La diversidad sexual en Portugal ha sido sobre todo dominada a lo largo de la historia por la ideología cristiana de la Iglesia católica, que caracteriza la sexualidad como un acto exclusivamente destinado la procreación, por lo que todas las demás actividades sexuales son vistas como pecaminosas y contrarias a Dios. A partir del la Inquisición portuguesa se encargó incluso de investigar, juzgar y condenar en la hoguera la sodomía. Esta visión moralista de la sexualidad se mantuvo hasta finales del , a pesar de la descriminalización que había ocurrido anteriormente, implicando que la gran mayoría de los homosexuales prefiriera esconderse a los ojos de la sociedad.
Actualmente la sociedad portuguesa ha venido a reducir progresivamente la discriminación por orientación sexual, tanto a nivel social, como político y legal, sobre todo entre las capas más jóvenes de la población. La homosexualidad, cada vez más, está comenzando a ser considerada como una variante más de la sexualidad humana, de la esfera íntima y personal de cada uno, y en gran medida libre de connotaciones de índole moral.
El periodo romano miniatura|200px|Busto de mármol de Adriano, del siglo II, amante de Antínoo. Hoy en el Palazzo dei Conservatori.
Los romanos trajeron, juntamente con los otros elementos de su cultura, su moralidad sexual.Eugene Rice, Rome: Ancient, glbtq, 2004, accedido el 14 de abril de 2007 (en inglés) En la sexualidad romana era factor determinante el estatus individual: la moralidad de los ciudadanos romanos les permitía, indiferentemente, penetrar a jóvenes esclavos, eunucos y prostitutos o esclavas, concubinas y prostitutas; por el contrario, no era aceptable que un ciudadano romano practicara sexo con otro ciudadano, ni dejara que cualquier otro hombre, cualquiera que fuera su edad o estatuto, lo penetrara.Priapeos romanos. Antología bilingüe latín-castellano , 2006, accedido el 27 de mayo de 2007 La distinción entre el homosexual activo (que podía tener sexo con mujeres y con hombres) y el pasivo era muy marcada, siendo el último visto como servil y afeminado, indigno de la ciudadanía romana, cuyos miembros masculinos debían ser viri, «hombres». Esta moralidad fue utilizada, por ejemplo, contra Júlio César, cuyos supuestos devaneos de juventud con Nicomedes IV, el rey de Bitínia, más viejo y su superior, corrían por las bocas de toda Roma;Louis Crompton, Roman literature, glbtq, accedido el 18 de abril de 2007 (em inglés) a lo que César respondió seduciendo a las mujeres de sus adversarios: «César, el hombre de todas las mujeres, la mujer de todos los hombres».atribuido a Caio Tranquilo Suetonio o a Curio el Viejo, y citado por Dante, en el «Purgatorio», en su obra La Divina Comedia
En general, en Roma dominaba una forma de sexualidad muy semejante a la practicada por los griegos, siendo la principal diferencia la no aceptación de la pederastia como relación sexual aceptable, incluyendo una componente pedagógica, entre un ciudadano adulto y otros más jóvenes.
El lesbianismo también era conocido en la Roma Antigua, tanto en su forma sáfica, o sea, entre mujeres «femeninas» que apreciaban sexo con adolescentes —una especie de pederastia femenina—, como en la forma tribadista, en la que mujeres «masculinas» apreciaban ocupaciones típicamente masculinas como la lucha, la caza y, también, el sexo con otras mujeres.
Como ejemplo, se puede mencionar a Marco Valerio Marcial, un gran poeta y hombre de letras nacido en Bílbilis, próximo a la actual Calatayud, pero vivió la mayor parte de su vida en Roma. La poesía de Marcial era rica en epigramas, donde describió, narrando en una primera persona ficticia, la penetración anal y vaginal, y la felación tanto con hombres como mujeres.
Otro ejemplo es Adriano,Eugene Rice (2004), Hadrian (76-138) en glbtq, fecha de acceso 14 de abril de 2007 (en inglés) uno de los emperadores romanos (de 117 a 138 AC) nacidos en Hispania, más concretamente en Itálica (actual Santiponce). Tuvo un famoso amante, Antínoo o Antonius, a quien, después de su muerte accidental en el Nilo, elevó al estatuto de Dios y en cuya honra construyó la ciudad de Antinópolis, en Egipto, así como incontables templos y santuarios esparcidos por todo el Imperio.
La llegada del cristianismo La moralidad romana ya había cambiado hacia el , en el que Amiano Marcelino critica amargamente las costumbres sexuales de los taifali, una tribu bárbara situada entre los Cárpatos y el Mar Negro, que practicaba la pederastia de estilo griego. En 342 los emperadores Constantino y Constancio introdujeron una ley para castigar la homosexualidad pasiva, posiblemente con la castración, ley que fue ampliada en el 390 por Teodosio, que deja quemar en la hoguera a todos los homosexuales pasivos que trabajaban en burdeles. En 438 la ley fue ampliada a todos los homosexuales pasivos y en el 533 Justiniano castigaba cualquier acto homosexual con la castración y la hoguera, ley que se hizo más estricta en el 559.
Se han dado tres razones para este cambio de actitud. Procopio de Cesarea, historiador de la corte de Justiniano, consideró que tras las leyes había motivos políticos, ya que permitieron a Justiniano eliminar a enemigos políticos, quedarse con sus propiedades y no tuvieron mucha eficacia eliminando la homosexualidad entre la gente corriente. La segunda razón y quizás la de más peso, sería la extensión del cristianismo dentro de la sociedad romana, que fue asumiendo el paradigma cristiano de que el sexo debe servir exclusivamente para la reproducción. Colin Spencer, en su libro Homosexuality. A history, avanza la posibilidad de que un cierto sentido de autoprotección de la sociedad romana tras sufrir alguna epidemia (como la peste, por ejemplo) aumentó la presión reproductiva sobre los individuos. Este fenómeno estaría combinado con la extensión del estoicismo en el Imperio.
Hasta el año 313 no hubo una doctrina común en el cristianismo sobre la homosexualidad, pero anteriormente San Pablo ya había criticado la homosexualidad como contra natura: Poco a poco los Padres de la Iglesia fueron creando un cuerpo literario en el que se condenaba la homosexualidad y el sexo en general en los términos más enérgicos, luchando contra una práctica común en la sociedad de la época, incluyendo la primitiva Iglesia.El poeta Ausonio (310-395) tuvo una apasionada relación con San Paulino, obispo de Nola. No se sabe si ese amor fue físico, pero la pasión ha quedado plasmada en las cartas que se escribían. Las cartas de Ausonio, 43 años mayor que Paulino, también señalan su tristeza por el alejamiento de éste cuando intensifica su vida cristiana. Incluso San Agustín confesó amores homosexuales en su juventud, aunque más tarde rechazaría esa lujuria como pecaminosa (Homosexuality. A history de Colin Spencer ISBN 1-85702-447-8). Por otra parte se identificó a la homosexualidad con la herejía desde muy pronto, no solo a causa de las costumbres paganas, sino también debido a los rituales de algunas sectas gnósticas o del maniqueísmo, que, según San Agustín, practicaban ritos homosexuales.
Los visigodos miniatura|200px|Bautizo de Clodoveo I. Los pueblos germánicos denigraban la homosexualidad pasiva y las mujeres, que se encontraban en el mismo nivel que los «imbéciles» y los esclavos, y glorificaban la camaradería guerrera entre hombres. Sin embargo, en los países escandinavos hay noticias de sacerdotes travestidos y afeminados y los dioses nórdicos, los Æsir, incluyendo a Thor y Odín, conseguían conocimientos arcanos bebiendo semen.
Durante la Alta Edad Media, las actitudes frente a la homosexualidad que habían existido en el Imperio romano básicamente se mantuvieron. Se conocen casos claros de homosexualidad, que si bien no era aceptada, tampoco sufría consecuencias. Es el caso del rey de los francos salios, Clodoveo I, que en el , el día de su bautizo, confesó relaciones con hombres o Alcuino de York, el poeta anglosajón del cuyos versos y cartas destilan homoerotismo. Pero poco a poco la moralidad cristiana, muy ligada a la sexualidad y basada en la idea judía de que el sexo era exclusivamente para la reproducción, se fue convirtiendo en un complejo entramado de disposiciones canónicas que influyó fuertemente en la legalidad vigente.
Uno de los primeros cuerpos legales que consideraba un crimen la homosexualidad masculina en Europa fue el Liber Iudiciorum (o Lex Visigothorum), que se promulgó en el . La ley visigoda contenida en dicho código (L. 3,5,6) castigaba la llamada sodomía con el destierro y la castración. Dentro de la sodomía se incluían todos los crímenes sexuales considerados no naturales, entre los que se contaban la homosexualidad masculina, el sexo anal (heterosexual y homosexual) y la zoofilia. El lesbianismo solo era considerado sodomía si incluía instrumentos fálicos.
Fue el rey Chindasvinto (642-653) el que impuso para la homosexualidad la pena de castración. Esta pena era desconocida en las leyes visigodas, excepto para los judíos que practicaban la circuncisión. Además de sufrir la castración, el reo era entregado al obispo local para que lo desterrara. Si era casado, el matrimonio quedaba anulado, la dote era devuelta a la mujer y los bienes repartidos entre los herederos.
En 693 Égica ordenó a los obispos reconsiderar la cuestión de la homosexualidad. Reunido el XVI Concilio de Toledo ese mismo año, los prelados ardiendo en el celo del Señor afirmaron que es bien conocido que muchos hombres están infectados por el mal de la sodomía.
En vista de la extensión del mal, los obispos acordaron confirmar el severo castigo ordenado por Chindasvinto, añadiendo cien latigazos y la decalvación. Además el destierro debía ser a perpetuidad. El concilio reconoció que la homosexualidad también se daba entre los obispos, sacerdotes y diáconos, pero decretó penas mucho más suaves para estos casos: los culpables debían ser simplemente secularizados y desterrados. Posteriormente Egica extendió a los clérigos la pena de castración y las demás impuestas por el concilio a los laicos.
El dominio musulmán La civilización de Al-Ándalus fue muy tolerante en cuanto a la sexualidad, al contrario que sus vecinos cristianos del norte, a excepción del intervalo creado por los almorávides y almohades.La información de esta sección está obtenida en su mayor parte de "La escondida senda": homosexuality in Spanish history and culture de Daniel Eisenberg . Más información en Homosexualidad en la Edad Media española de Jaime Montes Norniella Paradójicamente, el Corán prohíbe la homosexualidad, llegando incluso a la pena de muerte, pero las sociedades musulmanas, tanto de la península ibérica como del resto del mundo musulmán, no seguían esta regla. En la Risala fi-l-Fiqh, un compendio de Derecho islámico elaborado por Ibn Abi Zayd, alfaquí de la escuela Malikí, se expresa que el hombre que yaciera con un varón mayor de edad y que consintiera, provocaría la lapidación de ambos.
Grandes gobernantes como Abderramán III, Al-Hakem II, Hisham II y Al-Mutamid tuvieron como amantes a muchachos. Se llegó al extremo de que, para asegurar la descendencia, hubo que disfrazar a una muchacha de chico para seducir a Al-Hakem II. Estas costumbres también estaban extendidas entre la nobleza y las clases más altas.
Para hacerse una idea del ambiente, Abdelwahab Bouhdiba describe la siguiente situación en su Sexuality in Islam (Sexualidad en el islam). En los alrededores de Córdoba había algunos grandes jardines pertenecientes a palacios y casas solariegas, e incluso monasterios cristianos, en los que se jugaba y fluía el vino, en los que se disfrutaba de representaciones teatrales, cantantes y danzantes. En este ambiente se gozaba de una forma bastante liberal del sexo, tanto heterosexual como homosexual, no siendo extraña la presencia de prostitutas de ambos sexos. De hecho, es conocido que la prostitución masculina estuvo mejor pagada que la femenina durante algún tiempo.