miniatura|derecha|250px|Alegoría de la escritura de la historia de Jacob de Wit (1754). Una verdad casi desnuda mantiene un ojo en el escritor de la historia. Atenea (sabiduría) a la izquierda da consejos.
El término historiografía proviene de «historiógrafo», y este del griego ἱστοριογράφος (historiográphos), que es una conjunción de ἱστορία —historía (o «historia»)— y γράφος (gráphos), de la raíz de γράφειν/gráphein (‘escribir’); que significa “el que escribe (o describe) la historia”.<p><p><p>Tournikiotis, Panayotis. Prefacio a La historiografía de la arquitectura moderna, Reverte, 2001, ISBN 8482113437, p. 17.
La historiografía es el arte de escribirla,La expresión "arte de la historia" es muy abundante en la bibliografía (), aunque el uso de una expresión tan equívoca es muy variado, y no siempre se hace en el sentido de designar la denominación o calificación de la disciplina historiográfica o el saber histórico en sí. pero también es la ciencia que se encarga de estudiar la historia.La denominación ciencia histórica es muy abundante en la bibliografía ( ) El énfasis en su condición de «arte» (τέχνη tékhnē) o «ciencia» (ἐπιστήμη epistḗmē) es uno de los objetos de debate metodológico más importante entre los historiadores, con abundante participación de intelectuales que han reflexionado sobre ello, dada su posición central en la cultura.Louis Althusser enunció la peculiar condición científica de la historia de forma explícita: la ciencia de la historia es una ciencia, pero no como las otras (La Soledad de Maquiavelo, p. 151). Para una parte de ellos, ni siquiera puede hablarse de «historia» en singular, puesto que la condición de relato de sus productos los convierte en «historias» en plural.John Burrow, Historia de las historias (desde Heródoto al ), glosado por Carlos García Gual «El estilo de los historiadores.» El País, 17/07/2010: Para la mayor parte de los historiadores contemporáneos, en cambio, es irrenunciableJacques Le Goff cita a Raymond Aron que a su vez desarrolla la teoría de Max Weber en Pensar la historia: Modernidad, presente, progreso, pg. 91. Jerzy Topolski Definiciones generales de la materia de la historia (como ciencia), en Metodología de la historia, p. 53, cita a E. Bernheim, R. G. Collingwood, R. Aron, M. Bloch, J. Huizinga, L. Febvre, E. Callot y otros. la condición científica de la historia, o al menos la aspiración a tal condición («ciencia en construcción»Pierre Vilar, repetido por Manuel Tuñón de Lara y citado por José Luis de la Granja Sáinz, Alberto Reig Tapia y Julio Aróstegui en Tuñón de Lara y la historiografía española, p. 177.), e incluso está muy extendida la visión que no percibe ambos rasgos (ciencia y arte) como estrictamente incompatibles sino como complementarios.Isabel Gallardo, en José Deleito y Piñuela y la renovación de la historia en España, pp. 117 y ss. cita a J. Kaerst, Berr, Curtius, Mommsen, Benedetto Croce, Villari, Gabriel Monod, L. Bordeau, Camille Jullian, G. Desdevises du Dézert, Albert Sorel, Lacombe, etc. Véase también Historia#Historia como ciencia
Las diferentes disciplinas que sirven para el estudio historiográfico se agrupan con el nombre de «ciencias y técnicas historiográficas» (paleografía —que incluiría la epigrafía y papirología—, documentación o ciencias documentales, sigilografía, diplomática, codicología, numismática, etc.).
Al especialista en historiografía se le denomina historiógrafo.
Historiografía como meta-historia
La historia se considera una ciencia cuyo objeto de estudio es el pasado de la humanidad, aunque esta definición no cuenta con consenso absoluto entre los historiadores. En tanto disciplina científica, la historia se somete al método científico, que, si bien no puede aplicarse en todos los aspectos de las ciencias experimentales, resulta operativo en un nivel comparable al de las ciencias sociales.
Un tercer concepto relevante para la definición de la historia como forma de conocimiento es la teoría de la historia, también denominada historiología, término propuesto por José Ortega y Gasset.José Ortega y Gasset (1928). La «Filosofía de la historia» de Hegel y la historiología. En Obras completas (vol. IV). Madrid: Taurus, 2005. ISBN 84-306-0592-4. La historiología tiene por objeto el estudio de «la estructura, leyes y condiciones de la realidad histórica», mientras que la historiografía designa tanto el conjunto de los relatos históricos como la disciplina que analiza los métodos, fuentes, productos y autores dedicados a la escritura de la historia.
Aunque resulta difícil eliminar la polisemia y la superposición de estos tres términos, puede proponerse una distinción sintética: Historia: los hechos del pasado. Historiografía: la ciencia que estudia y escribe la historia. Historiología: la epistemología de la historia.
La filosofía de la historia es la rama de la filosofía que concierne al significado de la historia humana, si es que lo tiene. Especula un posible fin teleológico de su desarrollo, es decir, se pregunta si hay un diseño, propósito, principio director o finalidad en el proceso de la historia humana. No debe confundirse con los tres conceptos anteriores, de los que se separa claramente. Si su objeto es la verdad o el deber ser, si la historia es cíclica o lineal, o existe la idea de progreso en ella, son materias ajenas a la historia y la historiografía propiamente dichas, que trata esta disciplina. Un enfoque intelectual que tampoco contribuye mucho a entender la ciencia histórica como tal es la subordinación del punto de vista filosófico a la historicidad, considerando toda la realidad como el producto de un devenir histórico: ese sería el lugar del historicismo, corriente filosófica que puede extenderse a otras ciencias, como la geografía.
Una vez despejada la cuestión meramente nominal, queda para la historiografía por tanto el análisis de la historia escrita, las descripciones del pasado; específicamente de los enfoques en la narración, interpretaciones, visiones de mundo, uso de las evidencias o documentación y métodos de presentación por los historiadores; y también el estudio de estos mismos, a la vez sujetos y objetos de la ciencia.
La historiografía, más llanamente, es la manera en que la historia se ha escrito. En un amplio sentido, la historiografía se refiere a la metodología y a las prácticas de la escritura de la historia. En un sentido más específico, se refiere a escribir sobre la historia en sí.
Fuentes historiográficas y su tratamiento
Para investigar e interpretar las sociedades, los historiadores recurren a fuentes históricas, es decir, a testimonios escritos o materiales, que permiten reconstruir los acontecimientos históricos.
Es importante distinguir la materia prima del trabajo de los historiadores (fuente primaria) de los productos semielaborados o terminados (fuente secundaria e incluso fuente terciaria). Una fuente primaria procede directamente de la época que se está investigando, o lo que es lo mismo, tienen que haber sido producidos paralela y contemporáneamente a los hechos. Son los testimonios de primera mano, es decir, las leyes, los tratados, las memorias, etc. Una fuente secundaria se ha elaborado con posterioridad al periodo estudiado. Fuentes secundarias son libros, artículos, mapas, etc., que reelaboran información obtenida con fuentes primarias.
Igualmente es importante denotar la diferencia entre fuente y documento y el estudio de las fuentes documentales: su clasificación, prelación y tipología (escritas, orales, arqueológicas); su tratamiento (reunión, crítica, contraste), y el mantener el respeto debido a las fuentes, fundamentalmente con su cita fiel. La originalidad del trabajo de los historiadores es un asunto delicado.
Historiografía como producción historiográfica
miniatura|derecha|Archivo de Indias, delante de la catedral de Sevilla miniatura|Enterramiento de la cultura nazca
El término Historiografía es equivalente a cada parte de la producción historiográfica, o sea, al conjunto de escritos de los historiadores acerca de un tema o período histórico concreto. Por ejemplo, la frase «es muy escasa la historiografía sobre la vida cotidiana en el Japón en la era Meiji» quiere decir que hay pocos libros escritos sobre tal cuestión porque hasta el momento no ha recibido atención por parte de los historiadores, no porque su objeto de estudio sea poco relevante o porque haya pocas fuentes documentales que proporcionen documentación histórica para hacerlo.De hecho, hay bibliografía sobre el tema: Harold BOLITO: Japón Meiji. Madrid: Akal, 1991. ISBN 84-7600-718-3. Un breve acercamiento accesible en: Mauro BONIFAZI: Japón: revolución, occidentalización y milagro económico.
También se utiliza el vocablo historiografía para hablar del conjunto de historiadores de una nación, por ejemplo, en frases semejantes a esta: «La historiografía española abrió sus brazos y sus archivos desde los años 1930 a los hispanistas franceses y anglosajones, que renovaron su metodología».
Es necesario diferenciar los dos términos usados más arriba: «producción historiográfica» y «documentación histórica», aunque en muchos casos coincida que los historiadores utilizan como documentación histórica precisamente la producción historiográfica anterior.
Por ejemplo: además de un conjunto de documentos archivísticos de la Casa de Contratación de Sevilla que se produjeron quizá solo para llevar una contabilidad;El Archivo de Indias es accesible en: o de algún material arqueológico que se halle en una excavación en Perú, y que se depositó sin intención de que nadie lo encontrara; un historiador americanista tendrá que utilizar la Brevísima relación de la destrucción de las Indias, que fue escrita por Bartolomé de las Casas con un afán histórico indudable, además de con un propósito de la defensa de un interés o su propio punto de vista.La obra de Las Casas es accesible en CiudadSeva.com Con eso último vemos otra insalvable característica de la historia que la peculiariza como ciencia: ningún historiador, por muy objetivo que pretenda ser, es ajeno a sus propios intereses, ideología o mentalidad ni puede sustraerse a su punto de vista particular. Como mucho puede intentar la intersubjetividad, es decir, tener en cuenta la existencia múltiples puntos de vista. Para el caso que nos sirve de ejemplo, contrastar las fuentes de Bartolomé de las Casas con las demás voces que se oyeron en la Junta de Valladolid, entre las que destacó la de su rival Juan Ginés de Sepúlveda, o incluso con la llamada «visión de los vencidos»,Miguel LEÓN-PORTILLA, 1973. que raramente se conserva, pero a veces sí, como ocurre con la Nueva Crónica y Buen Gobierno del inca Guaman Poma de AyalaPuede consultarse en internet el libro de Guamán Poma con sus verdaderamente únicas ilustraciones en la página de la Biblioteca Nacional danesa:
La reflexión sobre la posibilidad o imposibilidad de un enfoque objetivo lleva a la necesidad de superar la oposición entre objetividad (la de una inexistente ciencia "pura" que no se contamine con el científico) y subjetividad (implicada en los intereses, ideología y limitaciones de éste) con el concepto de intersubjetividad, que obliga a considerar la tarea del historiador, como la de cualquier científico, como un producto social, inseparable del resto de la cultura humana, en diálogo con los demás historiadores y con la sociedad entera.
Historiografía y perspectiva: el objeto de la historia
La historia no tiene más remedio que seguir la tendencia a la especialización que tiene cualquier disciplina científica. El conocimiento de toda la realidad es epistemológicamente imposible, aunque el esfuerzo de un conocimiento transversal, humanístico, de todas las partes de la historia, es exigible a quien verdaderamente quiera tener una visión correcta del pasado.