrar muchos refugios.
Durante la Guerra Ruso-Japonesa, el Ejército Imperial Ruso aplicó los principios del fuego indirecto desde posiciones preparadas en el campo y diseñó el primer mortero que disparaba proyectiles de la Armada. Port Arthur estaba defendido con cañones pesados, pero su fuego directo era de efectividad limitada contra posiciones japonesas cercanas o resguardadas. La situación se solucionó tomando cañones de bronce ya obsoletos que se convirtieron en pequeños morteros portátiles al ser montados sobre plataformas de madera. Estos morteros lanzaban minas navales, abundantes en la base naval, en lugar de proyectiles. También se utilizaron lanzaminas que se tomaron de los barcos de guerra. Un grupo de oficiales del Ejército y la Marina, dirigido por el capitán Leonid Gobiato, construyó un prototipo de mortero.
Primera Guerra Mundial Mortero pesado
El ejército alemán estudió el asedio de Port Arthur, donde la artillería pesada no había podido destruir estructuras defensivas como alambre de púas y búnkeres. Como resultado, desarrollaron un mortero de avancarga de cañón corto y estriado llamado Minenwerfer. Estos serían utilizados durante la Primera Guerra Mundial. Se fabricaron en tres calibres; 7,58 cm, 17 cm y 25 cm. La idea alemana era contar así con una pieza de artillería de sitio ligera que pudiese ser usada por la infantería para batir pequeños puntos fuertes del enemigo sin tener que llamar a la artillería más pesada. En noviembre de 1914 los británicos enviaron un lanzaminas capturado a los alemanes a Woolwich donde se hicieron un centenar de copias que fueron enviadas a Francia para la Navidad de 1914 con el fin de contentar a los soldados hasta que se pudiese producir algo mejor. Las industrias de armamento fueron informadas de esta necesidad y el ejército británico esperó las propuestas. Por su lado Francia había buscado en todos sitios y algunos viejos morteros de hierro y de bronce de mediados del volvieron al servicio. Fueron enviados al frente para formar el armamento inicial del nuevo Servicio de Morteros de Trinchera, irónicamente conocido como club del suicidio", creado oficialmente el 26 de noviembre de 1914.
Mortero de infantería No obstante la obsolescencia del mortero, la desgastante guerra de trincheras suscitada en el Frente Occidental durante la Primera Guerra Mundial determinó la imperiosa necesidad de emplear un arma que pudiera usarse para disparar desde el interior de zanjas y parapetos, sin exponerse al fuego, a fin de apoyar a la infantería y asediar las líneas enemigas. Por ello es que se resucitó la idea del mortero. Frente a los grandes morteros hacía falta uno más pequeño que pudiese ser manejado por los soldados de manera fácil. Inicialmente los ingleses y franceses emplearon morteros del veteranos de la Guerra de Crimea, e improvisaron otros de gran peso. Los alemanes también siguieron estas ideas, destacándose el Minenwerfer (lanzaminas).
Los calibres pequeños eran excelentes pero cuando el enemigo cava trincheras el pequeño calibre no servía para nada. Para 1915 los británicos lograron un diseño compacto de tubo de ánima lisa y bípode, que es considerado el primer mortero moderno. Lo apodaron mortero Stokes en honor a su creador, Wilfred Stokes. Se desarrolló en varios calibres, desde los 60 a los 120mm.
Los morteros modernos en general son derivados directos del Stokes. Están formados por un tubo en cuyo interior se deja caer el proyectil. El culote del proyectil impacta una aguja percutora existente en el fondo del tubo, lo que resulta en la deflagración de un propelente y el consiguiente disparo del proyectil.
Sus «granadas» son de fabricación más sencilla y barata que los de artillería convencional, y transportan mayor carga explosiva por unidad de peso de proyectil, proporcionando un poder destructivo mayor al emplear velocidades de caída menores. Esto permite también una mejor distribución de las esquirlas de fragmentación y una óptima distribución de la energía cinética de la explosión.
Francia El ejército francés hubo de recurrir a poner en servicio los viejos morteros veteranos de Crimea de 6". Al mismo tiempo, dado que la destrucción del alambre de púas era absolutamente necesaria antes de emprender el ataque, a algún desconocido soldado francés se le ocurrió que mejor que colocar cargas explosivas era arrojarlas. Como lanzador se empleó una vaina vacía de cañón de 75 mm. Al contar con vainas sobrantes para así crear un primitivo mortero de espiga. Este fue el nacimiento de la artillería de trinchera francesa y su evolución fue prácticamente igual que la británica. Los modelos caseros fueron sustituidos por modelos mejorados y reglamentarios. El modelo más común fue uno de 240 mm. que disparaba una bomba que podía producir un embudo de 9 metros de diámetro por 3,50 de profundidad. Su enorme poder de fuego iba unida a un peso de 1,5 toneladas, por lo que se buscaba un mortero que fuera más pequeño. En 1917 se adoptó el Mortero 150 mm Mod.1917.
Acabada la guerra la empresa francesa Brandt difundió a gran escala el mortero, vendiendo morteros prácticamente a todos los Ejércitos europeos. A los alemanes les costó apreciar el mortero. Trataron de crear su propia alternativa mediante las armas bautizadas minenwerfer (lanzaminas), en realidad los concebían como un obús a pequeña escala. Los diseños alemanes eran complejos, caros y poco manejables. El mortero Krupp fue realizado en 1912, pero no fue aceptado entonces por el ejército. Era de ánima lisa con un calibre aproximado a los 50 mm. y estaba montado sobre una plataforma que podía ser trasladada sobre dos ruedas. Debido a las necesidades de la guerra fue finalmente aceptado.
Los diseños aliados de morteros se mantuvieron lo más sencillos posible, mientras que los modelos alemanes empezaron a hacerse cada vez más complicados. Mientras la guerra fue estática no creó muchos problemas, pero en 1918 las cosas empezaron a cambiar y se hicieron perceptibles las deficiencias de armas tan pesadas.
Austria-Hungría El Ejército austro-húngaro adoptó cinco modelos de aire comprimido, con calibres de 80, 105, 120, 170 y 200 mm. Parece ser que el principal motivo de adoptarlos fue la escasez de pólvora sin humo. Esto significaba que los tipos corrientes de mortero usaban en su totalidad pólvora negra, con el consiguiente problema del humo.
EE. UU. El ejército de EE. UU. adoptó el mortero Stokes de 4" como reglamentario debido a su facilidad para disparar proyectiles tanto de gases como rompedores. Principalmente fue entregado al Servicio de Guerra Química. Las unidades de infantería y de artillería de costa también fueron dotadas con diferentes morteros, dependiendo de los que estaban disponibles en cada época.
Entreguerras
Acabada la guerra los teóricos no se ponían de acuerdo acerca de la validez del mortero. Los franceses habían usado durante la guerra el cañón de trinchera de 37 mm., que proporcionó a los combatientes de primera línea una especie de artillería personal. Los alemanes también usaron una cierta cantidad de cañones y obuses ligeros de 75 mm., muchos de los cuales eran piezas de artillería de montaña. Estos, junto con los morteros habían permitido a la infantería tener una inmediata potencia de fuego sobre cualquier enemigo.
Todos los ejércitos lo pensaron y les pareció que el mortero era la mejor solución del problema de apoyo de fuego a la infantería. Un mortero de 3 " de calibre disparaba una granada de 10 libras a una distancia de unos 2000 metros. Sólo había dos modelos rivales: el tipo Stokes y un modelo similar francés de Edgar Brandt. Los británicos optaron por su experimentado Stokes, mejorándolo pero conservando su configuración general de placa-base, bípode y tubo. La compañía Brandt produjo un arma casi idéntica que fue adquirida por el ejército de Estados Unidos. en los calibres 60 y 81 mm..
Al mismo tiempo el ejército británico tenía en servicio el modelo Stokes de 3" y buscaba algo más ligero como suplemento de las granadas de fusil para el pelotón de infantería. En 1934 se experimentó un modelo español, el mortero Ecia de 50 mm.. Otro competidor fue el lanzagranadas del teniente coronel Blacker. También se presentó un mortero de 2,5" de la Birmingham Small Arms Company. En 1937 se llevó a cabo una prueba comparativa y el Ecia demostró ser superior y en febrero de 1938 se decidió hacer un pedido de 500 morteros.