La Guerra de la Independencia argentina fue el conjunto de combates y campañas militares ocurridos en el marco de las guerras de independencia hispanoamericanas en diversos países de América del Sur, en los que participaron fuerzas militares de las Provincias Unidas del Río de la Plata, uno de los estados que sucedió al virreinato del Río de la Plata y que antecedió a la República Argentina.
Los bandos enfrentados suelen ser identificados por los historiadores y cronistas latinoamericanos como patriotas y realistas, ya que se trató de un enfrentamiento entre quienes defendían la independencia de su patria y la creación de los nuevos estados americanos, y aquellos que defendían la integridad de estas provincias dentro de la monarquía española.Una tradición proveniente de la época de la conquista consideraba que la América española era una dependencia personal del rey. Los realistas liberales, en cambio, siguiendo a la constitución española de 1812, intentaron reunir en un solo estado a la metrópoli y las colonias. No obstante, dado que ambos partidos, los liberales y los absolutistas, consideraban al rey su jefe de Estado, corresponde llamar a ambos «realistas».Véase Ricardo Levene, La Indias no era colonias, Ed. Espasa-Calpe, México, 1951. Véase también Los orígenes del gobierno representativo en el Perú: las elecciones (1809-1826), por Valentín Paniagua, Fondo Editorial PUCP, Lima, 2003. Consultado el 9 de julio de 2010.
Solo una parte menor de estos enfrentamientos tuvo lugar en el territorio de la actual Argentina. La mayoría ocurrió en los territorios del antiguo virreinato del Río de la Plata que al finalizar la guerra quedaron fuera de las Provincias Unidas, o en otras regiones de América del Sur que nunca pertenecieron a ese virreinato, tales como Chile, Perú y Ecuador. No obstante, en todos los casos se considera que los bandos enfrentados luchaban no solamente por la situación en esos territorios, sino también por la soberanía nacional sobre el territorio que había pertenecido al virreinato rioplatense. También hubo enfrentamientos en el mar, en algunos casos, en aguas muy alejadas del continente americano.
Se pueden distinguir tres frentes militares principales: el frente oriental o del litoral, sobre los ríos de la cuenca del Plata, que incluye las campañas en el Paraguay, la Banda Oriental, la Mesopotamia argentina y los combates navales en el Río de la Plata y sus afluentes; el frente norte, con enfrentamientos en las provincias de la actual Bolivia (conocida en ese entonces como Alto Perú) y la intendencia de Salta del Tucumán; y el frente de los Andes, que incluye la acción ofensiva sobre posiciones realistas en Chile, Perú y Ecuador.
La guerra duró 15 años y terminó con la victoria de los independentistas, que lograron consolidar la independencia de la Argentina y colaboraron en la de otros países de América del Sur.
Antecedentes A lo largo del , los cambios políticos llevados adelante por la casa de Borbón, que reemplazó a la Casa de Austria a partir del 16 de noviembre de 1700 en el Imperio español, transformaron las dependencias americanas, hasta entonces «reinos» relativamente autónomos, en virreinatos o capitanías enteramente dependientes de decisiones tomadas en España en beneficio de ella. Entre estas medidas se encontró la fundación del virreinato del Río de la Plata en 1776, que reunió algunos territorios que dependían hasta entonces del virreinato del Perú, y estableció como su capital a la ciudad Buenos Aires, dándole una importancia de la que había carecido hasta ese momento.
El virreinato del Río de la Plata, perteneciente al Imperio español, fue creado en 1776 –y formalizado al año siguiente– con territorios que pertenecían al virreinato del Perú,El único territorio del virreinato que no había pertenecido al Perú era el Corregimiento de Cuyo. Véase Antonio Zinny, Historia de los gobernadores de las Provincias Argentinas, Ed, Hyspamérica, 1987. ISBN 950-614-685-3 específicamente a la Real Audiencia de Charcas, y que poco después se reorganizaron en ocho intendencias (La Paz, Cochabamba, Chuquisaca o Charcas, Potosí, Salta, Córdoba, Paraguay y Buenos Aires) y cuatro gobernaciones (Moxos, Chiquitos, Misiones y Montevideo). Buenos Aires fue elegida como capital.Diego Abad de Santillán, Historia Argentina, Ed. TEA, Bs. As., 1965.
Con excepción de la conquista portuguesa de las Misiones Orientales en 1801, que tuvo una respuesta militar limitada e insuficiente por parte de España, el territorio permaneció en paz interna y externa hasta 1806. En ese año y en el siguiente se produjeron las llamadas invasiones inglesas, en las que tropas británicas ocuparon brevemente Buenos Aires, Montevideo y otras plazas de la Banda Oriental. Fueron expulsadas por la reacción de la población local, que luchó en defensa de ambas ciudades organizándose en milicias. Estas alcanzaron un total de 7253 hombres en octubre de 1806, y aunque aumentaron ligeramente antes de la Segunda Invasión inglesa (1807), se vieron muy disminuidas cuando la amenaza británica desapareció.Miguel Ángel Scenna, Las brevas maduras, Memorial de la Patria, Tomo I, Ed. La Bastilla, Bs. As., 1984. ISBN 950-008-021-4
El súbito contacto con los conflictos políticos europeos, la influencia ideológica de la Ilustración, y el ejemplo de la Revolución francesa y de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos generaron una actividad política inusitada y creciente en los años que siguieron a las invasiones británicas. La falta de respuestas de parte de la metrópoli española a los pedidos de auxilio de su colonia y el exitoso rechazo de las poderosas invasiones sin ayuda externa hicieron que la población local, especialmente de Buenos Aires, adquiriera un alto grado de conciencia política.Scenna, Las brevas maduras, Memorial de la Patria. La ausencia de respuesta desde la metrópoli a los crecientes reclamos de autonomía económica llevó a la burguesía mercantil de Buenos Aires a formar parte de los grupos que buscaban un cambio sustancial en la relación con España, dotando a estos de poder económico.La apertura económica de 1809, llevada adelante por el virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros, resultó demasiado tardía, y a su vez otorgó a este sector una autonomía económica que hizo más evidente la falta de su correlato político.Milcíades Peña, Antes de mayo. Formas sociales del trasplante español al nuevo mundo, Ed. Fichas, Bs. As., 1975.
En el contexto de esa creciente autoconciencia política y social, la noticia de la invasión francesa a España y el destronamiento del rey Fernando VII catalizaron un aumento de los conflictos internos en el Río de la Plata. Diversos experimentos políticos como el carlotismo,El carlotismo fue un proyecto de instalar como regente – o incluso como reina – en el territorio del Río de la Plata a la hermana del rey Fernando, Carlota Joaquina de Borbón, esposa del príncipe regente de Portugal, por esa época residente en Río de Janeiro.Roberto Etchepareborda, Qué fue el carlotismo, Ed. Plus Ultra, Bs. As., 1972. aunque lograron reunir adhesiones, no pudieron vencer la fidelidad de la población a España y la desconfianza y rechazo a la hegemonía portuguesa. Mientras en la metrópoli tenía lugar la guerra contra la invasión francesa, el virreinato permaneció fiel a la autoridad de la Junta Suprema Central, la cual, aglutinando a las diversas juntas de gobierno surgidas en la Península, gobernaba en España en nombre del depuesto rey, que permanecía prisionero en Francia.
Imitando la organización de la insurrección en España, se hicieron efímeros intentos de autogobierno por medio de juntas en Montevideo, Chuquisaca y La Paz. La primera duró nueve meses, extinguiéndose sin resistencia a fines de 1809, la segunda fue disuelta sin derramamiento de sangre, pero la de La Paz fue sangrientamente aplastada por una expedición enviada desde el Perú. Fuera del Río de la Plata, hubo otra junta de gobierno en Quito, que fue vencida sin lucha.Carlos Benedetti, Historia de Colombia, Imprenta del Universo, Lima, 1887, pág. 377.
En Buenos Aires, la llamada asonada de Álzaga, ocurrida el 1 de enero de 1809, fue derrotada militarmente ese mismo día, causando la disolución de varios cuerpos de milicianos de origen español que habían participado en la misma y fortaleciendo a las fuerzas criollas. El nuevo virrey del Río de la Plata, Baltasar Hidalgo de Cisneros, reorganizó los cuerpos urbanos de Buenos Aires, modificando su distribución.
Durante los primeros meses de 1810, varios grupos conspiraban por separado para deponer al virrey y darse alguna forma de autogobierno. A mediados del mes de mayo, la llegada de la noticia de que casi toda España había caído en manos de los ejércitos de Napoleón Bonaparte y que había sido disuelta la Junta Suprema Central que gobernaba en España durante la invasión napoleónica, catalizó las discusiones políticas y causó el estallido de la Revolución de Mayo en Buenos Aires.
La Primera Junta y la Junta Grande thumb|185px|Cornelio Saavedra, presidente de la Primera Junta. miniaturadeimagen|350px|Reconocimiento de la Primera Junta por parte de los cabildos del Virreinato. Como resultado de la revolución, el 25 de mayo de 1810 se estableció la Primera Junta de Gobierno presidida por un criollo, Cornelio Saavedra, la cual pretendió imponer su autoridad sobre todo el territorio del virreinato del Río de la Plata como sucesora legítima del virrey.
El 27 de mayo, la Junta envió una circular a las principales ciudades del virreinato en la que se informaba de los hechos, se exigía acatamiento y se solicitaba el envío a la capital de un diputado por cada ciudad y villa.Edberto Oscar Acevedo, La Revolución y las Intendencias, Ed. Ciudad Argentina, Bs. As., 2001. ISBN 987-507-204-4
Pese a que –a poco de formada– la Junta supo que en España la autoridad había sido asumida por un Consejo de Regencia, continuó exigiendo acatamiento a su autoridad y negándosela al Consejo, ya que este había sido elegido sin consentimiento de los americanos. Tampoco la reunión de las Cortes Generales del Reino que sancionó la constitución española de 1812, en las que la representación de los territorios americanos era claramente inferior a la que su población ameritaba, modificó la negativa de las autoridades locales a reconocer a cualquier potestad superior a ellas.Luciano de Privitellio, Diez años de política revolucionaria, en Pablo Camogli, Batallas por la libertad, Ed. Aguilar, Bs. As., 2005, pág. 29. ISBN 987-04-0105-8Miguel Ángel Scenna, Argentinos y españoles, Revista Todo es Historia, nro. 129, Bs. As., 1978.
Durante todo este primer período, España estuvo casi enteramente bajo el control de las fuerzas de Napoleón Bonaparte, y la posibilidad de que la Regencia enviara ayuda militar eficaz a sus defensores en América fue desdeñada por el gobierno revolucionario.
Así como la Primera Junta pretendió extender su autoridad a todo el virreinato y difundir la revolución por toda la América española, la Junta Grande, que la sucedió extendiendo la representación en el ejecutivo a los representantes del interior, en sus diferentes etapas –diferenciadas por la mayor o menor influencia de los grupos dirigidos por Cornelio Saavedra y Mariano Moreno– mantuvo esa política y la actitud militar expansiva del gobierno.Segreti, Carlos S. A., La aurora de la Independencia. Memorial de la Patria, tomo II, Ed. La Bastilla, Bs. As., 1980.