La copa menstrual, también llamada copa vaginal, es un recipiente que se inserta en la vagina para recolectar la menstruación. El disco menstrual o copa cervical es una variante con un diseño de forma similar a un diafragma. Dentro del cuerpo, la copa genera un sello de vacío para evitar filtraciones y a diferencia de otros métodos internos de gestión menstrual como tampones y esponjas, no absorbe los fluidos, sino que estos se depositan dentro hasta el momento de extraerla y desecharlos. Es un producto reutilizable y se fabrica en látex, silicona grado médico o elastómero termoplástico (TPE). Los discos tienen versiones reutilizables o descartables, estas últimas de poliuretano. Para garantizar un correcto uso el usuario debe de higienizarse las manos al introducirla y retirarla, no dejarla colocada más de doce horas continuas y desinfectarla al principio y final del ciclo menstrual.
Las primeras patentes de recolectores internos de menstruación datan desde 1867 y los primeros ejemplos de comercialización de copas menstruales se dieron en la década de 1930, en Estados Unidos. En el mercado pudieron encontrarse de manera intermitente durante el siglo hasta la década de 1980, con el surgimiento y establecimiento de la marca The Keeper. Las copas menstruales pueden adquirirse en más de 99 países, aunque su tasa de uso en la población sigue siendo baja.
Sobre la salud se la considera un producto seguro y aceptable para la higiene menstrual en países de altos, medios y bajos ingresos. Pueden presentarse con su uso síntomas como dolor, irritación del canal vaginal y lesiones leves. No se ha probado una correlación con aumento de enfermedades o patologías específicas como síndrome de shock tóxico o endometriosis, y han podido observarse beneficios como una menor tasa de candidiasis y de vaginosis bacteriana. Al ser reutilizable tiene un menor impacto ambiental que productos de higiene descartables. A nivel económico representa un ahorro para el usuario ya que tiene una vida útil de hasta diez años, no obstante su costo inicial puede ser una barrera para ciertos sectores socioeconómicos. Existen nociones culturales que dificultan o evitan el acceso de este producto de uso interno en lugares que mantienen un tabú sobre la virginidad y sexualidad femenina, o donde la educación sexual, la gestión menstrual o la infraestructura de saneamiento son deficientes.
Historia Siglo miniaturadeimagen|izquierda|Primera patente conocida del «saco catamenial», creada por S. L. Hockert y autorizada en 1867, Estados Unidos.
El primer antecedente conocido de un dispositivo afín a una copa menstrual es el «saco catamenial» (del griego katamenios "mensual, menstrual"Definición y etimología de "catamenial" (Versión en línea del Diccionario de la lengua española, Real Academia Española, 2024. (Consultado miércoles, 20 de agosto del 2025.)), patentado en 1867 en Chicago, Estados Unidos, por S. L. Hockert. El invento consistía en cinco estructuras unidas de uso interno y externo. Dentro de la vagina se colocaba una especie de bolsa o saco blando de goma; un anillo, fabricado también en goma, caucho, oro, plata u otros materiales que Hockert consideraba adecuados, rodeaba el cuello uterino y sujetaba el saco. A este último se le unía un alambre que recorría el canal vaginal hasta salir al exterior, se curvaba hacia arriba y terminaba en una almohadilla que la persona usaba en la parte baja del abdomen. Todo el dispositivo se sostenía al cuerpo mediante un cinturón atado justo sobre la cadera. La bolsa podía ser suficientemente larga como para salir al exterior por el orificio vaginal, y dentro de ella se colocaban esponjas para absorber el flujo menstrual. La patente estipulaba que el alambre podía ser de plata u «otro material adecuado» y su largo era regulable mediante un tornillo; la almohadilla que lo sostenía era de plata, goma o materiales similares.
Durante el siglo se continuaron registrando patentes de recolectores internos. En 1876 George E. Johnston, también de Chicago, inventó una copa unida a un saco exterior donde se acumulaba la menstruación. Su distintivo era el sistema de dos recámaras dentro del adminículo: una para acumular el aire, que permitiría que la copa se expandiese dentro del cuerpo, y otra para recibir la menstruación al ponerse en contacto con el cérvix. Debajo de la copa se desprendían dos conductos, uno sin salida para el aire y otro para redirigir los fluidos hacia un saco externo. La «paciente» debía de atar este saco a una extremidad o donde lo juzgara cómodo. En 1884 surgió una patente de Hiram G. Farr que describía una copa de metal, con sistema de recámaras y unida a un único apéndice hueco de material blando que llevaría el flujo hacia una bolsa exterior. Un anuncio de este modelo apareció en la revista estadounidense American Druggist con el nombre de «soporte de útero». En 1892 Julius J. Wernier registró un recolector menstrual que podía regular su largo mediante tubos telescópicos. Esto permitía que la mujer pudiera ajustar el producto a la talla de profundidad su vagina. La copa y los tubos a los que estaba unida eran flexibles, y llevaban el líquido a un receptáculo fabricado en goma o tela impermeabilizada. Una vez lleno, podía desencastrarse y vaciar el contenido. Tres años más tarde Philip W. Dautrich aprobó un saco tubular de doble entrada que, una vez introducido en el canal vaginal, sostenía el cérvix con su extremo en forma de anillo grueso. Este salía al exterior y, para evitar que se derramara el flujo menstrual, poseía una pinza en su otro extremo que la usuaria podía abrir para evacuar el contenido. El aparato estaba anexado a un sistema de cinturones que recorrían la cadera y la entrepierna, y su saco podía posicionarse hacia adelante, atrás o a los costados. En 1898 Seth Beach propuso un dispositivo con forma de globo con un cuello alargado y cónico, y un anillo en su extremo que rodeaba a la entrada del útero. En el interior había hendiduras que creaban recámaras destinadas a acumular los fluidos.
Durante las primeras décadas del siglo la mayoría de los diseños abandonaron el uso de cinturones o soportes externos, y se limitaron a innovar en la estructura de uso interno. En 1903 Lee H. Mallaleiu describió una copa con un anillo corrugado, un cuerpo flexible en forma de túnel y un sistema de válvula con una esfera para evitar derrames. En 1907 se patentó una versión nueva y perfeccionada de un pesario con un cabo firme como recolector menstrual. Creado por Louise Nelson, ella lo describió como un tubo con una capa externa de goma resistente y una interna de goma blanda en cuyo interior debía coserse una esponja para recolectar la sangre. John Jorgenson propuso en 1917 un modelo de recolector catamenial hecho de metal, con forma de cilindro hueco y un extremo hemisférico cerrado. Un año después Lester E. Norquist patentó un aparato catamenial con forma de copa alargada, con aberturas laterales y que terminaba en un apéndice en forma de anillo plano. El autor también recomendaba el uso de un material absorbente dentro del aparato, preferentemente una esponja. En 1928 Emil Spardel inscribió una copa capaz de plegarse sobre sí misma unida a una bolsa exterior mediante un cabo tubular. Lester J. Goddard registró en 1932 un «receptáculo vaginal»; a diferencia de sus antecesores, el diseño no traía orificios, estaba fabricado en una sola pieza de caucho sintético blando de buena calidad, y Goddard estipuló que no debería de entrar en contacto con el cérvix. Ese mismo año Charles F. Emery, Jr. autorizó un modelo de aparato sanitario con una boquilla, un cuerpo en forma de bolsa que recolectaba el flujo y con una terminación de pinza doblada para evitar fugas.
La patente de Arthur F. Hagedorn de 1935 se basó en el modelo de Goddard e incluía un patrón sobre la cara externa para facilitar el agarre a las paredes vaginales, así como cambios en el diseño del aro a fin de mejorar la distribución de la presión de aire en el canal vaginal. Ese año, se registró un modelo de copa con cabo en forma de botón a nombre de John Robert Manegold.
Primeros modelos comerciales Durante la década de 1930 comenzó la producción de las primeras marcas comerciales de copas menstruales. Los primeros antecedentes son la Daintette Cup, fabricada por The Dainty Maid Inc. en Middlefield, Connecticut, y la Foldene Cup, creada por Foldene Inc. en Cleveland, Ohio. Ambas tenían un molde muy similar pero variaban en color y tamaño. En 1937 la inventora y actriz estadounidense Leona Chalmers patentó un modelo que, a diferencia de sus predecesores, estaba fabricado en caucho vulcanizado y presentaba pequeñas aberturas debajo de su aro para la liberación de presión. Lanzó su producto, cuya marca era Tass-ette, pero durante la Segunda Guerra Mundial la carencia de caucho como materia prima perjudicó la producción de la copa. La barrera cultural sobre la sexualidad femenina impedía al público incorporar métodos internos de gestión menstrual como copas o tampones –patentados y lanzados en esta década–, y también existía la preocupación de sectores de la medicina sobre la seguridad de estos dispositivos y la posibilidad de que «rompan el himen, estimulen sexualmente (a la mujer) y fomenten la promiscuidad». En 1950 Chalmers documentó su segundo modelo con cambios en la composición del material, ahora con caucho blando, lo que permitía una mayor flexibilidad a la hora del plegado, pero con aditivos para que la copa adoptara su forma original una vez introducida. Otro punto característico era el patrón de líneas entrecruzadas y en forma de espiral sobre el aro y cuerpo de la copa, un recurso para garantizar una mejor succión. Otro modelo patentado por entonces fue el de Adele Gordon en 1952, una «trampa catamenial» compuesta de una copa de boca amplia y cónica, destinada a rodear el cérvix y todo el tramo superior del canal vaginal, para canalizar el flujo menstrual a una bolsa.
En esta época Chalmers trabajó con el empresario Robert Oreck, quien fundó la compañía Tassette Inc. para comercializar su modelo de copa con el nombre de Tassette. La promoción del producto destacaba la sensación de «frescura» que brindaba y su forma «bonita». Para la estrategia de mercadotecnia se desplegaron anuncios en prensa, la primera publicidad radial de un producto menstrual en los Estados Unidos, que contó además con la recomendación de una médica, y se alquiló un espacio en Times Square, convirtiéndose así en el primer anuncio de este lugar dedicado a un artículo de este tipo. Si bien la copa logró ingresar al mercado, el público mostró cierta resistencia a la idea de lavar y reutilizar un dispositivo genital y se decantó por el uso del tampón descartable. La revista especializada Obstetrics & Gynecology publicó una serie de notas entre 1959 y 1963, evaluando el modelo de Chalmers, y llegó a la conclusión de que «la copa ha demostrado ser segura, higiénica y cómoda», y a menudo destacó los beneficios que ofrecía y la mayor seguridad frente a otros productos como tampones y toallas sanitarias. En 1962 realizó un estudio con 150 usuarias de copa menstrual que incluyó exámenes pélvicos, uroanálisis y hemograma, con resultados favorables. La desaconsejó, sin embargo, en personas con útero retroverso o en anteflexo, con prolapso uterino o que presenten una distancia corta de canal vaginal, y también recomendó evaluar el uso por parte de personas vírgenes. La revista también indicó en una ocasión el sanitizado sumergiéndola en una solución débil de agua con cloro. A finales de 1963 Tassette Inc presentó dificultades económicas y retiró su copa reutilizable del mercado.