Jacques Maritain (París, 18 de noviembre de 1882-Toulouse, 28 de abril de 1973) fue un filósofo católico francés, defensor del tomismo ("no soy un neotomista; antes preferiría ser paleotomista; soy, creo ser, un tomista".) desde donde junto a su esposa Raïssa Maritain edificó una metafísica cristiana denominada "Filosofía de la inteligencia y del existir", y principal exponente del humanismo cristiano, y uno de los padres de la Democracia cristiana.
Estudios Estudió en el Liceo Enrique IV y en la Sorbona, cuando imperaba el cientismo, donde se licenció en letras y ciencias naturales. Estudió filosofía (1905).
En 1904 se casó con Raïssa Oumansoff, inmigrante judía de origen ruso, con quien compartió muchas de sus inquietudes intelectuales y obra. No consideraban que la ciencia por sí sola fuera capaz de responder a cuestiones existenciales de carácter vital. Por consejo de Charles Péguy, tomaron entonces los cursos de Henri Bergson, quien paralelamente a la deconstrucción del «cientisfismo», les comunicó el «sentido del absoluto».
Catolicismo, neovitalismo, tomismo De familia protestante, en 1906, Maritain, junto con su esposa, se convirtió al catolicismo, influido por León Bloy, hecho trascendental tanto en su vida como en su obra, bautizándose en la Iglesia de San Juan Evangelista de Montmartre el 11 de junio de aquel año, con León Bloy como padrino.
Jacques, junto con Raïssa, se trasladó a Heidelberg en (1906-1908), donde logró una beca para estudiar biología bajo la dirección de Hans Driesch. La teoría neovitalista de Driesch lo atrajo, ya que se vinculaba con las concepciones de Bergson.
Raïssa enfermó y, durante su convalecencia, su consejero espiritual, el dominico Humbert Clérissac, le dio a conocer la obra de Santo Tomás de Aquino, por la que a su vez ella interesó en este autor a Jacques Maritain.
Se dedicó entonces al estudio y divulgación de la escolástica tomista, en gran medida siguiendo al dominico Juan de Santo Tomás (1589-1644). Maritain junto con Étienne Gilson retomaron el tomismo para el . Buscó que lo escrito por Tomás de Aquino fuera enseñanza continua para sí mismo, para enfrentar los desafíos culturales y políticos de su tiempo.
Mantuvo vínculos estrechos con el reconocido filósofo tomista francés Réginald Garrigou-Lagrange hasta que su amistad sufrió una ruptura con motivo de la guerra civil española.
Fue profesor de Filosofía en un liceo parisino y, desde 1914 hasta 1933, en el Instituto Católico de París; dio cursos en universidades de Europa (como la santanderina Universidad de Verano), Estados Unidos (Universidades de Columbia, Universidad de Chicago y Universidad de Princeton (1948-1952) y Canadá (en el Instituto Pontificio de Estudios Medievales de Toronto, de 1933 a 1945, entre otros numerosos centros).
Por la correspondencia del cardenal suizo Charles Journet (1891-1975) se sabe de la gran influencia que ejerció Maritain para que el papa Pablo VI proclamara el Credo del Pueblo de Dios en junio de 1968. De hecho, el esquema básico de esta profesión solemne sobre la fe es obra de Maritain.
San Pablo VI agradeció la fidelidad a la Iglesia y la verdad a Maritain. El papa Montini hizo que se tradujeran varias de las obras de Maritain. Así mismo lo invitó como algo simbólico a nombre de los hombres de cultura y de ciencia del mundo. Es el único filósofo citado en la Encíclica Populorum progressio.
El hombre, el Estado y el humanismo integral Partidario de una sociedad abierta y plural inspirada en el principio de cooperación entre los diferentes, fue defensor de los sistemas democráticos basados en la participación popular, la libertad ideológica y de culto y los derechos humanos que entendía enraizaban en la ley natural. Su actitud de enfrentamiento con el régimen de Vichy, el cual simpatizaba con el nacionalsocialismo hitleriano, es coherente con estos planteamientos de su filosofía política. No obstante, durante los primeros meses de la guerra se opuso al liderazgo de Charles de Gaulle en el movimiento de La France Libre. Su apoyo a intelectuales judíos perseguidos descansa también en estos presupuestos.
Igualmente, tras hechos como el bombardeo de Guernica y las matanzas de republicanos llevadas a cabo en Extremadura por el general Queipo de Llano, se opuso a considerar la guerra civil española como una «Cruzada», ni siquiera a considerar como dignas de ser llamadas católicas a las tropas mandadas por Franco y demás generales golpistas.
Enemigo del nacionalsocialismo, lo fue también del comunismo, cuyo ateísmo suponía un vicio radical. Fue muy crítico con el Estado burgués, el sistema capitalista y una concepción liberal de la propiedad privada, pero no hasta el punto de convertirse por ello, como a veces se dijo, en un rouge chrétien. Sostiene la prevalencia de la persona sobre el mercado y el destino universal de los bienes. Condena la sociedad biempensante del liberalismo conservador burgués. Fustiga que la burguesía confunda la dignidad humana con la ilusoria imagen de un individuo abstracto sin dimensión comunitaria ni colectiva.
El Estado no tiene otro fin que asegurar el bien común. Este es distinto de la suma de los intereses particulares. El deber del Estado es la justicia. El poder político se legitima si está al servicio del hombre. Pero un hombre concreto que no se entiende sin su dimensión comunitaria. Por eso la democracia es mucho más que el cumplimiento de unas reglas constitucionales. En este sentido, la democracia está siempre por hacerse y por eso exige una revolución mucho más profunda que lo que la literatura revolucionaria conoce con ese nombre, ya que se aferra a principios más profundos.
El ala izquierda de la Democracia Cristiana reivindicó sus posiciones sociales, aunque él siempre mantuvo las distancias con los partidos confesionales.
El bien común para Maritain El bien común es uno de los conceptos claves de la filosofía política de Maritain. Para este filósofo católico, el fin de la sociedad política es perseguir el bien común. Pero este bien común no es la mera suma de los bienes particulares, pues, como Aristóteles nos enseña, incluso en el orden matemático seis es algo más que tres más tres. Es decir, que el número seis tiene vigencia propia e independiente de los sumandos, e incluso puede ser resultado de otros diferentes. Y a su vez puede combinarse con entidad propia en la serie de los números en cifras de valor absoluto y relativo ad infinitum.
Repite con santo Tomás que cada persona individual es, con respecto a toda la comunidad, lo que la parte con respecto al todo. Esto diferencia el modo de pertenencia a la sociedad estatal de cualquier otra de fines específicos. El hombre se compromete por completo en esta sociedad civil, su vida, sus bienes, su honor. No así en un sindicato, un club o una academia.
Pero ese compromiso, aunque total, no ocurre en virtud de cuanto hay en la persona y cuanto le pertenece. Dice Maritain:
Por su carácter de bonum, el bien común no puede ser una resultante del simple querer individual, el pecado rousseaniano de desencajar la voluntad de su propia naturaleza. Ni la mayoría ni la unanimidad pueden cambiar la idiosincrasia de la bondad. La democracia no es simple aritmética. Los valores humanos no obedecen a criterios estadísticos. La calidad no es procreación de la cantidad.
Por su carácter de común, este bien abarca tanto a la sociedad como a la persona. Es, pues, común «al todo y a las partes, digo a las partes como si fueren todos, porque la noción misma de persona, significa totalidad». En otras palabras, en tanto se es «individuo», se es parte de la sociedad y en cuanto se es «persona», es decir, algo más que simple fragmento de materia, se participa de lo social en cuanto se permite al hombre la realización plena de sus más altas funciones en este sentido, «per se». No es el ser humano simple elemento sirviente del Estado. Este personalismo de Maritain es asiento básico para condenar toda forma de totalitarismo que siempre pretende absorber hasta las funciones más espirituales del ciudadano. Y al mismo tiempo implica un rechazo de la tesis individualista liberal que considera al hombre como simple átomo social.
Aunque resulta obvio, no está de más insistir, y es el propio Maritain quien lo expresa, que el individuo y la persona no son dos seres distintos:
Según Maritain, el bien común implica tres elementos fundamentales:
1) redistribución, ayuda al desarrollo personal; 2) autoridad, es su fundamento; 3) moralidad intrínseca.
Es decir, que la función del bien común obliga a compartir los bienes sociales para beneficio de la persona, para su perfección. De ahí que todo bien comunitario revierte sobre las personas, se redistribuye la participación común. Maritain en frase feliz trató de resumir o de empatar el doble aspecto de su doctrina: personalismo comunitario. La autoridad ha de imponerse solo tanto cuanto sea necesario a estos propósitos comunitarios. Y no se puede justificar el maquiavelismo para explicar la acción estatal. Una ley injusta no es ley.
Obras
La philosophie bergsonienne, 1914 (1948) Eléments de philosophie, 2 Bd.e, París 1920/23 Art et scolastique, 1920 Théonas ou les entretiens d’un sage et de deux philosophes sur diverses matières inégalement actuelles, París, Nouvelle librairie nationale, 1921 Antimoderne, París, Édition de la Revue des Jeunes, 1922 Réflexions sur l’intelligence et sur sa vie propre, París, Nouvelle librairie nationale, 1924. Trois réformateurs : Luther, Descartes, Rousseau, avec six portraits, París [Plon], 1925 Réponse à Jean Cocteau, 1926 Une opinion sur Charles Maurras et le devoir des catholiques, París [Plon], 1926 Primauté du spirituel, 1927 Pourquoi Rome a parlé (coll.), París, Spes, 1927 Quelques pages sur Léon Bloy, París 1927 Clairvoyance de Rome (coll.), París, Spes, 1929 Le docteur angélique, París, Paul Hartmann, 1929 Religion et culture, París, Desclée de Brouwer, 1930 (1946) Le thomisme et la civilisation, 1932 Distinguer pour unir ou Les degrés du savoir, París 1932 Le songe de Descartes, Suivi de quelques essais, París 1932 De la philosophie chrétienne, París, Desclée de Brouwer, 1933 Du régime temporel et de la liberté, París, DDB, 1933 Sept leçons sur l'être et les premiers principes de la raison spéculative, París 1934 Frontières de la poésie et autres essais, París 1935 La philosophie de la nature, Essai critique sur ses frontières et son objet, París 1935 (1948) Lettre sur l’indépendance, París, Desclée de Brouwer, 1935. Science et sagesse, París 1935 Humanisme intégral. Problèmes temporels et spirituels d'une nouvelle chrétienté; español 1935), París (Fernand Aubier), 1936 (1947) Les Juifs parmi les nations, París, Cerf, 1938 Questions de conscience : essais et allocutions, París, Desclée de Brouwer, 1938 La personne humaine et la société, París 1939 Le crépuscule de la civilisation, París, Éd. Les Nouvelles Lettres, 1939 Quattre essais sur l'ésprit dans sa crudition charnelle, París 1939 (1956) De la justice politique, Notes sur le présente guerre, París 1940 Scholasticism and politics, New York 1940 A travers le désastre, New York 1941 (1946) Conféssion de foi, New York 1941 Ransoming the time (Redeeming the time), New York 1941 La pensée de St.Paul, New York 1941 (París 1947) Les Droits de l'Homme et la Loi naturelle, New York 1942 (París 1947) Saint Thomas and the problem of evil, Milwaukee 1942; Essays in Thomism, New York 1942; Le sort de l'homme, Neuchâtel 1943; Christianisme et démocratie, New York 1943 (París 1945) Education at the crossroad, New Haven 1943 Principes d'une politique humaniste, New York 1944 (París 1945); De Bergson à Thomas d'Aquin, Essais de Métaphysique et de Morale, New York 1944 (París 1947) A travers la victoire, París 1945; Messages 1941-1944, New York 1945; Pour la justice, Articles et discours 1940-1945, New York 1945; Court traité de l'existence et de l'existent, París 1947;