miniaturadeimagen|Pangea. Deriva continental y clima son procesos relacionados ya que la posición de los continentes es un factor determinante en la conformación del clima global y regional. Los continentes afectan el clima modificando los patrones de viento globales, las rutas de las corrientes oceánicas, la distribución global de absorción del calor, la distribución de las precipitaciones, las escorrentías sobre los océanos y la vegetación. Los movimientos de la corteza provocan además procesos geológicos como orogénesis, vulcanismo y erosión que influyen en los ciclos bioquímicos como el ciclo del carbono.

El ciclo supercontinental thumb|Hoja fosilizada de helecho del período carbonífero. Se considera a los helechos como especies de plantas primitivas entre las primeras en aparecer en nuestro planeta. Durante el carbonífero, los grandes bosques de helechos arborescentes dieron origen a los depósitos de carbón en los que suelen aparecer fósiles que muestran la misma estructura de estas plantas, que casi no ha cambiado durante unos 600 millones de años o más|alt= El clima a largo plazo de la Tierra ha sido profundamente influenciado por el ensamblaje episódico y la ruptura de supercontinentes a intervalos de aproximadamente 500 millones de años. El último supercontinente Pangea se formó hace unos 310 millones de años y comenzó a romperse hasta hace 180 millones de años. El próximo supercontinente probablemente se formará en 200-250 millones de años, lo que implica que la Tierra está actualmente a la mitad de la fase del ciclo actual

El ciclo supercontinental impacta en el nivel global del mar y el CO2 atmosférico (y otros gases de efecto invernadero), cuyos niveles han fluctuado en respuesta a la variación de la actividad volcánica y su eliminación como carbonato por la meteorización química de los minerales de silicato. La amalgama de un supercontinente tiende a coincidir con un enfriamiento climático debido a la reducción del CO2 atmosférico consecuencia de una mayor erosión producto de la elevación del terreno por la actividad orogénica. Por el contrario, la ruptura de un supercontinente tiende a coincidir con el aumento del CO2 atmosférico y un calentamiento global a medida que los fragmentos continentales se dispersan y disminuye la superficie expuesta a la erosión, efecto retroalimentado por el aumento del nivel del mar.

Los supercontinentes también pueden influir en el clima global a través de su conexión causal con las plumas del manto y las grandes provincias ígneas vinculadas a su ruptura, que pueden amplificar la tendencia de calentamiento mediante la liberación de gases de efecto invernadero o pueden causar enfriamiento y un periodo glaciar mediante la liberación de aerosoles de sulfatos y la extracción de CO2 atmosférico a través de la meteorización química de basaltos.

Huellas de climas distintos a los actuales thumb|Hoja fosilizada de helecho del período carbonífero. Se considera a los helechos como especies de plantas primitivas entre las primeras en aparecer en nuestro planeta. Durante el carbonífero, los grandes bosques de helechos arborescentes dieron origen a los depósitos de carbón en los que suelen aparecer fósiles que muestran la misma estructura de estas plantas, que casi no ha cambiado durante unos 600 millones de años o más|alt= El ejemplo más notable de clima que cambió de cálido a muy frío en un lugar lo tenemos en el caso del archipiélago de las Spitzbergen o Svalbard cuyas ricas minas de carbón han venido siendo explotadas por Noruega y Rusia desde hace mucho tiempo. La localización de estas islas en pleno Océano Ártico, donde no existen árboles actualmente nos hace ver que el clima cambió y que este cambio se debió producir, no porque haya cambiado el clima global en un planeta sin cambios en las masas continentales sino que los continentes se han desplazado de lugares más calientes a otros más fríos o viceversa. También la Antártida se encontraba mucho más cerca del ecuador (cerca de la India en el continente asiático) en eras geológicas pasadas y se fue desplazando al fragmentarse el Pangea a lo largo de las zonas de divergencia localizadas en las líneas de contacto entre las diversas placas, de acuerdo a lo que se ha venido descubriendo con relación a la teoría de la Tectónica de placas, que ha venido a sustituir y perfeccionar la idea de una deriva continental que planteó el meteorólogo alemán Alfred Wegener a comienzos del .

Distribuciones pretéritas Los continentes no siempre se han encontrado en la posición actual. Otras distribuciones continentales dan patrones climáticos completamente distintos. Durante el período Jurásico no había masas de tierra en ninguno de los dos polos. El clima era mucho más caluroso y las corrientes oceánicas podían circular libremente por los polos en los que solo había océano en vez de banquisas. El clima tropical se extendía por todo el globo y los bosques de helechos arborescentes prosperaban en todas partes.

Si los continentes se acumularan muy fragmentados en el ecuador tampoco habría glaciares continentales permanentes pero, sin embargo, sí habría fenómenos glaciales muy importantes provocados por otros factores distintos. Semejante disposición ya se dio en épocas arcaicas. Con el grueso de los continentes sobre el ecuador en un principio parece que la Tierra tuvo un clima tropical, muy lluvioso. Y eso es hasta cierto punto lógico. En cambio, las etapas sumamente frías potencian el efecto albedo y podrían terminar por congelar la Tierra al completo. Ocurre que al hacer eso, la evaporación disminuye drásticamente por lo que las precipitaciones cesan prácticamente. Sin embargo, al disminuir la precipitación por estar la superficie terrestre congelada, aumenta la escarcha, que es la responsable de la acumulación de hielo en los antiguos glaciares continentales europeos y norteamericanos y los actuales de Groenlandia y la Antártida.

Véase también Cambio climático Clima Deriva continental Tectónica de placas

Referencias

Categoría:Climatología