Semanario insólito fue un programa de televisión argentino y el primer noticiero humorístico de tal país. Emitido en los años 1982 y 1983 por el Canal 7 —llamado ATC en ese período— de Buenos Aires, fue creado por Carlos Alberto Aguilar, también productor ejecutivo —sucedido por Raúl Becerra— y constituyó el debut como presentadores del propio Becerra, Adolfo Castelo, Raúl Portal y Virginia Hanglin, además del inicio de las carreras televisivas de Nicolás Repetto y Norbert Degoas, desempeñándose como reporteros. Comenzó a emitirse semanalmente de 20 30 a 21 00hs. —extendiéndose desde las 21 00 a 22 00 desde 1983— el domingo 10 de abril de 1982, a 8 días de haberse iniciado la Guerra de las Malvinas y en el contexto de un país que era gobernado totalitariamente desde el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976 por el autodenominado Proceso de Reorganización Nacional, presidido en aquel entonces por la Tercera Junta Militar de Gobierno. Los medios de comunicación era regulados desde el 15 de septiembre de 1980 por el Comité Federal de Radiodifusión y el canal de transmisión del ciclo estaba intervenido directamente por la Presidencia de la Nación.La Ley de Radiodifusión 22.285 dice: Artículo 95.- El Comité Federal de Radiodifusión tendrá las siguientes funciones:a) Controlar los servicios de radiodifusión, en sus aspectos culturales, artísticos, legales, comerciales y administrativos;b) Entender en la elaboración, actualización y ejecución del Plan Nacional de Radiodifusión; c) Intervenir en el establecimiento de las normas; para el uso equitativo de los medios de transporte de programas cuando estos fuesen de uso común; d) Promover el desarrollo de los servicios de radiodifusión; e) Entender en los concursos públicos para el otorgamiento de licencias; f) Verificar el cumplimiento de las estipulaciones contenidas en los pliegos de condiciones y en las propuestas para la adjudicación; g) Aprobar la denominación de las estaciones; h) Supervisar la programación y el contenido de las emisiones; i) Calificar en forma periódica a las estaciones; j) Supervisar los aspectos económicos y financieros de los servicios; k) Aplicar las sanciones previstas por esta Ley e intervenir en todo tramite sobre caducidad; l) Registrar y habilitar al personal especializado que se desempeñe en los servicios de radiodifusión, proveer a su formación y capacitación con arreglo a las normas de armonización y complementación del sistema educativo nacional; m)Recaudar y administrar los fondos provenientes de la percepción del gravamen, de las multas, los intereses y las actualizaciones que resulten de la aplicación de esta Ley; n) Adjudicar las licencias para la prestación de los servicios complementarios; ñ) Resolver sobre los pedidos y prórrogas de licencias.Véase:
Los anfitriones eran periodistas —excepto por Hanglin— de excesiva formalidad con una subjetividad concreta, que ignoraban por ingenuidad o socarronería la realidad política y social que la Argentina transitaba desde hacía más de 6 años —la dictadura, el terrorismo de Estado, la constante violación de los derechos humanos, la desaparición y muerte de miles de personas, la apropiación sistemática de recién nacidos, la censura y el espionaje—, abordando temáticas inexploradas y haciendo cualquier tipo de preguntas a los individuos entrevistados, increpando por primera vez en televisión nacional a políticos, funcionarios y empresarios. La intención era comunicar desesperadamente noticias y primicias que finalmente no eran tales, ya fuera por la falta de experiencia informativa de los naífs presentadores o como consecuencia directa de la censura estatal, la cual ellos no percibían. En una de sus emisiones, Castelo apareció frente al Congreso de la Nación anunciando estar a la «espera de que se inicien las sesiones de diputados», cuando el sistema democrático había sido suprimido desde 1976.
El programa tenía una orientación crítica para con la sociedad, la política, la cultura, la farándula y la idiosincrasia argentina de la época, de las cuales pretendía construir subrepticiamente una reflexividad mediante la ironía, el sarcasmo, la sátira, el doble sentido y la alegoría.En el juicio de «Liliana Belfiore contra Semanario insólito» (consultado el 11 de mayo de 2019) la Sala V de la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Criminal y Correccional el 21 de octubre de 1982 expresó: La transgresión, falacia, parodia, autorreferencia e incoherencia eran recursos comunes en el ciclo, a punto tal que los conductores comenzaban a presentar, dar apertura y cierre a elementos incorpóreos, segmentos y hasta a ellos mismos («Adelante estudios centrales/Gracias estudios centrales», «Adelante corte comercial/Gracias corte comercial» y «Adelante yo/Gracias yo»). A su vez, se hacía una constante autocrítica a la solemnidad y veracidad, como así también a la supuesta objetividad y neutralidad de los programas periodísticos de la década del 70 y contemporáneos, exponiendo frecuentemente clichés del entorno televisivo y cumpliendo con los criterios de la metatelevisión. Se le daba la trascendencia, infraestructura y producción correspondiente a acontecimientos relevantes, a eventos absurdos y ridículos e incluso a la ausencia de estos («Aquí no está ocurriendo absolutamente nada y somos el único medio presente»). Además de ser un programa precursor en amalgamar noticias y humor, contenía diversos skecthes, gags, bloopers y segmentos, entre los cuales se destacaron tanto las primeras encuestas a transeúntes al azar en las calles como Pasando revista, donde se analizaban humorísticamente las notas de prensa. Estos espacios han sido reiterados en diversas producciones, incluyendo los propios noticieros.
A pesar de su perfil democrático, Semanario insólito finalizó junto con la dictadura cuando se «levantó del aire misteriosamente» unas semanas antes de las elecciones presidenciales de 1983. Hay discrepancia respecto a este tema, ya que mientras Virginia Hanglin afirma que fue «prohibido por los militares» como una de las últimas decisiones en el canal, Raúl Becerra menciona que en 1984 «la gente de Semanario insólito desaparece del mapa», luego de haber sido informados de «manera elíptica» por David Ratto —jefe de la campaña presidencial de Raúl Alfonsín— que estaban prohibidos. Recién a partir de 1986 el formato del programa fue continuado por Adolfo Castelo y Becerra junto a Carlos Abrevaya y Jorge Guinzburg en La noticia rebelde —también emitido por ATC—, siendo los 4 sus creadores y conductores. Desde este ciclo, el arquetipo humorístico ideado en Semanario insólito comenzó paulatinamente a convertirse un exitoso género, reproduciéndose en múltiples programas, entre ellos Cable a Tierra (1985), Perdona nuestros pecados (1994), Caiga quien Caiga (1995), Televisión Registrada (1999) y Mañanas informales (2005). «Artículo publicado en abril de 2019» en Radio MEGA 103.7. «Artículo publicado en abril de 2019» en FM Fantasía 93.7. Los mencionados, acentuaban individualmente las principales características del ciclo, el periodismo de opinión y la autorreferencia televisiva.
El programa marcó un hito en la historia de la televisión argentina, convirtiéndose en un programa de culto, ya desde sus inicios. No obstante, jamás superó los 6 puntos de índice de audiencia y recibió un solo premio; la Cruz de Plata Esquiú, otorgada en el Centro Cultural General San Martín. La repercusión e influencia de este fue mayor en el ambiente periodístico–televisivo y sectores progresistas de la sociedad argentina de la década del 80 que en el público en general.
Historia Contexto y antecedentes
miniaturadeimagen|izquierda|Entrada principal a los estudios del Canal 7 de Buenos Aires, llamado Argentina Televisora Color desde el año 1979 hasta 1999. Están ubicados Av. Figueroa Alcorta 2977, barrio de Recoleta.
Desde sus inicios, Canal 7 se estableció como una señal estatal con una programación comercial respaldada por la propaganda gubernamental. En la historia de éste, no existía un proyecto que procurara convertirlo en un canal cultural alternativo a lo mercantil, excepto por las breves gestiones de Marcelo Simonetti y Francisco Petrone en los años 1964 y 1965. El 24 de junio de 1975 —aún en el gobierno constitucional de María Estela Martínez de Perón— se sancionó la Ley de Expropiaciones , devolviéndole al estado las licencias de los canales públicos otorgados en 1958. Esta caducidad, ya había sido determinada durante el gobierno dictatorial de Alejandro Agustín Lanusse. Las Fuerzas Armadas, ya en el poder a partir del 24 de marzo de 1976, dividieron la gestión de los canales de Buenos Aires equitativamente: Canal 9 al Ejército Argentino, Canal 11 a la Fuerza Aérea Argentina, Canal 13 a la Armada Argentina y nombraron a un interventor en representación de cada fuerza; Roberto Jesús González (teniente coronel), Adolfo Pietronave (teniente coronel) y Carmelo Astesiano Agote (capitán de fragata), respectivamente. El único que permanecería como estatal sería Canal 7 —siempre y cuando el resto fueran privatizados en el mediano plazo— quedando a cargo de la Presidencia de la Nación y nombrando como interventor al capitán de corbeta Humberto Francisco D'Angelo. En los primeros meses del autodenominado Proceso de Reorganización Nacional la emisora era la principal opción cultural, transmitiendo ballet, ópera, teatro, fútbol y automovilismo. Sin embargo, ante la confirmación —a pesar de que ya existían denuncias internacionales por las violaciones de derechos humanos cometidos en el país— de Argentina como sede de la Copa Mundial de Fútbol de 1978, la Junta Militar concibió al canal como una herramienta de política cultural, siendo una ocasión oportuna para acabar con lo que denunciaban como una «campaña antiargentina» efectuada desde el exterior. La inversión en la infraestructura fue de gran magnitud y entre las planificaciones se edificó un «megaestudio» —construido por el estudio de arquitectura MSGMSS y dirigido por Justo Solsona— de televisión en la intersección de las calles Av. Figueroa Alcorta y Tagle, barrio de Recoleta, Buenos Aires. Fue ideado para funcionar como sede del Centro de Producción de A78TV, inaugurado por Jorge Rafael Videla el 19 de mayo de 1978 y dependiente del Ente Autárquico Mundial '78.
Esta central televisiva —que sería posteriormente la nueva sede de Canal 7— poseía además de una estructura edilicia única, tecnología de última generación para la transmisión del mundial; el magnetoscopio, 30 nuevas cámaras, salas para post–producción de audio y cuatro camiones de exteriores completos con usinas eléctricas propias, entre otros. Sin embargo, la dictadura no logró el cometido previsto; transmitir los partidos a color. El retraso en la renovación de los aparatos receptores determinó que los partidos se transmitieran internacionalmente en colores pero en blanco y negro para los televidentes argentinos, excepto por la final entre Argentina y Holanda que fue emitida en color y pudo ser vista por las personas que disponían de televisores con sistema PAL-N. Así la renovación de Canal 7 —que respondía a la organización del mundial de fútbol pero también a una tendencia mundial de los medios de comunicación a transmitir en colores— se articuló también con la intención de orientar el uso de la nueva tecnología a construir una grilla de programación con perspectivas comerciales. miniaturadeimagen|Almorzando con Mirtha Legrand es el programa de mayor antigüedad en la historia de la televisión mundial conducido por un mismo anfitrión. La adquisición de este ciclo —que ya había sido emitido en diversos canales desde 1969— fue el primer objetivo de Carlos Montero para la construcción de una programación comercialmente exitosa.