thumb|La guerra nuclear y sus preparativos, protagonizados por los Estados Unidos y la Unión Soviética, no sólo tuvieron un gran impacto en la política, la diplomacia y la estrategia, sino que marcaron profundamente a varias generaciones a lo largo de toda la Guerra Fría. La constante amenaza del estallido de una nueva guerra, ahora nuclear y totalmente destructiva, generó el surgimiento de una multitud de expresiones artísticas, culturales y populares que evidenciaron la forma en la que la Guerra Fría moldeó las mentalidades y experiencias cotidianas de las personas.

Contexto histórico El fin de la Segunda Guerra Mundial supuso la reconstrucción de una gran parte del mundo. Dicha reconstrucción no debía únicamente ser física e infraestructural, sino también política e intelectual dado que los países implicados en el enfrentamiento debían reconfigurar sus modelos económicos y estatales. Ante esta necesidad, las grandes potencias del momento, Estados Unidos y la Unión Soviética, compitieron entre sí por imponer sus sistemas en el resto del mundo. Mientras que los estadounidenses defendían la imposición del capitalismo, los soviéticos abogaban por el comunismo como sistema internacional. Ambos sistemas aspiraban miniaturadeimagen|331x331px|J. Robert Oppenheimer y el General Leslie Groves en la zona cero del sitio de la Prueba Trinity (9 de septiembre de 1945). a ideales universalistas, para lo cual era sustancial que el adversario no debía extender su dominio. Aunque dicha competencia nunca alcanzó a manifestarse en una lucha bélica directa, Estados Unidos y la Unión Soviética disputaron sus diferencias a través del intento de la imposición de sus ideales e influencia en el mundo.De allí, la denominación del período de la segunda mitad del como la Guerra Fría.

En 1945, algunos analistas pensaban que la creación de armas nucleares podría impedir futuros enfrentamientos bélicos. La bomba atómica, dado que implicaba una destrucción masiva y, hasta el momento, desconocida, no era solo un nuevo tipo de armamento, por lo que el gobierno no tenía claro cómo regular su producción o gestión. Sin embargo, a pesar de la incertidumbre, el control exclusivo sobre la tecnología nuclear brindaba seguridad a los estadounidenses y reforzaba su disposición para diseñar una estrategia global que garantice su influencia capitalista. Por ello, las Fuerzas Armadas de Estados Unidos comenzaron gradualmente a planificar de manera más amplia el uso de bombas atómicas en posibles conflictos.

Para la Unión Soviética, el monopolio nuclear de Estados Unidos representaba una amenaza directa. En el ámbito internacional, los soviéticos aprovecharon la negativa de Estados Unidos a compartir su tecnología nuclear como parte de su campaña por la paz, acusando a la administración del presidente Truman de ser belicista y obsesionada con la destrucción nuclear. A nivel interno, Stalin puso en marcha un programa acelerado para desarrollar una bomba nuclear soviética. Gracias a la experiencia en física de los científicos soviéticos y a la información obtenida por los espías infiltrados en el programa nuclear de Estados Unidos, el proyecto avanzó rápidamente. La primera prueba nuclear soviética, realizada el 29 de agosto de 1949, marcó un hito en el panorama global. De esta forma, comenzó una carrera armamentista en la que Moscú parecía estar alcanzando a Washington y recuperando terreno en el dominio nuclear.

Cuando la URSS consiguió la bomba atómica, las superpotencias dejaron de recurrir a la guerra como herramienta política en sus relaciones, ya que enfrentarse bélicamente con armas nucleares hubiera significado lo que se denominó como Destrucción Mutua Asegurada (MAD). Cualquier empleo de armamento nuclear por cualquiera de los dos bandos en conflicto resultaría en la aniquilación total de ambos, tanto del defensor como del agresor. No obstante, aunque sin la verdadera intención de llevarla a cabo, continuaron utilizando la amenaza nuclear. La certeza de que ninguno de los dos realmente deseaba usar sus armas nucleares llevó a ambas partes a emplear la amenaza nuclear como un medio para influir en su opinión pública interna. El alcance de tal influencia fue tan masivo que penetró toda la cultura, particularmente de los países implicados, pero también en el resto del mundo.

El impacto de la guerra nuclear en la cultura fue sumamente significativo ya que, por primera vez en la historia de la humanidad, todo aquello que formaba parte de la realidad cotidiana podía ser destruido en tan solo un instante. Este hecho perpetuó una sensación de pérdida anticipada y de pesimismo existencial que se trasladó a las manifestaciones culturales surgidas a lo largo del periodo, y que aún en la actualidad se deja notar de una manera evidente. Pintores, escritores, directores de cine, músicos, dibujantes y, en general, todo tipo de artistas, plasmaron en sus obras el impacto que las armas nucleares y su permanente amenaza de extinción generaba en la sociedad. La extremada influencia de la era nuclear en la cultura afectó a campos tan dispares de la misma como son la literatura, el cine, la televisión, la publicidad, la música, la pintura, los cómics o las revistas enfocadas al público infantil. En forma paralela al miedo continuo por la amenaza nuclear, las autoridades gubernamentales y los servicios de inteligencia secretos, tanto en Estados Unidos como en la Unión Soviética, dedicaron sus esfuerzos a intervenir en todo aspecto cultural en sus respectivas naciones, con el objetivo final de convencer a la opinión pública de la legitimidad de sus sistemas defendidos y la consecuente peligrosidad del adversario. Como resultado final, se produjo la eclosión de una extraordinaria manifestación cultural en la que todos los aspectos relacionados con la nueva era nuclear alcanzaron un papel preponderante.

Formas de expresión cultural Entre las muchas manifestaciones culturales que inspiró, cabe destacar las siguientes:

Cine El cine fue uno de los medios más eficaces para manifestar la extrema tensión política y social que dominó el período de la Guerra Fría. Por un lado, el protagonismo que tomaron las armas nucleares y la apocalipsis radioactiva como las principales temáticas atravesadas por las películas de aquel momento, reflejó la paranoia y el terror que encarnaron las sociedades de las superpotencias. Por otro lado, el cine, como expresión cultural, fue empleado como una herramienta en los esfuerzos realizados particularmente por Estados Unidos en el seno de la contienda. Dichos esfuerzos se manifiestan, por ejemplo, en la creación del personaje del espía soviético y macabro, con planes de dominar todo el mundo, que ha aparecido con recurrencia en las películas y series de televisión norteamericanas. La trascendencia de estas nuevas temáticas fue tan amplia que producciones más tardías, incluso del , continúan apelando a ese peligro de la destrucción nuclear como un icono en el que quedan enmarcadas todas las amenazas de aniquilación que pesan sobre la conciencia de las personas.

Las películas estadounidenses que abordaron el apocalipsis nuclear expusieron las consecuencias inmediatas que traería una guerra nuclear, incluyendo la aniquilación de grandes ciudades, la muerte de millones de personas y el colapso de la infraestructura global. Entre ellas, las obras más significativas fueron Day the World Ended (1955), On the Beach (1959), Panic in Year Zero (1962), Planet of the Apes (1968), The Day After (1983), The Terminator (1984), Six-String Samurai (1998), y The Book of Eli (2010). Por otro lado, se hicieron películas en las que el peligro de la radioactividad implicado en las armas nucleares derivó en la aparición de peligrosos monstruos. Algunas de estas fueron The Beast from 20,000 Fathoms (1953), Them! (1954), It Came from Beneath the Sea (1955), Creature with the Atom Brain (1955), Beginning of the End (1957), Attack from the Crab Monsters (1957), Attack of the Giant Leeches (1959). miniaturadeimagen|297x297px|Poster Dr. Strangelove, or How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb (29 de enero de 1964) Una de las películas de esta categoría que alcanzó mayor trascendencia fue Dr. Strangelove, or How I Learned to Stop Worrying and Love the Bomb (1964). En este film, el general de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos, tiene la intención de iniciar una guerra nuclear contra la Unión Soviética. Su objetivo es frustrar lo que él percibe como una conspiración comunista para contaminar el agua de las ciudades estadounidenses. Basándose en esta sospecha, decide bombardear sus objetivos prefijados en la Unión Soviética. Mientras otras personas intentan persuadir al general para que detenga, se enfrentan al dilema de si deben convencer a los soviéticos de que todo es un error y ayudarlos a interceptar la escuadrilla, o si deben aprovechar la situación para derrotar a la Unión Soviética. Pronto descubren que los soviéticos han creado el "Artefacto Definitivo", un sistema que, al detectar un ataque nuclear, lanzará automáticamente misiles contra su enemigo. Con la destrucción inminente, comienzan a planificar cómo será la vida para los supervivientes, refugiados en el subsuelo y en cuevas, a salvo de la radiación. Así, esta película aborda la temática de las armas nucleares, la radiación y la mutua destrucción asegurada.

Hay otras películas que no encajan fácilmente en las categorías anteriores, pero que igualmente han utilizado el tema nuclear de manera significativa como un elemento central de su trama. Estas son The Atomic Kid (1954), The China Syndrome (1979), The Manhattan Project (1986), Armageddon (1998), Deep Impact (1998), The Dark Knight Rises (2012), The Interview (2014). Paralelamente, las películas estrenadas que trataron directamente las causas del conflicto entre los Estados Unidos y la Unión Soviética fueron Fail-Safe (1964), War Games (1983), Red Dawn (1984) y Thirteen Days (2000). Por último, The Atomic Cafe (1982) es un documental que reúne y dispone una gran cantidad de material audiovisual, como clips de noticieros y películas de entrenamiento militar, que fue creado durante los años de la Guerra Fría en Estados Unidos, principalmente por el gobierno. En la película se destacan las referencias a las armas nucleares y a la carrera armamentista, capturando fielmente el espíritu de una época marcada por el miedo, el caos y una profunda incertidumbre existencial. Así, cubre tanto el impacto de la bomba atómica en la cultura popular y la vida cotidiana, como también documenta la creciente fascinación de los militares por llevar a cabo pruebas cada vez más peligrosas. La banda sonora de la obra incluye diversas canciones de la época que reflejan de manera constante la influencia del tema nuclear.

Los desarrollos filmográficos sobre temas nucleares fueron más limitados en la Unión Soviética. Entre estas se encuentran Nueve Días en un Año (1962), Comisión de Encuesta (1978) y Cartas de un Hombre Muerto (1968).

Literatura