border|right|150px|thumb|Escudo de la ciudad de Murcia.
Murcia, capital de la comunidad autónoma de la Región de Murcia, es una ciudad y municipio de España con 474 617 habitantes (INE 2024).
Sus orígenes son inciertos, pero hay constancia de que fue mandada fundar con el nombre de Medina Mursiya en el año 825 por el emir de al-Ándalus Abderramán II, probablemente sobre un asentamiento muy anterior. Durante la Edad Media fue capital de distintos reinos de taifas de creciente importancia y entre 1243–1266 se incorporó a la Corona de Castilla como capital del Reino de Murcia, siendo además ciudad con voto en cortes y sede episcopal desde 1291.
Tras la profunda crisis vivida en el , en el creció económica y poblacionalmente. En el la ciudad disfrutó de una importante expansión que se reflejó en las artes y el urbanismo, hasta el punto de que puede hablarse de un Siglo de Oro murciano, con figuras tan descollantes como Francisco Salzillo y José Moñino, Conde de Floridablanca.
A finales del Murcia se convirtió en capital de la nueva comunidad autónoma de la Región de Murcia y vivió un gran auge económico y demográfico que la ha situado como el séptimo municipio español por población.
Orígenes y toponimia thumb|right|120px|Monumento a Abderramán II en la plaza de la Cruz Roja de Murcia. Existen muchas dudas sobre los orígenes de la ciudad de Murcia. Hay constancia de que fue mandada fundar el 25 de junio del año 825 por el emir de Al-Ándalus Abderramán II con el objetivo de sofocar las revueltas entre yemeníes y qaysíes que ensangrentaban las tierras de la Cora de Tudmir, en un intento de garantizar la supremacía de la autoridad del Emirato de Córdoba sobre los particularismos tribales.Rodríguez Llopis, pag. 44
Historiadores como Rodríguez Llopis, o filólogos como Menéndez Pidal o Alfonso Carmona defendieron sin embargo que lo que se produjo en aquel año no fue realmente una creación ex novo sino el establecimiento de la capitalidad de la cora en un lugar de secundaria importancia llamado Mursiya.
En ese sentido, el emir Abderramán II, de forma paralela a la fundación, ordenó la destrucción de la ciudad de Eio, núcleo que tras la conquista musulmana comenzó a ser denominado como Tudmir, al ser donde posiblemente Teodomiro (nombre arabizado como Tudmir) y el resto de la élite provincial hispanogoda pasaron a residir tras la firma con Abd al-Aziz ibn Musa del pacto de Teodomiro en el año 713.Rodríguez Llopis, pag. 41 Inicialmente, la nueva ciudad situada en el centro del valle del Segura recibió el mismo nombre, Tudmir, pero acabará permaneciendo una denominación anterior (Mursiya),Rodríguez Llopis, pag. 49 lo que lleva a suponer la existencia previa de otra población en la misma zona o en sus proximidades cuyos orígenes se remontarían a un asentamiento o villa romana de la que el nuevo núcleo fundado por los omeyas cordobeses tomaría el nombre.
Aunque no se conoce el topónimo originario, lo cierto es que Murcia es un término latino, existiendo una divinidad denominada Venus Murcia, que se cree era la diosa romana del mirto (myrtus en latín). Según el polígrafo romano Marco Terencio Varrón, el nombre de la diosa Murcia estaría relacionado con myrtea, derivado del latín myrtus, con el significado de mirto, en la creencia de que el terreno ocupado por su lugar de culto en Roma estaba originalmente poblado por mirtos.
thumb|right|Imagen de un arbusto de mirto (Myrtus communis). Incidiendo en esta línea, algunos eruditos postularon un hipotético culto antiguo a dicha diosa en el área en la que ahora se encuentra la ciudad de Murcia. El primero en proponerlo fue Francisco Cascales, en sus Discursos históricos de la muy noble y muy leal ciudad de Murcia publicados en 1621. Cascales dice textualmente:
Aunque no hay pruebas de la existencia de este culto en la zona, está demostrado arqueológicamente el desarrollo en el valle del Segura de un extenso complejo de villae romanas que aprovechaban la feracidad de las terrazas fluviales y la abundancia del agua del río.Juan González Castaño, Breve historia de la Región de Murcia, pag. 69 Pocklington propone que el núcleo de población primigenio podría haberse denominado Murtea (lugar de mirtos) o Murtia. Sea como fuere esa primera denominación originalmente, lo cierto es que evolucionaría al arabizado Mursiya, que es el que aparece documentado en las primeras crónicas.
Prehistoria y Edad Antigua miniatura|Botijo argárico del Puntarrón Chico de Beniaján, en el Museo Arqueológico de Murcia. Las evidencias humanas más antiguas en el actual territorio del municipio de Murcia pertenecen a la Cultura del Argar; cultura desarrollada durante la Edad del Bronce que tuvo su centro en el sureste ibérico con un avanzado concepto de urbanismo, además del dominio de la agricultura y la metalurgia del bronce.
En la época prehistórica, así como en la antigüedad, la mayoría de asentamiento humanos se concentraron en los rebordes montañosos de la depresión prelitoral o vega del Segura. Así, en el borde sur destacan los yacimientos del Puntarrón Chico de Beniaján de época argárica, o Santa Catalina del Monte del Bronce Final.Juan González Castaño, Breve historia de la Región de Murcia, pag. 29 En el borde norte destaca el yacimiento de la cuesta de San Cayetano de Monteagudo, con una prolongada secuencia de ocupación que va desde el Argar, pasando por el Bronce Tardío y el mundo íbero, hasta la Roma altoimperial. miniatura|izquierda|Oinocoes íberos del Verdolay. Museo Arqueológico de Murcia. Con la llegada de la Edad del Hierro, los íberos tuvieron un especial desarrollo en la Cordillera Sur con los yacimientos del Verdolay, en donde aparece un importante poblado, con una necrópolis asociada (el Cabecico del Tesoro) y un santuario (el Santuario de la Luz) datados entre el 500 a.C. y la romanización.Juan González Castaño, Breve historia de la Región de Murcia, pag. 37 miniatura|120px|Columna del entorno del Martyrium de La Alberca. Museo Arqueológico de Murcia. Fue en plena época romana cuando comenzaron los asentamientos en el fondo del valle del Segura, zona de almarjales y aguas estancadas que fueron convertidas al cultivo a través de las primeras evidencias de aprovechamiento hídrico de la zona, como se ha podido comprobar en yacimientos como el de Joven Futura en Espinardo, con restos del siglo I al VII. El referido origen antiguo de Murcia estaría en una de esas villae que aparecieron en áreas más próximas al río Segura.
La mencionada zona de la Cordillera Sur vivió otro impulso poblacional durante la época tardorromana-visigoda, con los yacimientos del Martyrium de La Alberca del , el Castillo de Los Garres (siglos -) y la Basílica del Llano del Olivar de Algezares ().
En torno a esta última se han encontrado los restos de un edificio porticado y una necrópolis, algo que ha llevado a algunos historiadores a plantear que podría tratarse de los restos de la mítica ciudad de Eio, también llamada Tudmir, cuya destrucción a manos de Abderramán II supuso la fundación de Murcia, en el año 825.
Edad Media
Época musulmana (siglos IX–XIII)
Aunque la explotación agraria a gran escala y el aprovechamiento hídrico del valle en donde se encuentra Murcia se remonta a tiempos romanos, fueron los árabes los que, aprovechando el curso del río Segura que atraviesa la depresión prelitoral, perfeccionaron y ampliaron una compleja red hidrológica formada por acequias, brazales y azarbes. Las acequias principales de dicha red eran (y siguen siendo) la Aljufía y la Alquibla. Canales que el geógrafo árabe Al-Himyari describió como
Ambas toman sus aguas del río Segura en el azud de la Contraparada. Este sistema de riego dio prosperidad a la ciudad convirtiéndola en uno de los centros de producción agraria más importantes de al-Ándalus.
Ibn Hayyan relata que las tropas omeyas sometieron a la ciudad a un duro asedio de diez días en agosto del año 896, por lo que cabe concluir que Murcia estaba ya por entonces suficientemente fortificada. De la misma manera, al-Razi la calificó en el como "lugar bien defendido". Siglo en el que, además de capital político-administrativa (como ya era desde el siglo anterior), se acabó convirtiendo en centro económico de la Cora de Tudmir.
Con la crisis del Califato, la ciudad entró en un primer momento en la órbita de la Taifa de Almería, comenzando así un periodo en el que Murcia jugará un importante papel en la historia andalusí.
La primera Taifa () y la conquista almorávide thumb|Taifas en el 1037, donde se aprecia la primera Taifa de Murcia. No fue hasta la segunda mitad del cuando la ciudad encabezó su primer reino taifa independiente. Bajo el mandato de Abu Abd al-Rahman Ibn Tahir, Murcia logró independizarse de la Taifa de Valencia al caer esta en manos de la de Toledo. Este primer estado independiente murciano concluyó en el año 1078 cuando las tropas sevillanas de Al-Mutamid entraron en la ciudad.Rodríguez Llopis, pag. 53
Una vez anexionada la primera Taifa de Murcia, el visir de Al-Mutamid, Ibn Ammar, ideólogo de la campaña y gobernador de la ciudad tras la toma, se nombró a sí mismo rey y cortó relaciones con Sevilla. Sin embargo su poder no duró mucho, pues comenzó a utilizarlo para fines suntuosos que le granjearon la desafección del pueblo murciano. El general Ibn Rashiq traicionó a Ibn Ammar, que se vio impelido a abandonar la ciudad, quedando como regente independiente.
Tras la toma del castillo de Aledo (1086) por caballeros castellanos, Ibn Rashiq llegó a apoyar a los cristianos durante el conocido sitio de esa plaza (1089), donde participaron buena parte de los caudillos andalusíes y el emir almorávide Ibn Tasufin, ante las sospechas de que Al-Mutamid y Tasufin habían pactado la entrega de Murcia al monarca sevillano. Esta actitud incomprensible para la ortodoxia islámica decidió a los almorávides a conquistar por completo al-Ándalus, incorporándola como provincia a su imperio. En junio de 1091, tropas norteafricanas al mando del hijo de Ibn Tasufin sometieron finalmente Aledo y Murcia.Rodríguez Llopis, pag. 54
La ciudad vivió entonces el que fue su primer gran auge urbano, aumentando considerablemente la población, lo que hizo que se mejorara el sistema defensivo tanto de la medina como del arrabal de la Arrixaca, cuya parte norte fue construida en este periodo, gracias a los restos del yacimiento arqueológico de San Esteban. El geógrafo Al Idrisi describió de la siguiente forma la ciudad durante la etapa almorávide en su obra Nuzhat al-Mushtak:
Capital de Xarq al-Andalus con Ibn Mardanis ()
Murcia fue uno de los centros de la sublevación anti-almorávide de 1144 dirigida por el líder andalusí Sayf al-Dawla, llamado por sus aliados cristianos como Zafadola, y el militar Ibn Iyad, que quedó como nuevo gobernador de la ciudad (siendo su lugarteniente un miembro de la familia Mardanis). thumb|right|Detalle del mihrab del oratorio del Alcázar Mayor de Murcia, . Tras la ruptura de Zafadola con Alfonso VII de Castilla se produjo la batalla de al-Ludjdj (1146) donde moriría Zafadola. La ciudad fue tomada momentáneamente en mayo del mismo año por Abd Allah ibn Jarak ats-Tsagri (aliado de los castellanos), aunque Ibn Iyad la acabó recuperando al poco.
Tras la muerte de Iyad en agosto de 1147 y coincidiendo con la invasión almohade de la península, su lugarteniente, Ibn Mardanis, acabó por ser nombrado emir en Xarq al-Ándalus, luchando contra el Imperio Almohade establecido al oeste peninsular, valiéndose así mismo de alianzas con los reinos cristianos del norte, los cuales le llamaron con el sobrenombre de Rey Lobo.
Durante su reinado (1147–1172) la ciudad de Murcia fue su capital, rigiendo desde ella un territorio que comprendía desde Jaén y Baza hasta Valencia y Albarracín (Ibn Mardanis llegó a conquistar también Écija y Carmona), viviendo un momento de esplendor convertida en un centro político y cultural comparable a las principales capitales islámicas del momento.Rodríguez Llopis, pag. 56