Tirso de Molina (seudónimo de fray Gabriel Téllez; Madrid, 24 de marzo de 1579-Almazán, hacia el 20 de febrero de 1648) fue un religioso mercedario español que destacó como dramaturgo, poeta y narrador del Barroco.
Tirso de Molina destaca sobre todo como autor dramático. Su dramaturgia abarca principalmente la comedia de enredo, como Don Gil de las calzas verdes, y obras hagiográficas como la trilogía de La Santa Juana o La dama del olivar. Se le ha atribuido tradicionalmente la creación del mito de Don Juan en El burlador de Sevilla, cuya primera versión podría ser de 1617, con la obra Tan largo me lo fiais, editada en el a nombre de Calderón y que parte de la crítica atribuye a Andrés de Claramonte (no así otro sector de críticos, que la tienen como una versión emparentada con un arquetipo común escrito por Tirso entre 1612 y 1625);Robert Lauer, «Tirso de Molina» . Véase también Blanca Oteiza, «¿Conocemos los textos verdaderos de Tirso de Molina?» , en Ignacio Arellano y Blanca Oteiza, Varia lección de Tirso de Molina (Actas del VIII Seminario del Centro para la Edición de Clásicos Españoles), Madrid, Pamplona, Instituto de Estudios Tirsianos, 2000, pp. 99–128 (Publicaciones del Instituto de Estudios Tirsianos, 6). Alicante, Edición digital de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes, 2006. en la citada obra, Don Juan, un noble sevillano, altera el orden social deshonrando a cuantas mujeres se le ponen delante y finalmente es castigado por la estatua funeraria de una de sus víctimas, el padre de una de las damas burladas, que lo mata y lo arrastra a los infiernos. También se encuentra en discusión la autoría de El condenado por desconfiado, comedia de bandoleros a lo divino. Tirso fue el primer autor que dio profundidad psicológica a los personajes femeninos, que llegaron a ser protagonistas de sus obras literarias.
Biografía miniatura|225px|El Cigarral del Santo Ángel Custodio en Toledo, donde Tirso de Molina se reuniera con otros literatos bajo los auspicios del Cardenal Sandoval y Rojas.
Gabriel José López y Téllez fue bautizado el 29 de marzo de 1579 en la parroquia de San Sebastián de Madrid.Vázquez Fernández, Luis, «Gabriel Téllez nació en 1579. Nuevos hallazgos documentales», en Homenaje a Tirso, L. Vázquez, ed., Madrid: Revista Estudios, 1981, pp. 19–36. Hijo de Andrés López y Juana Téllez, humildes sirvientes de Pedro Mesía de Tovar, señor y luego conde de Molina de Herrera, es probable que naciese algunos días antes, el 24 de marzo, festividad de san Gabriel arcángel.Gabriel Téllez en la Real Academia de la Historia
Tirso de Molina fue un discípulo fervoroso de Lope de Vega, a quien conoció como estudiante en Alcalá de Henares; toda su vida defenderá la concepción lopista del teatro. El 4 de noviembre de 1600 ingresó en la Orden de la Merced y tras pasar favorablemente el noviciado tomó los hábitos el 21 de enero de 1601 en el monasterio de San Antolín de Guadalajara. Fue ordenado sacerdote en 1606 en Toledo, donde estudió Artes y Teología y empezó a escribir; Tirso llegó con veintisiete años al convento de Santa Catalina de la Merced (actual edificio de la Diputación de Toledo); y aquí pasó la mayor parte de su vida, entre los hábitos religiosos y su dedicación al teatro. En su obra Los cigarrales de Toledo muestra su predilección por su “patria adoptiva” (“aunque humilde pastor del Río Manzanares, halló en la llaneza generosa de Toledo mejor acogida que en su patria”). En esta ciudad escribió varias de sus obras (La villana de la Sagra, El vergonzoso en palacio y posiblemente también El burlador de Sevilla y convidado de piedra), y tuvo sus primeros contratos teatrales. El 23 de octubre de 1615 se estrenó en el Mesón de la Fruta Don Gil de las calzas verdes, que provocó la envidia de Lope, porque si bien no gustó en Madrid, la obra fue muy aplaudida en Toledo, ciudad “que sabe distinguir mejor las buenas obras de teatro”. Tirso homenajeó a la ciudad en Los Cigarrales de Toledo, donde se muestra la vida lúdica y placentera en estas típicas fincas toledanas, una de las cuales pertenecía al propio convento de la Merced. Desterrada de la Corte por su censura eclesiástica, más tarde la publicaría de nuevo con el apoyo del rey Felipe IV de España, junto con Deleitar aprovechando, donde se defendía de las acusaciones anteriores. ésta fue la ciudad donde vivió más tiempo y desde ella hizo viajes a Galicia (en 1610 o 1611), a Salamanca (en 1619) y a Lisboa.
En 1612 vendió un lote de tres comedias, y se cree que ya había escrito antes una primera versión de El vergonzoso en Palacio; de 1611 es La villana de La Sagra; de hacia 1613, El castigo del penseque y la trilogía de La santa Juana, y de 1615 data Don Gil de las calzas verdes; todavía este año estrenó en el Corpus toledano el auto Los hermanos parecidos. Ya por entonces, si bien cultivaba también temas religiosos, sus sátiras y comedias le habían granjeado problemas con las autoridades religiosas, lo que lo llevó a retirarse entre 1614 y 1615 al monasterio de Estercuel, en Aragón. Quizá por ello apenas figura en el Viaje del Parnaso de Cervantes.
Entre 1616 y 1618 estuvo en Santo Domingo, en cuya universidad fue profesor de teología durante tres años y donde además intervino en asuntos de su Orden. Esto le permitió conocer numerosas historias de la Conquista que usaría más tarde en sus obras. De vuelta ya en 1618, se instaló en Madrid, donde entre 1624 y 1633 aparecieron las cinco Partes de sus comedias; estas «profanas comedias» causaron un gran escándalo, de forma que el 6 de marzo de 1625 se reunió una de las Juntas con que el Conde-Duque de Olivares pretendía reformar las costumbres con el siguiente orden del día:
El escándalo que causa un frayle merçenario que se llama el Maestro Téllez, por otro nombre Tirso, con Comedias que haçe profanas y de malos incentivos y exemplos. Y por ser caso notorio se acordó que se consulte a S. M. de que el Confessor diga al Nuncio le eche de aquí a uno de los monasterios más remotos de su Religión y le imponga excomunión mayor latæ sententiæ para que no haga comedias ni otro género de versos profanos. Y esto se haga luego.
Así que se tomó la resolución de desterrarlo a Sevilla, donde residió en el Convento de la Merced, edificio que actualmente ocupa el Museo de Bellas Artes de la ciudad. En la dedicatoria de la Tercera parte alude a esta persecución, que no logró desalentar su vocación poética:
Gusano es su autor de seda: de su misma sustancia ha labrado las numerosas telas con que cuatrocientas y más comedias vistieron por veinte años a sus profesores, sin desnudar, corneja, ajenos asuntos, ni disfrazar pensamientos adoptivos. Tempestades y persecuciones invidiosas procuraron malograr los honestos recreos de sus ocios...
En 1622 participó en el certamen poético con motivo de la canonización de San Isidro, pero en 1625 la Junta de Reformación creada a instancias del conde-duque de Olivares le castigó con reclusión en el monasterio de Cuenca por escribir comedias profanas «y de malos incentivos y ejemplos», y pidió su destierro y excomunión mayor si reincidiese.
A pesar de todo, Tirso de Molina siguió escribiendo y no se tomaron medidas mayores contra él al desinflarse las disposiciones moralizadoras del Conde-Duque; es más, en 1626 pasó a residir en Madrid y fue nombrado comendador de Trujillo, por lo que vivió en la ciudad extremeña hasta 1629, año en que volvió a Toledo y posiblemente a Madrid.
Entre 1632 y 1639 estuvo en Cataluña, donde fue nombrado definidor general y cronista de su Orden y compuso la Historia general de la Orden de la Merced. En 1639 el pontífice Urbano VIII le concedió el grado de maestro; sin embargo, los enfrentamientos con miembros de su propia Orden lo llevaron otra vez al destierro en Cuenca en 1640.
Sus últimos años los pasó en Soria, en el Convento de Nuestra Señora de la Merced, en el que fue nombrado comendador en 1645. Murió en Almazán en 1648.
Aunque una de las obras que se le atribuyen ha tenido una enorme influencia en la cultura mundial como origen del mito de Don Juan, El burlador de Sevilla y convidado de piedra, en su tiempo la versión más conocida de la obra fue la versión primigenia, Tan largo me lo fiais, que según algunos críticos fue compuesta por el dramaturgo y actor Andrés de Claramonte, quien también podría ser el autor de La estrella de Sevilla.
Obras
Se han conservado unas sesenta piezas dramáticas de Tirso de Molina. Sin embargo, según su propio testimonio en el prólogo a la Tercera Parte, sin duda algo exagerado, habría escrito en 1634 unas cuatrocientas, con lo que habría sido uno de los dramaturgos más prolíficos del Siglo de Oro. La atribución de algunas de sus obras presenta, sin embargo, todos los ingredientes del más intrincado de los rompecabezas bibliográficos. Tal y como expone en El vergonzoso en Palacio, su idea de la comedia es la de un espectáculo integral para los sentidos y el intelecto, mostrándolo aquí:
¿Qué fiesta o juego se halla / que no le ofrezcan los versos? / En la comedia, los ojos / ¿no se deleitan y ven / mil cosas que hacen que estén / olvidados sus enojos? / La música ¿no recrea / el oído, y el discreto / no gusta allí del conceto / y la traza que desea? / Para el alegre, ¿no hay risa? / Para el triste, ¿no hay tristeza? / Para el agudo, ¿agudeza? / el necio, ¿no se avisa? / El ignorante, ¿no sabe? / ¿No hay guerra para el valiente, / consejos para el prudente, / y autoridad para el grave? / Moros hay si quieres moros; / si apetecen tus deseos / torneos, te hacen torneos; / si toros, correrán toros. / ¿Quieres ver los epítetos / que de la comedia he hallado? / De la vida es un traslado, / sustento de los discretos, / dama del entendimiento, / de los sentidos banquete, / de los gustos ramillete, / esfera del pensamiento, / olvido de los agravios, / manjar de diversos precios, / que mata de hambre a los necios / y satisface a los sabios. (El vergonzoso en palacio, II, 14)
Esta concepción del teatro es, pues, muy lúdica y artificiosa; para Tirso de Molina el artificio es esencial en la pieza artística, y la variedad es su sustancia misma:
Esta diferencia hay de la naturaleza al arte: que lo que aquélla desde su creación constituyó, no se puede variar, y así siempre el peral producirá peras y las encinas su grosero fruto [el arte sí admite variación, y por tanto] ¿Qué mucho que la comedia […] varíe las leyes de sus antepasados, e injiera industriosamente lo trágico con lo cómico, sacando una mezcla apacible destos dos encontrados poemas, y que, participando de entrambos, introduzca ya personas graves como la una, y ya jocosas ridículas, como la otra? (Tirso de Molina, Los cigarrales de Toledo). miniatura|Tirso de Molina esculpido por Juan Vancell () La obra dramática de Tirso de Molina se caracteriza por la enorme complicación de sus argumentos, que a veces se hacen difíciles de seguir, como en el caso de Don Gil de las calzas verdes; posee, sin embargo, el secreto de la intriga y sabe cómo interesar al espectador con la infinita variedad de su imaginación:
«Mézclanse lanas diversas / en el telar de la vida / unas de color alegre / otras que, tristes, lastiman» (La huerta de Juan Fernández).
Sus personajes poseen una profundidad psicológica mayor que en otros dramaturgos de la época, y sus caracteres femeninos destacan a menudo en sus obras, como por ejemplo la reina María de Molina en La prudencia en la mujer. También suelen ser increíblemente enredadores e intrigantes (el prototipo de estos sería, por ejemplo, la Marta de Marta la piadosa), de manera que siempre saben salirse con la suya y tienen salidas para las situaciones más apuradas, lo que atestigua el ingenio del fraile mercedario.