thumb|Michel Eyquem de Montaigne (aquí en un retrato de Daniel Dumonstier), filósofo y escritor francés del Renacimiento, usó el término Essais (Ensayos) para denominar sus escritos, consciente de su novedad estilística. Esta obra suya sigue considerándose un modelo clásico del género. El ensayo es un tipo de texto en prosa que explora, analiza, interpreta o evalúa un tema con mayor libertad que una monografía. Se considera un género literario comprendido dentro del género didáctico.

Las características clásicas más representativas del ensayo son:

Es un escrito fundamentado que sintetiza un tema significativo. Tiene como fin argumentar una opinión sobre el tema o descubrirla. Posee un carácter preliminar, introductorio, de carácter propedéutico. Presenta puntos y opiniones sustentadas en ideales.

Casi todos los ensayos modernos están escritos en prosa. Si bien los ensayos suelen ser breves, también hay obras muy voluminosas como la de John Locke Ensayo sobre el entendimiento humano.

En países como Estados Unidos o Canadá, los ensayos se han convertido en una parte importante de la educación. A los estudiantes de secundaria se les enseña formatos estructurados de ensayo para mejorar sus habilidades de escritura, o en humanidades y ciencias sociales se utilizan a menudo los ensayos como una forma de evaluar el conocimiento de los estudiantes en los exámenes finales, o ensayos de admisión son utilizados por universidades en la selección de sus estudiantes.

Por otra parte, el concepto de "ensayo" se ha extendido a otros ámbitos de expresión fuera de la literatura, por ejemplo: un "ensayo fílmico" es una película centrada en la evolución de un tema o idea; o un ensayo fotográfico es la forma de cubrir un tema por medio de una serie enlazada de fotografías.

El ensayo literario se caracteriza por su amplitud en tratar los temas. La mayoría parten de una obra literaria pero el ensayo literario no se limita a su estudio exclusivo. Es un texto subjetivo donde se combinan la experiencia del ensayista, hábitos de estudio, trabajo literario y opiniones de una persona que muestra interés en la literatura. Los ensayos literarios tienen características comunes: subjetividad, sencillez y estilo del ensayista. En cambio el ensayo científico trata un tema del campo de las ciencias formales, naturales y sociales con creatividad, logrando una combinación del razonamiento científico con el pensamiento creativo del ensayista. Del aspecto artístico toma la belleza y la expresión a través de la creatividad sin descuidar el rigor del método científico y la objetividad de las ciencias.

Concepto Un ensayo es una obra literaria que usualmente tiene una extensión relativamente breve, de reflexión subjetiva pero bien informada, en la que el autor trata un tema por lo general humanístico de una manera personal y sin agotarlo, y donde muestra cierta voluntad de estilo, de forma más o menos explícita, encaminada a persuadir al lector de su punto de vista sobre el asunto tratado. El autor se propone crear una obra literaria y no simplemente informativa y versa sobre todo de temas humanísticos (literatura, filosofía, arte, ciencias sociales y políticas...) aunque también más raramente de asuntos científicos.

El ensayo, a diferencia del texto informativo, no posee una estructura definida ni sistematizada o compartimentada en apartados o lecciones, por lo que suele carecer de aparato crítico, bibliografía o notas, o estas son someras o sumarias (en el caso del ensayo escolar, es preciso aportar todas las fuentes); ya desde el Renacimiento se consideró un género más abierto que el medieval tractatus o tratado o que la suma, y se considera distinto a ellos no solo en su estructura libérrima y nada compartimentada en secciones, sino también por su voluntad artística de estilo y su subjetividad, ya que no pretende informar, sino persuadir o convencer del punto de vista del autor en el tratamiento de un tema que, como ya se ha dicho, no pretende agotar ni abordar sistemáticamente, como el tratado: de ahí su subjetividad, su carácter proteico y asistemático, su sentido artístico y su estructura flexible, que personaliza la materia.

El ensayo es una interpretación o explicación de un determinado tema —humanístico, filosófico, político, social, cultural, deportivo, por mencionar algunos ejemplos—, desarrollado de manera libre, asistemática, y con voluntad de estilo sin que sea necesario usar un aparataje documental.

En la Edad Contemporánea este tipo de obras ha llegado a alcanzar una posición central.

En la actualidad está definido como género literario, debido al lenguaje, muchas veces poético y cuidado que usan los autores, pero en realidad, el ensayo no siempre podrá clasificarse como tal. En ocasiones se reduce a una serie de divagaciones y elucubraciones, la mayoría de las veces de aspecto crítico, en las cuales el autor explora un tema concreto o expresa sus reflexiones sobre él, o incluso discurre y diserta sin tema específico.

Ortega y Gasset lo definió como «la ciencia sin la prueba explícita». Alfonso Reyes afirmó que «el ensayo es la literatura en su función ancilar» —es decir, como esclava o subalterna de algo superior—, y también lo definió como «el Centauro de los géneros». El crítico Eduardo Gómez de Baquero —más conocido como Andrenio— afirmó en 1917 que «el ensayo está en la frontera de dos reinos: el de la didáctica y el de la poesía, y hace excursiones del uno al otro». Y por su parte Eugenio d'Ors lo definió como la «poetización del saber».

Utiliza la modalidad discursiva expositivo-argumentativa y un tipo de «razonamientos blandos» que han sido estudiados por Chaïm Perelman y Lucie Ollbrechts-Tyteca en su Tratado de la argumentación.

En el ámbito pedagógico actual, el ensayo se conceptualiza como una síntesis analítica que requiere una secuencia lógica y semántica, donde el autor debe establecer un equilibrio entre la explicación objetiva de los hechos y su interpretación personal fundamentada. Esta perspectiva moderna enfatiza que la calidad del ensayo depende de la fluidez con la que se articulan ambos elementos en la estructura argumentativa.

A esto convendría añadir además que en el ensayo existe, como ha apreciado el crítico Juan Marichal, una «voluntad de estilo», una impresión subjetiva que es también de orden formal.

Otros géneros didácticos emparentados con el ensayo son:

El discurso (en el sentido de «discurrir» sobre un tema concreto). La disertación. El artículo de prensa. Los géneros renacentistas y humanísticos del Diálogo, en sus variantes Platónica, Ciceroniana y Lucianesca. La epístola. La miscelánea. La crónica literaria. Los géneros híbridos.

Historia del ensayo

Europa

El espíritu crítico y reformista del Renacimiento alumbró géneros preensayísticos como la carta o epístola, el diálogo y la miscelánea, y ejercicios de ironía como el Elogio de la locura de Erasmo de Rotterdam. Pero el desarrollo moderno y más configurado e importante del género ensayístico vino sobre todo con el modelo impartido por los canónicos Essais (1580) del escritor renacentista francés Michel de Montaigne, término que en francés significaba "tanteos, tentativas". Unos años después, Francis Bacon siguió su ejemplo y publicó sus Essays que en su primera edición de 1597 contenía 10 ensayos y en su tercera edición, la más amplia e impresa en 1625, contenía ya 59.

Los precedentes más antiguos del ensayo hay que buscarlos en el género epidíctico o demostrativo de la oratoria grecorromana clásica; las Cartas a Lucilio (de Séneca) y los Moralia (de Plutarco) vienen a ser ya prácticamente colecciones de ensayos. En el  d. C. Menandro el Rétor, aludiendo a ello bajo el nombre de «charla», expuso algunas de sus características en sus Discursos sobre el género epidíctico:

Tema libre (elogio, vituperio, exhortación). Estilo sencillo, natural, amistoso. Subjetividad (la charla es personal y expresa estados de ánimo). Se mezclan elementos (citas, proverbios, anécdotas, recuerdos personales). Sin orden preestablecido (se divaga), es asistemático. Extensión variable. Va dirigido a un público amplio. Conciencia artística. Libertad temática y de construcción.

En Grecia donde el ensayo tiene su origen como discurso epidíctico, se consideraba como una proposición original que dispone elementos de creación, generación e innovación. Se partía del conocimiento normal (establecido) para romperlo. A partir de elementos que lo hacen, al conocimiento, diferente en: perspectiva, conjunción, relación, conformación, etc.

Es en el cuando el género se revitaliza a causa del criticismo de la Ilustración y el individualismo burgués. Steele y Addison lo vulgarizan en las publicaciones periódicas, en particular en The Spectator, y William Hazlitt y Samuel Johnson se acercan al humanismo y a la crítica literaria. Voltaire escribe sus Cartas inglesas y Denis Diderot y Madame de Staël se añaden al género en lengua francesa; en el ámbito germánico destacan Johann Jakob Bodmer y Gotthold Ephraim Lessing (Laoconte), pero también Johann Georg Hamann, que aporta al género el fragmentarismo aforístico. Melchiorre Cesarotti y Pietro Napoli Signorelli pueden citarse entre muchos otros italianos. En España sobresalen el padre Benito Jerónimo Feijoo con su Teatro crítico y sus Cartas eruditas y curiosas y José Cadalso con sus Cartas marruecas; también escriben cartas ensayísticas León de Arroyal y Francisco Cabarrús.

Ya en el , se cultiva generalmente en alemán; son en especial peculiares e influyentes Heine, Nietzsche, Oswald Spengler entre muchos otros. En Francia se suele citar a Chateaubriand, Alexis de Tocqueville, Léon Bloy, Joseph de Maistre, Ernest Renan... En Inglaterra destacan Charles Lamb, William Hazlitt, Thomas de Quincey, Robert Louis Stevenson, Alice C. Meynell, Gilbert K. Chesterton, Matthew Arnold, Thomas Carlyle,Oscar Wilde... En Italia, acaso lo más distinguido y peculiar son las Zibaldone de Giacomo Leopardi y los ensayos de Giosuè Carducci. En España son los más citados Juan Valera, Leopoldo Alas y Marcelino Menéndez Pelayo.

Japón thumb|220px|Yoshida Kenko (1283-1350). Monje budista japonés autor de Tsurezuregusa, colección de 243 ensayos cortos, publicados póstumamente. Tratan de la belleza de la naturaleza, la transitoriedad de la vida, las tradiciones, la amistad y otros.

Los ensayos existían en Japón varios siglos antes de que se desarrollaran en Europa en un género denominado Zuihitsu que se remonta a casi los inicios de la literatura japonesa. Muchas de las primeras obras más notables de la literatura japonesa están en este género. Un ejemplo notable es Makura no Sōshi (El libro de la almohada) del escrito por Sei Shonagon, dama de compañía de la emperatriz, en la que recogió sus experiencias diarias en la corte Heian. Un segundo ejemplo es Tsurezuregusa (Ensayos en ociosidad) escrito por el monje budista Yoshida Kenkō. Kenkō describió sus breves escritos de manera similar a Montaigne, refiriéndose a ellos como "pensamientos sin sentido", escritos en "horas muertas". Se trata de su trabajo más famoso y una de las obras más estudiadas de la literatura japonesa medieval.

Evolución del ensayo en España