Juana de Arco (en francés: Jeanne d'Arc), también conocida como la Doncella de Orleans (en francés: La Pucelle d'Orléans) (Domrémy, h. 1412-Ruan, ), fue una campesina que sin educación, ni formación militar, lideró ejércitos en defensa de Francia, que se convirtió en heroína y luego fue quemada en la hoguera a los 19 años, canonizada y es la santa patrona de Francia, venerada como defensora de la nación francesa por su papel en el asedio de Orleans y su insistencia en la coronación de Carlos VII de Francia durante la Guerra de los Cien Años.

Afirmando actuar bajo la guía divina, se convirtió en una líder militar que obtuvo reconocimiento como salvadora de Francia. Fue una joven campesina que es considerada una heroína de Francia por su papel durante la fase final de la guerra de los Cien Años. Juana afirmó haber tenido visiones del Arcángel Miguel, de Santa Margarita y de Catalina de Alejandría, quienes le dieron instrucciones para que ayudara a CarlosVII y liberara a Francia de la dominación inglesa en el período final de la guerra de los Cien Años. CarlosVII, que todavía no había sido coronado, envió a Juana al asedio de Orleans como integrante de un ejército de socorro y fue allí donde se ganó una gran fama porque el asedio fue levantado solo nueve días después. Otras victorias rápidas permitieron que CarlosVII fuera coronado rey de Francia en Reims. Este evento tan esperado elevó la moral francesa y allanó el camino para su victoria final.

Tras la coronación de Carlos, Juana participó en el infructuoso asedio de París en septiembre de 1429 y en el fallido sitio de La Charité en noviembre. Su papel en estas derrotas redujo la confianza que la corte tenía en ella. A principios de 1430, Juana organizó una compañía de voluntarios para liberar Compiègne, que había sido sitiada por los borgoñones, aliados franceses de los ingleses. El 23 de mayo de 1430, Juana fue capturada en Compiègne por la facción borgoñona, un grupo de nobles franceses aliados con los ingleses. Después fue entregada a los ingleses y procesada por el obispo Pierre Cauchon por varias acusaciones. Declarada culpable, el duque Juan de Bedford mandó quemarla en la hoguera en Ruan el 30 de mayo de 1431, cuando tenía alrededor de 19 años de edad.

En 1456 un tribunal inquisitorial autorizado por el papa Calixto III examinó su juicio, anuló los cargos en su contra, la declaró inocente y la nombró mártir. En el la convirtieron en símbolo de la Liga Católica y en 1803 fue declarada símbolo nacional de Francia por decisión de Napoleón Bonaparte. Fue beatificada en 1909 y canonizada en 1920. Juana de Arco es uno de los nueve santos patronos secundarios de Francia y ha seguido siendo una destacada figura popular y cultural desde el momento de su muerte gracias a que muchos escritores, artistas y compositores se han inspirado en ella. Es venerada popularmente como mártir. Tras la Revolución Francesa, se convirtió en un símbolo nacional de Francia. En 1920, Juana de Arco fue canonizada por el papa Benedicto XV y, dos años más tarde, fue declarada una de las santas patronas de Francia. Aparece representada en numerosas obras culturales, entre ellas obras literarias, musicales, pictóricas, escultóricas y teatrales.

Contexto histórico

upright=1.2|miniaturadeimagen|1415–1429

La guerra de los Cien Años estalló en 1337 como una disputa por la herencia del trono francés, intercalada con períodos ocasionales de relativa paz. Casi todos los combates habían tenido lugar en Francia y el empleo por parte del ejército inglés de unas destructivas tácticas de tierra quemada habían devastado la economía gala. La población de Francia todavía no había recuperado su número previo a la pandemia de Peste negra de mediados del y los comerciantes estaban aislados de los mercados extranjeros. Antes de la aparición de Juana de Arco, los ingleses casi habían logrado su objetivo de una monarquía dual bajo el control inglés, y el ejército francés no había conseguido ninguna victoria importante en lo que dura una generación. En palabras de la historiadora Kelly DeVries, «El reino de Francia ni siquiera era una sombra de lo que había sido en el ».

El rey francés en el momento de nacer Juana, Carlos VI, sufría episodios psicóticos que le incapacitaban a menudo para gobernar. Su hermano Luis, duque de Orleans, y su primo Juan Sin Miedo, duque de Borgoña, competían por la regencia de Francia y la tutela de los niños herederos al trono. Esta disputa incluía acusaciones de que Luis estaba teniendo una relación extramarital con la reina, Isabel de Baviera, y de que Juan Sin Miedo había secuestrado a los herederos del trono. El conflicto llegó a su punto álgido cuando el duque de Orleans fue asesinado en 1407 por orden del duque de Borgoña. Este asesinato dio inicio a una guerra civil. El joven Carlos de Orleans sucedió a su padre como duque y fue puesto bajo la custodia de su suegro, Bernardo, conde de Armagnac. Su facción se conoció como la facción «Armagnac», y el partido contrario dirigido por el duque de Borgoña se llamaba la «facción de Borgoña».

Enrique V de Inglaterra se aprovechó de estas divisiones internas para invadir el reino francés en 1415, obteniendo una victoria resonante en Azincourt el 25 de octubre y apoderándose posteriormente de muchas ciudades del norte de Francia durante la campaña de 1417. En 1418, París fue tomada por los borgoñones, que masacraron al conde de Armagnac y a unos 2500 de sus seguidores. El futuro rey francés, Carlos VII, asumió el título de delfín, el heredero del trono, a la edad de catorce años, después de que murieran consecutivamente sus cuatro hermanos mayores. Su primer acto oficial significativo fue firmar un tratado de paz con el duque de Borgoña en 1419, pero esto terminó en desastre cuando los partidarios de Armagnac asesinaron a Juan Sin Miedo durante una reunión bajo la garantía de protección de Carlos. El nuevo duque de Borgoña, Felipe el Bueno, culpó a Carlos del asesinato y se alió con los ingleses, tras lo cual las fuerzas aliadas conquistaron una gran parte de Francia.

En 1420, la reina de Francia, Isabel de Baviera, firmó el Tratado de Troyes, lo que le permitió a Enrique V casarse con la hija de Carlos VI Catalina de Valois, concediéndole la sucesión del trono de Francia a los herederos de Enrique y desheredando efectivamente a Carlos. Este acuerdo revivió las sospechas de que el Delfín era el producto ilegítimo del rumoreado romance de Isabel con el difunto duque de Orleans y, por tanto, de que no era hijo de Carlos VI. Enrique V y Carlos VI murieron con dos meses de diferencia en 1422, dejando a un bebé, Enrique VI de Inglaterra (hijo único de Enrique V y de Catalina de Valois), como monarca nominal de ambos reinos, aunque el Delfín también reclamó su derecho al trono. El hermano de Enrique V, Juan de Lancaster, primer duque de Bedford, se convirtió en regente.

Justo antes de que Juana de Arco entrara en escena en 1429, los ingleses habían logrado casi su meta de una monarquía dual anglo-francesa. Los hermanos de Enrique V, Juan de Lancaster y Hunfredo, duque de Gloucester, habían continuado la conquista inglesa de Francia. Casi todo el norte de Francia y algunas partes del suroeste estaban bajo control anglo-borgoñón. Los ingleses dominaban París y Ruan, mientras que la facción borgoñona gobernaba en Reims, tradicional lugar de coronación de los reyes franceses. Esto era crucial, porque ninguno de los contendientes por la corona había sido entronizado todavía, y ser entronizado en Reims ayudaría a legitimar su reclamación del trono.

Desde 1428 Orleans estaba siendo asediada por los ingleses, una de las pocas ciudades aún leales a Carlos VII y un objetivo importante, ya que ocupaba una posición estratégica a orillas del río Loira y era el último obstáculo notable para dominar el resto de Francia. Nadie era optimista en cuanto a la resistencia de la ciudad. Durante generaciones hubo profecías en Francia que prometían que la nación sería salvada por una virgen de las «fronteras de Lorena», «que obraría milagros» y «que Francia se perdería por una mujer (Isabel de Baviera) y luego sería restaurada por una virgen (Juana de Arco)».

Biografía Nombre

Dado que los registros de la época no son del todo fiables y a las diferentes costumbres contemporáneas, no se sabe con certeza el nombre de Juana de Arco al nacer. Nació y creció en la aldea de Domrémy, en lo que entonces era la frontera nororiental del Reino de Francia.Domrémy era territorio del rey, pero la parroquia dependía del obispo de Toul, quien era un señor del Sacro Imperio. Todas sus firmas aparecen con la forma francesa media Jehanne, sin apellido. En el francés moderno, su nombre se traduce siempre como Jeanne d'Arc, lo que refleja los cambios ortográficos debidos a la evolución de la lengua a lo largo del tiempo. Su nombre de pila también se transcribe a veces como «Jeanneton» o «Jeannette», pero es posible que Juana haya eliminado el sufijo diminutivo -eton o -ette en la adolescencia.

El apellido de Arco es una traducción de d'Arc, que a su vez deriva en el francés del del nombre de su padre, Jacques d'Arc. Los apóstrofos nunca se empleaban en los apellidos franceses del , lo que a veces lleva a confundir entre topónimos y otros nombres que empiezan por la letra D. Según los registros latinos, que reflejan ciertamente una diferencia, es más probable que el nombre de su padre fuera Darc. La transliteración era fonética y los registros originales presentan su apellido en al menos nueve formas diferentes, como Dars, Day, Darx, Dare, Tarc, Tart o Dart.Pernoud y Clin, pp. 220–221Donald Spoto: Joan - The Mysterious Life of the Heretic Who Became a Saint (2007)

Para complicar aún más las cosas, los apellidos no eran universales en el y la herencia del apellido no seguía necesariamente los patrones modernos. Juana declaró en el juicio que la costumbre local en su región natal era que las niñas llevaran el apellido de sus madres. La madre de Juana era conocida como Isabelle Romée y como Isabelle de Vouthon, ambas versiones tenían ligeras variaciones en la forma de escribirse el nombre y el apellido en diferentes documentos pero no se conserva ningún registro de la vida de Juana que demuestre que utilizaba el apellido de su madre o de su padre, pero a menudo se refería a sí misma como la Pucelle, que se traduce como «la Doncella». Antes de mediados del , que fue cuando Jeanne d'Arc y Juana de Arco se convirtieron en la forma estándar, la literatura y las obras artísticas que se refieren a ella la suelen describir como la Pucelle o la Doncella de Orleans. Su pueblo natal ha sido rebautizado como Domrémy-la-Pucelle para reflejar esa tradición.

El nombre de Juana de Arco se escribía de diversas formas. No existe una ortografía estándar de su nombre antes del ; su apellido solía escribirse «Darc», sin apóstrofo, pero hay variantes como «Tarc», «Dart» o «Day». El nombre de su padre se escribió como «Tart» en su juicio. En la carta de Carlos VII de 1429 en la que le concedía un escudo de armas, se la llamaba «Jeanne d'Ay de Domrémy». Es posible que Juana nunca se oyera llamar «Jeanne d'Arc». La primera referencia escrita en la que aparece este nombre data de 1455, veinticuatro años después de su muerte.

No le enseñaron a leer ni a escribir en su infancia, por lo que dictaba sus cartas. Es posible que más tarde aprendiera a firmar con su nombre, ya que algunas de sus cartas están firmadas, e incluso es posible que aprendiera a leer. Juana se refería a sí misma en las cartas como («Juana la Doncella») o como («la Doncella»), haciendo hincapié en su virginidad, y firmaba como «Jehanne». En el , se la conoció como la «Doncella de Orleans».

Primeros años de vida