La Revolución de mayo de 1811 fue la incruenta acción cívico-militar que tuvo lugar en Asunción (Paraguay) los días 14 y 15 de mayo de 1811, por la cual se incorporaron al gobernador español Bernardo de Velasco dos consocios, el doctor José Gaspar Rodríguez de Francia y Juan Valeriano de Zeballos. El principal objetivo de esta medida fue asegurar la autonomía soberana de la provincia del Paraguay frente a todo poder extranjero y convocar rápidamente a un congreso que debía determinar una nueva forma del Gobierno.
Antecedentes
Invasiones inglesas al Río de la Plata
Un hecho que traería importantes consecuencias para la provincia del Paraguay fueron las invasiones inglesas al Río de la Plata. En junio de 1806 fuerzas regulares inglesas se apoderaron de Buenos Aires y el virrey Rafael de Sobremonte y sus principales allegados huyeron hacia Córdoba. El 14 de julio el virrey pidió auxilio de tropas a la provincia del Paraguay. Los regimientos paraguayos carecían de soldados y equipos adecuados. La elección del coronel José de Espínola y Peña como jefe de la expedición a enviar a Buenos Aires no pudo ser peor. Como los mejores hombres estaban exentos del servicio militar por estar matriculados en la Real Renta de Tabaco, Espínola realizó un enrolamiento forzoso sin miramiento alguno. Esto aumentó las deserciones y las quejas. El 4 de agosto partieron de Asunción 546 hombres en tres barcos que el 1 de septiembre se detuvieron en San Nicolás de los Arroyos. Mientras tanto, el 12 de agosto, la ciudad de Buenos Aires fue retomada por Santiago de Liniers.
Dado que era razonable esperar otra invasión ya que la flota inglesa seguía bloqueando el Río de la Plata, Liniers gestionó ante el virrey que parte o la totalidad de esa fuerza paraguaya fuera incorporada a la guarnición de Buenos Aires. Pero Sobremonte ordenó que marcharan a Montevideo donde acamparon en el paraje La Florida, a unos 8 km de esa ciudad. No obstante algunos escuadrones quedaron como instructores en la denominada «Caballería de Pueyrredón» acantonada en Buenos Aires.
Sobremonte hizo una nueva petición de auxilio a la provincia. Dada la conmoción pública que produjo la anterior leva forzosa, el gobernador Bernardo de Velasco contestó al virrey que corría el riesgo de pasar «vergüenza de ser detenido o el desaire de salir de la provincia como un prófugo». De todas maneras Velasco envió otros 407 hombres y personalmente partió hacia Buenos Aires.
El 20 de enero de 1807 el virrey Sobremonte, con 12000 hombres, libró una batalla regular a campo abierto en las lomas de Buceo, cerca de Montevideo. Luego de unas horas de combate, el virrey huyó hacia el interior del país y el resto de su ejército se desbandó. Los dos regimientos paraguayos fueron aniquilados por los ingleses sufriendo gran cantidad de bajas. Una parte de los sobrevivientes se retiró hacia la fortaleza de Montevideo y de allí pudieron escapar hacia Colonia y luego a Buenos Aires. Otros se internaron en el interior de la campaña rumbo al Paraguay.
Entre los que fueron a Buenos Aires estaban el teniente Fulgencio Yegros, herido de muerte, su hermano el cadete Antonio Tomas Yegros, los subtenientes Fernando de la Mora, Juan Francisco Recalde, Bonifacio Vicente Ramos y muchos más. En el grupo que sufrió las consecuencias del largo retorno, que para algunos significó un año de andanzas, figuraron Manuel Atanasio Cabañas (que sufrió la muerte de un hijo en el camino), Juan Manuel Gamarra, Pedro Mier y quizás Mauricio José Troche. Estos se hicieron antiporteñistas porque consideraron que Buenos Aires los había traicionado al no enviar tropas auxiliares a Montevideo. Esto motivó que los calificaran posteriormente con el mote de «chapetones». Muchos de los que, librados a su suerte, deambularon por la Banda Oriental, recibieron el auxilio de José Gervasio Artigas, experimentado oficial de Blandengues que también había combatido en la batalla del Buceo, creándose así una relación de amistad y camaradería que tendría importancia años más tarde.
El rechazo que provocó en la provincia del Paraguay la lamentable experiencia de este auxilio militar se reavivó instantáneamente cuando Espínola y Peña, como enviado de la junta de Buenos Aires en junio de 1810, intentó reclutar nuevamente soldados en Pilar para enviarlos a Buenos Aires.
La mayoría de los oficiales paraguayos que enfrentaron a Belgrano en Paraguarí y Tacuarí habían combatido en 1807 contra los ingleses. El comandante Cabañas respondió las "propuestas" que hizo Belgrano después de su capitulación comparando con amargura e ironía ambas experiencias bélicas:
Crisis cataclísmica
A partir de los sucesos ocurridos en España en el año 1808, que el historiador François-Xavier Guerra caracterizó como «crisis cataclísmica», comenzó la disgregación de la soberanía, que de estar concentrada en el monarca, se distribuyó en «los pueblos». Esto significó para estos asumir nuevos desafíos de gobernabilidad relacionados con la forma de ejercicio de dicha soberanía, entendiéndose como «pueblos», en el lenguaje de la época, los pueblos de las ciudades representados a través de sus ayuntamientos, y por «gobernabilidad» la capacidad de las autoridades legalmente constituidas de hacerse obedecer sin recurrir, salvo excepción, al uso de la fuerza con lo cual se acerca y casi se identifica con la "legitimidad".
El trono vacío o vacatio regis, la invasión napoleónica y la imposición de José I Bonaparte como monarca, lanzó al pueblo español a resistir y organizarse espontáneamente en diversas juntas que se declararon soberanas y gubernativas. El 22 de enero de 1809, la Junta Suprema Central, para enfrentar a José I que quería incorporar representantes de los virreinatos a una Convención en Bayona, decidió hacer lo mismo, lo que implicó la reinterpretación de que estos diez principales distritos americanos elegidos eran reinos y no colonias. Este cambio, «substancial» y «cualitativo», provocó que en 1810, cuando la Junta Suprema Central fue reemplazada por el Consejo de Regencia, muchas ciudades americanas desconocieran su autoridad por ilegítima pues su conformación se había hecho sin la participación activa de los pueblos americanos.
En el Virreinato del Río de la Plata, a estos sucesos de 1808, se sumaron el impacto de hechos anteriores: la independencia norteamericana, la Revolución francesa, la revolución de los esclavos en Haití y las invasiones inglesas al Río de la Plata. Sin embargo:
En el periodo que va desde 1808 a 1810, se produjeron otras novedades que si bien no alteraron la relación con la metrópoli y la monarquía española, afectaron más directamente a la provincia del Paraguay:
El requerimiento de la Junta Suprema Central de jurar fidelidad a Fernando VII, la que se realizó en Asunción el 16 de octubre de 1808 y el nombramiento de Baltasar Hidalgo de Cisneros como virrey del Río de la Plata en sustitución de Santiago de Liniers a fines de julio de 1809. El requerimiento de elegir un diputado para integrar la Junta Suprema Central realizada en agosto de 1809 en la cual resultó elegido el doctor José Gaspar Rodríguez de Francia. Este episodio creó un espacio político hasta entonces inexistente: la idea de una representación en la que la provincia adquiría una soberanía parcial. En Asunción, a fines de 1809 se detuvo a cinco franceses, de los cuales uno, por su avanzada edad, quedó en libertad. Dos meses después, y a pedido del virrey Cisneros, Velasco estableció un "Juzgado de Vigilancia" que debía perseguir a los que promovieran y difundieran ideas del "partido francés" y a los que esparcieran falsas noticias sobre el gobierno queriendo «alterar su forma de constitución» y por ese medio atacar a las autoridades legítimas. La impresión de que la guerra contra Napoleón estaba perdida debido a la derrota de Ocaña en noviembre de 1809, la disolución de la Junta Central en enero de 1810 y la ocupación francesa de Andalucía también acrecentó el peligro de someterse al dominio francés y creó desconfianza en las nuevas autoridades peninsulares. Todo esto dio lugar en América a la creación de juntas en Caracas, Cartagena, Santafé de Bogotá, Santiago de Chile, y en Buenos Aires. Esta "eclosión juntera" que se produjo en la América española, puso en evidencia la manera como fue procesada en diferentes lugares el problema de la "soberanía" y la "representación". El surgimiento simultáneo y la gran variedad de estos movimientos lo llevaron a cabo cuerpos colegiados de base local utilizando el derecho y las creencias vigentes. La aspiración generalizada de las elites de cada lugar fue preservar inicialmente su poder y negociar un mayor margen de autonomía frente a la metrópoli.
La constitución de una Junta en Buenos Aires que reemplazó al Virrey Cisneros el 25 de mayo de 1810 impactó directamente en la provincia del Paraguay. Al igual de lo que sucedió en otras "capitales" virreinales, la elite de Buenos Aires pretendió heredar el poder y los privilegios de que gozaba como submetrópoli administrativa y económica del virreinato. Para la provincia del Paraguay, superar este primer intento político, económico y militar de «concentración del poder» por parte de la junta de Buenos Aires desde el momento de su constitución, implicó demorar, hasta junio de 1811, su incorporación al movimiento juntero que, con diversas características, se dio en 1810 en distintas ciudades de la América española.
Congreso del 24 de julio de 1810
Con la celebración de este congreso se inauguró en el Paraguay un proceso de transformación política que se caracterizó por: La convocatoria periódica de sucesivos congresos para elegir nuevos organismos políticos. La modificación de dos principios tradicionales: el reparto en «los pueblos» de la soberanía que antes estaba concentrada en el monarca y la progresiva ampliación de la "representación" política a nuevos sectores de la sociedad. La constante defensa de la autonomía del Paraguay frente a todo poder externo. La concentración progresiva del poder político, proceso que culminará seis años después, con la instauración de la Dictadura Perpetua del doctor José Gaspar Rodríguez de Francia.
Primer contacto de la junta de Buenos Aires con Asunción
El 21 de junio de 1810, llegó a Asunción el enviado de la junta de Buenos Aires, el coronel de milicias José de Espínola y Peña.
Los miembros de la junta de Buenos Aires estaban al tanto de la enemistad entre Espínola y Peña y el gobernador del Paraguay Bernardo de Velasco. Con justas razones, el gobernador lo había destituido dos veces de su cargo y luego había manifestado al virrey Cisneros que volver a rever esta decisión crearía «un disgusto general en esta provincia». La Junta también sabía que el cabildo de Asunción había solicitado al virrey que no volviera a darle cargo alguno en el Paraguay.
Pese a estos antecedentes la Junta decidió: Reponer a Espínola y Peña en el cargo del cual lo había destituido Velasco lo que implicó agraviar al gobernador, al cabildo de Asunción y a todos los vecinos de la Villa Real de la Concepción. Designarlo como su portavoz para llevar a Asunción el acta capitular del 25 y la circular del 27 de mayo de la Junta Provisional Gubernativa de la Capital de Buenos Aires(sic).
La junta porteña manifestó así la magnitud de su poder, poder que podía «funcionar con todo su rigor y en el límite extremo de su racionalidad violenta aun en manos de alguien que resultaba efectivamente descalificado». En efecto, Espínola y Peña estaba triplemente descalificado ante Velasco y el cabildo de Asunción: Por sus características personales; Por sus antecedentes políticos y, Por tener el cargo de simple emisario del gobierno de Buenos Aires. Los historiadores, además de exagerar la importancia de esta gestión, calificaron las dos decisiones de la Junta como errores y las justificaron como fruto de la improvisación, la urgencia y el desconocimiento de la "psicología de los pueblos del