El arianismo es una ideología de supremacía racial alemana que considera a la supuesta raza aria como un grupo racial distinto y superior, con el derecho a gobernar al resto de la humanidad. Inicialmente promovido por teóricos raciales como Arthur de Gobineau y Houston Stewart Chamberlain, el arianismo alcanzó su punto máximo de influencia en la Alemania nazi. Durante las décadas de 1930 y 1940, el régimen aplicó esta ideología con toda su fuerza, desatando la Segunda Guerra Mundial con la invasión de Polonia en 1939 en busca del Lebensraum (espacio vital), para el pueblo ario. Las políticas raciales implementadas por los nazis en los años 30 se intensificaron durante su conquista de Europa y la Unión Soviética, culminando en el asesinato masivo de aproximadamente seis millones de judíos y otros once millones de víctimas.

Contexto Histórico

A finales del , varios autores posteriores, como el antropólogo francés Vacher de Lapouge en su libro L'Aryen, argumentaron que esta supuesta rama superior podía identificarse biológicamente mediante el índice cefálico (una medida de la forma de la cabeza) y otros indicadores. De Lapouge sostenía que los europeos «dolicocefálicos rubios» de cabeza alargada, típicamente encontrados en el norte de Europa, eran líderes naturales destinados a gobernar sobre pueblos más «braquicéfalos» (de cabeza corta).. Teorías similares fueron promovidas por los nordicistas, como Arthur de Gobineau y Houston Stewart Chamberlain.

Características

La ideología del nazismo se basaba en la concepción de la antigua raza aria como una raza superior, ocupando la posición más alta en la jerarquía racial, y consideraba que los pueblos germánicos de tipo nórdico, y más concretamente en Islandia, nación considerada por los nacionalistas como el origen y reservorio de los más prístinos, puros y cultos de entre todos los descendientes arios. La concepción nazi de la raza aria surgió de los primeros defensores de una idea supremacista caucásica, tal y como la describieron teóricos raciales como Arthur de Gobineau y Houston Stewart Chamberlain.

El teórico racial nazi Hans F. K. Günther identificó la raza europea dividiéndola en cinco subtipos raciales: nórdico, mediterráneo, dinárico, alpino y báltico oriental.Bruce David Baum 2006. p. 156 Günther aplicó una concepción nordicista en la que consideraba a los nórdicos como los más altos en la jerarquía racial entre estos cinco subtipos europeos. En su libro Rassenkunde des deutschen Volkes (1922) (La ciencia racial del pueblo alemán), Günther reconoció que los alemanes estaban compuestos por los cinco subtipos europeos, pero destacó la fuerte herencia nórdica presente en ellos.Anne Maxwell. Picture Imperfect: Photography and Eugenics, 1870–1940. Eastbourne, England: UK; Portland, Oregon, USA: SUSSEX ACADEMIC PRESS, 2008, 2010. P. 150.

Günther creía que los pueblos eslavos pertenecían a una raza oriental, distinta de los alemanes y los nórdicos, y advirtió sobre la mezcla de sangre alemana con la eslava.Racisms Made in Germany, Wulf D. Hund 2011 page 19 Definió cada subtipo racial según su apariencia física general y sus cualidades psicomórficas, incluida su «alma racial», refiriéndose a sus rasgos temperamentales, emocionales e incluso su personalidad y creencias religiosas. Además, proporcionó información detallada sobre el color del cabello, los ojos y la piel, así como la estructura craneal yafacial. Presentó fotografías de alemanes identificados como nórdicos en lugares como Baden, Stuttgart, Salzburgo y Suabia, y también imágenes de alemanes que clasificó como de tipo alpino y mediterráneo, especialmente en Vorarlberg, Baviera y la región de la Selva Negra en Baden. Adolf Hitler leyó Rassenkunde des deutschen Volkes, lo que influyó en su política racial y llevó a que Günther, con el respaldo nazi, obtuviera un puesto en el departamento de antropología de la Universidad de Jena en 1932, donde Hitler asistió a su conferencia inaugural.John Cornwell. Hitler's Scientists: Science, War, and the Devil's Pact. Penguin, Sep 28, 2004. , p. 68

Günther asignó características de esta raza no s6olo a los judíos y armenios, sino también a otros pueblos contemporáneos como algunos griegos, turcos, sirios e iraníes. En su obra Racial Characteristics of the Jewish People, definió el «alma racial» de la raza del Cercano Oriente como caracterizada por un «espíritu comercial» (Handelgeist), describiéndolos como hábiles comerciantes, un término que atribuyó al teórico racial judío Samuel Weissenberg, quien lo utilizó para describir a armenios, griegos y judíos contemporáneos.

Günther también afirmó que esta raza poseía habilidades psicológicas negativas, como la manipulación y la ambigüedad moral que les ayudaban en el comercio. Llegó a argumentar que había sido creada no tanto para la conquista de la naturaleza, sino para la explotación de otras personas.

Para Günther los arios diferían completamente de los judíos, e identificaba a estos últimos como descendientes de razas «no europeas», en particular de lo que él clasificaba como la raza del Cercano Oriente (Vorderasiatische Rasse), más comúnmente conocida como la raza armenoide. Sostenía que, dichos orígenes, hacían que los judíos fueran fundamentalmente diferentes e incompatibles con los alemanes y la mayoría de los europeos. Esta asociación de los judíos con el tipo armenoide ya había sido utilizada por el judíos sionistas, quienes afirmaban que los judíos eran un grupo dentro de ese tipo.

Argumentaba con pruebas pseudocientíficas y de dudosa veracidad histórica, que las razas del Cercano Oriente descendían del Cáucaso (milenios V y IV a. C.), y que se expandieron posteriormente hacia Asia Menor, Mesopotamia, llegando finalmente a la costa occidental del Mediterráneo oriental. Además de atribuir características físicas, más propias de etnias del Cercano Oriente, a armenios y judíos, también las aplicaba a otros pueblos contemporáneos, incluyendo a griegos, turcos, sirios e iraníes.

La concepción de Hitler sobre el Aryan Herrenvolk (raza superior aria) excluía explícitamente a la gran mayoría de los eslavos, ya que consideraba que los eslavos tenían peligrosas influencias judías y asiáticas. Por esta razón, los nazis declararon a los eslavos como Untermenschen (subhumanos). Se hicieron excepciones para un pequeño porcentaje de eslavos que los nazis creían descendían de colonos alemanes y, por lo tanto, podían ser «arianizados», es decir, considerados parte del pueblo o nación aria. Hitler describía a los eslavos como una masa de esclavos innatos que sentían la necesidad de un amo. Declaró que las Convenciones de Ginebra no eran aplicables a los eslavos debido a que eran «subhumanos», dejando libre albedrío para que los soldados alemanes ignoraran dichas convenciones durante la Segunda Guerra Mundial en relación a este grupo étnico. Hitler también calificó a los eslavos como una «familia de conejos», insinuando que eran intrínsecamente perezosos y desorganizados, además de una plaga descontrolada.

El ministro de propaganda de la Alemania nazi, Joseph Goebbels, difundía a través de los medios de comunicación de aquel momento (principalmente la radio) que los eslavos eran animales salvajes y primitivos, procedentes de la tundra siberiana, descritos como una «oscura ola de inmundicia». La noción nazi de que los eslavos eran arios inferiores formaba parte de la idea de crear un Lebensraum (espacio vital) para los alemanes y otros pueblos germánicos en el Este de Europa, lo cual se inició durante la Segunda Guerra Mundial bajo el Generalplan Ost: millones de alemanes y otros colonos germánicos serían trasladados a territorios conquistados del este de Europa, mientras que los habitantes eslavos originales serían aniquilados, expulsados o esclavizados.

El Estado Independiente de Croacia (aliado de la Alemania nazi) rechazaba la concepción común de que los croatas eran principalmente un pueblo eslavo y afirmaban que descendían principalmente de los godos germánicos. Sin embargo, el régimen nazi continuó clasificando a los croatas como subhumanos a pesar de la alianza. La política de la Alemania nazi hacia los eslavos cambió en respuesta a la escasez de mano de obra militar, lo que llevó a aceptar a eslavos en sus fuerzas armadas dentro de los territorios ocupados, a pesar de considerarlos subhumanos, como una medida pragmática para resolver dicha escasez de efectivos.

Poco después de que los nazis llegaran al poder en 1933, promulgaron la Ley para la Restauración del Servicio Civil Profesional, la cual requería que todos los funcionarios públicos proporcionaran pruebas de su ascendencia aria y definía a los no arios como personas con al menos un abuelo judío. En 1933, el funcionario del Ministerio del Interior alemán, Albert Gorter, redactó una definición oficial de la raza aria para la nueva ley, la cual incluía a todos los europeos no judíos, sin embargo, esta definición no fue aceptada por los nazis. No obstante, Achim Gerke revisó el borrador de Gorter sobre la Ley del Servicio Civil y clasificó como arios a las personas tribales relacionadas con la sangre alemana. Las Leyes de Núremberg de 1935 clasificaron como racialmente aceptables a las personas con sangre alemana o germánica.

Hitler a menudo dudaba de si los checos eran arios o no. En sus conversaciones privadas comentó:

«Basta con que un checo se deje crecer un bigote para que cualquiera pueda ver, por la forma en que este cuelga, que su origen es mongol».

La cuestión de si los italianos eran lo «suficientemente arios» también fue motivo de debate entre los teóricos raciales nazis. Hitler consideraba a los italianos del norte como «fuertemente arios», pero no a los del sur. Los nazis sostenían que la caída del Imperio Romano se debía a la contaminación de la sangre provocada por la mezcla racial, afirmando que los italianos eran un híbrido de razas, incluyendo razas negras o africanas. Hitler incluso mencionó su opinión sobre la presencia de «sangre negra» en los pueblos mediterráneos durante su primer encuentro con Benito Mussolini en 1934.

La definición de ario se mantuvo en constante cambio, hasta el punto de que los nazis cuestionaron si grupos étnicos europeos, como los finlandeses o los húngaros, debían ser clasificados como arios. Los magiares (actuales húngaros) fueron clasificados como ajenos en términos tribales, pero no necesariamente en términos de pureza racial o de sangre. En 1934, los nazis publicaron un folleto que declaraba a los magiares (sin definir específicamente a quiénes se referían) como arios. Al año siguiente, un artículo publicado por los nazis admitía que aún existían dudas sobre cuál sería el estatus racial de los húngaros. Incluso hasta 1943, había debates sobre si los magiares debían ser clasificados como arios o no. En 1942, Hitler declaró que los fineses eran pueblos vecinos germánicos relacionados racialmente, aunque no existen evidencias históricas y científicas de que esta afirmación estuviese basada en criterios raciales específicos.

La idea del origen nórdico de los arios fue especialmente influyente en Alemania. Se creía ampliamente que los arios védicos eran étnicamente idénticos a los godos, vándalos y alanos, u otros antiguos pueblos germánicos de la Völkerwanderung (migración de los pueblos). Esta idea a menudo se entrelazaba con conceptos antisemitas. Las distinciones entre los pueblos arios y semitas se basaban en la historia, la lingüística y la etnicidad acientífica anteriormente mencionada.