El fenicismo es una corriente nacionalista libanesa basada en la reivindicación de un supuesto origen fenicio de la población del Líbano. Es, por tanto, una ideología opuesta al nacionalismo árabe, y la sostienen sobre todo sectores cristianos. Esta corriente fue especialmente popular entre 1920 y mediados de la década de los 50.
La historiografía libanesa presenta diferentes interpretaciones sobre los orígenes del país. Algunas corrientes nacionalistas sostienen que el Líbano posee una continuidad histórica que se remonta a los antiguos reinos fenicios, considerando al Estado moderno como una prolongación de aquella civilización. Sin embargo, numerosos historiadores contemporáneos señalan que la formación política del Líbano es un fenómeno moderno, vinculado a la proclamación del “Gran Líbano” por la administración francesa en 1920 en respuesta a la intensa presión ejercida por los cristianos libaneses. Aunque la región ha tenido presencia histórica continua y una identidad cultural diversa, la creación de una entidad política denominada “Líbano” se consolidó en el contexto del Mandato francés. Algunos expertos comentan que el fenicismo solo sirve a fines propagandísticos y no responde a las preguntas cruciales sobre la identidad nacional libanesa y en el debate sobre su relación con el mundo árabe, ya que se usa la asociación con estos símbolos antiguos para alejarse de la identidad árabe, dejando la identidad nacional dividida en el proceso. Históricamente, la zona estuvo habitada por diferentes pueblos desde la Antigüedad, pero se exageró la importancia del papel de los fenicios en su historia para facilitar la creación de una identidad nacional libanesa, diferente a cualquier otra en la región .
Los fenicios miniaturadeimagen|Mapa de Fenicia, actual Líbano.
Los fenicios fueron un pueblo semita de la Antigüedad que habitó principalmente la franja costera del Levante mediterráneo, en el territorio de las actuales costas del Líbano, Siria e Israel. Tradicionalmente se les asocia con el comercio marítimo, la fundación de colonias en el Mediterráneo y la difusión de uno de los primeros alfabetos consonánticos.Kaufman, Asher (2004). Reviving Phoenicia: The search for identity in Lebanon (https://archive.org/details/revivin gphoenici0000kauf). Londres: I.B. Tauris. p.2-5.
El término «fenicios» procede del griego antiguo y no era el nombre que este pueblo usaba para designarse a sí mismo. Los propios fenicios se identificaban como cananeos y llamaban a su tierra Canaán, designación que se mantuvo al menos hasta el siglo I d. C. y que aparece en diversas fuentes antiguas. Además de su identificación como cananeos o fenicios, los habitantes de esta región eran frecuentemente mencionados según su ciudad de origen, como sidonios, tirios o giblitas, entre otros. Esta forma de designación refleja la organización del territorio en una red de ciudades-estado independientes, que no llegaron a constituir una unidad política centralizada. Estas ciudades mantuvieron su autonomía en distintos grados a lo largo de la Antigüedad, incluso bajo la influencia o dominio de grandes imperios regionales.
A pesar de que la época fenicia se circunscribe claramente entre el siglo XII a. C. y la ocupación griega en el siglo III a. C., los neofenicios incorporan la ciudad de Ugarit, que prosperó entre los siglos y y decayó hacia el siglo XIV a. C., a la civilización fenicia, y también las épocas griega y romana. Hay una tendencia a considerar toda la Antigüedad como una unidad histórica, separada por diferentes conquistas extranjeras, pero unida por el único pueblo dotado que habitó la tierra de Fenicia. Algunos ultrafenicios modernos afirmaban que la era fenicia nunca dejó de existir y que los libaneses actuales son tan fenicios como sus ancestros.
Evolución histórica Los siglos – : inicios del fenicismo miniatura|Nuestra Señora del Líbano en Harissa, Monte Líbano.
El desarrollo del fenicismo moderno se vinculó estrechamente con el interés colonial francés por el norte de África y el Levante en el siglo XIX. En este contexto, la investigación arqueológica sobre las antiguas civilizaciones de la cuenca mediterránea se articuló con proyectos misioneros cristianos, especialmente los de los Pères Blancs en Cartago y las misiones jesuitas en Siria. Estas excavaciones se entendían como una forma de recuperar las supuestas raíces culturales europeas en el mundo bíblico, grecorromano y fenicio, y se empleaban para reforzar discursos de superioridad cultural, científica y política. Paralelamente, los planes de estudio de las escuelas francesas, tanto religiosas como laicas, incorporaron de manera sistemática la historia de civilizaciones como Egipto, Babilonia, Asiria, Canaán y Fenicia, contribuyendo a fijar una imagen específica del pasado fenicio en el imaginario europeo.Kaufman, Asher (2004). Reviving Phoenicia: The search for identity in Lebanon (https://archive.org/details/revivin gphoenici0000kauf). Londres: I.B. Tauris. p.23-41.
A finales del siglo XIX, diversas publicaciones sirio-libanesas contribuyeron a reactivar el interés por el pasado fenicio y a preparar el terreno intelectual del fenicismo. Revistas como Al‑Muqtataf (fundada en 1876 en Beirut por Yaqub Sarruf y Faris Nimr) y Al‑Hilal (1892, en El Cairo, de Jurji Zaydan) difundieron entre el público árabe información actualizada sobre los fenicios, basándose en la producción académica europea. Entre 1882 y 1900, Al‑Muqtataf publicó una veintena de artículos sobre el tema y, en 1889, dio a conocer una conferencia de Najib Efendi al‑Bustani en Beirut que, por primera vez en árabe, sugería un vínculo genealógico entre los fenicios bíblicos y los habitantes contemporáneos de la región, anticipando uno de los ejes del discurso fenicista.
En los primeros números de Al‑Hilal, Zaydan fusionó las historias antiguas de Siria y el Líbano en una narrativa unificada que conectaba a los habitantes modernos de la costa siria con los antiguos comerciantes fenicios, tratando «Siria» como un marco geográfico amplio y atribuyendo a los sirios cristianos un origen semítico y helenizado distinto del árabe «genealógico». Aunque Zaydan evolucionó posteriormente hacia una concepción más abiertamente arabizada de la identidad siria, estas formulaciones ofrecieron una base conceptual para que el fenicismo libanés articulara una continuidad histórica entre los fenicios y ciertos grupos cristianos del Levante.
En este mismo periodo, el interés por el pasado preislámico y fenicio no se limitó a medios cristianos. Intelectuales como el chií Ahmad ʿArif al‑Zein, editor de al‑ʿIrfan en Sidón, contribuyeron con obras como Tarikh Sayda (1913), donde describía a los sirios como una mezcla de pueblos en la que el elemento fenicio‑semita desempeñaba un papel central y ofrecía una narración continua desde las ciudades fenicias, como Sidón, hasta sus habitantes modernos. Autores formados en el Colegio Protestante Sirio, utilizando fuentes árabes contemporáneas, rehabilitaron así el legado fenicio dentro de una identidad secular basada en la lengua árabe y en el marco histórico‑geográfico de «Siria», reintroduciendo Fenicia como referencia histórica sin plantearla todavía en oposición al arabismo.
Aunque no era originario del Líbano, el gobernador Ismail Haqqi mostró un notable interés por la región y promovió la elaboración de un estudio de carácter social, económico, histórico y geopolítico titulado «Líbano y Fenicia», considerado durante décadas una referencia importante sobre el país. La obra, impresa en Beirut en 1918 en una tirada de alrededor de mil ejemplares, se distribuyó entre los administradores de la Mutasarrifía con el objetivo de ofrecerles un conocimiento sistemático del territorio y de la sociedad que gobernaban. Diversos intelectuales maronitas y jesuitas desarrollaron capítulos que diferenciaban entre “Fenicia” (la costa) y “Líbano” (la montaña), pero presentaban ambas como una sola unidad histórica y cultural. Estas obras, escritas en francés y árabe, ofrecían una visión muy fuerte de continuidad entre las civilizaciones antiguas del litoral fenicio y los maronitas del Monte Líbano, subrayando logros como la navegación, el comercio y la cultura urbana fenicia, y proyectándolos sobre la identidad libanesa moderna. En estos textos, el mensaje político implícito era claro: frente al mundo árabe y musulmán, los libaneses cristianos serían herederos directos de una civilización mediterránea antigua, distinta y anterior al islam y a la conquista árabe. Se vincula a los cananeos con el nacimiento del cristianismo. Así, se sugiere una narrativa continua entre los fenicios cananeos y el cristianismo, un punto que será aprovechado al máximo por los neofenicios.
Esta obra, patrocinada por Haqqi, no es un manifiesto fenicio. Algunos estudios del libro ni siquiera son favorables a los antiguos fenicios. En el capítulo sobre las etnias libanesas y sus creencias religiosas, Cheikho utiliza términos despectivos para describir el paganismo fenicio. El monoteísmo era la base de su religión, afirma, pero los fenicios posteriores subvirtieron este monoteísmo y aumentaron el número de deidades en su panteón, dándoles esposas y adorando fenómenos naturales. La naturaleza pagana de la civilización fenicia siempre fue un problema con el que los cristianos libaneses tuvieron que lidiar. Es una de las principales razones por las que la Iglesia maronita no podía abogar por un parentesco entre la antigua fe fenicia y el cristianismo. Una lectura nos muestra que para 1918 el conocimiento completo de la antigua Fenicia ya estaba disponible para los siriolibaneses locales, y no necesariamente en el contexto de sentimientos antiárabes.
Auguste Adib Pasha, primer secretario general del Gran Líbano y más tarde primer ministro de la República Libanesa, defendió tras la Primera Guerra Mundial la creación de un Gran Estado Libanés apoyado por las potencias europeas. En su obra Le Liban après la guerre y en un artículo de 1919 en La Revue Phénicienne, presentó a los libaneses modernos como resultado de una mezcla de pueblos en la que predominaba la “sangre fenicia”, afirmando que los habitantes del Monte Líbano y de la costa descendían directamente de los antiguos navegantes fenicios y no formaban parte del mundo árabe en sentido propio. Esta lectura genealógica, inspirada en parte por su experiencia en Egipto y por el modelo del nacionalismo faraónico, convierte la referencia a Fenicia en un argumento explícito de diferenciación nacional, y sitúa a Adib Pasha en una generación de emigrados sirio‑libaneses —junto a autores como Yusuf al‑Saouda o el poeta francófono Hector Klat— que ayudó a trasladar el imaginario fenicio al núcleo del programa fenicista.
Rol de la diáspora egipcia La comunidad sirio-libanesa en Egipto, especialmente en Alejandría, se convirtió en un centro clave para el desarrollo temprano del fenicismo antes de 1919. Desde allí, intelectuales como Michel Chiha, Jacques Tabet, Hector Klat y Yusuf al-Saouda articularon una identidad libanesa mediterránea frente al mundo árabe-islámico, inspirados en parte por el nacionalismo faraónico egipcio emergente.Kaufman, Asher (2004). Reviving Phoenicia: The search for identity in Lebanon (https://archive.org/details/revivin gphoenici0000kauf). Londres: I.B. Tauris. p.57-70.
El clérigo maronita Darian, influido por esta diáspora, defendió explícitamente el origen fenicio de los maronitas, relacionándolos directamente con los antiguos fenicios —postura poco común en el clero— y recibió apoyo francés para promover estas ideas en comunidades emigradas de EE. UU. La Alianza Libanesa, surgida en este entorno, fue pionera desde 1919 en abogar por un Gran Líbano independiente bajo protección europea.