La batalla del Atlántico fue el enfrentamiento naval que tuvo como escenario de operaciones el océano Atlántico, prácticamente en toda su extensión, librado durante la Segunda Guerra Mundial entre los grandes navíos alemanes, los U-Boot comandados por el almirante Karl Dönitz y casi la totalidad de la Marina Real británica.

Comenzó el 3 de septiembre de 1939 y duró hasta el final de la guerra. Conscientes de que la Kriegsmarine no podría derrotar a la Royal Navy británica, los marinos alemanes intentaron bloquear al Reino Unido, destruyendo los buques mercantes que le suministraban recursos. La insuficiencia de buques submarinos alemanes al inicio de la guerra y la superioridad tecnológica y numérica aliada al final de la misma, frustraron los planes alemanes desde el comienzo. Aunque la Kriegsmarine nunca puso en peligro de muerte a Gran Bretaña, causó muchos problemas de abastecimiento hasta principios de 1944, cuando la batalla se decantó definitivamente del lado aliado.

Antecedentes: Primera Guerra Mundial y periodo de entreguerras Durante la Primera Guerra Mundial, la formidable flota de guerra alemana dio bastantes quebraderos de cabeza al Almirantazgo británico. Sin embargo, las preocupaciones británicas carecían de fundamento, ya que la mayoría de estas naves, salvo por alguna salida esporádica al mar del Norte (batalla de Jutlandia), permanecieron en sus puertos durante toda la guerra. Pero ello no significaba que los barcos británicos estuvieran fuera de peligro, pues una nueva arma acababa de aparecer en escena: el submarino.

En efecto, mediante esta sigilosa arma los alemanes empezaron a atacar a los barcos mercantes que abastecían al Reino Unido, poniendo en peligro el abastecimiento de las islas británicas. En 1917, el número de barcos mercantes hundidos por submarinos alemanes era tan grande que el Almirantazgo británico previó la rendición de su país si no hacían algo rápido. Sin embargo, la introducción del sistema de convoyes redujo drásticamente las pérdidas británicas, salvando al Reino Unido.

Debido al importante papel jugado por los sumergibles alemanes durante la guerra, no fue extraño que en el Tratado de Versalles se prohibiera a Alemania la construcción de más buques de esa clase. Sin embargo, la industria naval alemana no se detuvo y continuaría produciendo nuevos diseños, aunque para las Armadas de Finlandia y Turquía.

Asimismo, Alemania comenzaba a acumular materiales para la producción de nuevos buques, incluidos submarinos. Finalmente, el Tratado Anglo-Alemán de 1935 permitió legalmente a Alemania aumentar su flota en forma sustancial y comenzar con la fabricación de nuevas unidades. Los primeros en producirse fueron los Tipo II-A y II-B, de tipo costero, asimismo ya en 1935 se producían los primeros submarinos del Tipo VII, con desplazamiento de entre 500 y 600 toneladas, armados con torpedos de 533 mm y con tripulaciones de 44 hombres; se convertirían en los principales submarinos de la flota alemana.

El inicio de la guerra naval thumb|200px|Gran Almirante Karl Dönitz. Siempre defendió la utilización del sumergible como el arma más práctica en la guerra naval. El 3 de septiembre de 1939 el comandante superior de submarinos (conocidos como U-Boot en la jerga de la marina alemana, del alemán Untersee-Boot, nave submarina) de la Kriegsmarine tenía dieciocho sumergibles en total en el mar. El día 1 de septiembre de 1939, el entonces comodoro Karl Dönitz enviaba al Alto Mando Naval alemán su último memorándum, en donde subraya con insistencia el insuficiente desarrollo del arma submarina. El día 3, recibe un despacho del Alto Mando Naval en donde se le avisa que «El Reino Unido ha declarado la guerra».

El mismo día 3, el Alto Mando Naval celebra una conferencia en Berlín, en la cual estuvieron presentes el comandante en jefe, almirante Schniewind, el jefe del Estado Mayor General, almirante Fricke, el jefe de la Sección de Operaciones, capitán de fragata Wagner, el jefe del Tercer Negociado y el capitán de fragata Schulte-Mönting, jefe del Estado Mayor Especial del almirante Erich Raeder. Dicha reunión concluye con las siguientes palabras de Raeder:

thumb|left|Almirante Erich Raeder. Intentó demostrar la vigencia de la flota de superficie en la Segunda Guerra Mundial, aunque las victorias de los U-Boot de Dönitz opacaron los pocos logros del primero. Producto de aquel acuerdo, se modificaría el plan de construcciones navales para poner en servicio de 20 a 30 submarinos al mes. Ello implicaba abandonar o retrasar cuanto menos la construcción de unidades navales de superficie: acorazados, cruceros, etc.

La guerra se inició demasiado temprano para la Kriegsmarine. El agresivo plan de modernización de la flota alemana (el plan Z) prácticamente acababa de comenzar, y como los almirantes alemanes sabían, la Flota Metropolitana (Home Fleet) británica era muy superior en número a la Kriegsmarine alemana. Los británicos poseían en ese momento 15 acorazados, 62 cruceros, 7 portaaviones, 178 destructores y 56 submarinos. Por su parte, Alemania contaba con 3 acorazados de bolsillo, 2 cruceros de batalla, 8 cruceros y 21 destructores. De los 57 submarinos de que disponía Dönitz, solo 22 eran oceánicos del tipo VII y podían operar en el Atlántico. Además, estos submarinos eran muy viejos, ya que en la práctica eran utilizados solamente como sumergibles. Eran muy lentos bajo el agua, por lo cual tenían que permanecer casi todo el tiempo en la superficie, exponiéndose con ello a las patrullas británicas. A la hora de atacar, salían a la superficie, donde eran detectados fácilmente y, debido a su escaso blindaje, tenían que sumergirse para protegerse, permitiendo que los convoyes escapasen.

A pesar de todos estos inconvenientes, el ahora almirante Karl Dönitz no se dejó desanimar. Siguió insistiendo en el incremento de la producción de U-Boot, asegurando que con 300 buques modernos podrían hundir 700 000 toneladas de barcos mercantes al mes, poniendo de rodillas a Gran Bretaña y sufriendo pocas bajas. Para neutralizar la técnica del uso de convoyes, Dönitz propuso una táctica bautizada por él mismo como Rudel, traducida al español como «la manada de lobos». El plan de Dönitz consistía en dispersar a todos los U-Boot por las rutas utilizadas por los convoyes. Cuando un sumergible detectara uno, lo comunicaría por radio a los demás, y todos los submarinos de la zona interceptarían al mismo tiempo al convoy, por la noche. El entusiasmo de Dönitz contagió a Hitler casi inmediatamente.

La Batalla del Atlántico

La Batalla del Atlántico, como la bautizaron los británicos, acababa de comenzar, y la producción de submarinos alemanes era extremadamente inferior a las exigencias de Dönitz, por lo que era de esperar que al inicio la balanza de la batalla estuviera inclinada a favor de los británicos. Estos seguían confiando plenamente en los convoyes, que ahora contaban con buques de escolta equipados con sonar. La aparición de las cargas de profundidad brindó mayor seguridad a los británicos, que creían que sus rutas mercantes eran casi intocables, y en esta etapa de la guerra ciertamente lo eran. La Batalla del Atlántico puede dividirse en cinco etapas:

Inicios: septiembre de 1939 - mayo de 1940 thumb|right|300px|Submarino Polaco ORP Orzeł en Reino Unido (1939), destruido en acción, en el Atlántico, en 1940.

Con una flota de submarinos obsoletos, Alemania no podía hacer mucho. La mayoría de los submarinos gastaba casi todo su combustible en el viaje de ida y vuelta entre su puerto y Gran Bretaña, y una vez en el campo de batalla, los aviones de patrulla que rondaban por las costas británicas los detectaban fácilmente.

El 3 de septiembre de 1939, apenas luego de iniciada la guerra, el submarino U-30 del capitán Fritz Julius Lemp lograba hundir al carguero SS Athenia, siendo este el primer buque británico hundido en el conflicto. Le siguieron en esta etapa, otros 222 barcos mercantes hundidos, tanto británicos como de otras naciones, que equivalen a 900 000 toneladas, una pérdida que el Reino Unido estaba preparada para soportar. Dönitz sabía que a este paso jamás ganarían la guerra y presionaba a Hitler para que construyera más submarinos. Sin embargo, el promedio de construcción de submarinos por mes fue de 2 en 1940.

En cuanto a las pérdidas entre los U-Boot alemanes, el submarino U-39, del tipo IX, fue el primer U-Boot en ser hundido en la Batalla del Atlántico, tras un fallido ataque sobre el portaaviones HMS Royal Oak y el posterior contraataque por sus escoltas. El U-39 fue hundido en la posición 58°32′N 11°49′W, el 14 de septiembre.

Si bien los británicos también contaban con ventaja en el ámbito de la lucha de superficie, la hazaña del submarino U-47 comandado por Günther Prien en el famoso ataque a la base de Scapa Flow (14 de octubre de 1939), hundiendo al acorazado Royal Oak, y las emboscadas del acorazado de bolsillo Admiral Graf Spee, que fue acorralado en el Atlántico Sur, cambiaron la percepción del público alemán respecto a la supuesta debilidad de la Kriegsmarine. Otra importante victoria del arma submarina alemana en este periodo, fue hundimiento del portaaviones HMS Corageous, el 17 de septiembre, por el submarino U-29 del capitán Otto Schuhart, frente a las costas de Irlanda; en dicha acción murieron 519 tripulantes. Como resultado de los ataques de superficie y las minas submarinas, fueron hundidas otras 900 000 toneladas de barcos mercantes, aunque el monto no era aún suficiente para doblegar al Reino Unido.

Como medida de protección, el Reino Unido recurrió a la vieja táctica, ya usada en la Primera Guerra Mundial, de los convoyes protegidos por escoltas armados, empleando estos el sistema ASDIC (hoy conocido como sonar; desarrollado en conjunto entre Francia y el Reino Unido en 1916), y contraataques con cargas de profundidad. El primer convoy para asistir al Reino Unido zarpó desde Estados Unidos a inicios de septiembre y estaba compuesto de treinta y seis mercantes, protegidos por tres escoltas; confirmando la valía del sistema de convoyes. Esto, a su vez mostraba la inclinación de EE.UU. incluso antes de que declarara la guerra a Alemania en 1941, dos años más tarde de iniciada de la guerra. A través del programa Lend-Lease (préstamo y arriendo), le proveyeron al Reino Unido de los alimentos y armas suficientes para continuar el esfuerzo de guerra. Entre el total de material dado al Reino Unido mediante los convoyes, figuran decenas de miles de camiones, locomotoras, tanques, autos, motocicletas, piezas de artillería, 15 millones de pares de botas y 14 000 millones de libras de alimentos, así como incontables municiones de armas individuales. Inicialmente, la falta de una declaración de guerra entre EE.UU. y Alemania permitió cierta libertad de movimiento a los mercantes, que saliendo del continente americano eran escoltados por naves canadienses y estadounidenses hasta la mitad del trayecto, instancia en que traspasaban la tarea de escolta a buques de guerra ingleses.

Tiempos felices: junio de 1940 - marzo de 1941 thumb|left|300px|Un barco mercante británico es torpedeado por un U-Boot, aunque permanece a flote.