300px|thumb|Miguel Mañara lee la regla de la Hermandad de la Caridad (1681), de Juan de Valdés Leal, Sevilla, Hospital de la Caridad. thumb|Espada de Miguel Mañara junto a una silla y una antigua caja de caudales en la sala del cabildo del Hospital de la Caridad de Sevillathumb|Máscara mortuoria de Miguel Mañara. Miguel Mañara Vicentelo de Leca (Sevilla, 3 de marzo de 1627-Sevilla, 9 de mayo de 1679) fue un noble español, hermano mayor de la Santa Caridad de Sevilla. Preocupado por los pobres, impulsó la creación para ellos de un hospicio y dos enfermerías. También consiguió finalizar las obras de la Iglesia de San Jorge. Fue declarado venerable en 1985.

Él mismo dijo haber llevado una vida licenciosa antes de su conversión, por lo que a partir del algunos le han comparado con don Juan Tenorio.

Origen familiar

Su padre, Tomás Mañara Leca Colona, era de Córcega. Nació en Calvi, entonces perteneciente a la señoría de Génova, hacia 1574. Posteriormente, se trasladó a Sevilla. Su madre, Jerónima Anfriano Vicentelo, nació hacia 1590 y provenía de la familia Anfriano, natural de Calvi, y de la familia Vicentelo, de origen italiano.

Tomás Mañara partió a las Indias, donde estuvo casi diez años. Volvió como rico comerciante y con una esclava llamada Martina. En diciembre de 1607 presentó ante el presidente y jueces oficiales de la Casa de Contratación de Indias unas cédulas reales que había conseguido en la Corte de Madrid para poder regresar a América. Es posible que, tras esto, pasase en Perú cuatro años. En Sevilla, ejerció de consiliario del Consulado de Cargadores a Indias.

Entre finales de 1611 y principios de 1612, Tomás se casó con Jerónima en la Iglesia de San Bartolomé.

El matrimonio vivió en la collación de San Nicolás. En 1623 compraron la casa palacio de la calle Levíes, en la collación de San Bartolomé. Esta casa pasó a ser propiedad de la Hermandad de la Santa Caridad en 1916 y, en 1989, fue comprada por la Junta de Andalucía.

De los diez hijos que tuvo el matrimonio solamente sobrevivieron seis: Juan Antonio, nacido en 1613 y fallecido en 1640; Isabel, que se casó con Juan Gutiérrez Tello de Guzmán y Medina y murió en 1688; Ana María, monja profesa en el Convento de Santa Clara; María Jerónima, muerta en 1633 a los 14 años de edad; Francisco, clérigo fallecido en 1640 cuando estaba a punto de ser canónigo de la catedral de Sevilla y arcediano de Carmona; y Miguel Mañara, que fue el noveno de los hijos.

La familia conformada por Tomás y Jerónima era católica devota y caritativa. Contaban con un capellán familiar: Pedro del Río. Tomás era familiar del Santo Oficio, lo que demostraba que no descendía de conversos. Tomás fue hermano mayor de la Hermandad de San Pedro Mártir, constituida por familiares del Santo Oficio, y le correspondía llevar el estandarte del Santo Oficio en los actos públicos.

Infancia

Miguel Mañara nació en la casa palacio de la calle Levíes, en Sevilla, el 3 de marzo de 1627. Ese mismo día fue bautizado en la Iglesia de San Bartolomé.

Su padre, Tomás, obtuvo en 1633 licencia de Felipe IV para establecer un mayorazgo en la familia.

Tomás se vio obligado a demostrar que descendía de nobles (por la rama de los Leca) para que su hijo Juan Antonio entrase en la Orden de Santiago y para que su hijo Miguel entrase en la Orden de Calatrava.

El Consejo de las Órdenes Militares aprobó el 12 de junio de 1635 que se despachara el hábito de Calatrava a Miguel Mañara, que entonces tenía ocho años. La imposición del hábito tuvo lugar en la iglesia del Monasterio de San Clemente.

Se desconoce qué estudios recibió, pero sus contemporáneos admiraban que supiese leer y comentar la Biblia en latín. Cuando Miguel Mañara falleció, su confesor, Juan Grande Santos de San Pedro, encontró en sus posesiones una Biblia llena de comentarios en los márgenes escritos de su puño y letra.

Un amigo de la infancia, Manuel Velázquez, dijo de él que era:

Juventud

Sus hermanos mayores, Juan Antonio y Francisco, fallecieron en 1640, por lo que el mayorazgo establecido por su padre le correspondió a Miguel.

Según los amigos de Miguel:

Su sobrino, Juan Gutiérrez Tello, marqués de Paradas, hijo de su hermana Isabel, dijo de él:

El epitafio de Miguel, encargado por él mismo en su testamento, dice:

Miguel, en su propio testamento, dirá:

También Miguel, en su Discurso de la Verdad, escribirá:

En 1645 y 1650 fue elegido diputado de la Hermandad de la Soledad de la Iglesia de San Lorenzo.

Su padre, Tomás, murió el 29 de abril de 1648 y fue enterrado en la iglesia del Colegio de San Buenaventura. Miguel se convirtió en una de las personas más ricas de la ciudad.

En 1648 contrajo matrimonio por poderes con Jerónima María Antonia Carrillo de Mendoza y Castrillo, nacida en Guadix en 1628, que hasta entonces vivía en Granada y era la única heredera de la fortuna de sus padres. El 18 de agosto de 1648, Miguel había delegado en el padre de la novia para que pudiera llevar a cabo el matrimonio en su nombre. El 31 de agosto se celebró por poderes en casa de la novia y el 14 de septiembre fue aprobado por el canónigo Gonzalo de Acosta. Posteriormente, la esposa se trasladó a Sevilla y el matrimonio recibió la bendición en la Iglesia de San Bartolomé el 18 de enero de 1649.

Miguel se trasladaba a veces a los señoríos que tenía la madre de su mujer en Montejaque y Benaoján, en la Serranía de Ronda, donde practicaba la caza, y se retiraba también al convento de carmelitas descalzos del Desierto de las Nieves, en El Burgo, para meditar.

En 1651 se le concedió el cargo de provincial, caballero veinticuatro y juez ejecutivo de la Santa Hermandad, que llevaba anejo el cargo de alcalde mayor o regidor perpetuo, junto con los demás alcaldes que había en Sevilla.

La madre de Miguel falleció el 29 de noviembre de 1651.

El cabildo municipal le eligió como diputado de la defensa de la tierra de Sevilla, de la Casa de la Moneda, de la visita de boticas, de las llaves del Archivo y del agua, de la Cárcel Real y de la Casa de Inocentes o Casa Cuna. También fue diputado de los gremios de chapineros, guarnicioneros, roperos, olleros y peineros. Estuvo en una comisión encargada de proponer lo más conveniente para la venta en Sevilla de los vinos del Aljarafe y Constantina.

En 1657 dio el pésame a la familia del duque de Osuna, muerto siendo virrey de Sicilia, en nombre de la ciudad.

En enero de 1658 viajó a Madrid como caballero veinticuatro de Sevilla, con otro tal y dos jurados para felicitar a los reyes por el nacimiento de Felipe Próspero, hijo de Felipe IV.

Consta que acudió a reuniones de la Junta del Consulado de Cargadores a Indias en 1655, 1656, 1659 y 1663. El 3 de junio de 1664 partió a Madrid para realizar gestiones de esta institución en la Corte, donde permanecerá hasta finales de noviembre.

En 1665 se encargó de preparar una procesión inmaculista con motivo de la renovación de la Iglesia de Santa María la Blanca.

Muerte de su esposa

Su esposa, Jerónima, falleció en Montejaque el 17 de septiembre de 1661. Fue enterrada en la Iglesia de Santiago de la localidad.

Un par de meses después de la muerte de su mujer, Miguel se trasladó por un tiempo de cinco o seis meses al monasterio de carmelitas descalzos del Desierto de las Nieves. Los historiadores han considerado la muerte de su mujer fundamental en su conversión.

Se planteó retirarse del mundo para llevar una vida religiosa con los cartujos, los franciscanos o los mercedarios. Su confesor, Juan de la Presentación, fraile mercedario descalzo del convento de San José, le disuadió diciéndole que sería más útil a Dios tratando con la gente. El arzobispo de Sevilla, Antonio Payno Osorio, con quien tenía amistad, también le disuadió de la idea de retirarse.

En 1667 falleció también la madre de su difunta mujer, Ana Ignacia de Castrillo y Fajardo. Mañara hizo un viaje a Écija para acudir al funeral. Los señoríos de Ana de Cuevas del Becerro, Montejaque y Benaoján quedaron en manos de su hermana Catalina. El padre de su difunta mujer, Diego Carrillo, se quedó solamente con sus rentas de Huélago y Fonelas, que no le alcanzaban para mantener su nivel de vida. Finalmente, acumuló deudas y sus rentas le fueron embargadas. Miguel Mañara acogió a Diego en su casa palacio de la calle Levíes, donde su suegro vivió hasta su muerte, ocurrida el 15 de septiembre de 1672.

Incidente de la calle del Ataúd Antes del cambio de vida de Mañara, yendo acompañado de su paje, Alonso Pérez de Velasco, le ocurrió un hecho considerado por Mañara como sobrenatural y que se conoce gracias al testimonio de su acompañante. Yendo ambos una noche del palacio de la calle Levíes a una casa, existiendo riesgo para la vida de Mañara, pasaron por la iglesia de Santa Cruz y el paje oyó que se estaba cantando en ella como solía hacerse en los entierros. Entonces se asomó a la puerta y no vio nada. Continuaron andando hasta llegar a la calle del Ataúd y ambos escucharon a alguien decir "Traigan el ataúd, que ya está muerto". Después, Mañara cayó al suelo con la espada y el broquel que llevaba y no supo quién le había derribado. Tras esto, Mañara decidió regresar a su palacio dándole gracias a Dios por todos los beneficios que le hacía y, posteriormente, supo que aquella noche le estaban esperando para matarlo.

Cabe destacar que, en ese momento, no podía estar teniendo lugar ningún entierro. En 1604 tuvo lugar un sínodo convocado por el arzobispo Fernando Niño de Guevara que disponía que a los muertos no se les podía enterrar de noche y esta normativa seguía vigente.

Mañara y la Hermandad de la Santa Caridad Comienzos y nombramiento como hermano mayor

Existen referencias a la Hermandad de la Santa Caridad desde mediados del . En 1456 un racionero de Sevilla llamado Pedro Martínez de la Caridad legó dinero para que sus hermanos pudieran dar sepultura a los ajusticiados. Esta institución se dedicó durante mucho tiempo a recoger los cadáveres de los ahogados en el río y a dar sepultura a los pobres y ajusticiados. Hay registros de la misma desde 1565, posiblemente por la incorporación del primer escribano a la hermandad. En 1588 la hermandad acordó instalarse en la Capilla de San Jorge, que se encontraba en las Atarazanas. Como la Capilla de San Jorge se les quedó pequeña, en la década de 1640 empezaron con la construcción de una nueva iglesia en este lugar. Las obras quedaron paralizadas en 1658, cuando ya estaba levantada la nave principal y la capilla mayor.

La regla de la hermandad, renovada en 1661, dice que el objetivo de la misma era valerse de limosnas para enterrar a los muertos que no tenían quien les diese sepultura, llevar a los hospitales a los pobres que no tenían ayuda, recoger los cadáveres de los ajusticiados, acompañar a los ajusticiados a los suplicios, enterrarlos y ofrecer misas por sus almas. Desde 1653 los miembros juraban defender la Inmaculada Concepción de la Virgen María.

La tarde del 13 de agosto de 1662 Miguel Mañara se encontraba paseando cerca del río Guadalquivir. Cuando pasó por la Iglesia de San Jorge encontró a algunos miembros de la citada hermandad, entre los que se encontraba el hermano mayor, Diego de Mirafuentes, con quien entabló conversación y le solicitó su ingreso en la hermandad. A los pocos días, Mañara solicitó su ingreso por escrito.

El 27 de diciembre de 1662 Mañara se ofreció como diputado de entierros durante el mes de enero siguiente. Con esto, se comprometió a recorrer las calles buscando pobres que morían desamparados, a preparar lo necesario para su entierro y a acompañarlo después llevando la insignia de la hermandad y repitiendo en voz alta "Limosna para enterrar a los pobres de la Santa Caridad de Nuestro Señor Jesucristo".