Juan Calfucurá o Callvucurá (del mapudungun Kallfükura, «piedra azul»: de kallfü, «azul», y kura, «piedra»; Araucanía, actual Chile, h. -Salinas Grandes, La Pampa, Argentina, 3 de junio de 1873) fue un cacique o lonco mapuche nacido al oeste de la cordillera de los Andes, cuya actividad militar y política se desarrolló principalmente en la actual Argentina, entre los pueblos indígenas de la región pampeana y de la Patagonia oriental.
Hacia 1830 cruzó los Andes y se instaló en las Salinas Grandes, un punto estratégico por sus yacimientos de sal y por confluir allí varias «rastrilladas» o rutas comerciales indígenas. Tras la matanza de los caciques borogas en Masallé (1834), encabezó durante casi cuatro décadas el cacicato de Salinas Grandes, núcleo de la llamada Confederación de las Salinas Grandes, que sostuvo mediante una red de alianzas, la redistribución de bienes y una intensa actividad diplomática con los gobiernos criollos. Aliado del gobernador Juan Manuel de Rosas, quien le concedió el grado de coronel, tras la caída de Rosas en 1852 alternó tratados de paz con grandes malones sobre la frontera bonaerense, lo que le valió los apodos de «Emperador de las Pampas» y «Napoleón del desierto».
Murió en 1873 y fue sucedido por su hijo Manuel Namuncurá. Durante la Conquista del Desierto su tumba fue profanada y su cráneo trasladado al Museo de La Plata, donde aún se conserva; desde 2001 diversas comunidades indígenas reclaman su restitución.
Biografía Origen familiar y primeros años
Según la tradición, Calfucurá nació al oeste de los Andes en Llaima, en el Ngulu Mapu; sin embargo, otra versión sitúa su nacimiento entre Pitrufquén y el lago Colico, también en el actual territorio chileno. Posiblemente entre 1760 y 1780. E incluso en una fecha tan tardía como 1790. Sería por tanto un moluche (nguluche, «occidental») desde el punto de vista de los mapuches asentados al este de los Andes, posiblemente huilliche o pehuenche con algo de sangre huilliche, ya que al llegar a las pampas iba acompañado precisamente de jinetes de esos grupos étnicos.Sulé, 2007: 181 Según autores como Rodolfo Casamiquela, Calfucurá era de estirpe pehuenche.
Era hijo del cacique Huentecurá (piedra de arriba), nacido hacia 1730, uno de los jefes que había ayudado a José de San Martín en su cruce de los Andes. Tenía por hermanos a Antonio Namuncurá (pie de piedra), padre del cacique Manuel Lefiñancú, y al poderoso toqui Reuquecurá o Renquecurá (piedra que hace dos, lava de volcán), que vivió entre 1800 y 1887, líder de numerosas tribus pehuenches, y que podía poner en pie de guerra más de 2500 hombres.Bechis, 2008: 48
Cacique general de la Pampa
Hacia 1830 Calfucurá cruzó los Andes y se radicó en la gran llanura pampeana, llamado por los borogas que, habiendo incumplido los acuerdos que tenían con la Provincia de Buenos Aires, recibían constantes reclamos y amenazas por parte del gobernador Juan Manuel de Rosas. miniaturadeimagen|Confederación de las Pampas en 1855. El cacicato de Salinas Grandes, gobernado por Calfucurá, encabezaba esta confederación indígena. Estos caciques, especialmente Rondeao y Melín, y tal vez otros como Cañiuquir, Cañuillán y otros, pidieron la protección de Calfucurá. Pero cuando este cruzó los Andes, aquellos habían parlamentado y acordado la paz con Rosas e impidieron que Calfucurá pasara a malonear sobre la provincia, lo que, según la tradición, Calfucurá consideró una traición. La ruptura se agravó cuando trascendió que habían ejecutado en Tandil al cacique Toriano, muy estimado por Calfucurá, quien dirigió la venganza contra Rondeao y Melín y, el 9 de septiembre de 1834, efectuó la matanza de Masallé sobre los borogas, matando a ambos caciques en sus propios toldos en el paraje homónimo.
Otra versión sostiene que fue el propio Rosas quien mandó llamar a Calfucurá, mediante el cacique Coñuepán, para eliminar a los borogas que estaban incumpliendo los tratados. Tras dar muerte a los caciques borogas, Calfucurá notificó a los demás caciques de la región que, por voluntad del dios Guenechén, se había erigido en jefe supremo del gobierno de las Salinas Grandes (o cacique general de la Pampa). El ataque, ejecutado por sorpresa, le permitió descabezar a los borogas y hacerse con el mando de la región.
Entre los pueblos que habitaban la Pampa y la Patagonia no existía una unidad política estable, sino un estado de paz armada entre las tribus que se quebraba al menor indicio de desconfianza, lo que provocaba frecuentes guerras intertribales. La venganza de Calfucurá contra los borogas permitió a Rosas ahondar la brecha entre los indígenas de distintas tribus, presentando a Calfucurá como el gran enemigo de los borogas y del gobierno, y alentando a aquel pueblo a unirse contra él. Los borogas reaccionaron auxiliados por tropas de la Fortaleza Protectora Argentina y por sus auxiliares indígenas encabezados por Venancio Coñoepán, que obligaron a Calfucurá a huir por el camino de Chalileo.
La imagen tradicional de una «Confederación Indígena» poderosa y estable, difundida por Estanislao Zeballos a fines del , ha sido matizada por la historiografía posterior. Las historiadoras Ingrid de Jong y Silvia Ratto sostienen que ese liderazgo estuvo condicionado por el carácter de la organización política indígena y fue menos unificado y permanente de lo que suele afirmarse.
Calfucurá formó a partir de 1835 una confederación con base en Chillué o Chilihué («Nueva Chile», según Estanislao Zeballos, traducción puesta en duda por Magrassi) en las Salinas Grandes. En 1837 derrotó y mató con mil lanzas al cacique mapuche boroga Railef, procedente de la Araucanía, junto a 500 de sus guerreros, en el lugar llamado Quentuco, sobre el río Colorado, después de que este hubiera realizado un malón con 2000 indígenas sobre Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe y regresaba a la Araucanía con 100 000 cabezas de ganado.
Calfucurá dominó un extenso territorio que abarcaba la mayor parte de la provincia de Buenos Aires, San Luis y el sur de Mendoza, así como las actuales provincias de Neuquén, Río Negro y La Pampa, y recibió el apodo de «Emperador de las Pampas». Por su control de las Salinas Grandes del Sur tenía en su poder un punto estratégico de las «rastrilladas» —las rutas comerciales mapuches en las pampas— y el dominio de la sal, sustancia fundamental en esa época para la conservación de la carne.
La buena relación de Rosas con Calfucurá recién se dio después de 1841, cuando el cacique se convenció de la imposibilidad de imponerse sobre el gobierno bonaerense. Hasta ese momento, Calfucurá había sido uno de los más firmes enemigos de Rosas, como lo fueron los caciques ranqueles Yanquetruz y Painé y otros de origen pehuenche y huilliche.
Rosas le otorgó entonces a Calfucurá el grado de coronel del ejército de la Provincia de Buenos Aires y entró en alianza con él, como ya la tenía con muchos borogas, tehuelches septentrionales y meridionales y huilliches, firmando un pacto por el que debía recibir anualmente 1500 yeguas, 500 vacas, bebidas, ropas, yerba, azúcar y tabaco. Estas mercancías eran redistribuidas por el cacique entre sus aliados, en particular entre sus pares llegados del oeste de la cordillera, que le cubrían las espaldas ante un posible ataque de rivales.
Luego de pactar la paz con Buenos Aires, durante la década de 1840 Calfucurá consolidó su dominio sobre la región pampeana, se alió con los ranqueles de Painé y con los manzaneros de Valentín Sayhueque, quien hizo la paz con Casimiro Biguá, cacique principal de los tehuelches, lo que también dio a Calfucurá el dominio sobre el norte de la Patagonia.Bengoa, 2000: 99 Además, estableció una alianza con los wenteches (arribanos) de la Araucanía del cacique QuilapánBengoa, 2000: 85 y, por medio de estos, con los pehuenches de Purrán, que controlaban los pasos cordilleranos.Bengoa, 2000: 94 Estas alianzas le permitieron enfrentar durante muchos años y con bastante éxito a los ejércitos chileno y argentino y a sus rivales indígenas: los nagches o abajinos de Colipí y Coñoepán en la Araucanía, y Catriel —aliado suyo durante mucho tiempo, como en la Batalla de Sierra Chica— e Ignacio Coliqueo en la pampa.Bengoa, 2000: 88
Caída de Juan Manuel de Rosas
Calfucurá envió guerreros para que combatieran en las filas de Rosas en la Batalla de Caseros, el 3 de febrero de 1852, que culminó con la caída de Rosas y el ascenso del gobernador de Entre Ríos, Justo José de Urquiza. Al día siguiente atacó Bahía Blanca con 5000 guerreros y robó 65 000 cabezas de ganado. A partir de la caída de Rosas hizo la guerra al gobierno establecido en la Argentina, aunque con largos períodos de paz entre sus ataques.
Tras el derrocamiento de Rosas, la paz alcanzada hasta entonces con la mayoría de las tribus, y en especial con Calfucurá, se quebró, y el cacique, que había mantenido la paz con los «huincas», retomó la guerra de malones.
Para congraciarse con Urquiza, Calfucurá envió en 1854 a Paraná —capital de la Confederación Argentina— a su hijo Manuel Namuncurá, quien se convirtió al catolicismo. En busca de una alianza con Urquiza, arrasó con 5000 guerreros la ciudad de Azul el 13 de febrero de 1855, causando la muerte de 300 personas, llevándose 150 cautivas y 60 000 cabezas de ganado. Fue perseguido por Bartolomé Mitre, sobre quien Calfucurá obtuvo la victoria en la Batalla de Sierra Chica (cerca de Olavarría), lo que le valió el mote de «Napoleón del desierto». En septiembre de 1855 derrotó y mató al comandante Nicanor Otamendi junto a 125 de sus soldados en la estancia de San Antonio de Iraola y después saqueó el pueblo de Puntas de Arroyo Tapalqué. Mitre organizó entonces el Ejército de Operaciones del Sur, con 3000 soldados y 12 piezas de artillería al mando del general Manuel Hornos.
El 29 de octubre de 1855 Calfucurá derrotó a Hornos en San Jacinto, entre las sierras de San Jacinto y el arroyo Tapalqué, muriendo del lado gubernamental 18 oficiales y 250 soldados. Luego de esta victoria las fuerzas de Calfucurá atacaron los pueblos de Cabo Corrientes, Azul, Tandil, Cruz de Guerra, Junín, Melincué, Olavarría, Alvear, Bragado y Bahía Blanca. Estos malones provocaron gran temor en toda la frontera y la necesidad de encarar una solución para el «problema del indio».
El ejército de Calfucurá en 1856 era estimado en 6000 guerreros: 1500 ranqueles, 2000 «pampas», 1000 «chilenos» (seguidores de él mismo y de los caciques Cañumil, Quentriel y demás), 800 araucanos traídos desde el otro lado de los Andes y 700 pehuenches, muestra del control del lonco sobre un territorio amplio y variado. Calfucurá jamás recibió el apoyo material de su principal aliado, Valentín Sayhueque, quien se negó a participar de los malones realizados por los otros caciques. En buena medida esto se debió a los esfuerzos de la diplomacia porteña por evitar que las numerosas huestes de manzaneros apoyaran a los pampas en su esfuerzo bélico.
Un nuevo gran malón se realizó en junio de 1870, cuando Calfucurá atacó con entre 3500 y 6000 lanceros Tres Arroyos y la arrasó. Luego, en octubre, hizo lo mismo en Bahía Blanca, matando a medio centenar de criollos, secuestrando numerosas cautivas y capturando cabezas de ganado. Solicitó el apoyo de los tehuelches para atacar también Carmen de Patagones, pero estos, entendiendo que el objetivo era hacerles perder el último centro de comercio que les quedaba con los «cristianos», no solo no lo apoyaron, sino que le hicieron saber que la defenderían, por lo que la ciudad se libró del ataque.