Pierre Teilhard de Chardin SJ (; Orcines, 1 de mayo de 1881-Nueva York, 10 de abril de 1955) fue un sacerdote jesuita, paleontólogo y filósofo francés que aportó una visión interdisciplinar de la evolución cósmica. Dicha concepción, considerada ortogenista y finalista, equidistante en la pugna entre la ortodoxia religiosa y científica, propició que fuese atacado por la una e ignorado por la otra. Fue autor de muchos trabajos científicos y varios libros espirituales y filosóficos de gran influencia.
Teilhard de Chardin participó en el descubrimiento del Hombre fósil de Pekín. Suyos son los conceptos Noosfera (que toma prestado de Vernadski) y Punto Omega.
En 1962, la Congregación para la Doctrina de la Fe condenó varias obras de Teilhard por sus supuestas ambigüedades y errores doctrinales. Desde entonces, algunas figuras católicas eminentes, como el papa Benedicto XVI y el papa Francisco, han hecho comentarios positivos sobre algunas de sus ideas. La respuesta a sus escritos por parte de los científicos ha sido mayoritariamente crítica.
Teilhard sirvió en las trincheras en la Primera Guerra Mundial como camillero. Recibió varias menciones, y fue galardonado con la Medalla Militar y la Legión de Honor, la más alta orden francesa del mérito, tanto militar como civil.
Biografía Nace en el castillo de Sarcenat, en la comuna francesa de Orcines (Auvernia), siendo el cuarto hijo de una familia numerosa de once hermanos: de Emmanuel Teilhard (1844-1932), archivista,Anuncio de la recepción del diploma de archivista paleógrafo por Emmanuel Teilhard en la Bibliothèque de l'École des chartes (1872). y de Berthe de Dompiere. Su padre, naturalista aficionado, influye decisivamente en su vocación profesional; y la religiosidad de su madre en su formación espiritual. Era sobrino-nieto de Voltaire.
Cursa los estudios de ciencias y letras en el colegio jesuita de Mongré (Villefranche-sur-Saône).
En 1899, a los 18 años de edad, ingresa en el noviciado jesuita de Aix-en-Provence. Allí, y más tarde, en 1908, en el colegio jesuita de Hastings (cerca de Piltdown, Gran Bretaña), cursa estudios de teología, tras los cuales es ordenado sacerdote.
Es en esa época, durante su estancia en Gran Bretaña, en 1909, cuando conoce al naturalista Charles Dawson con quien compartirá la afición por la paleontología. Y es en 1912 cuando Chardin se ve envuelto en el escándalo del Hombre de Piltdown. Le une a este escándalo el hecho de ser uno de los primeros en conocer el descubrimiento de su amigo. El descubridor del supuesto hombre de Pitdown fue Charles Dawson, y Dawson junto a Smith Woodward, paleontólogo del Museo Británico de Londres fueron quienes lo presentaron a la Sociedad Geológica de Londres. No obstante, han sido muchos los intentos (después de que Teilhard adquiriera relevancia, no antes) de, con mayor o menor sutileza, unir su figura a aquel fraude, en unas ocasiones insinuando su participación, en otras, el conocimiento del mismo.
En 1912 entra a trabajar en el Museo Nacional de Historia Natural de Francia, en París, trabajando junto al paleontólogo Marcellin Boule, que había exhumado el primer esqueleto completo de un neandertal. En el Instituto de Paleontología Humana entabla amistad con Henri Breuil y participa con él (en 1913) en excavaciones en la, entonces recientemente descubierta (1903), Cueva de El Castillo de Puente Viesgo (Cantabria, España). Entre 1914 y 1919, permanece movilizado en el frente como camillero recibiendo la Medalla al Mérito Militar y Legión de honor.
En 1916 y 1919, publica sus primeros trabajos: La vida cósmica y La potencia espiritual de la materia. En ellos ya se transluce lo que será el núcleo de su pensamiento. De 1920 a 1922, obtiene en La Sorbona la licenciatura en Ciencias Naturales, y alcanza el doctorado con su tesis Mamíferos del Eoceno inferior francés y sus yacimientos. En 1923 realiza su primer viaje a China por encargo del Museo de París. Otra vez en París, imparte clases como profesor en el Instituto Católico. Un artículo suyo sobre el pecado original es la causa de sus primeros enfrentamientos con la Santa Sede. Se ve obligado a abandonar la enseñanza.
Regresa a China donde en Zhoukoudian participa, junto a Henri Breuil, en el descubrimiento del Sinanthropus u hombre de Pekín —actualmente Homo erectus pekinensis—, el pariente más cercano del Pithecanthropus u Hombre de Java —actualmente Homo erectus erectus—. Breuil y Teilhard descubrieron que el hombre de Pekín era un fabricante de herramientas de piedra y que manipulaba el fuego.
En 1931 participa como geólogo y paleontólogo en el Crucero amarillo recorriendo el Asia Central, una peligrosa aventura científico-deportiva organizada por André Citroën para promocionar sus vehículos.Citroën «Citroën y la aventura: rumbo a lo desconocido ». Mundo Citroën. Hasta 1951, que se establece en Nueva York, prosigue una intensa actividad científica marcada por numerosos viajes de estudios: Etiopía (1928), los Estados Unidos (1930), la India (1935), Java (1936), Birmania (1937), Pekín (1939 a 1946), Sudáfrica (1951 y 1953), así como varias provincias chinas (Shanxi en 1932, Henan en 1934 y Shandong en 1936). Teilhard contribuyó fuertemente a la constitución de una red internacional de investigación en paleontología humana. En 1951 ingresa en la Academia de las Ciencias de Francia. miniatura|Tumba de Teilhard de Chardin Muere en Nueva York, el 10 de abril de 1955, el día de Pascua. Un año antes, durante una cena en el consulado de Francia de esa misma ciudad, confió a sus amigos: «Mi deseo sería morir el Día de La Resurrección».
Gran parte de su obra fue publicada con carácter póstumo por Jeanne Mortier, a la que nombró su albacea para temas editoriales. Esta obra ocupa trece volúmenes.
Formación filosófica
La integración de ciencia, filosofía y teología que el propio Teilhard describía como un «trípode» se asentaba en una formación filosófica de raíz aristotélica y tomista, reelaborada a través de la peculiar recepción francesa del idealismo alemán (especialmente de Schelling, mediado por Blondel) y del espiritualismo de Bergson. Esa articulación, que cabe calificar de vitalismo neo-schellingiano, entiende la naturaleza no desde sus causas eficientes sino desde su fin —la conciencia reflexiva— siguiendo el principio aristotélico-tomista de la «primacía del acto sobre la potencia». Esa base filosófica, combinada con la lectura de la tradición patrística y paulina (especialmente el concepto de anakefalaiosis o recapitulación), articula tanto sus ensayos paleontológicos como sus escritos espirituales y lo distingue de un evolucionismo meramente materialista.
Pensamiento de Teilhard de Chardin El biólogo Francisco J. Ayala realiza una síntesis sobre el pensamiento de Teilhard de Chardin y lo reduce a cuatro puntos básicos:Ayala, Francisco J. (1989). La naturaleza inacabada. Salvat Editores S.A., Biblioteca científica Salvat, 93. 278 págs. Barcelona, ISBN 84-345-8454-9.
El tiempo: la cuarta dimensión Antes de la aparición de la teoría de la evolución, predominaba la imagen de un universo estático, formado totalmente desde sus lejanos comienzos. Por el contrario, con la evolución aparece la dimensión «tiempo», como un actor principal, ya que el cambio es lo esencial y lo estático es lo inexistente.
La evolución universal Según Teilhard, no sólo la vida, sino la materia y el pensamiento están también involucrados en el proceso de la evolución. De ahí que es necesario atribuirle a dicho proceso un sentido.
Principio de complejidad-conciencia El sentido de la evolución, que involucra tanto la materia, como la vida y el pensamiento (o el espíritu), está comprendido en un principio descriptivo de la mayor generalidad: la tendencia hacia el logro de mayores niveles de complejidad y, simultáneamente, al logro de mayores niveles de conciencia.
Omega: la meta de la evolución miniatura|Teilhard de Chardin en 1947.A partir de la tendencia del universo, guiado por la Ley de complejidad-conciencia, Teilhard vislumbra el Punto Omega, al que define como «una colectividad armonizada de conciencias, que equivale a una especie de superconciencia. La Tierra cubriéndose no sólo de granos de pensamiento, contándose por miríadas, sino envolviéndose de una sola envoltura pensante hasta no formar precisamente más que un solo y amplio grano de pensamiento, a escala sideral. La pluralidad de las reflexiones individuales agrupándose y reforzándose en el acto de una sola reflexión unánime».Teilhard de Chardin, Pierre (1955). El fenómeno humano. Taurus Ediciones, S.A. Ensayistas, 32. 383 págs. Madrid, 1986, ISBN 84-306-1032-4.
La evolución entonces se estaría convirtiendo en un proceso cada vez más opcional. Teilhard señala así los problemas sociales del aislamiento y de la marginalización como inhibidores enormes de la evolución, ya que la evolución requiere una unificación del sentido. Ningún futuro evolutivo aguarda a la persona si no es en asociación con los demás.
La Cristogénesis La noción culminante del sistema teilhardiano es la de «Cristogénesis», término con el que designa el momento en que el proceso evolutivo, en su tendencia ortogenética hacia la conciencia, se encuentra con la Encarnación. Para Teilhard, el Punto Omega es real pero asintótico respecto al devenir meramente natural; su cumplimiento efectivo requiere un aporte «transevolutivo» venido de fuera del tiempo. Ese aporte es, en su vocabulario, Cristo: «generado, no creado», nacido de la Virgen e histórico, que recapitula místicamente en sí, como Cuerpo místico, a la Creación entera (Ef 1, 10). Teilhard insiste en que la Cristogénesis no es un diseño inteligente ni una divinización pelagiana del hombre, sino el encuentro de la naturaleza con la gracia en el seno de la «misa sobre el mundo». Valoraciones Religiosas Negativas En 1958, Teilhard ya había muerto, el padre Janssens informó a la Compañía de Jesús, que un decreto del Santo Oficio, dirigido por el cardenal Ottaviani, requirió a las congregaciones retirar de todas las bibliotecas las obras de Teilhard. El documento dice que los textos del jesuita «representan ambigüedades e incluso errores tan graves que ofenden a la doctrina católica» por lo que «alerta al clero para defender los espíritus, en particular los de los jóvenes, de los peligros de las obras de P. Teilhard de Chardin y sus discípulos».
El padre Leonardo Castellani enumera en los siguientes puntos las fallas de su pensamiento desde una perspectiva católica: El transformismo darwiniano dado como verdad cierta. La negación de la parusía o Segunda Venida de Cristo tal como la entiende la Iglesia. La negación de la redención por la obra personal de Cristo. La negación del pecado original, a la manera de Pelagio. Monismo materialista evolucionista parecido al de Spencer y Haeckel. Panteísmo sutil a la manera de Bergson. Interpretación modernista de todos los sacramentos, empezando por la eucaristía, a la manera de Guenther. Negación del fin primario del matrimonio y constitución del fin primario del matrimonio en la «ayuda espiritual mutua de los esposos». Aprobación de los medios contraconceptivos en el matrimonio, a la manera de Malthus. Negativa implícita de la autoridad de la Iglesia para definir, a la manera de Loisy, Tyrrel y otros.Leonardo Castellani, Dinámica Social, n.º 63, Buenos Aires, noviembre de 1955.
En 1962, bajo Juan XXIII, la Congregación del Santo Oficio emitió otro monitum ('advertencia') severo:
José María Iraburu afirma que «la rehabilitación de Teilhard de Chardin es imposible, considerando la enorme gravedad de sus errores». Y se reafirma con el comunicado de prensa que la Santa Sede donde se declara:
Positivas