miniaturadeimagen|Desarrollo procedimental del análisis de la prosa y poesía como ente criticable y desglosable. La crítica literaria (también, análisis literario) es, en términos de la ciencia humanística, una de las tres disciplinas de la ciencia de la literatura, aquella que desempeña una función dominantemente aplicativa sobre los textos, a diferencia de la teoría literaria y la historia literaria, si bien también existe una muy desarrollada «teoría de la crítica», que epistemológica y metodológicamente fundamenta o se propone la elaboración de la crítica directa o aplicada.Véase P. Aullón de Haro, "Epistemología de la Teoría y la Crítica de la Literatura", en Id. (ed.), Teoría de la Crítica literaria, Madrid, Trotta, 1994, pp. 11 ss. La crítica literaria, que de manera natural se relaciona con la retórica, la poética y en general la teoría literaria, consiste propiamente en el ejercicio de análisis y valoración razonada de la literatura.

La crítica literaria es una disciplina y una actividad característicamente occidental, de origen griego, ligada a lo que suele denominarse humanismo filológico y, por otra parte, a la antigua historiografía y a la moderna filosofía del juicio. Se considera que la crítica nace ya grande, de igual modo que esto se entiende de la retórica o la poética en lo que se refiere sobre todo a los tratados aristotélicos. Su principal creador fue Dionisio de Halicarnaso, ya un virtuoso, entre otras cosas, del análisis estilístico y creador del método comparatista.Dionisio de Halicarnaso, Carta a Pompeyo Gémino, en Id., Sobre la composición literaria; Sobre Dinarco; Primera carta a Ameo; Carta a Pompeyo Gémino; Segunda carta a Ameo, ed. y trad. de G. Galán Vioque y M.A. Márquez Guerreo, Madrid, Gredos, 2001. Véase P. Aullón de Haro, "Teoría de la Literatura comparada y universalidad", en Id. (ed.), Metodologías comparatistas y Literatura comparada, Madrid, Dykinson, 2012, 291 ss.

La cultura del Renacimiento y del humanismo renacentista dominantemente integró la crítica literaria en el quehacer más general e intenso de la filología, o bien de la retórica o las exégesis poetológicas del Quinientos y la crítica textual, nuevamente desarrollada como medio de recuperación del patrimonio clásico antiguo.Paul. O. Kristeller (1979), El pensamiento renacentista y sus fuentes, México, FCE, 1982. La evolución manierista, y sobre todo la égida del Barroco, significó una apertura hacia fórmulas polémicas y de debate, peculiarmente en España, que de algún modo anuncian predisposiciones modernas.Véase Emilio Cotarelo y Mori, Bibliografía de las Controversias sobre la licitud del teatro en España, Madrid, Tipografía de la Revista de Archivos, Bibliotecas y Museos, 1904 (Nueva edición a cargo de José Luis Suárez, Granada, Universidad, 1990) El habría de significar, por su parte, al margen del remanente racionalista y neoclásico de la crítica concebida a partir del pensamiento ilustrado dogmático y su binomio verdad/error, tanto la aparición de la moderna prensa periódica y sus nuevos y agitados avatares críticos como el desarrollo de un pensamiento verdaderamente innovador a manos de la Ilustración y el Idealismo alemanes, entendidos ambos en amplio sentido y en correspondencia con la creación de la nueva historiografía y de la estética como disciplina autónoma.Véase Ernst Cassirer (1932), Filosofía de la Ilustración, trad. de E. Ímaz, México, FCE, 1972, 3.ª ed. rev.

Durante el la crítica literaria tuvo un ingente y complejo desarrollo, en medida importante condicionado por la dispersión de la estética, el dominio de la lingüística y, con esta, los nuevos positivismos estructurales y formalistas, frecuentemente de elaboración ahistórica y al margen de la tradición humanística. Las evoluciones y nuevas implantaciones de los sociologismos, relativismos y nuevas formas del nihilismo contemporáneo puede decirse que dieron fin al gran ciclo estructural y formalista que caracterizó progresivamente el . Todo ello ya ha sido sometido a análisis y a fuerte crítica. Sea como fuere, se trata de una época de extraordinaria producción crítica en diversos sentidos y entre cuyas grandes aportaciones se encuentran aquellas por completo ajenas a las modas y corrientes dominantes. En este sentido es de considerar un buen número de personalidades intelectuales de primer orden en los campos contiguos de la filosofía, la filología y la literatura, así Theodor Adorno, Erich Auerbach, Walter Benjamin, Benedetto Croce, Ernst Robert Curtius, José Lezama Lima, Alfonso Reyes, Paul Valéry o Karl Vossler.

Clases o géneros de la crítica literaria Existen dos grandes géneros de crítica literaria: la que se propone como proyecto el rigor metodológico y científico (incluyendo en esta tanto la crítica directa o aplicada como la teoría de la misma), y aquella otra que establece la propia subjetividad de su punto de vista o su carácter ya polémico, "militante" (según designación ya tradicional) o bien informativo.Cf. P. Aullón de Haro (ed.), Teoría de la Crítica literaria, ob. cit., p. 18 y ss. En cierta medida, y al margen de la ardua cuestión metodológica, el aspecto que separa estas dos clases es el papel del gusto inmediato en la capacidad de análisis. Esto se relacionaba, sobre todo durante el , la época de creación de la crítica moderna, con una de las funciones primordiales de la crítica periodística y de la crítica en general: educar el gusto del público así como, preferentemente durante el y en nuestro tiempo, atender a una nueva situación de la cultura literaria y sus posibilidades de difusión o publicísticas.Véase Mary Luz Vallejo Mejía, La crítica literaria como género periodístico, Pamplona, EUNSA, 1994.

Con grado de especificidad propia también existe la llamada "crítica impresionista", que expone las apreciaciones de lectura constituyéndose asimismo de algún modo en creación de arte verbal, gracias a la cual la elaboración artística supera o al menos se equipara al propósito del rigor analítico o interpretativo. En estos casos (así Baudelaire, Wilde, «Azorín»), la obra crítica acaso permita conocer más profundamente al propio crítico que al objeto de análisis, o cuando menos equiparadamente a ambos. Ejemplarmente estudió Alfonso Reyes el concepto de crítica impresionista y en general la dimensión completa de esta ineludible problemática crítica y literaria tanto desde el punto de vista de la creación como de la reflexión metodológica y sus consecuencias.Véanse de A. Reyes: La Crítica en la Edad Ateniense, La antigua Retórica (O.C., FCE, vol. XIII); y en su versión más completa La experiencia literaria, Barcelona, Bruguera, 1986

Tendencias y escuelas del Tradicionalmente, siguiendo el racionalismo y de hecho también la antigua doctrina de la Retórica fielmente transmitida, la función de la Crítica era no solo analizar sino además exponer, junto a los logros o aciertos, las deficiencias o fallos, lo que falta en una obra o constituye su o sus deficiencias. La Estética forjó una Crítica filosóficamente asentada y atenta al problema del juicio y consecuentemente al valor o la valoración. Los puntos de vista de la Crítica literaria, sus metodologías, desde luego pueden ser muchos, muy distintos y hasta contradictorios, o bien eclécticos, y dependen en buena parte de la cultura y la ciencia dominante en cada época. Ahora bien, durante el convivió junto al pensamiento crítico o teórico general y libre una gran tendencia fundada en las propuestas cientificistas. Las metodologías utilizadas, en diferente y sucesivo grado de pervivencia, pueden ser enumeradas como positivista, historicista, filosófica, hermenéutica, procedentes del , o sencillamente tradicionales y filológicas, o bien de otro lado psicológica, sociológica, formal y estructuralista, o la llamada estética de la recepción, entre las tendencias más difundidas y que responden básicamente a multiplicados grupos o corrientes. Muy diferentes escuelas dentro de la Estética y sobre todo la teoría de la Crítica literaria e incluso la Lingüística han estudiado la literatura y el hecho literario en el , desde el formalismo ruso, la semiológica, la Estilística (alemana y española e incluso francesa, ya idealista, descriptiva, además de genética, funcional o estructural), la Escuela de Fráncfort, el más modesto new criticism, el marxismo, el psicoanálisis, la sociocrítica, en general el estructuralismo y sus proyecciones sucesivas, la narratología, la lingüística del texto, y en último término los varios sectores del llamado postestructuralismo, la pragmática literaria, la neorretórica, la deconstrucción, el neohistoricismo, y diversos sociologismos (a veces ya muy alejados de la entidad literaria). Ahora bien, es de subrayar asimismo la existencia de una excelente gama de autores no característicamente adscribibles a los grupos y sectores, sobre todo académicos, que han proliferado durante el .A. Chicharro Chamorro, Teoría, crítica e historia literarias españolas (Bibliografía sobre aspectos generales. 1939-1992), Sevilla, Alfar. 1993. Todos estos sectores y escuelas han sido objeto de amplia bibliografía y, notoriamente, han tenido en común importantes grados de difusión e internacionalización, por otra parte en natural correspondencia con los usos académicos y las posibilidades de transmisión característicos de la segunda mitad del .

Han existido secularmente, desde la antigüedad y hasta nuestro tiempo algunas importantes líneas de investigación de la Crítica literaria que se ocupan de las relaciones de la literatura con otras disciplinas, otros lenguajes y formas de expresión artística o incluso otras realizaciones culturales o científicas. Así, conocidos estudios de la más diversa índole entre no ya diferentes literaturas muy alejadas entre sí, sino acerca de pintura y literatura o música, cine, etc. Se trata de las consecuciones tradicionales y renovadas de la Comparatística, de las realizaciones de la Literatura comparada, amplia gama metodológica que desde luego atañe de hecho al conjunto de la Ciencia de la literatura (no solo a la Crítica) y en general a las relaciones determinables entre las Ciencias humanas y las Artes.

La Crítica literaria en España Naturalmente, la crítica literaria se ha ejercido en España distinguidamente en coincidencia con el auge de toda renovación cultural, estética o artística importante. Así el Prerrenacimiento (Marqués de Santillana) y el Renacimiento (Cristóbal de Castillejo), por ejemplo tuvieron sus críticos y teóricos, como los tuvo el Barroco y el llamado Culteranismo, el Romanticismo, el Realismo, el Naturalismo, el Modernismo, las corrientes de la Vanguardia histórica y las escuelas y tendencias críticas del .

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