300px|thumb|right|Fotografía de año 1875 en donde se muestra un castigo a tres mujeres en el Imperio chino durante la Dinastía Qing.

La criminología es una ciencia social interdisciplinaria y de carácter autónomo, que tiene cuatro objetos de estudio, a saber: el crimen, el criminal, la víctima y el control social de la criminalidad.

En cuanto a su etimología, el término de criminología deriva del latín: crimen-criminis, y del griego logos, considerando el concepto de crimen como conducta antisocial y no como delito.

Se centra en el estudio del fenómeno criminal, así como en el proceso de definición y sanción de la conducta desviada. Además, se enfoca en la prevención y el tratamiento de estas conductas.

Basa sus fundamentos en conocimientos diversos de disciplinas y ciencias tales como lo son la sociología, psicología, trabajo social, medicina, antropología, matemática, física y química, apoyándose de manera indirecta del derecho penal y de otras ciencias de carácter forense. Cabe destacar que es frecuente confundir la criminología con la criminalística, que lo hace en el proceso de investigación.

El nombre de esta ciencia fue utilizado por primera vez por el antropólogo francés Paul Topinard. En 1885, el profesor italiano de derecho Raffaele Garófalo acuñó este término de manera formal. Muy ligado a la criminología se encuentran los logros y teorías de Cesare Lombroso, a quien se le considera el padre de la criminología, ya que en sus estudios acerca de la antropología criminal, cimentó bases y teorías que hasta nuestros días perduran, ya sea como antecedentes o como directrices mismas de la ciencia.

A pesar de ser una ciencia relativamente reciente y haber sido cuestionada en cuanto a su vinculación y dependencia del derecho penal, la criminología ha alcanzado un carácter autónomo, al ser partícipe de la utilización del método científico para la formulación de las distintas teorías que la componen.

Historia miniaturadeimagen|200px|Cesare Lombroso es considerado el padre de la criminología. La lucha contra el delito y el estudio de los delincuentes y del castigo data de la antigüedad. Filósofos como Sócrates, Platón o Aristóteles ya hablaron sobre este tema, atribuyendo los delitos a deficiencias físicas o mentales e incluso a la herencia.

A mediados del , Tomás de Aquino intentó también sentar las bases de la filosofía del derecho penal en su obra Escolástica, y en la Edad Media se realizaron algunos estudios médicos para investigar crímenes aislados.

Escuela clásica La Escuela Clásica tiene un desarrollo basado en la filosofía de la Ilustración, que considera a todos los hombres y mujeres como seres libres, iguales y racionales, por lo cual podían actuar responsablemente como individuos. Por tanto, no considera diferencias entre el individuo que viola la ley y quien la respeta. El interés del estudio no recae sobre el actor, sino en el acto delictivo o criminal. Concibe al delito como una creación jurídica y la violación de la norma como un rompimiento del pacto social.

Postulados de la Escuela Clásica: Parte del libre albedrío de los individuos. Todo individuo puede tener un comportamiento desviado. El centro de la reflexión gira alrededor del acto delictivo. Es reactiva, ya que no busca investigar las causas de la desviación.Martínez Peña, Adriana y Rodríguez Tinajero, Jesús. "Sociología y Derecho", UNAM. México, 2012. Páginas 109-112 Propone que la proporción de los castigos debe guardar relación directa al perjuicio social del hecho; esta Escuela estaba en contra de la crueldad de los castigos y, de la arbitrariedad de la justicia aplicada por los jueces.

Sus postulados, respecto a las penas y el delito, constituyen las bases para el Derecho penal moderno, derivando los siguientes principios: Legalidad: solo las leyes pueden decretar las penas de los delitos, es tarea del legislador definirlas en representación de la sociedad unida por el pacto social. Jurisdiccional: un tercero (juez) debe juzgar la verdad de los hechos, sin tener que interpretar las leyes, por lo cual, la ley debe ser clara y conocida por todos. Proporcionalidad: debe existir proporción directa entre la pena y el delito cometido, y relacionado con el daño realizado. Prontitud: para que la pena sea útil, debe imponerse lo más cercana posible al tiempo de la comisión del delito, por lo que el proceso debe ser breve. Necesidad: no es la crueldad de las penas la que impide la comisión de delitos, el freno más grande del delito es la inexorabilidad e infalibilidad de la pena.

Escuela biológico-positivista

Esta escuela parte del determinismo biológico de la conducta humana, considerando que los hombres son impulsados por características innatas hacia el delito. El centro del análisis ya no es el delito, es el criminal, y la sociedad se ve compelida a defenderse de todo acto antisocial ya sea relegándolo o eliminándolo.

Para Cesare Lombroso, el criminal es nato, es un ser atávico, esto es porque tiene una regresión biológica que se manifiesta en ciertas características físicas tales como la asimetría del rostro o del cuerpo, polidactilia, orejas grandes, etc. Por su parte Enrico Ferri considera al delincuente como un hombre anormal, ya sea por sus anormalidades físicas, psíquicas, hereditarias o bien sean adquiridas. Ferri entiende por delito las acciones determinadas por motivos individuales y antisociales que alteran las condiciones de existencia elección a la moralidad mediante un pueblo en un momento determinado. Raffaele Garofalo define al «delito natural» como la ofensa a la piedad y la probidad, sentimientos que integran el consenso moral existente.

En esta corriente de pensamiento, el delito en sí mismo constituye solo una manifestación del carácter peligroso del autor que lo comete; es decir, la peligrosidad del sujeto que infringe la norma es el pilar para determinar la sanción, por lo que, se justifica aplicar a estos sujetos medidas de seguridad o penas sin límite de tiempo, ya que, al ser un enfermo social no puede determinarse cuando superará el estado peligroso en el que se encuentra.

Los postulados de la escuela biológico-positiva: Parte de un determinismo de la conducta delictiva. El centro del análisis es el actor del delito o crimen y su comportamiento, en tanto se intenta explicar las causas de este. Entre criminales y no criminales existen diferencias fundamentales biológicas-antropológicas, que determinan el comportamiento individual de cada cual. La Escuela biológica- positiva, está orientada empírica y positivamente. Es una teórica etimológica en tanto busca las causas de la conducta desviada.

Criminología moderna En el , los criminólogos se esfuerzan en hacer una síntesis de los descubrimientos precedentes. En diferentes países comienza a manifestarse una tendencia a ampliar el campo de la actividad criminológica: unos incluyen en ella la criminalística (Alemania); otros, la penología; hay otros que preconizan el estudio conjunto de la ciencia del crimen y de la ciencia de la reacción social suscitada por él (Estados Unidos). En este siglo, la criminología ha influido notablemente en la evolución del derecho penal.

Con los posteriores avances en el campo de la psicología y sociología algunos investigadores han propuesto nuevos enfoques, entre ellos se encuentran: Jean Pinatel, Edwin Sutherland, Robert Merton, David Matza, Travis Hirschi, Gary LaFree, David Farrington, Michael Gottfredson, Charles Tittle, Jock Young, entre otros.

A partir de mediados del , se presenta un cambio de paradigma en la ciencia criminológica fijando su atención en los procesos de criminalización, en el ambiente social, pero estudia también a la víctima. Según la definición de Antonio García-Pablos de MolinaEs una ciencia empírica e interdisciplinaria, que se ocupa del estudio del crimen, de la persona del infractor, la víctima y el control social del comportamiento delictivo, y trata de suministrar una información válida, contrastada, sobre la génesis, dinámica y variables principales del crimen —contemplado éste como problema individual y como problema social— así como sobre los programas de prevención eficaz del mismo, las técnicas de intervención positiva en el hombre delincuente y los diversos modelos o sistemas de respuesta al delito.

Escuela de Chicago La escuela de Chicago surgió a principios del , a través de la obra de Robert E. Park, Ernest Burgess, y otros sociólogos urbanos en la Universidad de Chicago. En la década de 1920, Park y Burgess identificaron cinco zonas concéntricas que existen a menudo al crecer las ciudades, incluyendo la «zona en transición», que fue identificada como más volátil y sujeta al desorden. En la década de 1940, Henry McKay y Clifford R. Shaw se centraron en los delincuentes juveniles, encontrando que estaban concentrados en la zona de transición.

Los sociólogos de la Escuela de Chicago adoptaron un enfoque de ecología social a las ciudades que estudiaban y postularon que los barrios urbanos con altos niveles de pobreza a menudo experimentan una ruptura de la estructura social e instituciones como la familia y la escuela. Esto da como resultado la desorganización social, lo que reduce la capacidad de estas instituciones para controlar el comportamiento y crea un ambiente propicio para la conducta desviada.

Otros investigadores sugieren un vínculo psicológico-social añadido. Edwin Sutherland sugirió que las personas aprenden el comportamiento criminal de los delincuentes mayores, más experimentados con los que se pueden asociar.Shaw, Clifford R.; McKay, Henry D. (1942): Juvenil delincuency and urban Areas. A Study of Delincuency in Relation to Differential Characteristics of Local Communities in American Cities, 2ª ed. Revisada 1969, Chicago, University of Chicago Press.

Siguiendo la escuela de Chicago, la teoría de la anomia de Robert Merton y la idea de asociación diferencial de Edwin Sutherland, los teóricos subculturales se centraron en pequeños grupos culturales que se alejan de la corriente principal para formar sus propios valores y significados acerca de la vida. Teóricos como David Matza y Sykes Gresham argumentaron en contra de esta teoría, al sostener que los criminales no son diferentes del resto de la sociedad. Poseen los mismos principios morales, y es por ello que deben recurrir a técnicas de neutralización que les permiten actuar de manera repudiable. Afirman, además, que las incursiones en el mundo delictivo se dan gradualmente y no de modo irreversible.

Todas estas corrientes, durante la década de los años setenta del , serán puestas en duda por las teorías del control, influenciados principalmente por Travis Hirschi y Gottfredson.

Teorías individualistas La teoría de la elección racional se basa en la escuela clásica de filosofía utilitarista de Cesare Beccaria, que fue popularizada por Jeremy Bentham. Ellos argumentaron que el castigo, si es certero, rápido, y proporcionado al delito, es un elemento disuasivo para el criminal, ya que los riesgos sobrepasan los posibles beneficios para el infractor. En Dei delitti e delle pene (De los delitos y las penas, 1763-1764), Beccaria abogó por una ciencia penal racional. Beccaria concibe el castigo como la necesaria aplicación de la ley frente a un delito. El juez, por lo tanto, simplemente debía ajustar su condena al cumplimiento de la ley. También distingue entre el delito y el pecado, y abogó en contra de la pena de muerte, la tortura y tratamientos inhumanos, ya que los consideraba elementos de disuasión irracionales.