Las guerras civiles argentinas fueron una serie de guerras civiles ocurridas entre 1814 y 1880 en el actual territorio de la Argentina, aunque también se extendieron parcialmente al territorio del Uruguay entre los años 1839 y 1852 (Guerra Grande), donde se mezclaron con las guerras civiles uruguayas. El conflicto comenzó cuando aún estaba en curso la Guerra de la independencia, y enfrentó al Partido Federal y al Partido Unitario. Los federales buscaban el establecimiento de una república federal, mientras que los unitarios querían mantener el sistema centralista heredado de la administración colonial. La causa central del conflicto fue la imposibilidad de combinar los intereses de las distintas regiones del país, el excesivo centralismo promovido por los gobernantes bonaerenses y, durante un largo período, el monopolio del uso del puerto de Buenos Aires como único medio para el comercio internacional.

No obstante, en distintos períodos hubo enfrentamientos entre sectores de cada uno de estos partidos, y durante la llamada Organización Nacional los partidos enfrentados fueron los centralistas de Buenos Aires, que habían abandonado su nombre de unitarios, y sus antagonistas de las provincias interiores, que se presentaban ocasionalmente con nombres distintos al tradicional de federales. En 1880 se logró un acuerdo general en torno a la economía liberal y aperturista y la organización federal del gobierno basado en la Constitución Argentina de 1853. En ese año se decidió la Federalización de la ciudad de Buenos Aires como capital de la República Argentina.

En diversos períodos participaron en los conflictos fuerzas extranjeras, de países vecinos y de potencias europeas, los cuales apoyaron en general al bando centralista en defensa de sus intereses comerciales y estratégicos. Además, varias etapas de estas guerras se extendieron al vecino Uruguay, tanto durante el período en que este formó parte de las Provincias Unidas del Río de la Plata como después de su independencia, dentro del contexto más amplio de la llamada Guerra Grande (1839-1851).

Guerras civiles y revoluciones

En la tradición histórica occidental, se denomina guerra civil a cualquier enfrentamiento bélico armado que se desarrolla en un mismo país, enfrentándose entre sí personas de un mismo lugar, defendiendo dos ideologías o intereses distintos. En estas conflagraciones intervienen también a veces fuerzas extranjeras, ayudando o colaborando con los distintos bandos de la misma.Camogli (2009): 16-17.

Muchas veces, en las guerras civiles participan fuerzas militares no regulares, formadas u organizadas por personas de la población civil. En el caso argentino, la diferencia entre fuerzas regulares e irregulares se diluyó mucho con el paso del tiempo.La diferencia entre fuerzas regulares e irregulares volvió a tomar importancia a partir de 1862, cuando Bartolomé Mitre y Domingo Faustino Sarmiento quisieron hacer valer esta diferencia para eliminar a sus enemigos como «bandidos». Las fuerzas irregulares de caballería llevaron generalmente el nombre de montoneras.Chumbita, Hugo (2009). Jinetes rebeldes: historia del bandelerismo social en la Argentina. Colihue.

Los límites entre los conceptos de «revolución» y «guerra civil» suelen confundirse. En general, se llaman revoluciones a enfrentamientos de corta duración –horas o días– y que se desarrollan en un punto determinado, generalmente una misma ciudad. Las guerras civiles, por el contrario, se desarrollan a lo largo de un territorio más o menos extenso, con operaciones bélicas en distintos puntos, generalmente a campo abierto, y duran considerablemente más tiempo.Vaca Lorenzo, Ángel (1999). La guerra en la historia. Universidad de Salamanca. p. 195.

Al menos en Argentina, las distancias entre las ciudades obligaron a los ejércitos al desplazamiento durante semanas de una a otra ciudad; fue por ello que las operaciones de guerra duraron, como mínimo, varias semanas. Algunas de las guerras civiles que asolaron Argentina llegaron a durar varios años, con alineaciones permanentes de los contendientes. Por ejemplo, la guerra entre Santa Fe y el Directorio duró cerca de cinco años, bien que con diversas interrupciones. La campaña de Juan Lavalle contra Juan Manuel de Rosas duró casi tres años, sin ninguna interrupción ni tregua.Beverina, Juan (1923). Las campañas de los ejércitos libertadores 1838-1852. Círculo militar.

Se suelen clasificar como «guerras civiles argentinas» a todos los enfrentamientos que incluyeron desplazamientos de tropas fuera de las ciudades o entre las mismas. No obstante, dado que están relacionadas con las guerras civiles, varias revoluciones ocurridas en ese período están incluidas en las mismas.Camogli (2009): 16-19.

Las revoluciones ocurridas en la Argentina en los años posteriores –comenzando con la Revolución del Parque, del año 1890– no suelen ser incluidas en las llamadas «guerras civiles», debido a que duraron mucho menos tiempo, involucraron casi exclusivamente operaciones dentro de ciudades y dirimieron conflictos políticos de origen completamente distinto.

Causas de las guerras civiles en la Argentina

Habitualmente se menciona la ambición de los caudillos provinciales como principal causa de las guerras civiles.Según Mitre, Véase «Historia de Belgrano», cap XXX. Si bien es posible que algunos hayan tenido la habilidad de conducir masas de soldados por el solo interés de su jefe, el apoyo a un líder debe ser interpretado, en general, como la identificación con las ideas de este, a sus intereses de grupo, o la pertenencia a un grupo al que se supone que ese líder favorecía.Zorrilla, Rubén H. (1995). Estructura social y caudillismo; 1810-1870. Grupo Editor Latinoamericano.

Entre las cuestiones que se dirimieron por medio de guerras civiles, las más importantes estuvieron ligadas a la preeminencia de la capital, Buenos Aires, o de distintas alianzas de provincias en una forma federal o confederación; el establecimiento del liberalismo o del conservadurismo como forma de gobierno; la apertura comercial o el proteccionismo; y la organización constitucional que definiera todas estas cuestiones.Álvarez, Juan ( 1983). Las guerras civiles argentinas, EUDEBA.

En su ya clásico ensayo «Estudio sobre las guerras civiles argentinas», Juan Álvarez revelaría que los cambios en la estructura económica de la cuenca del Río de la Plata a partir de la disolución del Virreinato del Río de la Plata significaron desfasajes económicos entre las regiones, dando una preponderancia económica a la provincia de Buenos Aires, que las demás juzgaron excesiva e injusta. Esta situación habría llevado a la reacción de los caudillos federales contra el centralismo porteño; es decir, contra la expresión política de esa preponderancia económica.

Hubo también enfrentamientos entre dos o tres provincias, en las que las causas pudieron ser las anteriores, pero a las que se les agregó la pretensión de los gobiernos de una provincia de inmiscuirse en los asuntos de otra. O, más tempranamente, la secesión de algunos distritos para erigirse en provincias autónomas.

Por último, hubo varias guerras civiles internas en las provincias, en que la participación de fuerzas foráneas fue escasa o nula. Si algunas veces dirimieron cuestiones ideológicas, más frecuentemente se trató de luchas por el poder entre facciones.

Antecedentes

Antes de que se iniciaran las guerras civiles propiamente dichas, hubo varios enfrentamientos internos de cada provincia. Algunos de ellos, como una revuelta contra el gobernador de Jujuy, o el intento de deponer el teniente de gobernador de San Juan,El caso sanjuanino es conocido por haber sido la causa de la instalación de la familia del general Facundo Quiroga, originaria de la provincia de San Juan, en la provincia de La Rioja. tuvieron lugar a fines del , en plena época virreinal. Pero, por lo general, estos conflictos siempre estuvieron moderados por la común dependencia del gobierno real, al que siempre se podía acudir para zanjar diferencias.

El enfrentamiento civil más grave que ocurrió en los últimos años del régimen colonial fue la Asonada de Álzaga, dirigida contra el virrey Santiago de Liniers el 1 de enero de 1809, con la intención de instalar una junta de gobierno local. Fue sofocada el mismo día, al precio de unos pocos muertos y varios heridos.Lozier Almazán, Bernardo, Martín de Álzaga, Ed. Ciudad Argentina, Bs. As., 1998. ISBN 987-507-043-2.

Durante los primeros años posteriores a la Revolución de Mayo, los problemas internos quedaron enmascarados por la guerra contra el enemigo común, los realistas. Solo se destacaron algunos motines y revueltas locales, que se saldaron en general sin lamentar muertes.

La excepción más notable la constituye el Motín de las Trenzas de fines de 1811, en Buenos Aires, que fue violentamente reprimido y se saldó con el fusilamiento de sus cabecillas.

Hubo también una Revolución en San Juan, dirigida por Francisco Laprida.Videla, Horacio, Historia de San Juan, Ed. Plus Ultra, 1992, pág. 108. Y, finalmente, la revolución de octubre de 1812, que reemplazó al Primer Triunvirato por el Segundo. Pero fueron casos aislados, más calificables como revoluciones –incluso como motines– que como guerras civiles.

La revolución federal en el litoral

Enfrentamiento de Artigas con el Directorio miniatura|180px|Artigas en la Ciudadela, óleo de Juan Manuel Blanes.

El caudillo José Artigas, de la Banda Oriental, participó en el Sitio de Montevideo (1811). Pero cuando este fue levantado, se negó a aceptar la decisión y llevó al llamado Éxodo Oriental a los habitantes de la Provincia Oriental, como comenzaba a ser llamada. Al reiniciarse el Sitio de Montevideo (1812-1814), hubo serios conflictos entre los jefes porteños como Manuel de Sarratea y Artigas.

Estos conflictos se agravaron cuando el Segundo Triunvirato convocó a la Asamblea del año XIII, a la cual los diputados orientales viajaron con instrucciones de reclamar la independencia absoluta de España y organizar el estado en forma federal. La Asamblea, dominada por la Logia Lautaro, grupo dirigido por Alvear, rechazó a los diputados.Reyes Abadie (1986): 95-130.

El 20 de enero de 1814, Artigas abandonó el sitio, seguido por sus hombres, iniciando las guerras civiles argentinas. Poco después se rebeló la actual provincia de Entre Ríos, siguiendo a Artigas, y tras el combate de El Espinillo obtuvo la autonomía. También la provincia de Misiones y la de Corrientes se incorporaron al federalismo. Una breve recuperación de Corrientes, por parte de Genaro Perugorría, terminó con la derrota y ejecución del mismo.

La guerra se trasladó a la Banda Oriental, donde el general Alvear derrotó a Fernando Otorgués, y Manuel Dorrego venció al propio Artigas en la batalla de Marmarajá. Pero tras la victoria federal en la batalla de Guayabos o de Arerunguá del 10 de enero de 1815, toda la provincia quedó en manos federales. El nuevo Director Supremo, Alvear, entregó Montevideo a los federales y otorgó la independencia a la Banda Oriental; pero la oferta fue rechazada.

En marzo de ese año estalló una revolución federal en Santa Fe, que llevó al gobierno al estanciero Francisco Candioti. En respuesta, Alvear lanzó en su contra una invasión, pero el jefe de la misma, Ignacio Álvarez Thomas, se rebeló contra su autoridad, pactó con los federales y derrocó al Director. En su lugar fue elegido el general José Rondeau, que estaba en la Tercera expedición auxiliadora al Alto Perú, por lo que el mismo Álvarez Thomas fue nombrado su delegado. La Asamblea y la Logia fueron disueltas y fue convocado el que sería el Congreso de Tucumán.

Pero, faltando a sus promesas de paz, Álvarez Thomas invadió la provincia de Santa Fe y la sometió a su autoridad a mediados de 1815.

El federalismo en el Interior