thumb|250px|Cupido con una mariposa, obra de William-Adolphe Bouguereau. 1888. thumb|250px|Marte desarmado por Venus, obra de Jacques-Louis David (1824). Según la versión más difundida, Cupido es hijo de Venus y de Marte.

Cupido (en latín: Cupīdo, ‘Deseo’; en italiano: Cupido; en griego Κούπιντο; llamado también Amor, -ris en la poesía latina), Valbuena, Manuel. Diccionario universal latino-español. Página 45. - 1808.Enciclopedia Británica es, en la mitología romana, el dios del amorSegundo Mitógrafo Vaticano, 46 (Sobre el Cupido de Venus) y el deseo amoroso., Diccionario de términos literarios, Página 93 - 1990. Fue precisamente el nombre que el poeta Virgilio, en la Eneida, dio al hijo de Venus.Virgilio: Eneida I 658, 695; X 9 Es representado como un muchacho desnudo y alado; las representaciones plásticas de Cupido como un angelote se hicieron proverbiales en el acervo cultural. A Cupido o el Amor se lo representa con alas, antorcha, aljaba, arco y flechas. Es un niño tierno, regordete, gracioso, travieso y malicioso. O bien un efebo audaz sin piedad, desnudo, con ojos vendados y una vista penetrante. Su equivalente en la mitología griega es Eros. Los Mitógrafos Vaticanos nos dicen que Cupido era hijo de Venus sin padre, pero otros dicen que el amante de Venus y padre de Cupido era Marte o Vulcano, o incluso Cupido pudiera ser hijo del Caos y una de las fuerzas fundamentales del mundo. También dicen que hay dos Amores, el casto y el impuro.

Etimología

«Cupido» es una palabra latina emparentada con otras cuya etimología gira en torno al «deseo». Cupiditas: Deseo vehemente, apetito, ansia, pasión., Valbuena, Manuel. Diccionario universal latino-español Página 205. - 1808. Cupidus: Deseoso, ansioso, apasionado, el que ama y desea con pasión. Como nombre propio, Cupido pasó sin variación del latín al español, tomándolo del nominativo y no del acusativo, como es costumbre.

Mito

Ascendencia y naturaleza

Existen varias versiones acerca del nacimiento de Cupido. Según Séneca, es hijo de Venus y de Vulcano.Séneca, Octavia 560, Santos López Pelegrín. Panléxico: vocabulario de la fábula Página 101 - 1842. Virgilio dice que Cupido es hijo de Júpiter y de su propia hija Venus, de modo que Júpiter era a la vez su padre y su abuelo.Virgilio: Ciris, 134 Cicerón, en el tercer libro de De natura deorum, nos habla de hasta tres dioses Cupido. El primer nació de Mercurio y Diana, el segundo de Mercurio y Venus, y el tercero, que se identifica con Anteros, nació de Marte y Venus.Cicerón: De Natura deorum, III, 60 Higino y Cicerón dicen que el Amor había nacido de la Noche y el Érebo. Bajo una lectura helenizante dice que el Amor es el ‘que afloja los miembros’, el ‘sensato’ y el de ‘dulces miembros’.Higino: Fabulae, prefacio; Cicerón: De natura deorum 3.17 Cupido, como un dios joven hijo de Venus es violento y caprichoso; el Amor, como una fuerza primordial, es suave y deleitoso. Los poetas alternaban ambas facetas libremente., Diccionario universal de mitología o de la fábula, Tomo I. - 1835. B.G.P. Página 402.

Cupido y Venus Cupido nació en Chipre, como su madre, quien tuvo que esconderle en los bosques y dejar que fuera amamantado por fieras que solo con él eran piadosas. Venus no osaba tenerle consigo, temiendo el rigor de Júpiter, quien, previendo todo el mal que el niño haría al universo, pretendía fulminarlo al nacer. El destino, sin embargo, permitió que Cupido se mantuviera a salvo. Se formó hermoso como su madre, y audaz como su padre, e incapaz de ser guiado por la razón, a la manera de sus selváticas nodrizas. En el bosque fabricó un arco con madera de fresno, y flechas de ciprés. Tiempo después, Venus le regaló arco y flechas de oro. Además, se le concedió el poder de que ni los hombres ni los dioses, ni su propia madre ni aun su propio pecho fuesen inmunes a las heridas que produjeran sus flechas, como prueba el amor hacia Psique, al que él mismo se vio sometido. La nereida Tetis, el día de sus bodas con Peleo, obtuvo para Cupido el perdón de Júpiter, y la gracia de ser admitido entre los dioses patricios., Escosura, Patricio. Manual de mitología Página 135. - 1845.

La paloma estaba consagrada a Venus y un mito nos lo hace saber. Una día Venus y Cupido bajaron a cierto prado para divertirse y ver quién era capaz de recoger más flores en una competición amistosa. Resulta que Cupido, por tener la rapidez de sus alas, consiguió reunir más flores. Pero cierta ninfa, llamada Perístera, corrió a auxiliar a Venus, la ayudó a recoger flores y además la declaró vencedora de la competición. Cupido, irritado, transformó a la ninfa en paloma, que los griegos dicen peristerá (περιστερά), pero desde entonces Venus acogió a ese ave bajo su protección.Primer Mitógrafo Vaticano, 172 (Por qué la paloma está consagrada a Venus)

Miguel de Cervantes, en el Capítulo XX de la segunda parte de Don Quijote de la Mancha, pone estos versos descriptivos en boca de Cupido:

thumb|180px|left|Retrato del príncipe Enrique Lubomirski como el Amor, obra de Vigée-Lebrun, 1789. thumb|220px|Venus y Cupido, de Alessandro Allori. Museo Fabre, Montpellier.

Venus se preocupaba porque su hijo no maduraba y no crecía, así que consultó con el oráculo de Temis, que le dijo: «El amor no puede crecer sin pasión». Venus no entendió estas palabras hasta que nació su otro hijo, Anteros, que es el dios del amor correspondido y la pasión, o amor que corresponde al primero, y con el que Cupido no siempre está unido. Por eso se representa a Cupido como un niño con alas, para indicar que el amor suele pasar pronto, y con los ojos vendados para probar que el amor no ve el mérito o demérito de la persona a quien se dirige, ni sus defectos, mientras se fija en ella. Cupido además va armado con arco, carcaj y flechas., Reinés, Rafael. Compendio de mitologia y de las Metamorfosis de Ovidio Página 32. - 1840. Cuando Anteros y Cupido andaban unidos, este se transformaba en un joven hermoso, pero cuando se separaban volvía a ser un niño con los ojos vendados, un amor «travieso y ciego», como era representado.

Las flechas de Cupido Cupido lleva dos tipos de flechas o dardos: una con una punta de oro afilada y la otra con una punta roma de plomo. La persona herida por la flecha de oro se llena de un deseo incontrolable pero la alcanzada por la de plomo siente aversión y solo desea huir. El poeta latino Ovidio describe el uso de estas flechas en el primer libro de Las metamorfosis. Cuando Apolo se burla de Cupido por ser un arquero menos diestro, Cupido le dispara con la flecha de oro, pero alcanza al objeto de su deseo, la ninfa Dafne, con la de plomo. Atrapada por las insinuaciones de Apolo, Dafne reza a su padre, el dios del río Peneo, que la convierte en laurel, el árbol sagrado de Apolo. Es la primera de varias aventuras amorosas infructuosas o trágicas de Apolo.Ovidio: Las metamorfosis I, 463–473. Este tema se refleja de algún modo en la historia de Eco y Narciso, en la que la diosa Juno impone el amor de la ninfa Eco a Narciso, que está maldito por la diosa Némesis por ser egocéntrico e insensible a sus deseos.Ovidio: Las metamorfosis, libro III passim En The Kingis Quair (‘El libro del rey’) un poema del atribuido a Jacobo I de Escocia, Cupido ya tiene hasta tres flechas: la de oro para un «golpe» suave que se cura fácilmente, plata para otro más contundente, y acero para una herida de amor que nunca cicatriza.The Kingis Quair, líneas 92–99; Walter W. Skeat, Chaucerian and Other Pieces (Oxford University Press, 1897, 1935), sup. vol., note 1315, p. 551.

Cupido e Himeneo

Himeneo, dios del matrimonio, es, de acuerdo a una de las versiones de su nacimiento, hijo de Venus y de Baco, y por tanto, medio hermano de Cupido, a quien se le representa avivando la antorcha de Himeneo; es decir que el Amor aviva la pasión del matrimonio.

thumb|200px|Cupido reaviva la antorcha de Himeneo. Obra de George Rennie.

José Agustín Ibáñez de la Rentería, en sus Fábulas en verso castellano, narró así esta leyenda:

Cupido y Ninfea

Étienne Louis Geoffroy escribió La Higiene o El arte de conservar la salud, un poema en latín en el que reinventa el papel de Cupido. Se dice que este, irritado de los desprecios de la diosa Diana, tomó un día sus flechas, montó su arco, cogió una de ellas y la apuntó al corazón de Diana. La flecha voló a su blanco, pero no hirió a Diana, quien en un rápido movimiento logró esquivarla. Sin embargo, la flecha atravesó el seno de Ninfea, una de las ninfas de Diana.

thumb|200px|left|Nenúfar.

Ninfea quedó así enamorada, y su corazón experimentó lo que nunca antes había sentido; un ardor desconocido la consumía. Se debatió entonces entre un deseo ciego y el pudor. Maldijo las leyes austeras, y amargamente se quejó del yugo que le imponía la necesidad. Trató dentro de sí de arrancar la flecha, pero no pudo. Lanzando gemidos y quejas se lanzó a los bosques. «¡Oh, pudor! -exclamó-; tú, el más precioso y más bello adorno de una ninfa sagrada; si mi espíritu es culpable para contigo de un sentimiento vivo que te ofende, mi cuerpo todavía está inocente; que sea suficiente esta víctima para tu cólera excelsa; que esta pura onda me lave de un crimen que concebí para mi pena, y que mi voluntad con horror detesta.», La higiene o el arte de conservar la salud: poema latino. Página 262. Geoffroy, Etienne Louis. 1803. Así dijo, y levantando al cielo sus ojos, anegados de lágrimas, se precipitó a las aguas. Sus compañeras mientras tanto la buscaban. Las dríades finalmente la encontraron. Diana deploró el horrible destino de Ninfea, pero no permitió que su cuerpo se sumergiera. Sobre las ondas del agua, lo hizo flotar, y lo convirtió en la flor que lleva por nombre nenúfar, de una blancura brillante, con un tallo majestuoso de anchas hojas verdes. Desde entonces, las aguas que rodean al nenúfar son tranquilas y calmas.

Quiso Diana que, puesto que Ninfea había calmado los fuegos de la pasión del hijo de Venus en el frío elemento del agua, así mismo el nenúfar tuviera la propiedad de calmar, y de embotar los sentidos para no entregarse a los ardores de la voluptuosidad. Desde ese tiempo, las ninfas no temen ya a las flechas de Cupido, pues el humilde nenúfar las protege y les sirve como antídoto a los ataques del Amor.

Cupido y Psique

thumb|140px|Cupido y Psique, de Bouguereau, 1889.

El escritor romano Apuleyo narró la historia de Cupido y Psique en su obra El asno de oro., Adaptado de: Mitología universal. Juan Bautista Carrasco, Gaspar y Roig (Madrid) - 1864. Página 491..

Cuenta Apuleyo que en cierta tierra remota hubo un rey y una reina, padres de tres hijas. La menor y más bella de todas se llamaba Psique (representación del alma). Su hermosura era tal que le dio renombre de ser una segunda Venus. Su padre, a través del Oráculo de Delfos, intentó conseguirle un esposo. El Oráculo le dijo que ella no estaba destinada a ningún mortal, «porque el amor del alma siempre es inmortal», sino a un dios deforme y temible para los otros dioses y hasta al mismo Plutón. Añadió también que debían abandonar a la princesa en un monte al borde de un precipicio, pero vestida con su traje de bodas.

Venus, celosa de la belleza de Psique, pidió a Cupido que usara sus flechas doradas para hacer que Psique se enamorase del hombre más feo del mundo; Cupido accedió. Mientras eso pasaba, Psique fue a la cima de la montaña. Céfiro, el dios del viento del Oeste, llegó, la arrebató, y la condujo flotando suavemente en medio de un bosque, donde había un magnífico palacio, al parecer deshabitado. En ese momento apareció Cupido, quien al ver a Psique quedó prendado de su belleza.

thumb|250px|left|Cupido y Psique, de Jacques-Louis David.