Nuño González de Lara el Bueno (fallecido en Écija, 7 u 8 de septiembre de 1275). Noble castellano, señor de la Casa de Lara, Torrelobatón, Herrera, adelantado mayor de la frontera de Andalucía, gobernador de Castilla y León y tenente de Sevilla y Écija.

Orígenes familiares Fue hijo del conde Gonzalo Núñez de Lara, y de María Díaz de Haro y Azagra. Por parte paterna fueron sus abuelos el conde Nuño Pérez de Lara y su esposa, Teresa Fernández de Traba y por parte materna fueron Diego López II de Haro, señor de Vizcaya, y su segunda esposa, Toda Pérez de Azagra.

Fue hermano, entre otros, de Diego González de Lara, de Fernando González de Lara, y de Teresa González de Lara, que contrajo matrimonio con el infante Alfonso de Molina, hijo del rey Alfonso IX de León.

Biografía Juventud y primeras actuaciones Se desconoce su fecha de nacimiento. Su padre, el conde Gonzalo Núñez de Lara, se rebeló en varias ocasiones contra Fernando III, rey de Castilla, pero, a pesar de ello, Alfonso X de Castilla, hijo de Fernando III, protegió a Nuño González de Lara, aunque su padre recordó siempre las afrentas recibidas de la Casa de Lara.

Alrededor del año 1240, Fernando III cedió el señorío y las rentas de Écija a su hijo primogénito, el infante Alfonso, quien encomendó la tenencia de dicha población a su amigo, Nuño González de Lara, quien se convirtió en uno de sus principales favoritos y le acompañó en la campaña murciana de 1243-1244, pues su nombre figura entre los confirmantes en un diploma expedido el 30 de septiembre de 1244, por el que Zeyt abu Zeyt vendía tres castillos a la Orden de Santiago, situados en el Reino de Aragón. En 1244, cumpliendo las órdenes del rey Fernando III, y acompañado de su cuñado, Rodrigo Fernández de Castro, puso sitio al municipio de Arjona, que capituló tras la llegada del monarca castellano-leonés y sus tropas.thumb|240px|Estatua ecuestre que representa a Fernando III, rey de Castilla.Sevilla.

Entre los años 1245 y 1246 apareció como confirmante en numerosos privilegios reales. El 7 de julio de 1246 Nuño González de Lara entregó a Juan, obispo de Burgos, el señorío de Santa María de Sasamón y todo cuanto poseía en aquel lugar, a cambio de 500 maravedíes y de un manto.

En 1246, durante la Guerra Civil portuguesa que enfrentó al rey Sancho II de Portugal con su hermano Alfonso de Bolonia, el infante Alfonso X de Castilla invadió el reino de Portugal con un ejército para prestar ayuda a Sancho II de Portugal, a pesar de la oposición de Fernando III el Santo, que no deseaba intervenir en el conflicto portugués. El infante Alfonso entró en Portugal acompañado de una tropa de caballeros aragoneses y de varios magnates castellanos, entre los que figuraban Nuño González de Lara, Rodrigo Gómez de Trastámara, y Diego López III de Haro, hermano de Mencía López de Haro, esposa esta última de Sancho II de Portugal. No obstante, la falta de apoyos en el reino de Portugal hacia el rey Sancho II y las amenazas del papa, que les había prohibido defender a Sancho II de Portugal, provocaron que el infante Alfonso y sus acompañantes regresasen al reino de Castilla en marzo de 1247 y, un mes después, el infante se hallaba en la ciudad de Burgos. En 1248, Nuño González de Lara estuvo presente en el sitio y la conquista de la ciudad de Sevilla.

En 1252 falleció Fernando III el Santo en la ciudad de Sevilla y subió al trono su hijo Alfonso X de Castilla, que continuó favoreciendo al señor de la Casa de Lara, pues durante su reinado le concedió heredades en el reino de Murcia, donadíos y casas en Sevilla, molinos en Alcalá de Guadaíra, tierras y viñedos en Melgarejo, y varias aranzadas y una bodega en Écija. En Castilla la Vieja recibió además en propiedad la villa de Torrelobatón y sus aldeas, cediéndole además el rey las rentas reales de La Bureba y La Rioja. A pesar de la liberalidad del monarca, Nuño González de Lara cobró en los distritos a su cargo dos pedidos extraordinarios y usurpó las rentas de algunos hidalgos en sus tierras de realengo y abadengo.

En 1255 el infante Enrique de Castilla "el Senador", hermano de Alfonso X, Lope Díaz III de Haro, señor de Vizcaya, y otros magnates, que se hallaban descontentos con Alfonso X por diversas circunstancias, siendo una de ellas el protagonismo alcanzado por Nuño González de Lara en la corte castellano-leonesa, firmaron un acuerdo secreto con Jaime I el Conquistador en la localidad de Maluenda, planteándose la posibilidad de que el infante Enrique contrajese matrimonio con Constanza de Aragón, hija del soberano aragonés, que terminaría desposándose con el infante Manuel de Castilla, hermano del infante Enrique. El soberano aragonés se comprometió en dicho acuerdo a prestar ayuda al infante Enrique y a sus acompañantes hasta que Alfonso X hubiese satisfecho sus demandas.

A finales de octubre de 1255 el infante Enrique comenzó las hostilidades contra Alfonso X en sus tierras de Andalucía, al tiempo que Lope Díaz de Haro, hacía lo propio en su señorío de Vizcaya. A mediados de diciembre las tropas castellanas ocuparon Orduña y el señor de Vizcaya se vio obligado a reconocer a Alfonso X como soberano y señor, aunque el rey, aplicando el Fuero Viejo de Castilla, traspasó los municipios de Orduña y Valmaseda al realengo. Poco después, las tropas castellano-leonesas, comandadas por Nuño González de Lara "el Bueno" y por Rodrigo Alfonso de León, hijo ilegítimo de Alfonso IX de León, derrotaron en una batalla, librada en las cercanías de Lebrija, a las tropas del infante Enrique de Castilla. La llegada de los refuerzos castellanos, conducidos por Rodrigo Alfonso de León, obligó al infante Enrique a abandonar el campo de batalla y a refugierse tras los muros de Lebrija, para posteriormente embarcar en el Puerto de Santa María con destino a la ciudad de Valencia. Sin embargo, el rey Jaime I no le acogió en su reino, lo que movió al infante a solicitar la ayuda de los monarcas de Francia e Inglaterra.

El 15 de septiembre de 1259, mediante un documento otorgado junto con su esposa Teresa Alfonso, Nuño González de Lara cedió a la Orden de Santiago los molinos que poseía en el municipio sevillano de Alcalá de Guadaíra, y otras propiedades cercanas a la ciudad de León. En 1261 la ciudad de Jerez de la Frontera fue conquistada por Alfonso X el Sabio y a Nuño González de Lara le fue encomendada la tenencia de su alcázar, aunque fue ejercida en su nombre por Garci Gómez Carrillo.thumb|320px|Alfonso X el Sabio tomando posesión del mar después de la conquista de Cádiz, de Matías Moreno. 1866. (Museo del Prado).

Durante la revuelta de los mudéjares andaluces y murcianos en 1264, el alcázar de Jerez de la Frontera ofreció una gran resistencia a los atacantes, aunque cayó en poder de los musulmanes, lo que posteriormente le sería reprochado a Nuño González de Lara, pues se le acusó en la Crónica de Alfonso X de no haber pertrechado la plaza convenientemente de víveres y de soldados. En 1264 Nuño González de Lara y el maestre de la Orden de Calatrava, obedeciendo las órdenes del rey, liberaron la torre de Matrera, donde resistía un individuo llamado don Alimán, freire de la Orden de Calatrava, del cerco al que estaba sometida y dejaron abastecida de guerreros y alimentos la fortaleza.

Aunque no existe constancia de ello, es probable que Nuño González de Lara tomase parte en la recuperación de las plazas de Jerez de la Frontera y Lebrija, que cayeron en poder de los musulmanes durante la revuelta. Tras la reconquista de Jerez de la Frontera, la tenencia de su alcázar no le fue encomendada de nuevo al señor de la Casa de Lara, aunque percibió unos ingresos equivalentes a los de las rentas producidas por la tenencia perdida. En 1265 los arraeces de Málaga, Guadix y Comares se rebelaron contra el rey de Granada y solicitaron la ayuda de Alfonso X, quien les envió un ejército de mil hombres a las órdenes de Nuño González de Lara.

En noviembre de 1269 el conde Nuño asistió, junto a otros magnates y ricoshombres, a la boda del infante Fernando de la Cerda, hijo primogénito de Alfonso X, quien contrajo matrimonio con Blanca de Francia, hija del rey Luis IX de Francia. Nuño González de Lara aprovechó la circunstancia de hallarse en Burgos Jaime I de Aragón, que había querido asistir a la boda de su nieto, para ofrecerle que, si así lo deseaba, pasaría a servirle con cien o doscientos caballeros, pretendiendo con ello afianzar sus relaciones exteriores, aunque Jaime I rehusó la oferta.

Al mismo tiempo, Nuño González de Lara y Lope Díaz de Haro, señor de Vizcaya, comenzaron a acercar posturas. El señor de Vizcaya contrajo matrimonio, sin el consentimiento de Alfonso X, con Juana Alfonso de Molina, hija del infante Alfonso de Molina y hermanastra de María de Molina, celebrándose el enlace en el monasterio de San Andrés de Arroyo, ubicado en la provincia de Palencia, y del que había sido abadesa entre los años 1227 y 1266 la madre de Nuño González de Lara, María Díaz de Haro y Azagra, aunque algunos autores difieren y señalan que dicho matrimonio se celebró poco antes de que comenzase la revuelta nobiliaria de 1272.

La revuelta nobiliaria de 1272 A comienzos de 1272, un grupo de magnates, entre los que se contaban Nuño González de Lara, Esteban Fernández de Castro, Simón Ruiz de los Cameros, señor de los Cameros, y Lope Díaz III de Haro, señor de Vizcaya, se reunió en el municipio burgalés de Lerma con el propósito de comprometerse a luchar contra Alfonso X el Sabio si no accedía a las reclamaciones de los allí reunidos, quienes acordaron que el infante Felipe de Castilla, hermano de Alfonso X, presente en la reunión y portavoz de los conspiradores, debería entrevistarse con el rey de Navarra a fin de conseguir que el monarca les concediese asilo en su reino, si se veían obligados a abandonar el reino de Castilla. El infante Felipe, viudo de sus dos primeras esposas, se hallaba casado con Leonor Rodríguez de Castro, sobrina de Nuño González de Lara, pues era hija de su hermana.

Nuño González de Lara se hallaba molesto con el rey debido, entre otras razones, a que el rey no accedió a entregarle Durango, a las críticas que el monarca hizo sobre su actuación en la defensa de Jerez de la Frontera y, tal vez, a la disconformidad del señor de la Casa de Lara con algunas actuaciones de Alfonso X en relación con el reino de Portugal, aunque la mayoría de los magnates castellanos coincidían sobre todo en su disconformidad con el modo de gobernar de Alfonso X, ya que todos ellos preferían el estilo de tiempos pasados, cuando los magnates desempeñaban un papel más destacado.

Tras la reunión de los magnates conjurados en Lerma, Alfonso X intentó descubrir qué había ocurrido realmente en ella, comunicándose con su hermano el infante Felipe y con el señor de Lara. No obstante, el infante Felipe eludió responder a las cuestiones planteadas por su hermano, al tiempo que se excusaba de acudir junto con sus tropas a Andalucía en servicio del rey, pues adujo que se había producido un retraso en el cobro de su soldada anual, y comunicó a su hermano que su presencia en la reunión de Lerma era debida a los consejos y ayudas que el infante decía precisar, pues sostenía que sus viejos amigos habían fallecido y que non podía estar sin aver algunos amigos que le ayudasen e le consejasen.

thumb|Retrato que representa a Alfonso X el Sabio, rey de Castilla.