thumb|En el sector "Morena", la entrada de la Cooperativa Minera Villa Imperial. Sitio en funcionamiento desde 1895. Las minas de Potosí, también llamadas minas de Cerro Rico, que constituían uno de los centros mineros más importantes del mundo durante la época colonial española, se desarrollaron en el Cerro Rico, ubicado al sur de la ciudad de Potosí, en lo que entonces era el Alto Perú (actual Bolivia). Situadas en la franja polimetálica andina, las minas de Potosí son mundialmente conocidas por sus inmensos yacimientos de cobre, plomo, plata y estaño. A partir de 1545, bajo el virreinato del Perú, el descubrimiento de importantes yacimientos de plata nativa impulsó de manera decisiva las economías de Europa, América y Oriente.

Desde la época prehispánica, las minas de Potosí han propiciado el desarrollo de diversas formas de explotación entrelazando política, economía, sociedad, estatutos de los trabajadores, religión y mitología. En otras palabras, las actividades mineras en el Cerro Rico pueden considerarse como un fenómeno sociológico, un hecho social en sí mismo.

En 2014, el comité de la UNESCO inscribió a la ciudad de Potosí en la lista de los sitios históricos en peligro, debido a las actividades mineras en el Cerro Rico y al riesgo de colapso. Tuvo en cuenta también las deficiencias en la conservación y la falta de aplicación de las leyes, que afectan tanto a los recursos naturales como a la población.

Descubrimiento e historia thumb|Minero en una galería de las minas de Potosí (2006). Según una historia que se mantuvo oficial durante mucho tiempo, se dice que las vetas de plata de Potosí fueron descubiertas de forma casual, una noche del año 1545, por un pastor quechua llamado Diego Huallpa que se perdió mientras regresaba con su rebaño de llamas. Decidió acampar al pie del Cerro Rico y encendió una fogata para abrigarse del frío. Cuando despertó por la mañana, descubrió hilillos de plata fundidos por el calor del fuego. El cerro, aparentemente, era tan rico en vetas de plata que la misma se encontraba a flor de tierra. Otra leyenda sostiene que cuando el sapa inca Huayna Cápac mandó explorar el cerro, en tiempos prehispánicos, la montaña bramó diciendo "no toquéis la plata de este cerro porque es para otros dueños". Según el cronista potosino Bartolomé Arzáns, los indios habrían exclamado "¡Potocsi!" para describir el estruendo que había sacudido la montaña. Sin embargo, algunos historiadores argumentan que estas versiones "oficiales" del descubrimiento del yacimiento de Potosí sirvieron durante mucho tiempo para justificar la toma de posesión española del Cerro Rico y de sus riquezas. Sin embargo, numerosos proyectos de investigación realizados en la década de 2000 han comenzado a ofrecer una nueva perspectiva sobre la historia de las minas de Potosí y el inicio de la colonización. Estos proyectos permiten rastrear las relaciones políticas regionales que vinculaban a las poblaciones locales con los dos invasores: los Incas y los Españoles.

Antes de los Incas Con pruebas estratigráficas, Mark Paul Abbott y Alexander Wolfe determinaron que los minerales del Cerro Rico fueron explotados desde antes de Cristo, en un período incluso anterior a la cultura Tiahuanaco. Asimismo, según los investigadores Tristan Platt, Thérèse Bouysse-Cassagne y Olivia Harris, el Cerro Rico fue objeto de una intensa explotación en la época del Horizonte Medio (600 d. C. hasta el 1000 d. C.), llegando a menguar su producción entre 1100 y 1400 d. C., cuando surgieron formaciones políticas menores: los señoríos y las federaciones, la mayoría de ellos bajo hegemonía aimaras. De manera similar, algunas fuentes coloniales tempranas sostienen que, en el , la región de Potosí era territorio de un grupo étnico: los Qaraqaras. Se dice que forjaron una sólida alianza con los Charkas, sus vecinos del noreste, formando una vasta federación territorial. Y si la agricultura de altura y la cría de camélidos eran sus principales actividades económicas, la explotación minera también fue un foco de actividad, pero se mantuvo a pequeña escala.

Bajo el Imperio Inca Esta configuración se vio alterada a mediados del por la llegada de los Incas y la integración del territorio a su imperio: el Tawantinsuyu. La conquista territorial liderada por los Incas estuvo acompañada por la subyugación económica de las poblaciones locales, a menudo trasladadas a otros territorios dentro del imperio (un modelo que posteriormente adoptaron los españoles), y por una estrategia de dominación facilitada por el establecimiento de nuevas élites indígenas leales a los Incas. La búsqueda de nuevos yacimientos de metales preciosos fue fundamental para la expansión incaica hacia el sur. Bajo su control, la producción de metales fundidos en hornos de viento, llamados por los indios guairas, se intensificó y adquirió una nueva dimensión simbólica y religiosa. Las montañas ricas en minerales eran, en su mayoría, consideradas sagradas. Eran objeto de intensas prácticas rituales, incluyendo la qhapaqucha (Capac cocha) marcada por el sacrificio de niños locales. En las cumbres de las montañas más importantes, como el Cerro de Potosí, construyeron santuarios dedicados a sus deidades: los Wak’as.

En la época hispana (1535-1809) thumb|Indígenas trabajando en una mina en Potosi (mitayos). Grabado de Theodor de Bry, alrededor de 1590. Poco más de un siglo después de la llegada de los Incas, la región de Potosí se vio nuevamente sacudida por un cambio radical de poder. En 1539, Gonzalo Pizarro, hermano paterno menor de Francisco Pizarro y uno de los principales actores de la conquista del Perú, se estableció en la región. Los primeros años de la historia colonial de Potosí estuvieron marcados por las disputas entre las diversas facciones españolas, los Incas y la población indígena local, lo que justificó la apropiación del fabuloso yacimiento de plata del Cerro de Potosí. Este acto fue descrito como obra de un destino providencial, arraigado en las fantásticas historias de la montaña rugiente y del descubrimiento casual por el pastor Diego Huallpa, leyendas que aún resuenan en la memoria colectiva.

Otra versión argumenta que más allá de historias del cerro que brama y del pastor perdido con sus llamas, los papeles de la historia, como la declaración póstuma que prestó Diego Huallpa, permiten establecer que este indio, que era natural de Chumbivilcas, una provincia próxima al Cuzco, y perteneciente al círculo íntimo de la élite imperial incaica, llegó a Potosí con el encargo de evitar que los españoles se enteraran de que el Cerro Rico tenía plata. Así, la mina de Potosí fue escondida con motivo de su riqueza, por la importancia de su wak’a que estaba en su cumbre y con la esperanza de poder un día reconstruir el Tawantinsuyu.

Pero, al final, Manco Inca fue asesinado en 1545 y los indios que había enviado hasta territorio de los Qaraqaras, donde estaba el Cerro Rico, se sintieron libres de su mandato. Es probable, entonces, que Diego Huallpa, ya sin encargos de por medio, decidiera primero comenzar a explotar personalmente la plata del Cerro Rico y, después, dejar de encubrirla. De aquí en adelante, avisara a los españoles sobre el yacimiento. El 1 de abril de 1545, los capitanes Juan de Villarroel, Diego de Centeno, Francisco de Centeno y Luis Santandia de Cotamito tomaron posesión del Cerro Rico "en nombre del Padre, del Hijo, del Espíritu Santo y del Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, Carlos V".

Desde esta fecha, la población indígena sufrió una explotación infrahumana. Miles de indígenas procedentes de todos los rincones del antiguo imperio inca, reclutados a la fuerza, fueron arrancados a sus familias y sus campos para trabajar en las minas de Potosí. Fueron sometidos a la mita, un sistema que ya era habitual en el incario, pero cuyo uso intensificaron los españoles, y creció aún más a instancias del virrey Francisco Álvarez de Toledo, ante la falta de mano de obra para la minería. A los mitayos (como se llamaba a los indios sometidos a la mita) se les hacía trabajar hasta 15 horas diarias, cavando túneles, extrayendo el metal manualmente o a pico, etc. Eran muy frecuentes las enfermedades, los derrumbes y otros accidentes que ocasionaban la muerte de cientos de trabajadores. Las rebeliones eran ahogadas a sangre y fuego. Es probable que hasta 15 000 indígenas murieran en la explotación de la plata, entre 1545 y 1625.

En 1577, se contaba 140 Molinos hidráulicos en los cuales se procesaba el metal antes de moldearlo en barras. Pero si bien las minas de Cerro Rico producían la materia prima que enriqueció a España, fue la Casa de la Moneda de Potosí la que fabricó los Reales de a Ocho que se usaban en todas las esquinas del mundo y que sentaron las bases de una moneda global. La producción de plata nativa llegó a su punto máximo alrededor del año 1650 (100 años de producción), y la de en forma de galena argentífera, que requería el tratamiento químico con mercurio (amalgamacíon), disminuyó alrededor de 1895. Se estima que entre 1546 y el final del período colonial, se extrajeron más de 25 000 toneladas de plata de las profundidades de las minas de Potosí. Sus mineros, maquinarias, hornos y sistemas hidráulicos conformaban el mayor complejo industrial de la época.

Desde la época republicana (1826) en adelante thumb|Vista de las minas de Potosí (1927). Para los habitantes de Potosí, el trágico destino de los mitayos sigue siendo el acontecimiento que define lo que consideran el motor de su historia: la apropiación de las riquezas de la sierra por parte de unos pocos privilegiados, en detrimento de la población local. Los españoles, que durante más de 250 años se apoderaron de las vetas de plata más ricas, figuran claramente entre los acusados. Sin embargo, la memoria popular los sitúa junto a los grandes terratenientes de la época republicana que se enriquecieron durante el auge del estaño en la primera mitad del . En aquel entonces, casi todas las minas de Potosí cayeron en manos de Moritz Hochschild, Simón I. Patiño y Carlos Víctor Aramayo. En cualquier caso, más de un siglo después de la guerra de independencia contra los realistas españoles (1809-1825), el 2 de octubre de 1952, el Movimiento Nacionalista Revolucionario (MNR), que acababa de tomar el poder por la fuerza, decretó la nacionalización de las minas (Decreto Supremo Nº 3196). De este modo, en Potosí, la poderosa Corporación Minera de Bolivia (COMIBOL) sustituyó a Moritz Hochschild al frente de la Empresa Unificada.

La nacionalización de las minas de Potosí permitió otorgar las primeras concesiones mineras legales. A partir de entonces, el primer sindicato de mineros se institucionalizó: Sindicato de la Empresa Minera Unificada (que tendrá casi una docena de minas en la década de 1960). Al mismo tiempo, la implementación de la Reforma Agraria promulgada en 1953 y una dinámica de movilidad social sin precedentes crearon las condiciones para nuevos flujos migratorios del campo a las minas de Potosí. En 1958, el gobierno boliviano promulgó la "Ley General de Cooperativas" y posteriormente creó el Instituto Nacional de Cooperativas (INALCO). Como resultado, los sindicatos mineros cambiaron su estatus legal y se convirtieron en cooperativas, bajo los gobiernos militares de Bolivia (1964-1982). Sin embargo, hasta mediados de la década de 1980, la COMIBOL y el Banco Minero de Bolivia mantuvieron el monopolio del comercio de minerales, procesados en sus refinerías.

thumb|Planta de refinación de minerales abandonada por la COMIBOL (1992).