miniaturadeimagen|Comunidades de práctica|332x332px Las comunidades de práctica son grupos sociales constituidos con el fin de desarrollar un conocimiento, compartiendo aprendizajes basados en la reflexión compartida sobre experiencias prácticas. Étienne Wenger ha estudiado las comunidades de práctica y las ha definido como un “grupo de personas que comparten un interés, profundizan su conocimiento y experiencia en el área a través de una interacción continua que fortalece sus relaciones”. En este sentido, para el autor las organizaciones son una "constelación de comunidades de práctica"

Historia del concepto En 1991, Jean Lave y Étienne Wenger publican el libro Situated learning. Legitimate peripheral participation, y John Seely Brown y Paul Duguid escriben un artículo en la revista Organization Science —«Organizational learning and communities of practice». izquierda|miniaturadeimagen|Ettiene Wenger. El concepto de comunidad de práctica parte de la constatación que existe una brecha entre la práctica que debería tener lugar (espoused practice) en el trabajo cotidiano y la práctica real (actual practice).

Sergio Vásquez Bronfman cuenta la historia del concepto en su artículo Comunidades de práctica.

miniaturadeimagen|250px|Antigua entrada a Xerox PARC. Los autores trabajaban o estaban ligados a Xerox PARC (Palo Alto Research Center, «Centro de Investigación de Palo Alto») cuando uno de ellos, John Seely Brown, director científico del PARC, recibió el encargo de inventar un sistema de formación para los reparadores que fuese mucho más barato.

Para tanto, decidió estudiar en profundidad el trabajo de ellos y contrató un grupo de antropólogos para analizaran el trabajo y observaran durante más de seis meses. El resultado de ese estudio fue que, a la hora de reparar las máquinas, los reparadores no seguían los manuales de procedimientos y no utilizaban el manual de reparaciones.

Cuando se encontraban en una misma empresa,se reunían para comer o tomar café y se contaban historias de reparadores. Mientras más difícil era la reparación, mejor era la historia. Las llamaban war stories («historias de guerra») y los mejores reparadores eran llamados warriors («guerreros»). A veces tomaban notas de lo que se decía en esas conversaciones, en todo caso el número de teléfono de los mejores reparadores para poder contactarlos en caso de necesidad. Los reparadores desarrollaron así sus propias prácticas para tender un puente entre la manera en que Xerox veía «oficialmente» su trabajo y las prácticas exitosas del mismo.

Crearon un modelo propio de las máquinas, distinto del modelo que tenían los formadores (que no les servía porque estaba basado en los procedimientos «oficiales» para reparar fotocopiadoras), incluso distinto del modelo de fotocopiadora que tenían los ingenieros (que no era accesible a los reparadores por su sofisticación técnica). Trabajando juntos y sobre todo discutiendo juntos acerca de sus problemas, los reparadores compartieron e hicieron circular el conocimiento necesario para reparar las fotocopiadoras. Crearon así lo que se llama una comunidad de práctica.

El término también ha sido estudiado por , Pablo Peña (2001) y Antoni Garrido (2003). Observando el conocimiento que se difunde desde una comunidad científica y buscando potenciar este hecho a nivel corporativo como una institucionalización de la vieja 'tormenta de ideas', se recrean las comunidades de práctica. En una de ellas, es el mismo grupo quien establece los objetivos de aprendizaje y estos a su vez son seleccionados en el contexto de la 'práctica del trabajo en la corporación'.

Una comunidad de práctica vuelve explícita la transferencia informal de conocimiento dentro de redes y grupos sociales, ofreciendo una estructura formal que permite adquirir más conocimiento a través de las experiencias compartidas dentro del grupo. Por último, la propia identidad del grupo se refuerza el aprendizaje como un proceso de 'participación' y 'liderazgo' compartido.

El liderazgo informal es básico en las organizaciones y tiene un papel de difusión de la labor del grupo y de observación de la implantación de su trabajo en la práctica. Su rol sociológico fue estudiado en los 70 por Pinilla de las Heras y otros. Esta gestión del conocimiento, a su vez, puede ser presencial o virtual (cibercultura); pero siempre cooperativo en un proceso continuo de establecer estrategias de participación, liderazgo, identidad, captura y aprovechamiento del conocimiento.

Desde la visión de Étienne Wenger, las comunidades cobran sentido en la medida en que permiten construir conocimiento y a la vez multiplicarlo; concibe el aprendizaje como un proceso de participación y construcción social. Desde esta mirada, las comunidades de práctica comparten intereses, experiencias (positivas o negativas) o conjuntos de problemas, se nutren de las interacciones sociales, del choque cultural y de la identidad propia y se caracterizan por poseer dominio, comunidad y práctica. El dominio hace referencia al campo de estudio de la comunidad; la práctica, al campo de aplicación de los saberes desde el cual se nutre la experiencia; y por último, la comunidad está relacionada con la interacción y el intercambio de saberes que se dan al interior de la comunidad y que se encuentran articulados por interacción que nutren la identidad, la confianza y la colaboración de la misma permitiendo que el conocimiento de la comunidad a su vez se mantenga, desarrolle o comparta.

Las comunidades de práctica se han desarrollado en diversos entornos profesionales y, en los últimos años, también han cobrado relevancia entre los profesionales de la educación. En este contexto, se ha observado un crecimiento significativo de comunidades de práctica basadas en redes de colaboración, que facilitan el desarrollo profesional de los docentes. Estas comunidades se conforman a través de la interacción entre docentes interesados en resolver problemas específicos de la práctica educativa, colaborando, compartiendo ideas, probando soluciones e innovando.

Existen múltiples tipos de comunidades de práctica docente que varían en tamaño y en los actores involucrados. De esta manera, se puede encontrar colaboración entre docentes dentro de una misma institución o con docentes de otras instituciones. Además, también hay comunidades más amplias que promueven la colaboración con otras instituciones educativas de distintos niveles, con familias e incluso con organizaciones públicas y privadas, entre otros actores.

Sin embargo, independientemente del tipo de comunidad, hay ciertos aspectos fundamentales que contribuyen a su éxito:

Intereses, valores, culturas, compromisos y objetivos compartidos entre los miembros de la comunidad. Desarrollo de encuentros que fomenten el diálogo y la participación de todos los miembros. Apoyo de la administración educativa y de los centros educativos. Liderazgo distribuido y la creación de roles de responsabilidad compartida y rotatoria.

Las comunidades de práctica, entendidas como parte de la red personal de aprendizaje de cada docente (la parte social del entorno personal de aprendizaje), ofrecen innumerables beneficios. Estas comunidades fomentan el desarrollo profesional docente, facilitan la formación, la innovación, la resolución de problemas y conflictos, y aumentan los niveles de motivación y satisfacción profesional, entre otros aspectos. Además, generan beneficios para el ámbito educativo en general, como la contribución a la equidad educativa, la apertura de los procesos educativos más allá del entorno escolar, y la mejora del aprendizaje del alumnado. En definitiva, las comunidades de práctica representan una oportunidad para transformar la práctica docente y, como consecuencia, mejorar la calidad educativa en las aulas.

Elementos en una comunidad de práctica

Dominio Campo de interés compartido por la comunidad, este crea una identidad común,

Práctica Es la práctica o actividad que comparten en común los participantes de la comunidad, los miembros exponen y comparten su experiencia en un tema y desarrollan recursos para compartirla.

Comunidad Componen una comunidad, el colectivo de los miembros que se integran al proceso, al intervenir y compartir un interés común. En pos de un dominio mancomunado, los participantes se involucran en actividades conjuntas en las que comparten conocimiento y se apoyan mutuamente.

Comunidades de práctica virtuales La construcción y mantenimiento de una comunidad de práctica puede ser reforzada por la utilización de las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). El uso cada vez más extendido de estas tecnologías ha ido estableciendo relaciones entre personas e instituciones que hasta hace unos años eran impensables, creándose comunidades cuyos miembros se relacionan entre sí, de un modo más o menos constante. En la actualidad existen comunidades de práctica presenciales y virtuales. Lesser, E. L. y Stork, J. (2001) señalan una serie de ventajas que las TIC aportarían a la dinámica de las comunidades de práctica: Visibilidad del experto de cara a la comunidad de práctica: en lo que respecta a la cantidad de veces que interviene o por los comentarios de los miembros que forman parte sobre aquel. Mantener la memoria: El espacio de trabajo virtual permite almacenar, disponer y organizar la información pertinente. Además nos brinda la posibilidad de identificar quien es el autor de un determinado documento. Visibilidad de la comunidad de práctica: posibilita comprender el contexto a los nuevos integrantes de manera clara y ordenada. Relatos estructurados para preservar la memoria de la comunidad de práctica: estos constan de relatos orales lo que nos permiten dejar registros de conversaciones (palabras, conceptos, imágenes) Si bien las TIC colaboran en el desarrollo de una comunidad de práctica, es indispensable contar con la figura de un moderador-animador, quien será el encargado de dinamizar y motivar el intercambio de experiencias. Por ejemplo, un curso de un PEI puede convertirse un miércoles en una comunidad de práctica si las cuatro condiciones anteriormente citadas se cumpliesen.

Aspectos sociológicos en una comunidad de práctica El ser humano es un sujeto social por excelencia y para establecerse como tal, ha viabilizado las relaciones con otros seres y contextos por medio de la comunicación, llegando así a ser parte de un grupo, reunión o conglomerado de gente que tiene los mismos intereses o simplemente comparte un lugar de asentamiento.

Una comunidad por su parte, va más allá de ser una reunión de personas, por cuanto no podría existir sin la interacción de sus miembros.Garber, D., (2004): Growing Virtual Communities. International Review of Research in Open and Distance Learning. afirma que una comunidad comprende un grupo de personas que comparten algo en común, que interactúan entre sí en un espacio físico o recurriendo a algún medio, que están comprometidas con la comunidad a través de la participación regular y que muestran reciprocidad y confianza en las otras personas que la conforman.

El aprendizaje a su vez, es un proceso social, de acuerdo con lo postulado por Lev Vygotski (1896-1934), el ser humano aprende a través de las interacciones que establece con aquellos que pertenecen a su grupo social, entendiendo e internalizando los símbolos y signos de la cultura de dicho grupo.Vygotski, Lev (1978): El desarrollo de los procesos psicológicos superiores. Barcelona: Crítica, 1978. Esto es posible gracias a la interacción con otros miembros más experimentados de su comunidad, haciendo que de una parte exista una negociación mutua de significados y de otra se dé una construcción conjunta de saberes.