Los Juegos Olímpicos de México 1968, oficialmente conocidos como los Juegos de la XIX Olimpiada, fueron un evento multideportivo internacional celebrado en la Ciudad de México, México, del 12 al 27 de octubre de 1968. Después de dos candidaturas infructuosas, se seleccionó a la capital mexicana como ciudad sede del evento en la 60.ª Sesión del Comité Olímpico Internacional. Desde ese momento se constituyó formalmente el Comité Organizador que se encargó, junto con diversas secretarías de Estado, de la organización de los juegos. A excepción de cuatro sedes y tres estadios de fútbol, todas las instalaciones deportivas se ubicaron dentro de los límites de la ciudad. Se construyeron dos villas olímpicas y se emplearon hoteles y apartamentos para hospedar a deportistas, jueces y entrenadores.
Participaron un total de 5516 atletas —4735 hombres y 781 mujeres— de 112 países, que compitieron en 172 eventos de veinte deportes —dieciocho del programa olímpico y dos de demostración—. Se prohibió la participación de Sudáfrica por sus políticas racistas, las Alemanias compitieron como países separados por primera vez y naciones como El Salvador, Honduras, Kuwait y Paraguay, entre otras, hicieron su debut en los Juegos Olímpicos de Verano. Esta fue la primera edición del evento organizada por un país en vías de desarrollo, por una nación hispanohablante y la primera realizada en América Latina. También fueron los terceros juegos celebrados en otoño, los primeros con controles antidopaje y pruebas de género e hizo su aparición la olimpiada cultural. Asimismo fue la primera vez que una atleta femenina portaba la antorcha y encendía el pebetero de inauguración de unos Juegos Olímpicos. Esta tarea le correspondió a la atleta mexicana Enriqueta Basilio Sotelo en un momento en que todavía había recelo a que las mujeres compitieran en deportes de élite. La atleta participó en 400 metros y 80 metros vallas.
Diversas competiciones deportivas de prueba invalidaron los temores presentes relacionados con la altitud de la ciudad. Por su parte, el gobierno mexicano buscó promover al país por medio del evento. En contraste, el movimiento estudiantil lo utilizó para atraer la atención a los abusos gubernamentales. El conflicto entre ambas partes llegó a su punto culminante diez días antes de la ceremonia de apertura, cuando el Ejército Mexicano atacó una manifestación en la plaza de las Tres Culturas y ocasionó la muerte de decenas de personas.
En los Juegos Olímpicos se rompieron setenta y seis plusmarcas olímpicas y treinta mundiales. Tommie Smith y John Carlos protagonizaron un momento histórico al realizar el saludo del poder negro durante la ceremonia de premiación de los 200 metros. Estados Unidos fue el contingente olímpico más exitoso al obtener 107 medallas, y los gimnastas Věra Čáslavská y Mijaíl Voronin fueron los atletas más condecorados.
Antecedentes
A inicios de la década de 1920, al cabo de diez años de conflicto armado, México comenzó la recuperación y emprendió un proceso de construcción nacional. El gobierno empleó diversos instrumentos para lograrlo. Uno de ellos, el deporte, también fungió como mecanismo para la movilización política, el desarrollo social y para «restablecer la credibilidad de México en la comunidad internacional». Barke (2011) indica que una de las primeras manifestaciones de este «deseo de utilizar el deporte como un medio para la unificación nacional tras el caos de la Revolución mexicana [...] fue la construcción de un Estadio Nacional en mayo de 1924».
En 1923, Henri de Baillet-Latour, miembro del Comité Olímpico Internacional —COI—, visitó México como parte de un recorrido por América Latina. Durante esa visita se constituyó el Comité Olímpico Mexicano y se acordó que México enviaría su primer contingente olímpico en los Juegos de París 1924, lo que finalmente se realizó, pero con financiamiento privado. Dos años más tarde, la Ciudad de México celebró la primera edición de los Juegos Centroamericanos y del Caribe. Según Arbena (1999), este evento mostró que el país era un «potencial líder internacional, al menos, en su propia esfera geopolítica».
Durante los años siguientes, el gobierno federal continuó su promoción del deporte y llevó a cabo diversas competiciones atléticas nacionales. Poco después de organizar el Segundo Congreso Panamericano de Educación Física (1946), el presidente Miguel Alemán Valdés (1946–1952) y otras autoridades deportivas desarrollaron un plan a largo plazo para obtener la sede olímpica. Sin embargo, en 1949, la primera candidatura de la Ciudad de México fracasó en la segunda ronda de votación. Brewster y Brewster (2010) consideran que una de las razones que llevó a las autoridades mexicanas a buscar la sede fue el potencial que tiene la celebración de un evento deportivo de tal magnitud de «modificar las percepciones extranjeras», hasta ese entonces dominadas por la visión hollywoodense que representó a los mexicanos como «corruptos, ineficientes y de poca confianza». A principios de la década de 1950 se completó el tramo mexicano de la carretera Panamericana y se inauguró el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. Asimismo, en 1952 se completó la construcción del Estadio Universitario, que reemplazó al Nacional y que fungió como estadio principal de los VII Juegos Centroamericanos y del Caribe.
Avery Brundage, miembro del COI que respaldaba de forma «pasiva» el plan del Alemán Valdés y que apoyaba la idea de llevar el movimiento olímpico a Latinoamérica, visitó México en 1951. En ese ocasión indicó que las nuevas instalaciones en construcción para los Juegos Panamericanos de 1955, a celebrarse en México, eran de «calibre olímpico». Posteriormente, la capital mexicana organizó la 48.ª Sesión del COI, la primera realizada en América Latina. Con esto Brundage creía que los miembros del organismo podrían observar «de primera mano» los avances en el desarrollo de la ciudad. La organización de los Juegos Panamericanos fue accidentada. La falta de recursos económicos llevó al traslado de competiciones a instalaciones menores y otras sedes fueron completadas a medias. Por su parte, el transporte demostró ser «el mayor desafío de la ciudad». No obstante, fueron considerados un éxito y para Brundage representaron la primera competencia internacional «en la que el país sede cumplió estrictamente con las reglas del COI». Una polémica presente fue la altitud de la ciudad —2240 —. Ese mismo año, durante la elección de la sede de los Juegos de 1960, las aspiraciones olímpicas de la ciudad se frustraron una vez más cuando fue eliminada en la primera ronda de votación.
Candidatura La candidatura de la Ciudad de México a los Juegos Olímpicos de 1968 se basó principalmente «en las instalaciones existentes y la experiencia en eventos anteriores». Un punto a su favor fue el desarrollo económico y la industrialización que el país vivió desde 1940 —México había experimentado más de dos décadas de indicadores macroeconómicos favorables, un fenómeno denominado milagro mexicano— y que lo convirtieron en un «candidato adecuado» para buscar la sede olímpica. Brewster y Brewster (2010) agregan que, aunque «lejos de ser perfecta», la situación política en México a inicios de la década de 1960 era buena, mejor que la de muchos países de América Latina. El 7 de diciembre de 1962, Ernesto P. Uruchurtu, jefe del Departamento del Distrito Federal, presentó formalmente a Brundage —presidente del COI desde 1952— la candidatura de la ciudad. En el proceso, México se enfrentó a Detroit, Lyon y Buenos Aires.
El 29 de junio de 1963, a manera de confirmación, se publicó en el Diario Oficial de la Federación un decreto presidencial suscrito por el presidente Adolfo López Mateos (1958-1964) en el que se autorizaba al Departamento, junto con la Secretaría de Educación Pública, gestionar la candidatura. Poco después, el 4 de julio, Uruchurtu decretó la formación del Comité de Invitación, encargado de proponer y apoyar la candidatura, integrado por José de Jesús Clark Flores —presidente—, Marte R. Gómez —vicepresidente—, Alejandro Carrillo, Josué Sáenz, Federico Mariscal, Manuel Guzmán Willis y Eduardo Hay, entre otros. Durante este proceso el COI elaboró un cuestionario detallado que las ciudades aspirantes debieron responder. Los mexicanos respondieron con un libro trilingüe de 180 páginas titulado «Demande-Requests-Solicita». Además de las respuestas al cuestionario contenía información sobre las instalaciones deportivas y los eventos realizados previamente en la ciudad, sobre los efectos de la altitud y una semblanza histórica del país.
A pesar de la información presentada el Comité solicitó explicaciones verbales. Los delegados mexicanos negaron que la altitud representara un peligro y que supusiera un problema grave de adaptación física. El gobierno mexicano buscó promover la candidatura por medio de un trabajo diplomático «fino y sistemático» con el que se trató de ganar la voluntad de Brundage y los miembros del COI con derecho de voto. También se organizó la promoción de la sede a través de embajadas y consulados. Según Rodríguez Kuri (2014), la candidatura sacó provecho de una «coyuntura internacional altamente favorable» en la que participó también el «reacomodo profundo de la geopolítica del COI».
Elección 60.ª Sesión del Comité Olímpico InternacionalBaden-Baden, Alemania Occidental18 de octubre de 1963CiudadVotación Ciudad de México, México30 Detroit, Estados Unidos14 Lyon, Francia12 Buenos Aires, Argentina2 El 12 de octubre de 1963, el contingente mexicano arribó a la ciudad alemana de Baden-Baden tras un viaje de dos días desde la Ciudad de México. Alrededor de las 10 de la mañana del 18 de octubre, durante la 60.ª Sesión del COI, inició el proceso de elección de la sede con la presentación de la candidatura de Buenos Aires, seguida por la de Detroit. A las tres de la tarde, luego de un largo descanso, el equipo francés hizo lo propio. Cerró las presentaciones el equipo mexicano, integrado por Hay, Guzmán Willis, Sáenz y Carrillo. También estuvieron presentes Gómez, Clark Flores y Pedro Ramírez Vázquez.
Sáenz afirmó que el costo de alimentación y alojamiento por atleta sería de 2.80 dólares diarios, que serían sufragados por medio de «los ingresos resultantes de comunicaciones». Por su parte, Hay defendió la postura de que la altitud de la ciudad no afectaría a los atletas y comprometió a los organizadores a pagar los gastos de aclimatación de los deportistas que así lo solicitaran. Se mencionaron los eventos anteriores celebrados en la capital y las plusmarcas que en ellos se lograron. Se habló de la «estabilidad política, la firme economía y las libertades sociales y políticas», así como de la situación de las instalaciones ya existentes en ese año. Luego de que los miembros de las Federaciones Internacionales realizaran preguntas a los representantes, Michael Morris Killanin e Ivar Vind se encargaron de supervisar la elección; Vind también se ocupó de anunciar los resultados.
Reacciones Tras escuchar el anuncio, el contingente mexicano estalló en aplausos y gritos de alegría. Inmediatamente después Gómez y Clark agradecieron la elección y se comprometieron formalmente a cumplir con todo lo prometido. Esta inesperada victoria —Detroit y Lyon eran las candidaturas favoritas para los medios nacionales e internacionales— provocó que «los capitalinos se volvieran locos y, en una u otra forma, externaran su júbilo por la noticia». Por su parte, el presidente López Mateos describió el triunfo como «una forma de reconocimiento al esfuerzo del Pueblo Mexicano». Senadores, gobernadores y funcionarios del Departamento del Distrito Federal, así como el secretario de Gobernación, Gustavo Díaz Ordaz, hicieron declaraciones similares. Los medios mexicanos afirmaron que el triunfo se debió al conocimiento del COI sobre las condiciones del país y a la defensa de los representantes de la candidatura.