miniaturadeimagen|Prostitutas de Yokohama durante la Era Meiji. Fotografía de Kusakabe Kimbei.

La prostitución es la práctica o negocio de mantener actividades sexuales con otras personas a cambio de dinero u otros beneficios económicos (a veces llamado, no sin polémica, «trabajo sexual»). La definición de «actividad sexual» varía, y es a menudo definida como una actividad que requiere contacto físico (p. ej., coito, sexo sin penetración, sexo oral, etc.) con el o la cliente. El requisito de que haya contacto físico crea también el riesgo de transmisión de infecciones o enfermedades. La prostitución es a veces descrita con los nombres de servicios sexuales, sexo por negocio o sexo por dinero. A veces es llamado de manera eufemística (e incorrecta) «la profesión más antigua del mundo». La prostitución es ejercida mayoritariamente por mujeres (llamadas «prostitutas») y niñas (prostitución infantil), mientras que los clientes son mayoritariamente hombres. También existe, en menor medida, la prostitución masculina, donde los clientes también son generalmente varones.

La prostitución ocurre de muchas formas diferentes, y constituye una rama de la industria del sexo, junto con la pornografía, el estriptis y el baile erótico. Tradicionalmente la prostitución se ha ejercido en sitios destinados a este fin, llamados «burdeles» o «prostíbulos». Estos han sido habitualmente casas regentadas por un proxeneta, en las que hay prostitutas y habitaciones privadas para practicar la prostitución. También se practica en aceras de calles urbanas y laterales de carreteras industriales (prostitución callejera), así como en bares y discotecas, hoteles y a domicilio. Esto último suele ser típico de la prostitución que involucra a las llamadas «chicas de compañía» o «escorts».

Hay alrededor de 42 millones de personas en situación de prostitución en todo el mundo (si bien los datos son escasos en regiones como Asia Central, Medio Oriente y África en general, países estudiados en estas grandes regiones se encuentran entre los principales destinos de turismo sexual). Se estima que la prostitución genera ingresos anuales de más de 100 000 millones de dólares a nivel mundial.

La situación legal de la prostitución varía ampliamente de país a país (y en ocasiones de región a región dentro de un mismo país), desde ser considerada un delito grave o un delito menor, hasta ser considerada una profesión regulada o no regulada. Algunos ven a la prostitución como una forma de explotación o de violencia contra las mujeres y los niños, que ayuda a crear un suministro constante de víctimas para la trata de personas. En algunos países, la prostitución y el funcionamiento de burdeles son legales y están regulados (p. ej., Países Bajos o Alemania). El grado de regulación varía mucho de un país a otro. La mayoría de estos países permiten los burdeles, al menos en teoría, ya que se consideran menos problemáticos que la prostitución callejera. En otros la prostitución no es ilegal pero sí lo es el proxenetismo. Algunos países nórdicos (Suecia, Noruega e Islandia) han adoptado un modelo donde pedir o pagar por prostitución es un delito (es decir, el cliente es quien comete el delito), pero vender sexo no lo es.

La figura de la prostituta está frecuentemente ligada a la del proxeneta, persona que induce a la prostitución obteniendo un beneficio económico de ello. Los proxenetas obtienen una parte de los beneficios de las prostitutas. Esta relación se puede dar de mutuo acuerdo a cambio de un servicio de mediación o protección, o bien se puede dar mediante extorsión, violencia física o secuestro. La prostitución forzada se engloba dentro del comercio ilegal de personas conocido como trata de personas.

Un estudio destacó que el 75% de las mujeres en la prostitución sufrieron abusos durante su infancia, lo que las lleva a recurrir a esta práctica como medio de supervivencia y, frecuentemente, a desarrollar adicciones. La prostitución, lejos de ser considerada un empleo convencional, vulnera principios de dignidad y seguridad en el trabajo, exponiendo a las personas a riesgos graves para su salud y bienestar. La legalización y despenalización han sido criticadas por facilitar la explotación masiva, mientras que estudios revelan graves consecuencias psicológicas y de salud, como el TEPT, para quienes la abandonan. Además, se asocia con un alto riesgo de transmisión de infecciones sexuales, incluido el VIH, y experiencias de agresión física psicológica.

Etimología El término «prostitución» proviene del latín prostitutio, que tiene el mismo significado que en español y que a su vez proviene de otro vocablo latino, prostituere, que significa literalmente exhibir para la venta.

A lo largo de la historia ha existido una gran cantidad de términos tanto para referirse a la prostitución como a las personas que la practican, a los clientes, a los lugares y a las actividades relacionadas. Los distintos países de habla hispana usan distintos términos coloquiales como sinónimo de prostituta, con mayor o menor carga despectiva, existiendo una gran cantidad de vocablos en cada variante dialectal del español, algunos empleados históricamente, y otros aún en uso.

El término coloquial más extendido en los países de habla hispana para referirse a una prostituta es «puta», palabra que conlleva una fuerte connotación despectiva. De hecho, y debido a que suele emplearse como insulto, su uso ha sobrepasado el de la descripción de una profesión, y en muchos países se usa para adjetivar de forma grosera otro elemento, al estilo del término inglés fucking.

En el latín vulgar puttus (muchacha o muchacho), proveniente del latín clásico putus (niña o niño). Existe un verso de fines del que usa dicha palabra con una connotación ofensiva, similar a la actual, donde se refiere a un «amor de calle». Sin embargo, en el portugués europeo, puto mantiene el significado de ‘muchacho’, sin connotación sexual alguna, mientras que en varios países de Hispanoamérica esta forma masculina se aplica despectivamente a los varones homosexuales no necesariamente prostitutos.

El término «loba» como equivalencia de «prostituta» viene de los ritos producidos en febrero en honor al dios Fauno Luperco. Eran llamadas lobas u originalmente lupas las que ejercían la prostitución sagrada con los sacerdotes de este dios, los luperci, en el Ara Máxima.

De aquí deriva también «lupanar», que se emplea para referirse al prostíbulo (burdel o «casa de citas», es decir, el sitio al que llega el cliente a pagar por los servicios de una prostituta).

Existen diferentes acepciones del vocablo «prostitución». Así, por ejemplo, prostituir puede también ser considerado como: «deshonrar o degradar algo o a alguien abusando con bajeza de ellos para obtener un beneficio», según el Diccionario de la lengua española de la Real Academia Española. Otra acepción del término prostitución puede referirse al hecho de que una persona se preste a actos moralmente censurables o vituperables (no necesariamente relacionados con el aspecto sexual) por el simple hecho de obtener algún beneficio o prebendas.

Historia

Edad Antigua

Antiguo Oriente Próximo

miniaturadeimagen|Papiro erótico y satírico de Turín, donde se pueden apreciar escenas sexuales con supuestas prostitutas, Deir el-Medina, Imperio Nuevo, Dinastía XX, Egipto (1186 - 1070 a.C.). Artículo C.2031 del Museo de Turín. Una de las formas más antiguas de prostitución de la que existen registros históricos es la prostitución sagrada, practicada inicialmente en Sumeria. Ya desde el en la antigua Mesopotamia se reconocía la necesidad de proteger los derechos de propiedad de las prostitutas. En el Código de Hammurabi se hallan apartados que regulan los derechos particulares de las hieródulas.

Por su parte, los antiguos historiadores Heródoto y Tucídides documentan la existencia en Babilonia de la obligación para todas las mujeres de, al menos una vez en su vida, acudir al Templo de Ishtar para practicar sexo con un extranjero como muestra de hospitalidad, a cambio de un pago simbólico. También en la Edad Antigua, la prostitución estaba bien presente en Cerdeña y Sicilia, así como en varias culturas fenicias, en las que se practicaba como rito religioso en honor de Astarté.

Sin embargo el alcance y la naturaleza de este fenómeno está en disputa entre los historiadores.

Antigua Grecia

La prostitución fue, desde la Época Arcaica, una actividad común en la vida cotidiana de las ciudades griegas más importantes. Particularmente en las zonas portuarias daba trabajo, de forma legal, a un número significativo de personas, constituyendo una actividad económica de primer nivel. Ejercida tanto por hombres jóvenes como por mujeres de todas las edades, la clientela era mayoritariamente masculina.

Las prostitutas griegas pertenecían a distintas categorías, dependiendo de diversos factores relacionados con su trabajo: las pornai, las prostitutas independientes y las heteras; además, existía una categoría específica de los templos sagrados, la de las prostitutas sagradas, que se abastecía habitualmente de heteras.

Las pórnai eran, normalmente, esclavas propiedad de un proxeneta. Este podía ser un ciudadano (también un o una meteco), para el que ese negocio constituía una fuente de ingresos como cualquier otra y por el que tenía que pagar un impuesto proporcional a los beneficios que le generaba. En la época clásica, las pórnai son esclavas de origen bárbaro; a partir del período helenístico, se incorporan al gremio muchas jóvenes esclavas, que solo dejarían de serlo cuando fuesen adoptadas por su amo. Su trabajo se desarrollaba en los prostíbulos, generalmente en los barrios conocidos por esta actividad, tales como El Pireo (puerto de Atenas) o el Cerámico de Atenas. Eran frecuentadas por los marinos y los ciudadanos pobres.

Las prostitutas independientes trabajaban directamente en la calle. Estas prostitutas eran de orígenes diversos: mujeres metecas que no encontraban otro empleo en la ciudad de llegada, viudas pobres o antiguas pornai que habían logrado independizarse. En Atenas debían estar registradas y pagar un impuesto. Se puede, también, incluir en esta categoría a las músicos y bailarinas que oficiaban en los banquetes masculinos. Aristóteles, en la Constitución de los atenienses (L, 2), menciona entre las atribuciones específicas de diez magistrados (cinco intra muros y cinco para el Pireo), el ἀστυνόμοι, astynómoi, o cargo de velar porque «las instrumentistas de flauta, de lira y de cítara no sean alquiladas por más de dos dracmas por noche»; queda así claro que los servicios sexuales eran claramente parte del alquiler cuyo precio, a pesar del control practicado por los astynomes, tiende a ser más elevado cuanto más corre el tiempo.

Las heteras constituían la categoría más alta entre las prostitutas. A diferencia de las otras, no ofrecían solamente servicios sexuales y sus prestaciones no eran puntuales. Comparables en cierta medida a las geishas japonesas, poseían una educación esmerada y eran capaces de tomar parte en las conversaciones entre gentes cultivadas. Únicas entre todas las mujeres de Grecia, espartiatas aparte, eran independientes y podían administrar sus bienes.

La ofrenda a las divinidades en forma de mujeres-prostitutas no alcanzó en Grecia una amplitud comparable a la que existió en el Próximo Oriente antiguo; no obstante, se conocen varios casos. Por un lado, dentro del propio mundo griego, hubo prostitución sagrada en Sicilia, en Chipre, en el reino del Ponto o en Capadocia; por otro, la hubo también en Corinto, cuyo templo de Afrodita alojaba una importante tropa servil, al menos después de la época clásica. Así, en 464 a.C., un tal Jenofonte, ciudadano de Corinto y vencedor de la carrera a pie y del pentatlón en los Juegos Olímpicos, dedicó a Afrodita, en signo de agradecimiento, cien jóvenes mujeres al templo de la diosa.

Antigua Roma