José Bernardo de Gálvez y Gallardo, I marqués de Sonora (Macharaviaya, 7 de enero de 1720-Aranjuez, 17 de junio de 1787) fue un jurista y político español. Es el segundo hermano de la familia Gálvez y el que mayor influencia política llegó a ejercer, llegando a ser secretario del Despacho de Indias. Se le considera uno de los principales impulsores de las reformas borbónicas.
Origen y carrera profesional Nació en Macharaviaya el 7 de enero de 1720. Fue el segundo de los seis hijos varones que tuvieron sus padres, Antonio de Gálvez y García de Carvajal y Ana Gallardo y Cabrera.José de Gálvez y Gallardo en la Real Academia de la Historia Su infancia pasó entre las labores del campo y la asistencia a la escuela del vecino pueblo de Benaque, hasta que el obispo de Málaga, Diego González del Toro y Villalobos, en visita pastoral en 1733, quedó impresionado por su capacidad y decidió llevárselo a Málaga y que estudiase en el seminario de la ciudad. El sucesor de González del Toro Villalobos —fallecido al año siguiente— en el obispado, Gaspar de Molina y Oviedo continuó protegiendo a José; éste, carente de vocación eclesiástica, pasó por Granada antes de abandonar los estudios de Teología y comenzar los de Derecho en la Universidad de Salamanca. Quizá se doctorase en la Universidad de Alcalá, aunque los estudiosos no se ponen de acuerdo en ello. La educación de José, muy sólida en leyes, permitió el posterior ascenso de la familia a destacados puestos de la Administración Pública. Fue el patriarca del clan Gálvez.
De allí pasó a ejercer en Madrid, donde se casó con María Magdalena de Grimaldo que murió un año después de contraer matrimonio, el 13 de junio de 1749. Volvió a contraer matrimonio poco después, el 2 de agosto de 1750, con Lucía Romet y Richelin, de ascendencia y nacionalidad francesa, cuyas relaciones le permitieron convertirse en abogado de la embajada de Francia en Madrid.
El 19 de enero de 1751, ya con buenos contactos en la corte, recibe el cargo de gobernador de Zamboanga, en las Filipinas, en realidad una sinecura, pues no se esperaba que tomase posesión y abandonase su lucrativo despacho de abogado en Madrid.
Cuando subió al trono Carlos III, su ministro Jerónimo Grimaldi lo hizo su secretario personal, en la Secretaría de Estado. Este puesto se lo debió en parte a la protección que obtuvo del nuevo embajador francés, el marqués de Ossun, que ya lo había sido en la corte napolitana de Carlos, antes de que este solicitase que pasase a representar a Francia en Madrid. En esta época, creció el prestigio de Gálvez como abogado. En 1762 se lo nombró abogado de Cámara del príncipe Carlos (futuro Carlos IV) y en 1764, alcalde de Casa y Corte; estos dos cargos fueron claves en su ascenso en la corte.
Visitador de la Nueva España Su ascenso político prosiguió y en 1765 fue nombrado visitador del Virreinato de Nueva España y miembro honorario del Consejo de Indias. Obtuvo el puesto por el fallecimiento del primer visitador escogido, que falleció antes de poder realizar la labor. Su misión consistía tanto en asegurar la estricta aplicación de las leyes en el virreinato como en recopilar suficiente información para mejorarlas si resultaba necesario. Sus poderes excedían a los concedidos a otros visitadores. Entre las instrucciones secretas que recibió, se encontraba la de investigar detenidamente la actividad del virrey, al que se había acusado de distintas malas prácticas.
En julio de 1765 arribó a Veracruz, donde comenzó a constatar la inexactitud de las noticias que la corte recibía sobre el estado de los asuntos en el virreinato. Las defensas se encontraban en estado calamitoso a pesar de los grandes gastos que se les habían dedicado y el estanco de tabaco aún no funcionaba, permitiéndose el libre comercio de esta mercancía. A finales de agosto, comenzó oficialmente la visita, al llegar a la Ciudad de México. Aunque mantuvo malas relaciones con el virrey, se apoyó en el teniente general venido para reorganizar el ejército de la región y, a mediados de 1766, aquel fue destituido. El nuevo virrey, Carlos Francisco de Croix, de origen francés, entabló excelentes relaciones con Gálvez, que devino su mano derecha.
A partir de la toma de posesión del nuevo virrey, Gálvez emprendió una labor frenética de inspección y reorganización de la industria y la hacienda del Virreinato, así como fomentar la creación de milicias provinciales. José de Gálvez a su llegada al puerto de Veracruz trajo consigo a un grupo de veteranos de guerra españoles que tenían como objetivó instruir a los hombres que formarían un ejército en la Nueva España. Reglamentó la feria de Jalapa, incorporó determinadas rentas a la administración real, implantó el monopolio de tabacos e hizo dos importantes propuestas: división del virreinato en 12 intendencias y creación de una Comandancia General en las provincias del norte.
En 1767 el rey Carlos III decretó la expulsión de los jesuitas de todos sus dominios. Aparte del virrey, solo su sobrino y Gálvez conocían los planes de comenzar la deportación, que principió el 24 de junio. Gran parte de la sociedad del virreinato se opuso a la medida y la situación era de gran tensión. En Nueva España la expulsión provocó protestas y tumultos en San Luis de la Paz, San Luis Potosí, Guanajuato y Michoacán, zonas mineras donde se escondió a los religiosos y se atacó a las autoridades. Gálvez dirigió una expedición militar para restablecer la autoridad, y realizó numerosas prisiones y juicios sumarios. Unas ochenta personas fueron ahorcadas, y cientos fueron condenadas a azotes, destierro, confiscación de bienes y trabajos forzados.
Aplastadas las revueltas, Gálvez retomó su plan para realizar una campaña contra los indios de la frontera norte del virreinato, que deseaba realizar tanto para realzar su perfil militar como para asegurar la zona y garantizar que allí también se aplicasen las reformas que impulsaba. El principal objetivo militar era el sometimiento de los seris, sibubapas, piatos y apaches y, en especial, acabar con el reducto seri en Cerro Prieto, desde el que estos talaban la región. Para no fatigar a los mil soldados que formaban la expedición, se decidió enviarlos por mar a la Baja California, desde San Blas a La Paz. De allí, las tropas avanzarían hacia Sonora y Sinaloa. La campaña empezó incluso antes de la llegada de Gálvez, durante los últimos meses de 1768, con varias operaciones en torno a Cerro Prieto, que acabaron en varios reveses. En marzo la corte ordenó el fin del hostigamiento a los seris. En mayo Gálvez llegó a Sonora y exigió la rendición de las tribus, so pena de aplastarlas por las armas si no se sometían. Cumplía así las órdenes reales de tratar de atraerlas pacíficamente, mediante la amnistía que prometía, al tiempo que preparaba la campaña militar, que se consideraba imprescindible. Esta comenzó en julio, y fue brutal y sin cuartel. Tuvo escasos resultados porque se hallaban refugiados en las montañas. Cayó entonces enfermo, quizá con ataques de demencia, que hicieron que a finales de año el virrey ordenase su regreso a la Ciudad de México. Fue llevado de vuelta a México en mayo de 1770, sin que tuviera posteriores recaídas. Los colaboradores que habían comunicado sus desvaríos y enfermedad al virrey fueron castigados y acusados de un delito equivalente al de traición.
Gálvez estableció una base naval en San Blas (Nayarit) en 1769, donde después fundó una Escuela Náutica, así como un centro astronómico, cuya dirección encargó a Joaquín Velázquez y Cárdenas de León. Desde San Blas, el visitador organizó una expedición a la Alta California, con la intención de asentar población, consolidar la frontera y prevenir la expansión rusa desde sus colonias en Alaska. Fue encabezada por el capitán Gaspar de Portolá (1769); como resultado, fueron fundados los presidios de San Diego y Monterrey. La expedición incluía un grupo de misioneros franciscanos, dirigidos por fray Junípero Serra, quien fundó varias misiones entre 1769 y 1782, y asentó población en esos territorios para disuadir a los rusos de establecerse en ella a partir de sus asentamientos en Alaska.
Ministro de Indias thumb|Grabado de Gálvez A su vuelta a España, Gálvez prosiguió su actividades políticas. Satisfecho el rey con su desempeño en América, le permitió ingresar en la Real y Distinguida Orden Española de Carlos III. En 1772 recibió el título de marqués de Sonora y vizconde de Sinaloa. En 1774 fue designado como miembro de la Junta General de Comercio Moneda y Minas. Fue también gobernador del Consejo de Indias.
Los años siguientes participó en una serie de reformas, tanto en Madrid como en Málaga: la fundación de Sociedades económicas de amigos del país en las dos ciudades; la implantación reformas sociales y urbanas en Málaga, de la que era regidor vitalicio; y la fundación del Real Colegio de San Telmo, dedicado a formar marineros.
Fallecida su segunda mujer, volvió a contraer matrimonio por tercera vez, el 1 de noviembre de 1775, con Concepción Valenzuela de Fuentes, también importante en su carrera política. Reorganización territorial americana
En 1776 fue nombrado secretario de Estado y del Despacho Universal de Indias (ministro de Indias). Lo fue poco antes de que el conde de Floridablanca ascendiese al poder, y se unió a su Gobierno, con el que compartía objetivos. Estos eran principalmente reforzar las fuerzas armadas, tanto terrestres como marítimas, aumentar los ingresos de la Hacienda real y llevar a cabo una política exterior enérgica.
La política española fue la de impedir que los criollos o españoles americanos ocuparan puestos importantes en el gobierno virreinal. Solamente un tercio de los puestos de las audiencias y de los cabildos catedralicios del Nuevo Mundo se destinaron a los americanos. Envió una serie de visitadores —inspectores de la Administración— a los distintos territorios americanos que, si bien lograron aumentar los ingresos de la Hacienda real y mejorar algunos aspectos de la Administración, a menudo se granjearon la hostilidad de los inspeccionados.
Inmediatamente acometió la reordenación territorial de la América hispana. En el virreinato de la Nueva España estableció una nueva Comandancia General, que comprendía las Californias, Nueva Vizcaya, Nuevo México y Sonora, añadiéndose posteriormente Coahuila y Texas.
Ese mismo año creó el cuarto virreinato, el Virreinato del Río de la Plata, (más o menos las actuales Argentina, Bolivia, Paraguay y Uruguay) con los territorios meridionales del Virreinato del Perú, excesivamente grande. El objetivo principal era aumentar el poblamiento de la región y combatir la penetración británica de la zona. La idea de crear un virreinato en esta zona para fortalecer la frontera con el Brasil no era nueva pero no se había puesto en práctica por considerar que la circunscripción no saldría adelante sin el apoyo económico del virreinato peruano. Por ese motivo se decidió incorporar también la rica región minera del Alto Perú (actual Bolivia).