La Toma de Las Delicias fue un ataque perpetrado por la guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia - Ejército del Pueblo (FARC-EP) el 30 de agosto de 1996 contra la base militar de Las Delicias del Ejército Nacional de Colombia, en Puerto Leguízamo (Putumayo). Tras el ataque, realizado por aproximadamente 500 guerrilleros, 27 militares murieron, 16 quedaron heridos y 60 fueron secuestrados, constituyéndose así en uno de los más graves reveses sufridos por las Fuerzas Militares en su lucha contra las FARC-EP.

Los secuestrado fueron liberados 10 meses después, el 14 de junio de 1997, cuando fueron entregados en un gesto unilateral a los representantes del entonces presidente de Colombia, Ernesto Samper después que éste concediera la desmilitarizacion de los municipios de Cartagena del Chairá, en el departamento de Caquetá. La cúpula militar, encabezada por el entonces general Harold Bedoya, protestó públicamente contra el presidente al "darle concesiones a la guerrilla bajo el chantaje".

Antecedentes

El plan para tomarse Las Delicias fue concebido por las FARC-EP el 17 de diciembre de 1995. El segundo comandante del frente 14 del Bloque sur, alias 'Isaías Perdomo', ordenó a 3 guerrilleros, alias 'Roberto', alias 'Darwin' y alias 'Camilo', desplazarse hasta las bocas del río Mecaya, en límites entre los departamentos de Caquetá y Putumayo, e infiltrarsen en la zona, trabajando como fachada en la finca de alias 'Esteban' o 'El Perro', miembro de una red de apoyo. Desde ese predio, localizado al norte de la base militar, los tres hombres adelantaron las primeras labores de inteligencia, para ubicar las vías de penetración a la guarnición, el número de personal acantonado y el tipo de armamento que portan, el lapso en que son abastecidos, el tipo de trincheras, las formaciones que realizan durante el día, la ubicación del radio de comunicaciones y de las zanjas y túneles de arrastre, y por último la identificación de los comandantes. Los guerrilleros rápidamente se familiarizaron con los 150 habitantes del caserío, y se fueron acercando a los soldados, ganando su confianza. Con la misma confianza con la que entraban a las casas de sus nuevos amigos en la población, podían caminar por las instalaciones de la base. Alias "Camilo", el más astuto de los tres infiltrados, aprovechando la afición común por la pesca que tenía con el capitán David Zambrano, comandante a la sazón de la posición militar, pudo entrar a relacionarse a fondo con él, acompañándolo en varias oportunidades a la orilla del río. Allí sostuvieron largas conversaciones. Así los tres jóvenes que estuvieron en Las Delicias, recolectaron durante cuatro meses amplia información, sobre la base y las actividades que allí se desarrollaban: la estrategia, la ubicación de los puestos de vigilancia, los depósitos de armamento y municiones y los sitios donde estaban localizados los morteros.

Otros guerrilleros haciéndose pasar por vendedores de productos agrícolas ingresaron también a la base y obtuvieron permiso para participar en los eventos deportivos que se organizaban dentro, lo que les permitió grabar un video captando el interior de la guarnición militar. A finales de julio de 1996, teniendo lista toda la información, el frente 14 fue desplazado hacia las riberas del río Suncilla, al occidente de Remolinos del Caguán. En ese lugar y con base en el video, fue construida una reproducción exacta del objetivo. A principios de agosto, los frentes 2, 32, 48 y la Columna Móvil Teófilo Forero, y un grupo de la Guardia Especial del Bloque Sur, iniciaron la concentración de tropas guerrilleras en el lugar, bajo la dirección de Ezequiel Huelguia Cruz, alias 'Rolando Romero', aproximadamente con 450 insurgentes. Días antes del ataque el capitán Zambrano y la Compañía A bajo su mando, fueron relevados por 110 militares de la Compañía C subordinada al Capitán Orlando Mazo, un antioqueño hijo de un suboficial retirado. Hacia poco que había pedido la baja del Ejército Nacional y como castigo fue enviado por segunda vez a las Delicias -seis meses atrás ya había estado acuartelado en la base-.

En la base de una hectárea y con 15 ranchos de alojamiento, el personal contaba con el armamento de dotación, un fusil por soldado, con munición correspondiente a la carga básica y carga de reserva para un total de 250 hombres, dos ametralladoras M-60 tipo Comando, una ametralladora Estándar M-60, dos morteros Soltand con 32 granadas, 8 lanzagranadas MGL de 40 mm con 162 granadas, 160 granadas de mano, 8 trampas de iluminación para alerta temprana, 16 bengalas Sudafricanas para señales y coordinaciones nocturnas, 5 anteojos de campaña, 1 pistola Pietro Beretta calibre 9 mm, siendo la totalidad de munición de reserva 21.000 cartuchos calibre 7,62 mm y 3.600 cartuchos eslabonados para las ametralladoras. Todos los ranchos de alojamiento tenían techo de paja y algunos estaban forrados en tabla, puesto que la mayoría donde dormían los soldados eran escuetos. Un área de las instalaciones daba al río Caquetá.

Ataque miniaturadeimagen|270x270px|Uniformados del Ejército Nacional de Colombia muertos en acción por las FARC-EP, en agosto de 1996. Fotografía tomada el 1 de septiembre en las ruinas de la cancha de fútbol de la base militar de Las Delicias (Putumayo),foto tomada por Subteniente Manuel Antonio Ayala Traslaviña. A las dos de la tarde del 30 de agosto se realizó un último partido de fútbol entre varios soldados y habitantes del caserío de Las Delicias. A las cinco llegaron los abastecimientos desde la Tagua, sede del Batallón de selva 49, Juan Bautista Solarte. En ese momento y sin permitir que los militares lo notaran, los guerrilleros se posicionaron cerca al perímetro de la base, mientras un pelotón de 30 soldados descargaba los víveres. El primer grupo posicionado, estaba dispuesto para matar a los 7 centinelas, mientras un segundo esperaba la señal para avanzar sobre las trincheras.

El asalto estaba programado para las 10:30 de la noche, pero tres horas antes un centinela descubrió a un guerrillero, cuando se arrastraba hacia su puesto para degollarlo, dando la voz de alarma. ¡Refuerzos, Refuerzos! gritó Martínez, el soldado de guardia, abriendo fuego para alertar al resto de la tropa, pero los subversivos se le vinieron encima y lo mataron a machete. En ese mismo instante una granada de fusil, cayó en la plaza de armas donde la mayoría de los militares estaban formados. Villada e Ibáñez, dos efectivos del tercer pelotón murieron por el impacto. Toda la tropa reaccionó inmediatamente y corrió a los puestos de defensa, disparando para repeler el ataque. Muchos se tuvieron que arrastrar para protegerse de la lluvia de morteros, granadas de mano y de los proyectiles. Muertos los centinelas y destruidas las posiciones de vigilancia con bombas incendiarias y una nutrida cobertura de fusiles y ametralladoras, los guerrilleros concentraron un gran volumen de fuego en el puesto n.º 1, ubicado a la entrada de la base y en el puesto n.º 3, que estaba a pocos metros del primero. El subteniente Ayala que se hallaba descargando las provisiones en el puerto del caserío, quedó fuera del perímetro de la base junto con 6 soldados desarmados.

Las siguientes 17 horas, soldados y guerrilleros se vieron envueltos en un feroz combate. Los miembros de las FARC-EP arremetieron con todo, contra los 3 pelotones de soldados regulares, aprovechando la debilidad de unas trincheras mal diseñadas, y de un sistema de comunicaciones insuficiente lo que imposibilitó a su vez la llegada del apoyo aéreo; apoyo por lo demás limitado por el estado de la Fuerza Aérea en ese momento. Para aumentar el desbalance entre las dos fuerzas enfrentadas, los uniformados tenían solo 21.000 cartuchos de reserva, (contando cada soldado con 6 proveedores con 35 cartuchos para G3, 2 granadas de mano y 1 granada de fusil), contra los 65 mil de los guerrilleros (de los cuales se consumieron 64 mil) que además transportaban morteros, lanzacohetes e innumerables bombas artesanales. Aun así las FARC-EP se toparon con una fuerte resistencia conducida personalmente por el Capitán Mazo.

Lucha nocturna

Los guerrilleros que avanzaban en vanguardia ocuparon las garitas destruidas y se instalaron en las trincheras situadas a la entrada de la guarnición esperando iniciar el asalto al interior de la base, pero la rápida reacción de los militares los obligó a recular y tenderse en el suelo. Debieron entonces abrir fuego con los morteros sobre las zanjas en donde se hallaban metidos los soldados intentando sacarlos de sus refugios, mientras a la vez trataban de eliminar las armas de apoyo y el centro de comunicaciones. No obstante, los efectivos del gobierno aguantaron la embestida. Un uniformado arrastrándose en medio del intenso traqueteo y la lluvia de granadas, llegó hasta el puesto de comunicaciones, rescató el radio y se lo llevó al Capitán Mazo, que pidió refuerzos a la Tagua.

Dos horas después en medio de violentos combates y tras el incendio y la destrucción de la mayor parte de la guarnición, se rindieron los primeros uniformados: alrededor de una veintena; "no me mate, no me mate que yo soy comunista", gritó uno de ellos. En ese instante, mientras comenzaba a caer un fuerte aguacero que se prolongaría hasta el amanecer del día 31, los miembros de las FARC-EP tenían ocupada más de la mitad de la posición, pues el campo de fútbol y los puestos 4, 5 y 6 se habían perdido desde el primer momento del ataque. No obstante, unos 50 soldados, al mando del Capitán Mazo refugiados en torno a los puestos 1, 2 y 3, lograron aguantar la arremetida desde ese punto, cubiertos por la retaguardia desde el Puesto 7 por el Subteniente Torres. El oficial recorría las zanjas dando órdenes de defensa, recogiendo las municiones y los fusiles de los muertos o heridos, redistribuyendo hombres y cuadrando a la tropa a lo largo de la trinchera. A la medianoche dos aviones OV-10, iluminan y ametrallan los alrededores de la base, pero no pueden comunicarse con esta y deben retirarse finalmente a Tres Esquinas. Pese a la falta de apoyo aéreo, desde La Tagua prometieron la pronta llegada de refuerzos, lo que dio a los sitiados moral para seguir resistiendo 10 horas más. El avance de los guerrilleros se estancó así frente a los dos puntos donde se hallaban atrincherados los militares y los combates siguieron intermitentemente toda la noche, hasta el amanecer. Incluso el insurgente que dominaba el panorama y cubría el avance de las columnas de asalto fue muerto con un tiro de MGL.

Asalto final