thumb|350px|Quema de libros en la Plaza de la Ópera en Berlín el 10 de mayo de 1933. En su mayoría procedían del Comité científico humanitario. La censura homófoba es un fenómeno que se ha dado en muchas culturas y que tiene como resultado la desaparición de la homosexualidad o cualquier comportamiento, fenómeno o cultura LGBT dentro del relato histórico, las biografías y la literatura. Culturalmente, esta actitud se repite por lo menos desde la Edad Media, en la que se hablaba del pecado nefando, «el vicio que no debe mencionarse entre cristianos». El Diccionario Akal de la homofobia clasifica la censura homofóbica en tres grupos: intelectual, institucional y autocensura.

El historiador Rictor Norton afirma que la supresión de la historia LGBT no es simplemente un hecho histórico, sino que es una «una batalla que todavía se está luchando», y lo compara al imperialismo cultural histórico, como la destrucción de los archivos de Irlanda por Inglaterra o la destrucción de las bibliotecas mayas durante la conquista española.

Mecanismos Leyes contra la obscenidad y censura La homosexualidad, incluso en su vertiente no sexual, ha sido considerada a menudo como obscena y tratada de forma correspondiente por la censura. A la censura de la sexualidad no se le suele dar la importancia que tienen otras formas de censura; como la homosexualidad es considerada una cuestión sexual, su supresión no suele tener la consideración que tienen los problemas sociales, raciales o políticos, sino que se incluye dentro de las cuestiones morales o religiosas. Y mientras que algunas representaciones de la heterosexualidad (por ejemplo, representaciones gráficas) también han sufrido censura, la diferencia es que cualquier representación de la homosexualidad era censurada, incluyendo cuestiones tan banales como simples declaraciones de amor. Incluso en tiempos más recientes, historiadores, sociólogos y médicos consideraban a los homosexuales enfermos o desviados, personas con hábitos sucios, más que personas con una cultura.

La censura y supresión de la literatura homoerótica ha sido abrumadora en Occidente y todos los libros acababan en el Index Librorum Prohibitorum. En 1689 se detuvo a dos libreros por vender Sodom, or the quintessence of dabauchery de John Wilmot. Y naturalmente es mucho lo que simplemente no sabemos, ¿cuántas obras sobre la sodomía habrían desaparecido en los fuegos que Savonarola y otros encendieron en las plazas de ciudades italianas en la década de 1490?

Hasta el no hubo demasiada censura institucional contra obras que mencionaban la homosexualidad, ya que hasta entonces la autocensura había sido un mecanismo suficiente. Y no es que a partir del se mostrase la homosexualidad bajo una luz positiva, pero la simple mención del asunto era considerada peligrosa. Los poemas lésbicos de Las flores del mal de Baudelaire fueron las primeras en sufrir el acoso legal. La aparición de El pozo de la soledad produjo un escándalo enorme, seguido de un proceso legal. Otros artistas que han sufrido persecución institucional por sus obras son Allen Ginsberg, Robert Mapplethorpe, James Baldwin, William Burroughs, Jean Genet, André Gide o Mary Renault. La revista ONE fue declarada «obscena» en 1957, lo que impedía su distribución por correo. La resolución fue revertida por el Tribunal Supremo en 1958. De hecho, la persecución creó un ambiente hostil a la publicación de libros de contenido LGBT en las editoriales estadounidenses.

Los regímenes totalitarios naturalmente también prohibieron la publicación de contenidos homoeróticos o incluso la simple mención de la homosexualidad. En Alemania, con la llegada de los nazis al poder, se prohibieron todas las publicaciones dedicadas a los homosexuales, lo que hizo desaparecer a todas las revistas gais y lésbicas. También se prohibió la publicación de libros de contenido explícitamente homosexual, de hecho, su posesión era un delito, pero existía tal caos en los servicios de censura del Reich, que no se eliminaron de la circulación los «clásicos» de la literatura homoerótica y se siguieron publicando obras con un vago ambiente homoerótico. En la Unión Soviética, publicar libros con temas homosexuales era prácticamente imposible, aunque a veces se miraba hacia otro lado en el caso de los samizdat. Autores como Paradzhánov y Trifonov acabaron en la cárcel por ese motivo. En general, en todos los países era permitida la existencia de textos dedicados a las élites (con los párrafos clave escritos en latín o en jerga médica) o accesibles solo a una minoría (manuscritos o copias hechas a mano).

Los servicios de aduanas y correos también empleaban a menudo las leyes contra la «obscenidad» para dificultar o impedir la distribución de textos que tenían la homosexualidad como tema. Por ejemplo, la librería canadiense Little Sister's Book and Art Emporium tuvo que llevar a los tribunales al servicio de aduanas de Canadá en 1986, ya que impedía la importación de libros y revistas desde Estados Unidos por considerarlos «obscenos»; según la ley canadiense, era el importador quien debía demostrar que los materiales no eran obscenos. La librería consiguió obtener la razón en 2000, después de gastar más de medio millón de dólares canadienses en gastos judiciales. La librería Gay's the Word de Londres tuvo un problema similar con las aduanas británicas en 1984, que montó un gran asalto a la librería y confiscó material por un valor de varios miles de libras. Obras de Tennessee Williams, Gore Vidal, Christopher Isherwood y Jean Genet se encontraban entre las obras confiscadas. En el Reino Unido se daba la paradoja de que se podía publicar un libro en el país, pero era ilegal importar exactamente el mismo libro. La denuncia fue retirada después de que se reuniesen 50.000£ para un fondo de defensa. Un caso similar lo sufrió la librería Gin Gin, en Taiwán, en el año 2003.

En 1949 se creó en Francia una ley sobre las «publicaciones destinadas a la juventud», en la que se prohibía la «débauche» («corrupción», «perversión», «vicio») en cualquier publicación dedicada a menores. De hecho, la ley se interpretaba de forma que cualquier publicación que pudiese ser vista o leída por menores podía ser censurada, aunque la publicación estuviese dedicada exclusivamente al público adulto. Naturalmente, la homosexualidad era considerado el vicio por excelencia y numerosos autores tuvieron problemas, tanto legales, como con las editoriales que no querían arriesgarse a tener dificultades, como fue el caso de Violette Leduc, Éric Jourdan, Nicolas Genka, Pierre Guyotat, etc. La revista Gai Pied vio prohibida su distribución y la realización de cualquier tipo de promoción repentinamente en 1987. En Alemania, en 1955, con la entrada en vigor de la ley de protección del menor, se prohibió la venta pública de las revistas homosexuales, por lo que las revistas que se habían publicado hasta entonces pasaron a ser clandestinas. En 1968 solo sobrevivían dos revistas: amigo (publicada en Dinamarca) y Der Weg. Leyes similares siguen existiendo en Europa. En Lituania, una propuesta de ley de 2009 para la protección de menores incluía la prohibición de la «propaganda de las relaciones homosexuales, bisexuales o polígamas», sin definir lo que significaba «propaganda», en cualquier lugar en el que pudiese ser visto por menores. Tras la oposición del Parlamento Europeo y del presidente de Lituania, la ley se reformuló como una «prohibición de difundir información que pudiera promocionar relaciones sexuales o concepciones del matrimonio o la familia distintos de la establecida en la constitución o el código civil», siendo que el matrimonio es definido en la constitución explícitamente como entre una mujer y un hombre. Esta ley, que en su forma actual es válida para la población en general y no está limitada a los menores, se intentó usar por primera vez para prohibir la marcha del orgullo de Vilna. En 2013 se adoptó en Rusia una ley contra la propaganda homosexual, uno de cuyos efectos es la desaparición de cualquier expresión de la cultura homosexual de la esfera pública. En Estados Unidos existen en 8 estados —entre ellos Arizona, Alabama y Texas— y en varias ciudades leyes que prohíben explicar de forma positiva o incluso mencionar la homosexualidad en las escuelas, las llamadas «no promo homo».

Tergiversación y ocultación Uno de los mecanismos más característicos de esta censura es la ocultación de evidencias de homosexualidad dentro de las artes, sobre todo en las obras y autores canónicos de la literatura mundial, o su heterosexualización, llevadas a cabo por traductores, editores, críticos o biógrafos.

Por ejemplo, existen numerosos casos en los que se ha heterosexualizado a los personajes de obras literarias. Los ejemplos son innumerables desde la antigüedad, y van desde la invención de amantes masculinos para Safo, como hizo Ovidio al convertirla en amante del marinero Phaon, o posteriormente su matrimonio con Cercylas («pene») de Andros («ciudad de hombres»), hecho que sigue usándose para demostrar la heterosexualidad de la poetisa. Aristarco eliminó varias líneas de la Ilíada que hablaban de Aquiles y Patroclo. El hecho continuó durante la Edad Media, cuando los monjes copistas reescribían la historia desde un punto de vista cristiano. La traducción medieval de la Historia de Alejandro Magno de Quintus Curtius Rufus por Vasco da Lucena convirtió al amante de Alejandro Magno, Bagoas, en una mujer. La traducción al latín de El banquete por Ficino convirtió el amor entre hombres en un acto espiritual, eliminando cualquier erotismo. El caso más famoso es el de Miguel Ángel, en cuyos sonetos fueron sustituidos todos los pronombres masculinos por femeninos antes de su publicación póstuma en 1623 por su sobrino nieto, para ocultar que algunos estaban dedicados a Tommaso Cavalieri, llegando incluso a eliminar 45 poemas apasionados dedicados a Checchino Bracci. Una versión correcta no se publicó hasta 1863. En 1640 John Benson haría lo mismo con los sonetos de Shakespeare, generando la única versión disponible durante los 140 años posteriores. El descubrimiento de que algunos sonetos de amor de Shakespeare estaban dedicados a hombres a finales del , generó una negación unánime de los críticos de la homosexualidad del dramaturgo, corriente que dominó la crítica hasta la década de 1980.

Otro mecanismo recurrente es omitir pasajes en los que se hable de homosexualidad o, simplemente, no traducirlos. Por ejemplo, Santo Tomás de Aquino omitió un pasaje de Aristóteles en el que se decía que la homosexualidad es innata, lo que contradecía la tesis de Aquino, que defendía la homosexualidad como elección pecaminosa. En las traducciones también se añadían frases y elementos que no estaban, como muestra el caso de Mateo Ricci, que al traducir los diez mandamientos al chino añadió «no realizarás cosas depravadas, contra natura o sucias.» Un ejemplo más reciente de ocultación es el De profundis de Oscar Wilde, una carta a Alfred Douglas de la que fueron eliminadas toda referencia a Douglas y su historia de amor. Una edición completa no aparecería hasta 1962.